domingo, 27 de julio de 2008

40 años de la “Humanae Vitae"

Luis-Fernando Valdés

Fue el 25 de julio de 1968, cuando el Papa Pablo VI publicó la Encíclica “Humanae Vitae” (HV), que es uno de los documentos más importantes de todos los tiempos sobre la moral conyugal. Pero, desde el primer momento, no han faltado algunas voces que la han tildado de poco adecuada para los tiempos modernos. Han pasado ya 40 años, y en algunos sectores se sigue considerando que ese texto pontificio cerró la apertura la de la Iglesia al progreso por negarse a aceptar la anticoncepción. ¿Sigue vigente la enseñanza católica sobre la sexualidad?
La historia de este documento no fue pacífica, ni en su origen. Como es sabido, antes de la HV una comisión pontificia tuvo el encargo, culminado en 1966, de hacer un estudio de población, familia y natalidad que lamentablemente concluía a favor de la anticoncepción en el marco de una “paternidad responsable”. Sin embargo, Pablo VI valientemente decidió publicar la Encíclica, a pesar de la falta de unanimidad de esa comisión (cfr. HV, 6), para exponer la verdad del hombre sobre la apertura a la vida.
Pero más grave aún, fue la reacción de algunos teólogos, como Bernhard Häring, que públicamente criticaron el contenido de la HV. Desde 1907, con el llamado “modernismo”, nadie se había atrevido a polemizar abiertamente contra la Sede Apostólica. La consecuencia fue una grave crisis de obediencia al Papa, y una gran confusión doctrinal. En 1995, el entonces Card. Ratzinger afirmó que "raramente un texto de la historia reciente del Magisterio se convirtió tanto en signo de contradicción como esta encíclica, que Pablo VI escribió a partir de una decisión profundamente sufrida".
En este contexto surgió el cliché de que, debido a este documento, la Iglesia se cerró al progreso y al mundo moderno. En 1968, estaba reciente la conclusión de los trabajos del Concilio Vaticano II, que representó –en palabras de Juan XXIII– un “aggiornamento” (una puesta al día) para la Iglesia. Con motivo de la HV, algunos afirmaron que el Papa Montini frenó esa apertura de la Iglesia a la ciencia, a la tecnología y a las necesidades del mundo de hoy. Y estas afirmaciones se siguen repitiendo hasta hoy.
Sin embargo, todos estos episodios difíciles han oscurecido la doctrina que aquel valiente Papa quería recordar precisamente al mundo de hoy. El punto central de la HV es el n. 14 que afirma con toda la autoridad del Magisterio Pontificio, y no como una mera opinión personal, que “es intrínsecamente inmoral toda acción que, bien en previsión del acto conyugal o en su realización, o bien, en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga como fin o como medio, impedir la procreación”.
Se trata de una valiente defensa del amor matrimonial y de la vida humana, frente a los dictados de las políticas antinatalistas y a los abusos de la técnica. En palabras de Benedicto XVI, esta Encíclica “subraya con fuerza, yendo con valentía contra corriente con respecto a la cultura dominante, la calidad del amor de los esposos, no manipulado por el egoísmo y abierto a la vida” (Discurso, 25.V.2008).
A la distancia de esta cuatro décadas, hace falta que los propios católicos volvamos a leer y a meditar el contenido de la HV. Debemos abrirnos paso, entre la selva de opiniones contestatarias, para descubrir con valentía la verdad sobre el amor humano y sobre la transmisión de la vida. Un creyente sabe por la fe, que debe decir que no a la manipulación del acto conyugal, para decir un sí firme y fuerte al auténtico y fecundo amor de los esposos.

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domingo, 20 de julio de 2008

Sydney 2008: un gran impacto

Luis-Fernando Valdés

Hoy culmina la XXIII Jornada Mundial de la Juventud. Benedicto XVI vuelve a sorprender a propios y extraños, al reunir a la multitud más numerosa que jamás se haya congregado en Australia para un mismo evento. Si observamos sus viajes apostólicos, aunque han sido pocos, ya nos permiten encontrar un “estilo”, una característica común, que podríamos denominar “visitas de gran impacto”.
Intentaré explicarlo. En sus giras apostólicas, el Papa ha escogido países que puedan ser representativos de un área geográfica y cultural grande. Por ejemplo, en su reciente visita a Estados Unidos, para asistir a la sede de las Naciones Unidas, logró exponer con claridad una defensa de los derechos humanos, además tener gestos de fraternidad con los judíos y de acercarse a las comunidades latinas. De este modo, sus pocos viajes consiguen influir positivamente no sólo en la nación visitada, sino también en otras que comparten su lengua o su cultura. Y, además, no sólo confirma a los católicos en la fe, sino que también entabla un diálogo serio sobre asuntos de importancia universal, como los derechos humanos o la ecología.
La clave de este “gran impacto” consiste no sólo en reunirse con diversos grupos étnicos o religiosos, sino también en que el Santo Padre dirige mensajes valientes –en forma de homilías y discursos– sobre los temas más importantes tanto para la Iglesia como para la sociedad civil de esa zona cultural. Así, sobre el cambio climático, el Papa alemán expuso que “en este momento histórico, comenzamos a comprender que necesitamos de Dios. Podemos hacer muchas cosas, pero no podemos crear nuestro clima. Pensábamos que podíamos hacerlo, pero no podemos. Necesitamos (…) al Creador”.
En estos mensajes, el Romano Pontífice no evade los asuntos polémicos. Y, una vez, más volvió a pedir perdón por los abusos sexuales cometidos por sacerdotes. Pero lo más sorprendente es que expresamente el Papa manifestó que “pedir perdón” no se puede quedar en una frase vacía. Y dijo que el contenido de esa expresión consiste en que “haremos todo lo posible para dejar claro cuál es la enseñanza de la Iglesia (sobre la moral sexual) y para ayudar (…) en la preparación de los sacerdotes (…); haremos todo lo posible para curar y reconciliar a las víctimas”.
El Obispo de Roma tampoco deja de lado la agenda del ecumenismo y del diálogo interreligioso. Este punto ha estado presente de manera especial en cada uno de sus viajes. En esta ocasión, reconoció delante de los representantes de otras religiones que “el movimiento ecuménico ha llegado a un punto crítico”. Y, por eso, los animó a “estar en guardia contra toda tentación de considerar la doctrina como fuente de división y, por tanto, como impedimento de lo que parece ser la tarea más urgente e inmediata para mejorar el mundo en el que vivimos”.
El Papa Ratzinger combina su bondad natural con la audacia para hablar con claridad a los jóvenes sobre el verdadero amor y sobre el peligro de las adicciones como las drogas o la sexualidad. “La gente piensa con frecuencia que está amando cuando en realidad tiende a poseer al otro o a manipularlo. (…) Qué fácil es ser engañado por tantas voces que, en nuestra sociedad, sostienen una visión permisiva de la sexualidad”.
Sydney 2008 ha sido un viaje apostólico de gran impacto. Benedicto XVI ha puesto las bases intelectuales y morales para una reflexión seria sobre los temas más decisivos de nuestros días. Por eso, acabado el viaje pastoral, la esperanza sembrada por el Papa continuará.
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domingo, 13 de julio de 2008

Rumbo a Sydney

Luis-Fernando Valdés

Esto es algo más que una invitación a un tour por Australia. Tampoco es una mera escala antes de llegar a Beijing, para las Olimpiadas. Reunirse en Sydney, en el 2008, fue la convocatoria que Benedicto XVI dio a millares de jóvenes reunidos en Colonia, en agosto de 2005. Y el plazo ya se cumplió. Se trata de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). Se espera una gran afluencia de muchachos de decenas de países. ¿Por qué tiene tanto poder de convocatoria un Papa ya anciano, de frágil salud? ¿Qué van a buscar jóvenes del mundo entero al rincón más lejano del Planeta?
Sin duda que la presencia de tantos visitantes en Australia, con motivo de la visita del Romano Pontífice, nos lleva buscar una explicación. Claramente no se reúnen para asistir a un espectáculo artístico. Tampoco están buscando a un personaje fuera de serie, al modo de los artistas o deportistas de hoy. Se nota entonces que no acuden a Sydney para “ver” a un personaje. Van hasta Oceanía, más bien, para “escuchar” al Papa Benedicto.
Desde ese aspecto, el Papa alemán es un gran orador. Sus homilías y discursos tienen un efecto muy grande en sus oyentes. Además, ya desde antes el Cardenal Ratzinger era considerado como uno de los intelectuales más importantes de Europa. Pero, ¿estos miles de jóvenes van a gastar sus vacaciones y su dinero, sólo para ir a escuchar a un gran catedrático de Teología?
Hay algo más. Los jóvenes va a la JMJ para escuchar, pero no cualquier mensaje; quieren oír palabras que puedan llenarlos de esperanza. Buscan una esperanza segura, que no desaparezca como se han derrumbado todas las utopías intramudanas, que prometen paraísos de bienestar en la Tierra; una esperanza firme que no se acabe como se desvanecen los emociones extremas o los efectos del alcohol, de las drogas o del sexo.
Hay algo más. La intuición de estos miles de muchachos apunta a las realidades espirituales. En el ámbito de la fe, debe haber Alguien que no defraude, Alguien que permita que esta vida sea llevadera, Alguien que prometa una felicidad definitiva. Nos guste o no, es un hecho de que miles de personas van a Sydney para buscar a Dios, incluso para entregarle toda su vida en Su servicio.
Se trata de un fenómeno que va contra la cultura dominante. Se suponía que la Modernidad nos había enseñado que el hombre puede hacer su vida sin necesidad de Dios, ni de sus reglas morales. Sin embargo, los ríos de jóvenes que hoy empiezan a llegar a Australia nos dicen que esa autonomía respecto a Dios no ha llenado la existencia de los seres humanos. La Psicología nos había dicho que Dios es un invento de nuestro inconsciente. Pero el hecho de que cientos de miles lo busquen, porque no encuentran en sí mismos la respuesta para su propia vida, nos grita que Dios no es un invento humano.
Más curioso todavía resulta que los jóvenes acuden a Sydney para escuchar un mensaje exigente. Benedicto XVI habla de seguir a Jesucristo, de aceptarlo como Dios. El Papa pide con claridad ir contra corriente, sin caer en la tentación de dejarse dominar por el relativismo moral. El Santo Padre exhorta a los jóvenes a dar testimonio de la fe con el ejemplo de sus propias vidas. Y así vemos que a la juventud le gusta que le planteen la felicidad como un meta alta, como un reto difícil. Sin duda, para un observador atento y honesto, la JMJ le tiene que llevar a la reflexión: para miles de jóvenes, Dios sigue siendo la vía para encontrar el sentido de sus vidas, y la Iglesia sigue teniendo un mensaje de esperanza.
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domingo, 6 de julio de 2008

