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domingo, 15 de febrero de 2015

La última lección de Benedicto XVI

Año 11, número 510
Luis-Fernando Valdés

Ya son dos años que Benedicto XVI salió de la escena pública de la Iglesia católica. Desde entonces han sido pocas sus apariciones, pero su retiro ha hecho brillar más que nunca sus enseñanzas. ¿Cuáles son las más recientes lecciones de Joseph Ratzinger?

El entonces joven profesor Ratzinger. Jubilado,
el Papa emérito nos da sus mejores lecciones.
La vida de Joseph Ratzinger ha sido apasionante. De la mano de su vocación al sacerdocio y a la docencia de la Teología, el hoy Papa emérito ha sido protagonista de los sucesos recientes más importantes de la vida de la Iglesia: el Concilio Vaticano II, el pontificado de Juan Pablo II y luego su elección y renuncia como Papa.

A dos años de su retiro, resulta más fácil comprender que las mejores enseñanzas del Papa emérito no están plasmadas en sus centenares de artículos y decenas de libros, ni tampoco en sus magníficas homilías y catequesis, sino en su propia vida.

El prestigio intelectual del Pontífice emérito ha sido reconocido desde que él era un joven profesor universitario. Y de igual manera, ya desde sus tiempos de colaborador de Juan Pablo II tenía fama de ser un hombre sabio, es decir, lleno de conocimientos que sirven para guiar la propia vida. Pero ahora es su existencia misma la que brilla.

Centremos la atención en el episodio de su renuncia al Pontificado romano, porque ahí se muestra nítidamente una gran lección para la vida, llena de sabiduría, que sólo puede enseñar una persona humilde, convencida de que lo mejor para ella es aceptar la verdad de sus límites.

Aquel 11 de febrero de 2013, Benedicto XVI anunció su renuncia y explicó que lo hacía “siendo conocedor de la gravedad de este acto, pero también sabiendo que no estoy preparado para desempeñar el ministerio petrino con la fuerza que este requiere.” [Noticia y video]

En otras palabras, el Papa alemán reconocía así que su incapacidad para atender la problemática eclesial. Y es admirable que dio prioridad al bien de toda la Iglesia que a su prestigio personal.

Esta decisión no era nada fácil, puesto que su predecesor, san Juan Pablo II, expresamente decidió no renunciar, sino permanecer hasta el final; además, habían pasado siete siglos desde el último Pontífice que había renunciado. Pero desafío a la historia para beneficiar a la Iglesia.

Junto con su renuncia al cargo máximo de la Iglesia católica, Benedicto XVI expresamente anunció su retiro de toda actividad pública, para no causar ni confusión ni división en la Iglesia. Y afirmó que su actual misión es apoyar al Papa Francisco: “Hoy veo como mi única y última tarea sostener su Pontificado en la oración”. [Ver]

Ha sido el Papa Francisco, quien lo ha puesto de nuevo ante los reflectores, pues lo ha invitado a diversas ceremonias, para significar la unidad. Además, el Pontífice argentino ha dicho que es estupendo que Benedicto viva en el Vaticano, porque “es como tener un abuelo sabio en casa”. [Ver]

Desde hace un par de años, el Papa emérito no es noticia… ¡y ésa es la gran noticia! Benedicto nos enseña así cómo llevar sabiamente el final de una vida intensa. El Profesor Ratzinger nos da la última gran lección: entender cuándo acaban nuestras fuerzas y cuándo debemos dar paso a quien nos relevará. Esto es un gran legado para nuestra cultura, plagada por la ambición de poder.

Como dijimos en su momento, Benedicto posiblemente pasará a la historia como el “Papa sabio” que supo entender que la Iglesia de hoy necesita un Pontífice con salud física –y no sólo espiritual–; y también como un Papa que, por amor a su grey, no permitió que su vejez perjudicara la dirección del Pueblo de Dios.

sábado, 1 de marzo de 2014

El retorno de Benedicto XVI

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Año 10, número 460

Luis-Fernando Valdés



Después de un año en la sombra, el Pontífice emérito volvió a la luz pública, entre alegrías… y nuevas polémicas: ¿fue válida su renuncia? ¿cuál es su relación con Francisco? ¿gobierna tras el trono?
Primera aparición pública de Benedicto XVI desde su renuncia.

















Se cumplió un año de la dimisión de Benedicto XVI al Solio Pontificio. Fue aquel 28 de febrero del año pasado, cuando el anciano y cansado Pontífice partió a Castelgandolfo y dejó vacante la Sede Apostólica.

Después de varios meses de haber dejado el Palacio vaticano, el Papa emérito volvió al convento “Domus Ecclesiae”, ubicado en los jardines vaticanos, de donde prácticamente no había salido… hasta que se hizo presente en público, durante la ceremonia de investidura de nuevos cardenales presidida por Su Santidad Francisco.