Ingrid y las utopías

Luis-Fernando Valdés

Con gran júbilo, el mundo occidental recibió la noticia de la liberación de Ingrid Bentancourt, que llevaba más de seis años secuestrada por las FARC, el grupo guerrillero más antiguo del Continente. Ahora mismo, la ex-candidata a la Presidencia de Colombia se ha convertido en el símbolo de la humanidad atropellada por las ideologías. Hoy es el momento para abrir los ojos, y mirarnos en el espejo de las víctimas de las utopías: los sufrimientos de los secuestrados nos indican que algunas ideologías son nocivas para los humanos.
Las ideas mueven el mundo, aunque en la práctica parezca que sólo la economía y la violencia son los motores del cambio. En nuestra cultura hay unos patrones intelectuales que son la vía para la convivencia pacífica, pero que están separados de las ideologías por una delgada –y casi imperceptible– línea divisoria.
Uno de estos valores es la tolerancia, que lleva a aceptar que todo ser humano debe ser respetado cuando expresa sus puntos de vista, aunque los demás no los compartan. Pero la delgada línea roja consiste en entender que no todas las opiniones son verdaderas, no todas coinciden con lo qué es el hombre. Cuando se excluye la referencia a la verdad, la tolerancia se convierte en relativismo, según el cual da lo mismo cualquier opinión, porque en el fondo ninguna podría expresar la verdad sobre el ser humano.
Cuando a nombre de la tolerancia se infiltra el relativismo en las teoría políticas, se llega a aceptar que todas las ideologías políticas son válidas, incluidas aquellas que proponen la violencia, el secuestro y la extorsión para conseguir el poder, o para alcanzar un paraíso humano, donde los pobres dejen de serlo, y todos gocen de bienestar.
Es muy fácil sostener en los debates intelectuales de un café parisino –o argumentar en las aulas universitarias– que el fin justifica los medios, y que la lucha de clases es el medio para conseguir bienes mejores para la sociedad. Pero la realidad se impone a las utopías políticas, que prometen cambios sociales a costa de atropellar al hombre. Ingrid Bentacourt, que representa a todas la víctimas de la guerrilla colombiana, y de todas las guerrillas del mundo, nos enseña que el dolor y el sufrimiento son los límites de las ideologías. No pueden ser verdaderas, ni pueden ser aceptas las teorías sociales que –como medios o como fin– pisotean la libertad, la salud o la vida de alguien.
Resulta sencillo declararse “revolucionario”, o proclamarse a favor de la causa de los pobres, y seguir los esquemas trasnochados del marxismo, que propone una lucha de clases, una revolución contra los burgueses. Pero no es agradable ni llevadero ser víctima de esas proclamas mesiánicas. Sin embargo, el mundo está de cabeza porque, en esta lógica de la tolerancia relativista, es mejor tratado un pensador que expone ideas violentas, que una víctima de la violencia que afirma que esas ideologías son falsas porque implican sufrimiento y dolor de muchos inocentes.
Seguirán existiendo muchas Ingrid Betancourt, mientras tengamos miedo de llamar a las cosas por su nombre. Mientras sostengamos que todas las ideas políticas son igual de válidas, continuaremos alimentando la existencia de grupos violentos que ponen en práctica las utopías de reinos terrenos. Las lágrimas de los inocentes nos muestran que el respeto a la libertad y la integridad física son el parámetro de la tolerancia. El rostro demacrado de Ingrid nos grita que existe una verdad sobre el hombre, que sobrepasa todo relativismo.
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domingo, 29 de junio de 2008

Unidad, ¿utopía o esperanza?

Luis-Fernando Valdés

Ayer por la tarde, en la Basílica romana de San Pablo extra muros, Benedicto XVI inauguró el “Año paulino”, con motivo del bimilenario del nacimento de este gran Apóstol. Aunque quizá no haya tenido tanto eco en los medios de nuestro País, este evento tiene una gran trascendencia, porque está en juego uno de los grandes proyectos del pontificado del Papa alemán: el ecumenismo.
Como es sabido, cada 29 de junio, se celebra de manera conjunta a los santos Pedro y Pablo, que son las columnas de la Iglesia Católica. Ambos fueron martirizados en Roma, después de haber gasto su vida en la expansión del Evangelio en el mundo de su época. Pedro llevó la semilla del cristianismo a los judíos, y estableció su sede episcopal en la Ciudad Eterna. Pablo predicó el mensaje de Jesús a los llamados “gentiles”, es decir, a los no judíos, y fundó comunidades de creyentes a lo largo de Asia menor y del sur de Europa.
La figura de Pablo de Tarso, nacido entre el año 7 y 10 de nuestra era, es muy atractiva. Desde joven fue un judío piadoso y convencido de su fe. Por ese motivo, persiguió a los cristianos pues los consideraba como una herejía del judaísmo. Sin embargo, tuvo un milagroso encuentro con Cristo, a las afueras de Damasco hacia el año 33. Desde ese momento, se convierte en el gran predicador del Evangelio, que antes atacaba.
Pablo, que además era ciudadano romano, realizó cuatro viajes misionales, en los que recorrió todas las provincias del Imperio. A lo largo de esas expediciones, ganó miles de almas para la fe y, a la vez, sufrió una dura oposición. Recibió los consuelos de experiencias místicas extraordinarias, junto con persecuciones, flagelaciones y naufragios. Finalmente, entre los años 64 y 68 fue ejecutado en Roma, por afirmar su fe en que Jesús de Nazaret es Dios hecho hombre.
Como explica el Papa, el Apóstol de los gentiles, que se dedicó particularmente a llevar la buena nueva a todos los pueblos, se comprometió con todas sus fuerzas por la unidad y la concordia de todos los cristianos. Por esa razón, Benedicto XVI pide cuidar con singular atención la dimensión ecuménica, durante este jubileo. Cuando convocó este Año paulino, hace justamente un año, el Santo Padre expresó su deseo de que “las diversas manifestaciones que se organicen contribuyan (…) a intensificar las relaciones con nuestros hermanos de Oriente y con los demás cristianos”.
Llama la atención que Benedicto XVI sabe mirar lejos, pues sugiere que este bimilenario no se debe limitar a recordar a un personaje importante, sino que ha de servir para retomar con nuevo impulso una misión por la San Pablo gastó sus energías: la unidad de toda la Iglesia. Es una meta en la que Pablo VI y Juan Pablo II también pusieron sus mejores esfuerzos. Y ahora, este Papa, que como Cardenal fue uno de los negociadores más importantes del diálogo ecuménico, desea dar pasos muy firmes hacia la unidad entre los católicos y los ortodoxos.
Los resultados de este diálogo son importantes no sólo para los creyentes. Esos logros atañen a todos, incluso los no creyentes, porque si dos instituciones que llevan casi nueve siglos separadas vuelven a la unidad, será una señal de esperanza para toda la humanidad. La esperanza de que es posible el diálogo verdadero, que lleva a comprender al otro, a superar los rencores históricos, a ver el futuro juntos. Nos incumbe a todos, porque la unidad entre ambas Iglesias romperá el prejuicio de que la religión separa a los hombres. Fe volverá a ser sinónimo de unidad.

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domingo, 22 de junio de 2008

Moratoria al aborto

Luis-Fernando Valdés

Mientras la Suprema Corte de Justicia de la Nación continúa con las audiencias públicas, referentes al recurso de inconstitucionalidad sobre la ley que amplía el aborto en la Ciudad de México, las manifestaciones a favor de la vida se multiplican. Pero no sólo en nuestro País, sino también en las naciones más desarrolladas. El caso más sonado es el de Italia, donde Giuliano Ferrara ha propuesto a las Naciones Unidas una moratoria sobre el aborto. Este pensador no creyente y defensor de la vida, dice “basta ya” a los millones de abortos, que están destruyendo al mundo.
Después de que el 18 de diciembre del año pasado, se firmó en la ONU la “Moratoria universal sobre la pena de muerte”, un refrendo para eliminar las ejecuciones en el mundo, Ferrara, director de “Il Foglio”, un conocido diario de opinión italiano, envió una carta a Ban Ki-Moon, Secretario General de las Naciones Unidas, en la que le propone una “Moratoria sobre el aborto”. En ella propone que se modifique el artículo 3 de la Declaración Universal, que contempla que “todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”, de modo que diga expresamente que todo individuo tiene derecho a la vida “desde la concepción hasta la muerte natural”.
Esta Carta inicia con datos duros, proporcionados por la propia ONU, según los cuales en las últimas tres décadas se llevaron a cabo más de mil millones de abortos, o sea, unos cincuenta millones de abortos por año. Del último informe de United Nations Population Fund (Fondo de Población de las Naciones Unidas) se desprende que en China el aborto, fomentado o coactivo, es un riesgo que corren decenas de millones de niños que están por nacer en aras de una planificación familiar y demográfica gubernamental. En la India, en veinte años, por selección sexista se le quitó la vida a millones de niñas antes de nacer. En Asia el equilibrio demográfico peligra debido al infanticidio masivo. En Corea del Norte con el aborto selectivo se intenta eliminar radicalmente toda forma de discapacidad.
A la vista de estos millones de humanos que no llegaron a nacer, Ferrara pide a la ONU que considere “una petición de moratoria de las políticas públicas que fomentan formas de sumisión injustificada y selectiva del ser humano durante su desarrollo en el vientre de la madre mediante el ejercicio arbitrario de un poder de aniquilamiento, violando el derecho a nacer y a la maternidad”.
Ferrara, que se postuló en las pasadas elecciones generales en Italia, con el propósito de defender la vida, también explica en su petición que la ciencia, con algunos de sus descubrimientos más significativos en el ámbito genético, “documenta de forma irrefutable la existencia de un patrimonio genético humano en el embrión, un patrimonio único e irrepetible, a partir de su primera etapa de desarrollo”. De modo que el cigoto ya es alguien, y no un mero amasijo de células.
Esta petición de moratoria al aborto tuvo mucho eco en Europa. A la firma de Ferrara, que se autodeclara liberal y laico, se unieron las de otros personaje importantes como Lord David Alton, miembro de la Cámara de los Lores y Robert Spaemann, profesor emérito de Filosofia en la Universidad de Munich. Ya basta de pensar que sólo las voces de la derecha defienden la vida. Todo aquel que está comprometido con nuestro Planeta, con nuestra civilización, se da cuenta de que la vida es un don y debe ser protegida por el Derecho. Por eso, no es ingenuo pedir a la SCJN una moratoria al aborto.
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lunes, 16 de junio de 2008

Embriones híbridos: ¿salvarán niños?

Luis-Fernando Valdés

Los griegos clásicos explicaban aspectos de la personalidad humana mediante los personajes híbridos, como los centauros, que eran seres salvajes mitad hombre y mitad caballo, que servían para describir a los hombres sin leyes ni hospitalidad. Pero ahora, el Parlamento inglés pretende ir más allá de la metáfora, pues recientemente aprobó la generación de “embriones híbridos”, producidos mediante la introducción de ADN humano en óvulos de animales. Técnicamente es posible conseguirlo, pero ¿es éticamente correcto llevarlo a cabo?
Los diputados británicos aprobaron, el pasado 22 de mayo, la utilización de embriones híbridos, para extraer de ellos células madre embrionarias que permitan avanzar en el estudio de enfermedades como el Alzheimer. Se trata de una ley sin precedentes, a la que se une la aprobación para obtener los llamados “hermanos salvadores”, niños concebidos para que su material genético pueda curar a un hermano enfermo. Según esta nueva ley, los embriones híbridos están reservados para fines exclusivamente científicos y han de ser destruidos como mucho al cabo de 14 días de desarrollo y su implantación en el útero de una mujer está prohibido.
Aunque la finalidad perseguida es buena (solucionar enfermedades incurable y salvar niños), los medios para conseguirla no son lícitos. Y, a pesar de que claramente queda establecido de que esos embriones no pasarán de las primeras fases de desarrollo, de modo que no habría riesgo de que se llegaran a ver fetos deformes, esa medida no termina de hacer justicia al engendrado.
La excusa ética que se maneja para justificar esta técnica es la de ahorrar la utilización de ovocitos humanos. Para entenderlo mejor, recordemos que un “ovocito” es una célula germinal femenina que está en proceso de convertirse en un óvulo maduro, listo para ser fecundado. Además, el ovocito es rico en citoplasma, que contiene gránulos de yema para nutrir a la célula en el comienzo de su desarrollo. La técnica aprobada en Inglaterra propone transferir el núcleo procedente de una célula humana al citoplasma de un ovocito de una especie de mamífero. En otras palabras se transfiere el material genético humano a una célula animal, que sirva como ambiente de cultivo nutritivo. Al producto de esta transferencia se le llama “embrión somático aloplásmico”, es decir, un embrión criado en un plasma diferente al de su especie. Con esto se buscaría emplear óvulos animales, en vez de óvulos humanos.
El especialista español Juan Ramón Lacadena, sostiene que –desde el ángulo de la ciencia– esta técnica no es ética, porque el resultado de las investigaciones será poco sólido desde el inicio. Como el embrión obtenido no es un embrión humano normal, dado que ha sido generado en una situación diversa al resto de los humanos, los resultados que él se obtengan no son aplicables sin más a los humanos. Además, hay una interacción entre el material genético (el núcleo de la célula) y el citoplasma donde se nutre, de modo que el caso de las células híbridas se pueden producir efectos impredecibles (www.bioeticaweb.com).
Además, podemos añadir otro motivo para no aceptar la obtención de embriones híbridos: la dignidad de la persona. Es una agresión contra la dignidad humana que alguien pueda decidir sobre la constitución genética de otro, y además pueda establecer cuántos días ha de vivir. ¿Acaso ya olvidamos que ése fue el crimen contra la humanidad que los investigadores nazis cometieron durante la Segunda Guerra Mundial?
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domingo, 8 de junio de 2008

Pornografía infantil ¿quién da la cara?

Luis-Fernando Valdés

Nuevamente la gran ulcera social de la pornografía infantil volvió a sangrar. En días pasados, se habló la desidia de las autoridades de la Ciudad de México. Aunque es evidente se vende este material obsceno en diversos puntos de la Capital del País, el procurador capitalino, Rodolfo Félix Cárdenas, informó que en ninguna de las fiscalías se han iniciado averiguaciones previas por la exhibición de publicaciones pornográficas en puestos de periódicos. De inmediato legisladores del PAN y PRD manifestaron su inconformidad por la actuación del funcionario. Como suele suceder, la culpa se diluye en medio declaraciones, y eso nos impide llegar al fondo del problema.
El asunto es muy grave. En primer lugar hay víctimas reales. Son niños y niñas que son explotados. Su historia personal queda afectada, quizá de por vida. Sus rostros se exhiben en los kioscos, y nadie hace algo por ellos. Junto con ellos, toda la sociedad se ve afectada: los que solicitan este tipo de pornografía, sus familias y el ambiente moral de nuestra Nación.
Quienes consumen este tipo de material son responsables muy directos de la trata de menores, aunque sólo los vean desde las pantallas o las páginas impresas. Mientras haya demanda de estas imágenes aberrantes, habrá quienes hostiguen a esos niños. Además de cargar con esta grave responsabilidad moral, estos consumidores quedan destruidos por el vicio de la pornografía.
Otra noticia de la semana no menos impactante fue que México ocupa el segundo lugar en la creación de sitios web con pornografía, según un estudio revelado por Microsoft. Marco Antonio Navarro, gerente de seguridad digital de esa compañía, aseguró que “el país se coloca como uno de los mayores productores de pornografía, diariamente acceden millones de personas de todas las edades a estas páginas de internet y no sólo eso, navegan por horas”. Y comentó que lo más solicitado en los motores de búsqueda son “sexo” con 850 millones 200 mil búsquedas, “pornografía” con 373 millones y “violencia” con 161 millones.
No cabe duda que una sociedad que solicita tanta pornografía está muy enferma. Es una sociedad adicta. Y la adicción cobra su factura. Para sus consumidores las imágenes pornográficas son un sustituto audiovisual de la prostitución, más higiénico, más económico, e incluso quizá más práctico. A su vez, la prostitución es un sucedáneo, un sustituto degradado, irresponsable y pasajero, de la genuina comunicación amorosa humana. Mientras en el amor humano hace falta la libre voluntad de entrega mutua de un varón y de una mujer, en la prostitución bastan de ordinario el deseo del varón y la necesidad económica de la mujer.
Aunque algunos defienden la distribución de estas imágenes a nombre de la libertad, no podemos pasar por alto de que se trata de un grave problema social. Es muy sintomático que, en nuestra cultura actual sólo se considera verdaderamente reprobable la pornografía infantil, mientras que las demás conductas sexuales se presentan simplemente como “opciones sexuales” de seres humanos adultos.
En esta enfermedad global de nuestra sociedad todos tenemos que contribuir a la solución. Las autoridades civiles y de seguridad pública tienen que aplicar la ley y perseguir a los explotadores de menores y a los distribuidores de pornografía. Y todos los ciudadanos debemos rechazar sistemáticamente la pornografía en todas sus formas y denunciar su carácter degradante, tanto para las mujeres y niños en ella utilizadas como para los consumidores
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domingo, 1 de junio de 2008

¿Quién tiene la última palabra?

Luis-Fernando Valdés

Llegamos inquietos a junio. El mayo dejó un panorama desolador: desde las decenas y decenas de asesinados por sicarios en nuestro País, hasta las noticias internacionales sobre uniones que intentan equipararse al matrimonio. Y respecto al aborto, el horizonte tampoco está despejado. Ante un espectáculo así, ¿habrá alguna esperanza? ¿la maldad humana y la confusión tienen la última palabra?
Cuando los problemas sociales y morales parecen tener el dominio sobre la vida humana, me gusta releer algunos textos de Juan Pablo II, el gran “Testigo de esperanza”. A este querido Pontífice le tocó sufrir toda la maldad de la Segunda Guerra Mundial, conservó la esperanza gracias a la fe. Y explicaba que la historia de la humanidad es una “trama” de la coexistencia entre el bien y el mal. Esto significa que, aunque el mal existe al lado del bien, el bien persiste al lado del mal; es decir, en el mismo terreno –que es la naturaleza humana– crecen el bien y el mal. Y así será hasta el final de los tiempos. Sin embargo, el mal siempre es ausencia de bien, es una carencia de un bien determinado que se debería tener. Pero nunca es ausencia absoluta del bien. Por eso, el mal nunca ha conseguido destruir del todo al bien (“Memoria e identidad”, 2005, pp. 13-15). Y esto es un importante motivo para tener viva la esperanza, pues a pesar de la gran difusión del mal, éste nunca podrá llenar la ausencia del bien, el mal nunca llenará los corazones de los hombres, y por eso nunca podrá acabar con el bien, con el amor, con la belleza. Y por esa misma razón, siempre habrá hombres y mujeres que desafíen al mal, a la mentira y a la confusión, porque desean saciar su vida con lo auténtico, con lo verdadero.
También me llenan de esperanza las palabras del admirable Benedicto XVI: “la injusticia de la historia no puede ser la última palabra en absoluto” (Encíclica “Spe Salvi”, n. 43). La necesidad de recibir una justicia que no obtenemos en esta vida, se convierte en un motivo importante para creer que el hombre está hecho para la eternidad. Dios hará justicia. Si no fuera así, el hombre tendría que crear la justicia. Y “un mundo que tiene que crear su justicia por sí mismo es un mundo sin esperanza”, porque entonces “nadie ni nada responde del sufrimiento de los siglos”, y además “nadie ni nada garantiza que el cinismo del poder no siga mangoneando al mundo” (ibid, n. 42). Sólo Dios puede responder de todo ese mar de sufrimiento, y lo hará al juzgar y castigar a los responsables, y al premiar a los inocentes. Y en palabras de Dostoëvskij, al final los malvados, en el banquete eterno, no se sentarán indistintamente a la mesa junto a las víctimas, como si no hubiera pasado nada (cfr. n. 44).
Sin abrirnos a la esperanza, que se apoya en Dios, este mundo carece de sentido. El mal y la mentira serían la única respuesta. Pero sólo el bien y la verdad pueden iluminar y saciar nuestros deseos de amor, y por eso tenemos esperanza de que vale la pena seguir abogando por la vida y la familia. Y ante la violencia del narcotráfico, no cederemos, nunca la justificaremos, pues tenemos la certeza de que cada criminal recibirá su justo castigo: aquí o allá. Sólo la esperanza nos mantiene firmes para seguir creyendo en la verdad, pues la mentira y el relativismo no tienen la última palabra sobre quién es el hombre. Sólo la esperanza nos lleva a rechazar el terrorismo de los cárteles, pues la violencia no puede ser nunca la última palabra sobre la vida social.
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domingo, 25 de mayo de 2008

¿Para qué una “Marcha por la Vida”?

Luis-Fernando Valdés

Hoy se llevará a cabo la “Marcha por la Vida”, tanto en Querétaro como en otras ciudades del País. Se trata de un gran evento organizado por Dimensión Episcopal para los Laicos (DELAI) de la Conferencia del Episcopado Mexicano, y que ha sido impulsado por el Obispo queretano, Mons. Mario De Gasperín. Ante un aforo, que se espera sea muy numeroso, necesariamente nos preguntamos qué sentido tiene este evento. ¿Es una manifestación de poderío religioso? ¿Será el último esfuerzo para salvar una causa perdida?
Ante una mirada superficial, esta marcha se podría considerar como los esfuerzos de la Iglesia y de familias “tradicionales” para impedir que México se modernice, y que nuestra Constitución se ponga al nivel de las Legislaciones de los países económicamente más desarrollados.
Quizá también se puede observar esta manifestación pública a favor de la vida, desde el ángulo –tan desgastado y por eso obsoleto– de las facciones políticas: izquierda-derecha, conservadores-liberales, retrógrados-modernos. Entonces se trataría de una expresión de la típica derecha conservadora mexicana, que no entendería que los tiempos han cambiado.
Según estos enfoques, esta marcha de hoy no tendría mucho sentido, pues trataría de negar un cambio de época y de mentalidad en nuestra Nación. Si acaso, sería una mera muestra de que en nuestro País hay libertad de expresión. Sin embargo, pensar así sería cerrarse al significado más profundo de este desfile.
En la superficie y en el fondo, es una marcha a favor de la rica tradición cultural mexicana. Ninguna nación se constituye por un grupo de ideólogos que “inventan” un país, mientras se toman un café, sino que es fruto de una herencia cultural de siglos, que se enraíza en un armonioso conjunto de valores, lenguas, creencias y rituales en el contexto de un territorio, con sus mares y ríos, montañas y valles, y su flor y su fauna. Y así nuestra Patria –el lugar que nos heredaron nuestros Padres– en sus ricas raíces precolombinas, coloniales y modernas, siempre ha sido considerado la vida como un gran regalo. Imponer el aborto en México no será actualizarlo, sino desconectarlo de su pasado histórico. Si se cortan las raíces, el árbol centenario terminará por caer.
Salir a las calles, en ambiente festivo, para celebrar la vida sí tiene sentido. Es una expresión pública para proteger nuestra identidad nacional. Es muy curioso que bastantes de los que se autoproclaman defensores de los orígenes mexicanos, lejos de leer con respeto los códices prehispánicos –los cuales alaban la vida–, tienden a buscar un nuevo proyecto de nación apoyados en ideas extranjeras. ¿Desde cuándo el aborto, a nombre del derecho a decidir, está en la tradición cultural mexicana? ¿No es más bien de la tradición anglo-sajona, originada en la
Suprema Corte de Estados Unidos, en los años 70’s?
Proponer como gran novedad la legalización del aborto, es un gran timo. Es pretender borrar de un plumazo quinientos años de historia. Es afirmar que todos nuestros antepasados han estado en el error, y que la verdad apenas nos llegó hace treinta años. Es ofrecernos nuevamente cristales de colores –a nombre de la libertad–, para que vendamos inocentemente nuestra Patria: nuestras raíces, nuestra historia, nuestros valores. Si está leyendo esta columna después de haber recorrido las calles de nuestra Ciudad, lo felicito, pues ha hecho algo importante: nos ha mostrado que nuestro País tiene raíces e historia, las cuales aman profundamente la vida.
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domingo, 18 de mayo de 2008