Con motivo de este primer aniversario, surgieron diversas voces que afirmaron que la renuncia no fue válida. Entre ellas figuraban los artículos del importante periodista italiano Antonio Socci, que publicó en el periódico “Libero”: “El problema de la validez canónica de su dimisión [de Benedicto] es enorme” (12 febrero), y “Pero, ¿quién es el Papa?” (16 febrero).

Basados en el atuendo color blanco del Pontífice emérito, algunos dijeron que en realidad Benedicto viste así porque sigue teniendo poder en el Vaticano. La relación con Francisco sería algo así como la de un rey respecto a un virrey.

A esto hay que sumarle que el teólogo Hans Küng (conocido por sus posiciones abiertamente encontradas con la Santa Sede) dio a conocer el contenido de una carta que hace pocas semanas le envió el Pontífice emérito.

En ella, Benedicto XVI afirma su amistad con el Papa Bergoglio y explica que su actual misión es apoyarlo: “Me alegra mucho poder estar unido al Papa Francisco por una gran coincidencia de puntos de vista y por una amistad de corazón. Hoy veo como mi única y última tarea sostener su Pontificado en la oración”. [Ver]

Las reacciones en la opinión pública fueron de confusión: ¿eso lo escribió o no el Papa emérito? Por eso, el vaticanista Andrea Tornielli le escribió, el 16 de febrero, una carta a Benedicto XVI para preguntarles directamente sobre estas polémicas.

Dos días después, el Papa emérito contestó al periodista con una carta personal, en papel membretado y le respondió con llaneza y claridad, primero, sobre la validez de su dimisión, en estos términos:

“No cabe la menor duda sobre la validez de mi renuncia al ministerio petrino. La única condición [canónica] de la validez es la plena libertad de la decisión. Las especulaciones sobre la validez de la renuncia son simplemente absurdas”.

Así desmiente Benedicto mismo las especulaciones de que dimitió por presiones de la Curia. Si hubiera sido bajo coacción la renuncia sería inválida, pero aquí aclara que lo hizo libremente.

Sobre el tema de las vestiduras blancas, Benedicto XVI escribe: “El conservar el hábito blanco y el nombre de Benedicto es una cosa solamente práctica. Al momento de la renuncia no estaban a disposición otros vestidos. Por lo demás, llevo la sotana blanca de una manera claramente diferente de la del Papa. También aquí se trata de especulaciones sin el mínimo fundamento”.

Por último, para desmentir a aquellos que dudan de la buena relación de Joseph Ratzinger con el Papa Bergoglio, Benedicto escribió que el Prof. Küng citó literalmente y de modo correcto la carta que le envió.

Benedicto volvió a escena, pero jugando el papel que verdaderamente tiene: el de un Pontífice emérito, que ya no detenta el poder supremo en la Iglesia, y que aprecia y apoya a Su Santidad Francisco.


lunes, 17 de febrero de 2014

Benedicto XVI, ¿un año en la sombra?


Año 10, número 458
Luis-Fernando Valdés

Se cumplió un año de la renuncia de Benedicto XVI al Pontificado romano. Ante el impacto mediático del Papa Francisco, la figura del Pontífice emérito ha quedado casi olvidada. ¿Tendrá alguna trascendencia el Papa alemán para la Iglesia? 