La “dictadura” de la igualdad

Luis-Fernando Valdés

Un nuevo golpe, muy duro, contra la institución fundamental de la sociedad. El pasado 15 de mayo, la Corte Suprema de California (EUA) declaró inconstitucionales las leyes que prohíben el matrimonio entre personas del mismo sexo. Si esta sentencia entra en vigor, ese estado se convertiría en el segundo en permitir las bodas entre homosexuales. ¿En qué nos afecta la decisión de un tribunal del país vecino?
Aunque parece que se trata de una situación lejana, esa resolución jurídica sí tendrá repercusiones en nuestra Nación y en el resto de Latinoamérica. En primer lugar, porque se trata del estado más poblado y más rico de la Unión Americana, de modo que sus sentencias sientan cierto precedente para el resto de los estados. Además, ya sea por la presión de ciertos organismos internacionales, ya sea por influjo de los millones de paisanos que ahí residen, esas influencias nos llegarán tarde o temprano.
Alguno podría pensar: “¿qué tiene de malo esa ley? Si unas personas homosexuales quieren hacer una familia, ¿en qué les daña a los demás?”. Sí nos afecta, no sólo a los que pensamos que el matrimonio es la unión fiel, exclusiva y de por vida entre un hombre y una mujer, sino también a toda la sociedad. Porque la institución matrimonial es fruto de las leyes naturales que rigen al ser humano, con independencia de su credo o de su cultura. Y así como violar las leyes de los ecosistemas tiene consecuencias negativas (como el calentamiento global), de igual manera cuando no se siguen las pautas naturales sobre el matrimonio advienen consecuencias negativas: la decadencia de una civilización, la falta de armonía entre los ciudadanos, los daños emocionales sobre los hijos, y tantas más.
Pero las consecuencias son más profundas de lo que se ve. La frase “que tiene de malo, si no le hacen daño a terceros” se muestra falaz, pues en el fondo –en este caso concreto de California– se trata de una desición judicial que atropella la democracia. En efecto, la sentencia del Tribunal Supremo dejó sin efecto la “Proposición 22”, una iniciativa aprobada el año 2000 por el 61,4 por ciento de los votantes en ese estado, la cual definía el matrimonio en California como un acto exclusivo entre un hombre y una mujer. Un reciente comunicado de los Obispos de Estados Unidos señala que esta votación “reflejaba la sabiduría de los electores de California al mantener la definición tradicional del matrimonio como una realidad biológica y un bien para la sociedad. Lamentablemente, la Corte creyó conveniente ignorar la voluntad de la mayoría del pueblo de California”.
Pero aún acaba la espiral de implicaciones negativas. Como anotaba el ensayista alemán, Erich Kock, esta ley es “un signo ulterior de la relativización de la moral y las primeras en pagarlo serán las jóvenes generaciones. Con matrimonios cada vez más a la deriva, con una moral cada vez más confusa, son justamente los jóvenes los que se encuentran cada vez más viviendo en una situación de gran inseguridad”.
Entonces, las consecuencias de aprobar los matrimonios entre homosexuales son duras. Se pone en riesgo la continuidad de toda una civilización. Además, bajo la máscara de libertad, igualdad y tolerancia, se imponen –como una “dictadura”– la opinión y los deseos de unos pocos, por encima del sentir de una mayoría. Y, por si fuera poco, se generará un efecto negativo en la estabilidad moral. A nombre de la igualdad ¿qué tipo de sociedad le vamos a heredar a la siguiente generación?
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domingo, 11 de mayo de 2008

Semana de ejecuciones

Luis-Fernando Valdés

Dura semana acabamos de concluir. La violencia producida por el narcotráfico dejó más de un centenar de muertos en sólo siete días. Entre las víctimas –la mayoría policias– se cuentan tres altos jefes policiacos y una veinta de oficiales, y también deciseis ganaderos. Es imposible cerrar los ojos ante este triste panorama. Pero ¿qué podemos hacer los ciudadanos de a pie?
El narcotráfico es un problema muy complejo. En su origen confluyen múltiples causas, que no son tan sencillas de describir. En esa amplia gama hay una serie de círculos concéntricos, cuya última esfera es la violencia abierta en las calles de nuestro País. Sin duda, la dura situación de pobreza en la que viven millones de mexicanos ha sido un factor importante para el crecimiento del tráfico de drogas. Pero, en la base de esta dura situación, se encuentran también importantes factores familiares y morales.
Ante las tumbas de estos compatriotas nuestros que han perdido su vida para erradicar esta plaga social, no cabe andarse con rodeos. Es hora de hablar fuerte, y decir que seguirá existiendo el narcotráfico mientras las familias no tengan la suficiente protección y estabilidad; mientras no se fomente a nivel nacional el cultivo de los verdaderos valores humanos.
¿Por qué la familia está en el centro del problema? Por la razón de que la venta de drogas será un gran negocio, mientras haya personas que necesiten de ellas para evadirse de sus problemas existenciales. Cuando los padres no tienen los valores humanos y religiosos para dar respuestas a las cuestiones vitales de su prole, los hijos buscarán soluciones artificiales, es decir, evaciones como son el alcohol, el sexo y las drogas. Si hay una gran oferta de enervantes es porque hay una gran cantidad de personas que demandan una solución a sus problemas profundos. Pero la situación es más dificil, cuando no se cuenta con una familia o ésta se encuentra desintegrada. En estos casos, ¿a quién recurrir cuando vienen las crisis?
Otro factor apenas perceptible, pero que está en el núcleo mismo del problema de la venta de drogas es la falta de valores. Éstos no son meras normas de conducta, sino el fundamento de toda el obrar humano. En la práctica, las convicciones religiosas son el ancla para permanecer firmes en las crisis personales. Por ejemplo, el sentido de mi propio existencia lo encuentro en un Ser trascendente o no nada de este mundo me podrá llenar; y las adicciones no llenan el hueco interior, pero ayudan a olvidarse de él por un tiempo. De igual manera, sólo los valores morales son la única fuerza para decir que no a la gran tentación del dinero abundante y fácil obtenido por la producción, el tráfico y la venta de estupefacientes. Además, sólo cuando reconozcamos que Dios es el único dueño de la vida, seremos capaces de respetar la vida de los demás.
La muerte de estos compatriotas nuestros clama que se haga justicia. Deseamos que las autoridades pronto puedan dar con los culpables y condenarlos mediante un juicio justo. Pero, estas ejecuciones también gritan al Cielo pidiendo una solución de fondo. Ya es tiempo de que todos los actores sociales (políticos, universitarios, educadores, periodistas, empresarios, ministros de culto) perdamos el miedo a hablar de la verdad sobre el hombre y sobre la familia. Ya es tiempo de darle un espacio a la fe, y permitir que los valores religiosos vuelvan a la esfera pública: sólo así los mexicanos tendremos las herramientas para decir no a las drogas y no a los homicidios.

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domingo, 4 de mayo de 2008

Aconfensional, por amor a la religión

Luis-Fernando Valdés

El reciente viaje de Benedicto XVI a los Estados Unidos nos ofrece mucho material para la reflexión. Como hacía ver el conocido historiador Jean Meyer, el viaje estuvo cargado no sólo de discursos importantes, sino de gestos muy significativos. Uno de esos signos fue la conferencia de prensa en el avión, antes de aterrizar en ese país del Norte, en la que el Papa habló abiertamente de los temas candentes sobre la Iglesia. Ahí el Santo Padre opinó sobre el vínculo entre religión y política. Aunque ese tema es un tabú en nuestra ideosincracia nacional, la visión del Papa Ratzinger nos puede ayudar precisamente a reenfocar la relación de la fe con la política.
En esa intervención, previa a su llegada, Benedicto XVI manifestó su fascinación ante el hecho de que los Estados Unidos nacieron gracias a un “concepto positivo de laicidad”. Explicó que este nuevo pueblo se constituyó con comunidades y con personas que habían huido de las Iglesias estatales europeas, y buscaban un Estado laico para abrir una posibilidad a todas las confesiones de practicar su propia religión. Y luego el Papa expresó una idea capital, que muestra que la política y la fe no son antagonistas: “Eran laicos precisamente por amor a la religión, a la autenticidad de la religión, que puede ser experimentada sólo en la libertad”.
El vaticanista italiano Sandro Magister observó que esta idea ya había sido expuesta por el entonces Cardenal Ratzinger en 2004, en su libro “Sin raíces”, donde explicaba que en la base de la sociedad americana hay una separación entre un Estado y una Iglesia determinada, y que esa separación era reclamada por la religión misma, pues de ese modo pueden convivir todas las confesiones. El purpurado alemán contrastaba esta situación con la separación impuesta, bajo el signo del conflicto, por la Revolución francesa y por los sistemas que le han seguido a ella.
Estas profundas observaciones me llevan a dos reflexiones. La primera se refiere a la dramática relación entre la religión y la política tal como se comprenden en nuestro País. La finalidad de la aconfesionalidad que vivimos no es la sana convivencia entre religiones ni la de garantizar la libertad de culto, sino la desaparición de la fe de la esfera pública. El efecto producido ha sido la ausencia de una moralidad pública (mientras que el caso de EUA la imagen moral pública es capital). Y la razón es que cuando no se reconoce públicamente la existencia de Dios, se termina por negar a Aquel que es el fundamento de la Ley moral. En la práctica, sin Dios, no hay moral. La corrupción y la falta de honestidad de algunos servidores públicos, la creciente ola del narcotráfico, ¿no serán los “efectos colaterales” de esta separación de la política y la religión?
La segunda consideración trata sobre el problema inverso al anterior: imponer una única opción política a todos los creyentes. A veces, algunos creyentes al hacer política, ambicionan ser apoyados por los demás que profesan la misma fe. Sin buscarlo, el daño sería doble: por una parte, estarían limitando la libertad política que –por derecho natural– posee todo creyente; y, por otra, harían creer a la sociedad que su Iglesia pretende fines temporales y no espirituales. La religión debe ser apolítica para que puedan convivir todos los creyentes. A los políticos que –a nombre de su fe– desearan que todos sus correligionarios pensaran como ellos, quizá cabría decirles que “por amor a la religión, sean más aconfesionales”.

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domingo, 27 de abril de 2008

El Pueblo que más ama a sus hijos

Luis-Fernando Valdés

El segundo día de audiencias públicas organizadas por la Suprema Corte de Justicia de la Nación sobre el aborto tuvo lugar el pasado viernes 25 de abril. En esta ocasión expusieron quienes sostienen que el recién concebido “no es una persona”, como afirmó Víctor Hugo Círigo, presidente de la Comisión de Gobierno de la ALDF. Hoy retomo el tema desde un ángulo poco estudiado: desde la historia de nuestro País. ¿Qué enseñaban nuestros ancestros indígenas sobre el recién engendrado?
Los aztecas, para referirme sólo a una de las culturas precolombinas más desarrolladas, tenía en un concepto muy alto la vida de los nasciturus. Ya en el siglo XVI, los misioneros se admiraron ante el amor del pueblo náhuatl por sus hijos. El dominico Diego Durán, en su libro “Historia de las Indias de Nueva España e Islas de Tierra Firme” (15) escribe que los moradores del valle del Anáhuac son “la gente que más ama a sus hijos que hay nación en el mundo”.
Son muchos los testimonios de ese amor a la vida que se inició en el seno materno, como las “Tenonotzaliztli”, o sea, “exhortaciones” con que el padre instruye a su hijo. Ahí el papá le dice a su bebito como han estado pendiente de él, desde antes de que naciera: “Hemos visto por ti tus madres, tus padres; y tus tías, tus tíos, tus parientes, han visto por ti, han llorado, han sufrido por ti en tanto venías, en tanto nacías sobre la tierra...”.
En ese mismo documento, la madre exhorta a su hijita con estas palabras: “Ahora mi niñita, tortolita, mujercita, tienes vida, has nacido, has salido, has caído de mi seno, de mi pecho”. Y la niña le agradece a su mamá esos consejos con estas palabras: “Me has favorecido, mi hermana mayor, a mí que soy tu collar, tu pluma preciosa. ¿A dónde en verdad me irás a dejar? ¿A dónde me irás a entregar? Porque en tu seno, en tu pecho he vivido, he nacido, yo muchachita, niñita”.
En 1995, el historiador francés Jacques Soustelle, describe la vida de los aztecas antes de la conquista, y muestra que “la futura madre recibía, desde bastante tiempo antes de que naciera el niño, atentos cuidados… En suma, durante todo el tiempo anterior al parto, una red de prohibiciones y preceptos tradicionales encerraba a la madre y aún al padre con el fin de proteger al niño”.
El aborto va en contra de la cultura mexicana, atenta contra nuestras raíces. Afirmar que la ciencia moderna nos habría hecho ver que en el nascituro no es persona, equivale a decir que México sólo es nación desde que se fundó la embriología. Quien apoya el aborto está sosteniendo que las raíces que nos dan identidad cultural van en contra del derecho de la mujer a decidir, de modo que nuestros orígenes en realidad habrían iniciado con el movimiento feminista. Si el México moderno había rechazado sus orígenes novo-hispanos, para desligarse de su base católica, ahora también se desentiende de sus fuentes indígenas, para no tener que comprometerse con la vida del recién concebido.
¿Qué implicaciones históricas y culturales conllevará la legalización del aborto? Tiene al menos una muy grande: la pérdida de nuestra identidad nacional. Si los que proponen la legalización del aborto son coherentes consigo mismos, deberán aceptar que también pretenden fabricar un nuevo país, distinto al nuestro que tiene más de cinco siglos, una nación cuya única raíz sea la ideología de la que ellos parten. Sería un Pueblo que ya no ama a sus hijos.

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domingo, 20 de abril de 2008

“Conquista” el Papa a medios de EUA

Luis-Fernando Valdés

La visita del Papa a los Estados Unidos ha sido un evento mediático. En ese país, tanto los noticieros de la TV como los periódicos han dado una cobertura muy amplia de este viaje. Y, además, la buena imagen Romano Pontífice que esos medios transmiten contrasta con todos los estereotipos y clichés que se le han atribuido a Benedicto XVI. Veamos cómo la prensa neoyorkina enfocó tres eventos destacados del Santo Padre.
El primero de ellos tiene un significado especial, porque fue la reunión de Benedicto con algunas víctimas de abusos por parte de sacerdotes. La presencia del Papa entre las víctimas es un modo de aceptar institucionalmente esas culpas y de pedir perdón. El jueves pasado, durante la homilía de la Misa celebrada en el estadio “Nationals Park” de Washington, el Santo Padre reconoció “el dolor que ha sufrido la Iglesia en América como consecuencia del abuso sexual de menores”. Y añadió: “ninguna palabra mía podría describir el dolor y el daño producido por dicho abuso”. En respuesta, el conocido diario “The New York Times” –que no es nada pro católico– destacó la disculpa del Pontífice (“el Papa se sintió avergonzado de los sacerdote pederastas”), y dio voz a los que piden que esos gesto del Sucesor de Pedro se traduzcan en acciones.
Otro evento muy importante fue la visita del Santo Padre a una sinagoga en Park East (Manhattan, NY). Recibido afectuosamente por el Gran Rabino Arthur Schneier, Benedicto XVI afirmó que a los cristianos y a los judíos “nos une en nuestra esperanza común centrada en Dios y su misericordia”, y que por eso podemos “cooperar unos con otros, y con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, para hacer de este mundo un mundo mejor para todos”. El citado periódico neoyorkino, que diariamente publicó en primera plana la gira del Papa, calificó esta reunión como un “hecho histórico” (historic act) y destacó que “el Papa recibe una calurosa bienvenida en la sinagoga de Nueva York”. Además el rotativo añadió el jubilo que esta reunión causó entre los asistentes a la celebración de la Pascua judía.
Un momento muy importante también fue el discurso que Benedicto XVI pronunció en la ONU, en el marco del el 60° aniversario de la “Declaración Universal de los Derechos del Hombre”. El Obispo de Roma explicó que los derechos humanos han de ser respetados porque son expresión de justicia, y no simplemente porque pueden hacerse respetar mediante la voluntad de los legisladores. El “New York Times” subrayó que el Papa “urgió a una vigorosa defensa de los derechos humanos”. Además, este mismo informativo dio importancia a la preocupación manifestada por el Santo Padre sobre la crisis de la ONU para intervenciones urgentes, originada porque el poder de decisión está en manos de unas pocas naciones.
Sin duda, en nuestro País, la opinión publica se divide al hablar del Romano Pontífice. Fácilmente, caemos en los extremos: tanto de una defensa apasionada que quiere soslayar los problemas reales de la Iglesia, como de un fiero ataque que descalifica todo discurso y todo gesto del Pontífice. Este viaje a Estados Unidos puede servirnos para observar con perspectiva el papel del Papa como líder moral mundial, sin caer en esas posturas radicales que impiden la objetividad. Hoy las luces parecen atenuar las sombras: Benedicto XVI es un gran defensor de los derechos humanos, un Papa empeñado en el diálogo interreligioso y un pastor firme ante los abusos de los clérigos.

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domingo, 13 de abril de 2008

Aborto: entre el Derecho y la ideología

Luis-Fernando Valdés

La Suprema Corte de la Justicia de la Nación (SCJN) abrió las sesiones abiertas al público, en las que especialistas sobre el tema pueden expresar su parecer sobre la inconstitucionalidad de la ampliación del aborto, aprobada el año pasado por la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México. Se trata de un tema estrictamente jurídico, que está rodeado de conflictos. Y bastantes de esas dificultades lejos de ser verdaderamente legales o científicas son meramente ideológicas. ¿Qué podrá más, el Derecho o la ideología?
En la sesión del pasado viernes 11 de abril, comparecieron médicos, científicos, abogados y grupos a favor de la vida, pero destacó la presencia del Titular de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) y del Procurador General de la República. Ambos ponentes fueron los que, el año pasado, interpusieron la demanda de inconstitucionalidad de la ampliación de la ley del aborto ante el alto Tribunal. En sus respectivos discursos, la argumentación no fue religiosa ni moral, sino jurídica. Y este punto debe ser destacado.
En sentido estricto, a la SCJN sólo le corresponde dictaminar si la ley promulgada por la Asamblea Legislativa del DF es conforme o no con la Constitución Política de nuestro País. No se trata de que el Tribunal Constitucional “escoja” entre dos posturas, o diga cuál de ambas tiene razón. Más bien la Suprema Corte, como máximo e inapelable intérprete de la Constitución, tiene como finalidad declarar si la acción de anticonstitucionalidad de esta ley del aborto procede o no. Éste es el verdadero centro del debate, y es de orden estrictamente jurídico.
En su intervención, el Procurador Eduardo Medina Mora, explicó que la vida del ser humano es el más elemental de todos los derechos, y que del reconocimiento de este derecho y de su protección depende la existencia de cualquier otro y la realización misma de la persona. Argumentó que, desde 1917, la vida estuvo protegida en el artículo 14 constitucional. Recordó que a partir de la reforma constitucional publicada el 9 de diciembre de 2005, el más fundamental de los derechos fue ampliado y protegido absolutamente con la prohibición total de aplicar la pena de muerte. Y citó el dictamen en el que se fundamentó esta ampliación: "La protección de la vida de un ser humano es considerada como la más elemental de las defensas, puesto que de la vida deriva todo el potencial de desarrollo y realización de la persona". El Procurador también recordó la exposición de motivos que dio origen a la reforma, la cual dice literalmente que "es la vida el patrimonio más valioso que tiene la humanidad. El grado de civilización de las sociedades es directamente proporcional al respeto que en ellas se tiene por la vida".
Por su parte, José Luis Soberanes, Ombudsman nacional, argumentó también jurídicamente, y se apoyó en un dato científico: “El hecho de que su hijo se encuentre dentro de su vientre (de la madre) no le otorga (a ella) el derecho a disponer de él, pues no se trata de su cuerpo, sino de un ser humano genéticamente distinto a ella. La existencia de un ADN diferenciado lleva a concluir que se trata de dos seres distintos, sin que uno pueda legítimamente disponer de otro”. Entonces, si el Derecho y la ciencia están a favor de la vida, ¿el aborto en que se fundamenta? Se basa en la ideología, en la imposición de un punto de vista de modo arbitrario y, a veces, violento. ¿Podrá más la presión de algunos grupos de interés que el derecho y la ciencia?
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domingo, 6 de abril de 2008

La herencia social de Juan Pablo II

Luis-Fernando Valdés

Se cumplieron ya tres años de la marcha del añorado Papa polaco a la Casa del Padre. Su recuerdo, por una parte, trae bastante nostalgia al corazón: ¿cómo no extrañar a un Pontífice tan cercano?. Y, por otra, su memoria nos llena de gozo, pues fue un Pastor que supo dar luces a los problemas más urgentes de la sociedad. Este tercer aniversario de la muerte de Juan Pablo II es buena ocasión para exponer brevemente algunas de sus enseñanzas sobre el trabajo, que es el centro de la cuestión social de cada País.
Karol Woytila tuvo la oportunidad de ser trabajador manual en su juventud, cuando Polonia fue invadida por los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Picando piedra en una cantera, pudo compartir hombro con hombro, la vida dura de los mineros; sufrió con ellos las carestías, y la mala remuneración. A diferencia de Marx y de Lenin, que buscaron remediar la injusticia laboral mediante revoluciones del proletariado, el joven Lolek (como lo llamaban sus amigos) hizo una lectura de esta experiencia desde el Evangelio.
Primero como Arzobispo de Cracovia, en los años del dominio soviético sobre Europa oriental y, más tarde, como Romano Pontífice, Juan Pablo II predicó con constancia el “Evangelio del Trabajo”, que es una respuesta viva, tomada del mensaje bíblico de Jesús, a los problemas actuales de los trabajadores. El Papa estaba convencido que en la vida y predicación de Jesucristo se encuentra una gran luz para entender el trabajo, pues Cristo siendo Dios se hizo ser humano, y trabajó con sus propias manos.
El 14 de septiembre de 1981, fue publicada la encíclica “Laborem exercens”, en la que el Papa eslavo aportó su propia experiencia como trabajador manual al análisis del sentido moral del trabajo humano. Entre las muchas enseñanzas de esta encíclica, todas ellas aún válidas para los hombres de hoy, destaca el análisis de los “derechos de los trabajadores”. Juan Pablo II defiende el derecho al empleo, el derecho a un salario justo y a unos beneficios adecuados y el derecho a crear asociaciones libres de trabajadores, lo cual incluye el derecho a la huelga (n. 16 y sig.).
Pero, además, el Papa Woytila toca temas que son herencia de una visión cristiana del trabajo y de la familia (cfr. n. 19). Por eso, defendió el “salario familiar”, que consiste en la cantidad suficiente para mantener a una familia sin que trabajen los dos padres a la vez. Y le dio un giro moderno a esta idea, proponiendo como alternativa determinadas prestaciones sociales, como “ayudas a la familia o subvenciones a las madres que se dedican en exclusiva a sus familias”. Y explica que la experiencia confirma que hay que esforzarse “por la revalorización social de las funciones maternas”, y así “será un honor para la sociedad hacer posible a la madre dedicarse –sin obstaculizar su libertad, sin discriminación psicológica o práctica, sin dejarle en inferioridad ante sus compañeras– al cuidado y a la educación de los hijos” (ibid.).
Esto fue una muestra de la actualidad de la enseñanza social de este recordado Pontífice, que está enraizada en la experiencia real del mundo del trabajo, e irrigada por la fuerza siempre joven del Evangelio. Ojalá que junto a los recuerdos tan gratos de Juan Pablo el Grande paseando entre las calles de nuestro País, también convivan los deseos de aplicar sus enseñanzas –que no son recetas políticas ni de “management”– a los problemas social de nuestra Nación. Y así la mermoria de Juan Pablo II será no sólo entrañable sino también fecunda.