 
Benedicto XVI anunciando su dimisión.
Son inolvidables las emociones de aquel lunes 11 de febrero del año pasado, cuando el Papa Benedicto se dirigió en latín al Colegio de Cardenales reunidos en Consistorio y les anunció su dimisión.
Algunos, al recibir la noticia, pensamos que se trataba de una confusión o de un rumor falso, como en tantas otras ocasiones durante el Pontificado del querido Papa Ratzinger. Pero cuando verifiqué la información en la página web oficial de noticias de la Santa Sede, se me encogió el corazón: sí era verdad, el Santo Padre había renunciado.
Las siguientes jornadas fueron muy intensas: el último Angelus desde el balcón, las últimas audiencias, el viaje de despedida hacia Castelgandolfo; y los preparativos (con sus correspondientes especulaciones) sobre el Cónclave que elegiría al siguiente Pontífice.
Benedicto XVI pasó entonces varios meses viviendo en la residencia de verano de los papas, antes de volver al Vaticano, para residir en el antiguo convento situado en los jardines vaticanos, para “vivir como monje”, como él mismo comentaría después.
Sabemos por las declaraciones de su secretario personal, Mons. Georg Gänswein, que actualmente Benedicto XVI se dedica a rezar y a leer, y que, con frecuencia, en las noches, interpreta al piano piezas clásicas.
Mientras el Papa Francisco cada vez es más y más buscado por la gente, el Papa emérito se empeña en cumplir su palabra de renunciar tanto a hacer vida pública, como a llevar una vida privada entendida como dedicarse a sus propios planes: viajar, a tener reuniones, dar conferencias.
Parecería, a primera vista, que el Papa emérito pasará a la historia como un “papa de transición” entre Juan Pablo II y Francisco. También se podría tener la impresión de que el Papa alemán termina sus días de un modo gris.
Sin embargo, esta sombra voluntaria en la que el gran Joseph Ratzinger decidió pasar el resto de sus días, ya desde ahora resulta muy luminosa. Tan llena de luz como toda la vida y misión de este gran personaje.
En efecto, la misión de Joseph Ratzinger ha sido, desde joven, dar luz. Primero lo hizo desde su papel como académico de altura, que tuvo especial relieve en el Concilio Vaticano II, más tarde como Obispo de Ratisbona, después junto a Juan Pablo II y finalmente como el “Papa teólogo”.
Pero ahora sigue dando luz, desde el encierro en el que vive. El valor de aceptar sus limitaciones y de renunciar desafiando a la historia (pues en 600 años no había dimitido ningún pontífice) marca una nueva etapa para el Pontificado romano del siglo XXI.
El mensaje silencioso del Papa emérito es luminoso: él buscó primero el bien de la Iglesia que el suyo propio; y, ante su ancianidad y falta de fuerzas, prefirió renunciar para dar lugar a un nuevo Pontífice que pudiera enfrentar con más dinamismo la crisis actual de la Iglesia.
Este gesto heroico de Benedicto XVI siempre será una invitación a todos los que detentan un cargo para que examinen su actitud: si pretenden el poder por el poder, o si buscan realmente el bien de los demás.
El Pontífice emérito ha traído una revolución en la concepción del poder, entendido ahora como servicio. Esperemos que está brillante lección sirva no sólo para los futuros papas, sino también para presidentes, gobernadores, obispos, párrocos, directores de empresas, gerentes…
lfvaldes@gmail.com
http://www.columnafeyrazon.blogspot.com

jueves, 28 de febrero de 2013

¡Gracias, Santo Padre!


Especial: Renuncia del Papa, n. 16.
Luis-Fernando Valdés

Hoy finaliza el Pontificado romano de Benedicto XVI. A las 17:00 horas, el Santo Padre partirá a Castelgandolfo y, a las 20:00 horas, iniciará la Sede Vacante. La figura humilde del Papa alemán ha conquistado al Mundo, y su renuncia la ha dado ya un lugar dentro de la historia de la Iglesia católica. Por eso, miles y miles de personas –creyentes o no– desean darle las gracias, tanto en la Plaza de San Pedro como en las redes sociales.


¡Gracias, Santo Padre!
El mundo entero se ha tomado un momento para decirle, de algún modo: “¡Gracias, Benedicto! Te vamos a extrañar”. Por ejemplo, Giorgio Napolitano, Presidente de Italia, se reunió con el Papa para darle la despedida. Como muestra de agradecimiento, Napolitano le obsequió al Santo Padre una edición de 1840 de “Los novios”, un clásico de la literatura italiana.

Y es que ambos han cultivado una gran amistad. Aunque fue una despedida que tuvo lugar tan sólo seis días antes de que Benedicto XVI anunciara su renuncia, Napolitano pensaba entonces que sería su último encuentro con el Papa y por eso durante el discurso se le quebró la voz en varias ocasiones.

Ha sido conmovedora también la historia de Raniello Mancinelli, su sastre personal y el sastre del Pontífice desde hace 40 años, que está triste por la renuncia de Benedicto XVI. Mancinelli explica que “todo el mundo describe al Papa como una persona fría, un poco rígida. Sin embargo, al conocerle vi que era una persona muy simpática, humilde, modesta, cariñosa y dulce”.

Los jóvenes, que fueron rápidamente “conquistados” por Benedicto, también quisieron rendirle un homenaje. A través de las redes sociales, los jóvenes se han organizado para preparar diversas muestras de agradecimientos al “joven de 85 años”. Y es que, así ha nombrado al Papa un grupo de jóvenes de todo el mundo que han hecho un video para darle las gracias, por su generosidad, la beatificación de Juan Pablo II, su afecto y su humildad. [ver video]

Otra muestra de cariño y agradecimiento hacia Benedicto XVI ha sido la singular propuesta de jóvenes españoles, quienes, al entrarse de la renuncia del Santo Padre, lanzaron una iniciativa que consiste en aplaudirle al Papa durante 90 minutos. Así, a la vez que sirve de homenaje al Santo Padre, podrán romper el récord mundial del aplauso más largo de la historia, fijado hasta ahora en 80 minutos continuos de aplauso.