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domingo, 30 de marzo de 2008

Los “emos”, alerta social

Luis-Fernando Valdés

La cultura “emo” ha sido noticia en lo que va del mes. Por una parte, hay que mencionar las agresiones sufridas por algunos jóvenes “emotivos”, y por otra, cabe destacar un reciente boletín de la Dirección General de Ciencias Sociales de la UNAM, en el que se describe el perfil psicológico de estos muchachos. Ante estos episodios violentos ¿basta con dar una mera descripción sociológica? ¿es suficiente exhortar a la tolerancia? ¿No deberíamos ir a la causa más profunda y esencial?
Aunque en el citado boletín, el Prof. Héctor Castillo Berthier explica que los “emos” no son una “tribu social”, las agresiones recibidas por estos jóvenes han sido obra de “tribus”, como los “punks”. Y la presencia de estos grupos sociales es una muestra de que algo no va bien en nuestra sociedad y en nuestro sistema educativo, hasta el punto de que un grupo muy numeroso de adolescentes deja a sus familias para asumir este estilo de vida, como protesta hacia los valores sociales establecidos. ¿Cómo pedirles a estos grupos urbanos que vivan la tolerancia, cuando su modo de vida se caracteriza precisamente por no seguir los valores de la mayoría?
En el estudio mencionado, el investigador Andrés Alcántara Camacho describe muy bien las características de los “emos”. Algunas de ellas nos invitan a la reflexión. Por ejemplo, el 40 por ciento de los adolescentes que se dicen ser “emos” presentan tendencias suicidas debido a su perfil psicológico depresivo; la vestimenta no permite a veces distinguir su género, pues igual se visten hombres y mujeres, y además son extremadamente delgados y se cortan cara y brazos con navajas para cubrirlas con el cabello y adornos, como una manera de rebelión ante sus padres o el mundo.
Un moviento cultural –aunque no esté establecido formalmente– que invita a no controlar las emociones o la tristeza, nos indica que posiblemente nuestra sociedad ha perdido de vista que la educación no es la mera transmisión de datos, sino una auténtica formación de la personalidad, que forja el carácter de modo que el educando sea capaz de dominar sus impulsos. Cuando un movimiento de estas características fomenta –o, al menos, solapa– el daño al propio cuerpo, o cuando no valora la diferencia entre lo masculino y lo femenino, observamos que la visión que tiene del ser humano es muy pobre. Por eso, la pregunta es urgente ¿nos debemos limitar a describir a los “emos”? ¿no será el momento de aceptar que hay un problema de fondo?
El núcleo de la cuestión radica en dos factores: la familia como formadora de valores y la educación pública como guía hacia la verdad. Al ver a tantos jóvenes que viven en “tribu”, no es difícil darse cuenta de que hay familias desintegradas o, al menos, disfuncionales. La familia es una realidad natural que, cuando se intenta “reinventarla” por medio de la legislación, deja de dar frutos de estabilidad y de sana convivencia. ¿Cómo pedir tolerancia a las personas que no han tenido un hogar donde aprender los valores fundamentales?
También la educación pública tiene un papel clave. Muchas problemas con estos grupos urbanos tienen su origen en el relativismo. Si desde niños se nos inculca que no existe la verdad, que nadie tiene la razón, lejos de hacernos tolerantes, lo que se fomenta es la pérdida de los valores. Algo falla en la educación cuando no se enseña la verdad sobre el hombre y sobre la familia. No basta describir a los “emos”, no es suficiente pregonar la tolerancia: hace falta redescubrir y proteger a la familia.

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domingo, 23 de marzo de 2008

Los “Coliseos” de hoy

Luis-Fernando Valdés

Celebramos hoy la fiesta más solemne de la Iglesia Católica: la Resurrección del Señor. Así se concluye la Semana Santa. Me gustaría destacar un evento importante de estos días: el Vía Crucis celebrado el Viernes Santo, en el Coliseo de Roma. Como cada año, esta ceremonia fue presidida por el Santo Padre, quien pidió al Cardenal de Hong Kong que prepara el texto que ahí se leería. ¿Por qué un obispo chino? ¿Hay algún mensaje de la Santa Sede para China, por los conflictos en el Tibet, además justo en el año de las Olimpiadas de Beijing?
El Autor de la versión 2008 del Vía Crucis es el Cardenal Joseph Zen Ze-Kiun, Obispo de Hong Kong, que nació en 1932 en China continental. Tuvo que huir de Shangai a Hong Kong, cuando los comunistas bombardearon el convento donde vivía. Fue ordenado sacerdote en 1961. En 1996 fue nombrado obispo coadjutor de Hong Kong, por Juan Pablo II, y en septiembre de 2003 quedó al frente de esa diócesis. Es conocido por hacer frente al gobierno comunista chino, para defender la libertad de la Santa Sede para canonizar a los mártires de aquel país, para expresar sus reservas a la ley “anti-subversión”, que facilita la violación de los derechos civiles y políticos de los ciudadanos chinos, y para presionar que sea respetado el derecho a la educación católica. Fue creado cardenal por Benedicto XVI, en marzo de 2006.
La costumbre de meditar y rezar el Via Crucis hace presente las 14 “estaciones” o momentos del camino de Jesús hacia el Calvario y hasta su sepultura. Este año, en cada estación se leyeron los textos bíblicos que relatan la Pasión, comentados por el Cardenal Ze-Kiun. El prelado centró sus meditaciones en los "mártires vivientes” del siglo XXI, y señaló que “probablemente ellos, más que nosotros hoy, han vivido en su cuerpo la Pasión de Jesús”, porque en ellos “Jesús ha sido de nuevo arrestado, calumniado, torturado, escarnecido, arrastrado, aplastado bajo el peso de la cruz y clavado en aquel madero como un criminal”.
Estas reflexiones fueron leídas en el Coliseo de Roma, “que nos recuerda tantos siervos y siervas (de Cristo), que hace siglos, entre el rugido de los leones hambrientos y los gritos de la muchedumbre que se divertía, se dejaron desmembrar y golpear hasta la muerte” por su fidelidad a Jesucristo. En este Vía Crucis, que fue rezado ante el Papa Benedicto XVI y transmitido por televisión a millones de espectadores en el mundo, el Cardenal chino se refirió a los modos actuales de opresión: la multitud de inocentes han sido condenados a sufrimientos atroces; los que detentan la autoridad como instrumento de poder y no se preocupan de la justicia; las torturas de tipo psíquico “que no son un tormento menor que las corporales”; la Iglesia perseguida y el sufrimiento de las madres de tantos jóvenes perseguidos y hechos prisioneros por causa de Cristo.
En el núcleo de estas reflexiones, Mons. Ze-Kiun destacó el laicismo de tantas revoluciones, que prometen una redención humana como si fueran una religión sin Dios. Y puso en guardia sobre la ilusión de sacrificar la propia vida, cuando no se cuenta con Dios. “Existen ateos llenos de valor dispuestos a sacrificarse por la revolución: están dispuestos a abrazar la cruz, pero sin Jesús”, pero “sin Jesús la cruz resulta insoportable”. Una vez más, la Iglesia se convirtió en la voz de los que no tienen voz, de los que sufren en los Coliseos de la falta de libertad religiosa, no sólo en China, sino en todo lugar donde hablar de Dios resulta peligroso.
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domingo, 16 de marzo de 2008

Los “nuevos” pecados

Luis-Fernando Valdés

Corrió tan rápido como el fuego que se propaga en un cañaveral, la noticia de que ahora ya existen nuevos pecados. Se trata de una entrevista a Monseñor Gianfranco Girotti, obispo regente del tribunal de la Penitenciaría Apostólica, publicada en la edición italiana de “L'Osservatore Romano”, del pasado 9 de marzo. Entonces, ¿la Santa Sede puede decidir o inventar cuáles acciones son pecado?
Es muy provocador afirmar que ahora hay nuevos pecados. Equivale a decir que antes se realizaban determinadas acciones con normalidad y, que –de repente– unos funcionarios en el Vaticano deciden que –desde este momento– tales actos ya son malos. Si así fuera, eso querría decir que las acciones humanas en sí mismas nunca serían malas, sino que lo serían sólo porque unos líderes religiosos les habrían puesto una etiqueta denominada “pecado”.
Pero, en realidad, esto no es así. Ni unos clérigos romanos se dedican a inventar pecados nuevos, ni algunas acciones son malas sólo porque así lo dispongan las autoridades religiosas. En efecto, todo ser humano, de cualquier época y cualquier cultura, se da cuenta de que algunos de sus actos le producen remordimiento y lo hacen sentir culpable, porque él mismo se da cuenta de que con esas palabras, pensamientos, deseos o acciones ha ofendido a otro o a sí mismo, y también intuye que con esas malas acciones ha roto su armonía con Dios. Este drama de la ruptura interior causada por una mala acción ha sido explicada por el Cristianismo mediante la noción de “pecado”. De modo que los pecados son una invención religiosa; más bien, la religión da una explicación de esta experiencia interior que todos sentimos.
La tradición judeo-cristiana han condensado todos las posibles malas acciones en diez grandes rubros, denominados los “Diez Mandamientos”. Más adelante la tradición moral católica los ha agrupado en los llamados “Pecados capitales”, que son siete grandes conjuntos en los que se pueden agrupar los actos malos. (No se llaman “capitales” por ser los más malos, sino porque son las “cabezas” –del latín “caput”, “capitis– de cada uno de esos grupos). Por eso, cuando en cada época surgen nuevos aspectos de los vicios antiguos, la Iglesia no “inventa” nuevos pecados, sino que únicamente aclara que son nuevas manifestaciones de las ya conocidas malas acciones.
Y como nuestra civilización está experimentando un cambio de época –tan drástico como la transición de la Edad Media al Renacimiento– es muy interesante escuchar la explicación sobre los “nuevos” pecados de nuestros tiempos, que Mons. Girotti daba en la entrevista realizada por Nicola Gori. El periodista le preguntó “¿Cuáles son, según usted, los nuevos pecados?”. En su respuesta, el obispo regente del tribunal de la Penitenciaría Apostólica se refirió a “actitudes pecaminosas en relación con los derechos individuales y sociales”. Y luego especificó cuatro áreas: la bioética, donde hay experimentos, manipulaciones genéticas que violan los derechos humanos; la social, en la que la droga, “debilita la psique y se oscurece la inteligencia”; y el área de las desigualdades sociales y económicas, y el área de la ecología.
Sería una pena si de esta entrevista nos quedáramos sólo en la discusión de si se trata de pecados “nuevos”. Lo importante es darnos cuenta de que en esas nuevas áreas se están desarrollando los vicios de antaño, y que necesitamos liberarnos de ellos, aunque ahora se revistan con un rostro nuevo.

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domingo, 9 de marzo de 2008

“Secuestro” y liberación de la mujer

Luis-Fernando Valdés

Con alegría profunda celebramos ayer el Día Internacional de la Mujer. Pero el júbilo no se debió sólo al hecho de tener una fecha asignada para expresar reconocimiento a las mujeres. Es verdaderamente profundo el gozo de festejarlas: es una manera de manifestar la gratitud que la humanidad les debe. Constatamos que se han dado pasos importantes en la valoración del género femenino, pero éste aún sigue atrapado entre dos extremos en pugna. La verdadera liberación femenina todavía no se ha consolidado.
Desde 1977, la Organización de la Naciones Unidas (ONU) ha promovido la celebración del Día Internacional de la Mujer. Para el correspondiente a este año, la ONU propuso el tema “Invertir en las mujeres y en las niñas”, cuyo objetivo es llamar la atención sobre las distancias que aún se deben salvar en la financiación del “empoderamiento” de la mujer (www.un.org).
Pero las inversiones económicas, publicitarias y legislativas que se realicen en beneficio de las mujeres se quedaran cortas, si no se hace una “inversión” a fondo para sacar a la mujer de la prisión de las ideologías. Actualmente, se sigue “forzando” a las mujeres a que se alineen en un extremo u otro de las corrientes de pensamiento que sostienen que no caben sino dos opciones: o una igualdad radicalizada del varón y la mujer, o un sometimiento total a los “roles tradicionales” (esposa, madre).
La mujer debe ser liberada de esta dicotomía. La verdad sobre ella consiste en la “simultaneidad” de ambas situaciones en su vida: su real igualdad respecto al varón es simultánea a su profunda diferencia respecto a los hombres. Quizá, desde el punto de vista ideológico, ésta es la gran barrera que hace falta superar. Hace falta fomentar un verdadero humanismo que contribuya notablemente a afirmar que la mujer puede ser simultáneamente actriz de la vida social, económica, política, etc. y esposa, madre de familia, columna del hogar.
La discriminación contemporánea hacia la mujer ya no consiste en negarle la igualdad de oportunidades. Al menos, a nivel de ideas y leyes, varón y mujer tienen derecho a ejercitarse en las misma ocupaciones. La segregación hacia ellas consiste hoy en que no se favorece que una dama pueda vivir “al mismo tiempo” sus dos dimensión: aquella en la que es igual al varón (p.ej. trabajar), y en la que es distinta a él (p.ej. maternidad, asistencia a otros, etc.)
Se necesita de un discurso nuevo al hablar de la mujer. Optar por el extremo “liberacionista” es tan obsoleto como insistir en que la mujer es sólo para el hogar. Lo que se requiere hoy es una filosofía –más que una ideología– que hable de la mujer en su integridad: igualdad y diferencia. Y mientras este pensamiento no empape las legislaciones y las políticas laborales, la mujer seguirá discriminada, atrás de la cortina de humo de una igualdad radicalizada.
Los logros de los movimientos feministas del siglo XX son dignos de reconocimiento. Gracias a ellos, las mujeres han podido demostrar su capacidad para participar activamente en la política, la empresa, la universidad, etc. El problema ha sido que estas causas se han politizado, y se han utilizado como banderas ideológicas. El resultado ha sido triste: el secuestro político e ideológico de la mujer. que La auténtica liberación llegará cuando se afirme y se fomente la simultaneidad: la mujer es igual al varón y –a la vez– diferente.

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domingo, 2 de marzo de 2008

Día de la familia ¿de cuál?

Luis-Fernando Valdés

Celebramos hoy el día internacional de la familia. Nos unimos con júbilo a tantos millones que comparten este valor fundamental. La familia es la “célula de la sociedad”, por lo que cuidar la familia es asegurar el bien de todo el País. Sin embargo, hoy mismo surgen muchas voces que proclaman otros modelos de “familia”. ¿Cuál es la familia que hoy festejamos? ¿La llamada “tradicional”? ¿o también se incluyen uniones de otro tipo?
La familia se funda sobre la base del matrimonio de un hombre con una mujer, que establecen una alianza de amor para toda la vida. Y, a partir de esa unidad permanente, vienen los hijos, que son fin de ese matrimonio y la expresión del amor de los esposos. Este modelo ha sido el sostén de la cultura de occidente. Pero hoy día se ha puesto en duda la validez de este paradigma.
En efecto, en la últimas décadas se ha promovido en la legislación de varios países un modelo jurídico de familia, que pudiera englobar a varios tipos de uniones, y que las equiparara a la familia tradicional. De esta manera, se han intentado que se llamen también familias a las uniones entre personas del mismo sexo, las cuales tendrían derecho a adoptar niños. ¿Estos otros modelos son realmente familia?
La respuesta a esta pregunta hace unas pocas décadas no presentaba ningún problema. En nuestros días, contestarla es una verdadera hazaña. El fondo de la cuestión es que hoy se considera “discriminatorio” afirmar que hay modelos de familia que no son válidos. Nuestra cultura ha llegado muy alto al proteger a todo ciudadano de cualquier discriminación. Pero ¿es un ataque a la igualdad afirmar que no todo modelo de familia es verdadero?
Se nota aquí el relativismo que impera en nuestra sociedad. No es fácil afirmar que el paradigma de familia es definitivo, porque hoy es un valor común sostener que no se puede conocer la verdad o, al menos, no se podría alcanzarla con certeza. La consecuencia es lógica: si no es posible acceder al modelo familiar verdadero, cualquier paradigma sería válido. Y, si todos los modelos son igualmente válidos, la ley no tendría más remedio que reconocerlos a todos por igual.
El callejón parece no tener salida. Sin embargo, sí es posible explicar que este paradigma es válido en todo tiempo y lugar. Primero, es falso que la razón humana esté imposibilitada para conocer la verdad más íntima del hombre. Y, después, es necesario recordar que la razón misma ha descubierto que el hombre está regido por una serie de “principios naturales”, no establecidos por él. En otras palabras, la inteligencia puede conocer y aceptar la “naturaleza” de la familia, y reconocer que ese modelo es connatural al ser humano, pues no es producto de una convención social. Y, por eso, el hombre puede comprender que ese “modelo natural” se convierte en una “tarea”, en la que debe empeñar su libertad y sus fuerzas.
De igual manera, por las consecuencias que conlleva cada modelo, el ser humano puede conocer si su ideal de familia es verdadero o no. Esto es análogo al caso de la ecología. Hace unas décadas, a nombre del progreso –que era un valor de moda y, por tanto, intocable– se justificaba la explotación irracional de las selvas y ríos. El paso de los años ha hecho ver el daño que conllevó esta postura. De igual manera, aceptar modelos familiares no naturales –a nombre de la no discriminación– traerá consecuencias sociales importantes. ¿Vamos a esperar a que la sociedad colapse para reconocer el verdadero modelo de familia?

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domingo, 24 de febrero de 2008

Aborto y salud pública: una contradicción

Luis-Fernando Valdés

Falleció Vianney P., una adolescente de 15 años, durante un aborto “legal” en el Hospital General de Balbuena de la Ciudad de México, el pasado 15 de febrero. La versión oficial indica que el médico que la atendió no verificó con un ultrasonido el tiempo de gestación, de modo que el no-nato tenía 16 semanas y no 12, y que eso produjo una hemorragia que conllevó la muerte de la jovencita. Algunos funcionarios del Gobierno del DF minimizaron el caso: un solo deceso en más de 5,800 abortos “legales”. ¿La muerte de Vianney fue un mero “efecto colateral”? Esta consecuencia no deseada “trae cola”, que es importante destacar.
Para centrar la cuestión, en primer lugar hablemos de que hay situaciones médicas muy delicadas que afectan a un número muy importante de habitantes. Se les conoce como “problemas de salud pública”. Cuando una enfermedad es denominada así, el gobierno del País tiene que tomar medidas claras y oportunas para combatirla. Declarar a un padecimiento como problema de salud pública tiene repercusiones, que afectan desde la legislación hasta el presupuesto, pasando por la publicidad en los medios de comunicación.
La legalización del aborto en la Ciudad de México, en parte, se ha presentado como una cuestión de salud pública. ¿No recuerda Usted cuánto se mencionaban cifras de mortandad de la madre, causada por recurrir a abortos “clandestinos”? (Como siempre había en esto una gran simplificación, pues si eran clandestinos ¿cómo obtenían las cifras?). Algunos argumentos a favor del aborto esgrimían que esas muertes por legrados “ilegales” se solucionarían, si se legalizaba la “interrupción del embarazo”.
Ahora bien, los efectos que produce el aborto voluntario son también un verdadero problema de salud publica, que no se ha querido reconocer. Holanda, donde se practican 30 mil abortos “legales” anuales, es el primer país en el que la opinión pública apenas comienza ha hablar de los efectos psicológicos del aborto. La edición de Amsterdam de “Metro” (25 enero 2008) publicó “La otra cara del aborto”, con un amplio reportaje con testimonios algunas mujeres sufren ataques de ansiedad, depresión y remordimientos. Se trata del síndrome “post aborto”.
No es un asunto cómodo para el gobierno holandés. Según Laura van Lee, investigadora de la fundación Rutger Nisso Group (que, curiosamente, es una organización a favor del aborto), se trata de un tema tabú porque que el actual gobierno de los Países Bajos no quiere reformar la legislación sobre el aborto. “Médicos y partidarios del aborto temen que los testimonios sobre efectos negativos del aborto puedan llevar a limitarlo e incluso a prohibirlo”, reconoce Lee.
El síndrome “post aborto” es una verdadera enfermedad, que afecta a muchos mexicanos. Prácticamente no hay cifras de las mujeres –y de los varones– que tienen padecimientos psicológicos causados por “interrumpir” el embarazo. Y es que la Autoridades sanitarias no las van a recabar, pues al momento en que se vea la gran cantidad de personas afectadas, no tendrán más remedio que declarar al aborto voluntario como “problema de salud pública”, y deberá tomar medidas legislativas y económicas para remediarlo. Y la única solución eficaz será… prohibir el aborto. Ojalá que la muerte de Vianney, conciudadana nuestra, por la cual rezamos para que descanse en paz, sirva para tomar conciencia de que algo no va bien en la legalización del aborto, y para aceptar que el aborto es problema y no solución.

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domingo, 17 de febrero de 2008

SIDA, “enfermedad gay”

Luis-Fernando Valdés

“El VIH es una enfermedad homosexual”. Palabras duras, quizá políticamente incorrectas. Si las hubiera dicho un eclesiástico, hubieran dado la vuelta al mundo, anunciado que ha vuelto la Inquisición. Pero fue Matt Foreman, director de una influyente asociación gay de Estados Unidos, el que las pronunció, el pasado viernes 15 de febrero, en Detroit (EUA), ante un numeroso grupo de simpatizantes. Y la noticia pasó muy desapercibida, aunque se trata de una verdadera revolución, pues nunca antes el movimiento gay lo había reconocido. ¿Acaso esta declaración implicará que las organizaciones homosexuales deban reconocer que existe un aspecto ético en la sexualidad?
Foreman, el director ejecutivo saliente de la “National Gay and Lesbian Task Force” (NGLTF), quizá la organización de presión homosexual más influyente y aguerrida de Estados Unidos, reconoció que “siendo homosexual o bisexual el 70 por ciento de las personas en este país que viven con el VIH, no podemos negar que el VIH es una enfermedad homosexual. Tenemos que aceptar y darle la cara a este hecho” (www.cnsnews.com).
Se trata de un verdadero cambio de paradigma en la política de las organizaciones gays del país vecino. Durante décadas, estas asociaciones reaccionaron duramente contra quien se atrevía a afirmar que los homosexuales eran los más afectados por el SIDA. Gary Glenn, presidente de la “American Family Association of Michigan”, comentó que las palabras de Foreman son una cambio dramático en la estrategia y en la retórica usada durante años por la ortodoxia del movimiento por los “derechos” homosexuales.
Al comentar las alarmantes estadísticas del Gobierno norteamericano sobre esta enfermedad, Foreman reconoció que “cuando se publican estos números, la comunidad homosexual establecida parece encogerse de hombros colectivamente, como si éste no fuera nuestro problema”. Es una manera de reconocer que el comportamiento homosexual es causa de este incremento en el número de personas infectadas. Es una muestra más del cambio de rumbo del movimiento gay, pues en 2003 algunas organizaciones homosexuales había criticado a Jerry Thacker, Presidente del Consejo de VIH/SIDA de la Administración de George W. Bush, por haber afirmado que el SIDA “es una enfermedad del comportamiento”. Con bastante razón Matt Barber, directivo del “Concerned Women for America”, al conocer las declaraciones de Foreman, comentó que quién sabe que cuántas vidas se habrían podido salvar si los activistas homosexuales hubieran sido honestos para advertir sobre los peligros de la forma de vida que promueven.
Aunque los factores para adquirir el VIH son variados y no todos están vinculados directamente a la conducta sexual, es verdad que la mayoría han sido infectados por el ejercicio de prácticas homosexuales o bisexuales. De este modo, queda vinculada la conducta personal con un problema de salud pública. Por esta razón, ya no tiene sentido decir que es indiferente promover o no ciertos comportamientos respecto al ejercicio de la sexualidad. Queda en entredicho la política de promover el uso del condón como solución al problema.
Me parece muy loable por parte del Sr. Foreman, que haya dejado de lado los motivos ideológicos y haya aceptado que hay un problema de conducta en el incremento de los enfermos de SIDA. Por fin, se empieza a abrir la puerta para discutir la conducta sexual como un problema ético, cuya solución será un replanteamiento ético de la sexualidad. Castidad o sexo libre, ya no son una mera opción: vuelven a ser una cuestión moral.

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domingo, 10 de febrero de 2008

Ceniza, ¿superstición católica?