Pero la manifestación de afecto al Papa más elocuente han sido las multitudes que lo han ido a acompañar a sus últimos eventos públicos. El domingo pasado centenares de miles de peregrinos fueron a escuchar el último Ángelus que el Papa recitó desde la ventana del Apartamento Pontificio. Y ayer, de nuevo en la Plaza de San Pedro, miles y miles de fieles abarrotaron incluso la aledaña Vía della Conciliazione, para acudir a la última Audiencia general del Santo Padre.

Esta columna “Fe y razón” inició precisamente con la Elección de Benedicto XVI como Sucesor de Pedro. Y desde aquella fecha hasta hoy hemos publicado comentarios sobre su vida, su trayectoria académica, sus viajes por el Mundo y a México, sus encíclicas, sus libros, los ataques recibidos por él y también los sucesos ocurridos durante estas dos semanas previas al término de su Pontificado.

Los vocablos se quedan cortos para agradecerle estos ochos años de Pontificado romano y las más de dos décadas como colaborador de Juan Pablo II. Las palabras son insuficientes, pero están llenas de significado: ¡Gracias, Santo Padre, por su vida ejemplar de la que mucho he aprendido! ¡Gracias, Santidad, por su entrega a la Iglesia!

martes, 26 de febrero de 2013

La grandeza del Papa humilde


Especial: Renuncia del Papa, n. 15.
Luis-Fernando Valdés

En cuestión de horas el Santo Padre se jubilará y se retirará a Castelgandolfo. Poco a poco irá desapareciendo de la escena pública. ¿Te has preguntado por cuál de sus cualidades será recordado a lo largo de la historia el Papa Joseph Ratzinger?

Como sucede después la muerte de un personaje, se le evoca por una de sus cualidades más características. Así Juan Pablo I es conocido como el “Papa de la sonrisa”, y Juan Pablo II como el “Papa viajero”. Posiblemente el epíteto de Benedicto XVI sea el “Papa humilde”.

Para algunos esto puede resultar paradójico, porque el prestigio personal de este gran teólogo y obispo es muy grande y la palabra “humildad” evoca casi lo contrario. Como si grandeza y humildad fueran antagónicas. Pero en Joseph Ratzinger ambas van de la mano.

En alguna entrevista, el card. Joachim Meisner, Arzobispo de Colonia, dijo sobre Benedicto XVI: “Es inteligente como doce profesores y piadoso como un niño de primera comunión.” Además, este Cardenal también afirmó que “el Santo Padre es entre los teólogos como Mozart entre los músicos. Su teología es verdadera y es bonita. Es como la música de Mozart.”

La humildad del Santo Padre no consiste en que carezca de cualidades, sino que en que ha puesto sus talentos para servir a la Iglesia. El Papa alemán ha tenido una brillante trayectoria de servicio eclesial. A los 50 años de edad, fue ordenado Obispo de Munich y Frisinga en marzo de 1977, y un mes después fue creado Cardenal por Pablo VI.

Juan Pablo II lo llamó para colaborar en la Curia romana, y le pidió presidir la Congregación para la Doctrina de la Fe, la cual vela por la ortodoxia doctrinal de la Iglesia. Estuvo al frente de la comisión redactora del Catecismo de la Iglesia Católica y, por su discreta eficacia fue nombrado para otros cargos en la Curia.

Por si fuera poco, el teólogo Ratzinger ha recibido ocho doctorados “honoris causa” por universidades de Europa y de América. Y el reconocimiento anual de la Santa Sede a los mejores teólogos y humanistas lleva el nombre de “Premio Ratzinger”, conocido también como el “Premio Nobel” de la teología.

Sin embargo, Benedicto XVI no considera sus talentos como el centro de su personalidad. Cuando en 2005 fue elegido Papa, en sus primeras palabras fueron para reconocerse “un simple y humilde trabajador de la viña del Señor.” Y añadió “me consuela el hecho de que el Señor sabe trabajar y actuar incluso con instrumentos insuficientes” (Mensaje, 19.abril.2005).

Benedicto XVI visitó en la cárcel a su ex mayordomo,
Paolo Gabriele, el  "cuervo" que generó los "Vatileaks".
Más adelante el Papa lo indultó.
El Santo Padre también nos manifestó su humildad cuando, en diciembre de 12012 perdonó a su ex mayordomo Paolo Gabriele, quien fue condenado a 18 meses de prisión por el caso llamado “Vatileaks”, o seas, por robar y filtrar documentos reservados del Pontífice.

Quizá la muestra más grande de humildad fue su renuncia al Solio Pontificio, reconociendo que “por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino”. Con sencillez admitió que “para gobernar la barca de san Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado” (Declaratio, 11.feb.2013).

Estos son los dos rasgos por los que posiblemente el Santo Padre sea recordado: poseer grandes talentos y ponerlos al servicio de Dios y de los demás. La grandeza de Benedicto es su humildad y su humildad lo ha hecho un grande del historia de la Iglesia contemporánea.