Luis-Fernando Valdés

El “Miércoles de ceniza” siempre es noticia. Hace unos días todos los medios de comunicación le dedicaron una amplia cobertura. Se difundieron noticias sobre el número de fieles que abarrotaron los templos, se transmitieron las declaraciones de obispos y se publicaron reportajes sobre el significado de esta ceremonia. Fue llamativo que bastantes de los que fueron entrevistados al salir de las iglesias, tenían una noción muy vaga del significado de este rito. Parecía que le daban un sentido supersticioso. ¿Qué significa en realidad el rito de la imposición de la ceniza?
El origen de este rito se remonta a tiempos muy antiguos. En los inicios del cristianismo, los pecadores públicos que se sometían a “penitencia canónica”, se cubrían con ceniza como señal de aceptación de su propia fragilidad y mortalidad, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios.
La Iglesia ha conservado esta costumbre en su liturgia. Pero lejos de mantenerla como un gesto meramente exterior, lo ha sostiene como signo de la actitud del corazón penitente, que cada católico está llamado a asumir en el itinerario de su acercamiento a Dios. Lo importante de recibir la ceniza (o, como dicen algunos, “tomar ceniza”) es captar el significado interior que tiene este rito: el que cubre su frente con la ceniza manifiesta públicamente que está abierto a la “conversión” y a la renovación.
Hoy día esta señal sigue teniendo mucho sentido. A pesar de la secularización de la sociedad en la que vivimos, los creyentes se dan cuenta de que deben dirigir su espíritu hacia las realidades que son verdaderamente importantes. Notan que, para acceder a esas realidades, hace falta un esfuerzo religioso y una coherencia de vida, que se traduzca en buenas obras. Y así, la ceniza viene a representar el compromiso personal tanto de renunciar a lo superficial y suntuoso, como de abrirse a la solidaridad con los que sufren y con los necesitados.
Recibir la ceniza tiene un sentido religioso, que quizá hace falta destacar más. Con este rito se inicia el tiempo de “Cuaresma”, que son cuarenta días de preparación para celebrar la fiesta católica más importante: la Resurrección de Jesucristo. Con el gesto de la ceniza, cada católico está reconociendo ante Dios, que debe mejorar su vida de creyente, de manera que su conducta refleje su fe y su amor a Dios y, en consecuencia, su amor al prójimo.
Este tiempo litúrgico sólo tiene sentido si sirve realmente para un cambio espiritual en los creyentes. Quedarse en las manifestaciones exteriores (sacrificios voluntarios, limosnas, etc.), si una referencia expresa a dejar que Dios tenga que ver con nuestra propia vida, sería algo más cercano a la superstición que a la fe. De igual manera, cumplir con las prácticas del ayuno y la abstinencia (también conocidas como “vigilias”), sin perdonar de corazón al que nos ha ofendido, sin dejar las prácticas de corrupción, sin abandonar los vicios, también sería caer en la superstición.
Por lo tanto, la ceniza no tiene ningún sentido supersticioso. No le sucede nada paranormal ni se le retiran las bendiciones del Cielo a la persona que no la reciba en Miércoles de ceniza. No son “polvos mágicos” que garantizaran el bienestar material o la salud de los que lo reciben. Son una señal de la conversión religiosa del corazón, son el signo de que aceptamos nuestra propia debilidad y manifiestan que necesitamos abrirnos a Dios para encontrar el sentido de nuestra vida.

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domingo, 3 de febrero de 2008

Genoma artificial ¿queda Dios fuera?

Luis-Fernando Valdés

Hace menos de diez días, dio la vuelta al mundo la noticia de que algunos científicos norteamericanos había logrado crear artificialmente la vida. Impactante a primera vista. ¿El hombre está jugando a ser Dios? ¿Dios ya perdió su rol de creador?
Primero veamos el suceso. En Estados Unidos, el grupo de investigación del Instituto J. Craig Venter de Maryland (EUA) hizo publico recientemente que logró crear el genoma completo de un organismo vivo, y espera sea un paso importante para crear vida artificial. Ya en octubre de 2007, Craig Venter había anunciado la creación de un cromosoma artificial a partir de elementos químicos, como paso previo a la creación de la primera forma de vida artificial de la Tierra.
Esta investigación indagó las características genéticas mínimas que debe contener un organismo para tener vida. Se trataba de encontrar el tipo de genes o funciones mínimas necesarias para soportar una vida celular, o dicho en términos técnicos, se buscaba cuál es el “genoma mínimo” que debe contener un ser vivo. La idea se polarizó hacia los micoplasmas que son los microorganismos más sencillos que se conocen. Se trata de una bacteria llamada Mycoplasma genitalium, que “parasita” en algunos tipos de células. El 24 de enero de 2008 se anunció la culminación de la síntesis química completa, el ensamblado y la clonación de un genoma idéntico al de esta bacteria, sintetizado artificialmente (D. A. Gibson, en www.sciencexpress.org).
A pesar del gran logro conseguido no es posible afirmar, como decía algún titular de prensa, que este logro del Instituto J. Craig Venter demuestre que se puede “crear vida” en el laboratorio. El científico español, Nicolás Jouve de la Barreda, explica que “lo cierto es que hasta ahora, lo único que se ha hecho es producir un genoma sintético de imitación”. Explica que la creación sintética del genoma de una bacteria está muy lejos de la creación de un organismo vivo, y más aún de la creación de un organismo superior a una bacteria, porque el genoma humano es como mínimo 6.000 veces más grande y contiene cerca de 60 veces más genes que el genoma sintético producido a imitación del Mycoplasma genitalium (www.bioeticaweb.com).
Jouve de la Barreda, experto en genética y catedrático de bioética, sostiene que este paso biotecnológico no representa la aventura de jugar a ser Dios. Y señala con optimismo, que la producción de un genoma mínimo sintético de esta naturaleza permitirá la obtención de productos útiles para el hombre, sustancias químicas o fármacos de interés terapéutico como la insulina, los factores de coagulación de la sangre, vacunas, etc.
Lejos de competir con el Creador, la biotecnología bien llevada es una vía para encontrar a Dios. Francis Collins, importante investigador del Genoma Humano, en su reciente libro “Cómo habla Dios” (Madrid 2008), confiesa que fue agnóstico hasta los 27 años y señala cómo el descubrimiento del genoma humano le ha llevado a vislumbrar el trabajo de Dios en la naturaleza. Afirma que “cada paso adelante en el avance científico, es un momento de especial alegría intelectual, pero también un momento donde siente la cercanía del Creador, en el sentido de estar percibiendo algo que ningún humano sabía antes, pero que Dios sí conocía desde siempre”. Y eso le mueve a Collins a concluir que hay bases racionales para un Creador y que los descubrimientos científicos, lejos de alejarlo, llevan al hombre más cerca de Dios.

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domingo, 27 de enero de 2008

Hacia la “info-ética”

Luis-Fernando Valdés

El papel que desempeñan los medios de comunicación es asombroso. Es un reflejo de la grandeza de la capacidad humana, que ha podido superar los límites del tiempo y el espacio, y ha conseguido que la comunicación sea instantánea y global. Todo este potencial puede contribuir al bienestar de la familia humana, o bien, puede ser utilizado contra el hombre. Por eso, se requiere una reflexión serena que ayude a desarrollar el aspecto ético de la comunicación.
No es novedad que los medios de comunicación emplean “códigos de ética”. Prácticamente desde su inicio, estos medios han reflexionado sobre su papel en la sociedad y el impacto que producen en su audiencia. Y en base a esta experiencia, ellos mismo se han impuesto unas normas de actuación. Sin embargo, el rápido desarrollo de nuevas tecnologías ha dado lugar a nuevas situaciones que quizá no se habían contemplado antes, y que requieren de una valoración moral.
Sucede un fenómeno similar al ocurrido durante el desarrollo tecnológico de la medicina. El rápido adelanto de la medicina trajo consigo algunas situaciones nuevas, referentes al respeto o a la manipulación de la vida humana. De repente los médicos tuvieron en sus manos el poder de acortar la vida, o de generarla sin necesidad de progenitores. Y así surgió la “bioética”, que conjunta la ciencia médica, la ética, la teología moral y el derecho. La finalidad de esta reciente disciplina es proteger la dignidad humana, ante los avances tecnológicos que pueden atropellarla.
El desarrollo tecnológico de los medios de comunicación ha traído grandes beneficios a la humanidad, como la alfabetización, el desarrollo de la democracia, el diálogo entre los pueblos y la libre circulación del pensamiento. Sin embargo, este crecimiento mediático ha tenido efectos que no son tan favorables, como el riesgo de que los medios sean usados para fines ideológicos o para la venta de bienes de consumo mediante una publicidad obsesiva. En ocasiones, con el pretexto de representar la realidad, se tiende de hecho a legitimar e imponer modelos distorsionados de vida personal, familiar o social. O bien, para ampliar la audiencia, a veces no se duda en recurrir a la trasgresión, la vulgaridad y la violencia.
Cuando la comunicación pierde las raíces éticas, termina por olvidar la centralidad y la dignidad inviolable del ser humano. Y entonces se corre el riesgo de incidir negativamente sobre las conciencia y de condicionar la libertad y la vida misma de las personas. Precisamente por eso, es indispensable que los medios defiendan celosamente a la persona y respeten plenamente su dignidad.
Benedicto XVI se presenta a sí mismo como un interlocutor válido en el debate intelectual, pues es el “representante de una comunidad que custodia en sí un tesoro de conocimiento y de experiencias éticas, que resulta importante para toda la humanidad: en este sentido, habla como representante de una razón ética”. Y desde esta postura de diálogo, no de la imposición, el Papa sugiere que así como el desarrollo de la medicina necesitó de la bioética para custodiar la dignidad de las personas, también hoy la comunicación social requiere que de una “info-ética”.
Los medios de comunicación tienen grandes retos éticos. El más grande, sin duda, es a dar a conocer la verdad sobre el hombre, defendiéndola ante los que tienden a negarla o destruirla. Se puede decir incluso que la búsqueda y la presentación de la verdad sobre el hombre son la más alta vocación de la comunicación social.
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domingo, 20 de enero de 2008

Sensibilidad por la verdad

Luis-Fernando Valdés

El pasado jueves ocurrió un hecho sin precedentes. Benedicto XVI suspendió su participación en la inauguración del año académico de la Universidad “La Sapienza” de Roma, movido por la petición de 67 profesores al Rector Magnífico de revocar la invitación al Papa, y por las protestas de grupos de estudiantes. ¿Qué tenía que decir el Romano Pontífice a una universidad laica?
A pesar de no acudir al evento, el Papa Ratzinger envió el discurso que iba a pronunciar. En ese texto, el Romano Pontífice justifica su presencia en una institución no católica, explicando que él es el representante de una comunidad que custodia en sí un tesoro de experiencias éticas, importantes para toda la humanidad. Se presenta como un interlocutor válido, ya que habla como “representante de una razón ética”.
Y, aunque esa institución ya no es una universidad católica, como lo fue en su origen, puede entablar un diálogo con el Papa, porque la autonomía que siempre ha formado parte de la naturaleza de una universidad, debe estar ligada exclusivamente a la autoridad de la verdad.
Benedicto XVI se pregunta a continuación: “¿Qué es la universidad? ¿Cuál es su tarea?”, y responde: “El verdadero, íntimo origen de la universidad es el deseo de conocimiento que es propio del ser humano. Quiere saber qué es todo lo que le rodea. Quiere verdad”. Luego el Santo Padre aborda el polémico tema del aspecto moral de la verdad. Afirma que la verdad no es sólo teórica. Y explica que la “verdad es más que saber: el conocimiento de la verdad tiene como fin el conocimiento del bien”.
Entonces, la “verdad nos hace buenos, y la bondad es verdadera: este es el optimismo que vive en la fe cristiana, porque a ella se le ha concedido la visión del Logos, de la Razón creadora, que en la Encarnación de Dios, se ha revelado como el Bien, como la misma Bondad”. En este contexto, el Papa pone el ejemplo de las universidades medievales, donde convivían las facultades de Filosofía y Teología que se ocupaban de la búsqueda “del ser humano en su totalidad y de la tarea de mantener la sensibilidad por la verdad”.
Precisamente, todos podemos constatar, en nuestra experiencia diaria, que el interés por la verdad está cada vez más difuminado, que ahora mismo son pocos los profesores universitarios que afirman con seguridad que es posible alcanzar la verdad. Y es evidente para todos el costo de no buscar la verdad: hoy vivimos en medio de un relativismo moral, en el que cada uno se erige como ley suprema de sí mismo.
Al final del discurso, Benedicto XVI se pregunta: “¿Qué tiene que hacer o que decir el Papa en la Universidad?”. Aclara que “no debe tratar de imponer a los demás la fe de forma autoritaria”, y luego afirma que su misión pastoral consiste en “mantener despierta la sensibilidad por la verdad”. Y para revitalizar esa sensibilidad el Papa debe “invitar siempre nuevamente a la razón a ponerse en búsqueda de lo verdadero, del bien, de Dios”.
Este discurso despertará inquietudes en las comunidades académicas. Ha llegado la hora de replantearse la naturaleza y la misión de la institución universitaria. El enfoque pragmático de los estudios superiores, que enseñan a transformar la naturaleza, no resuelve las inquietudes profundas del ser humano. Si el conocimiento no está guiado por la verdad, la ciencia se volverá contra el hombre. La solución es retomar el enfoque original: la razón de ser de la universidad está en la búsqueda de la verdad, aunque ésta sea difícil de encontrar.

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