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viernes, 18 de mayo de 2018

¿Qué dice la Iglesia sobre los paraísos fiscales?

Año 14, número 680
Luis-Fernando Valdés

El Vaticano publicó un audaz documento que advierte sobre la falta de ética en algunas actividades financieras internacionales e incluso propone un impuesto mundial sobre las transacciones “offshore”.  ¿Qué valor tiene esto?

Los paraísos fiscales generan problemas
económicos a muchas naciones (Foto).
1. El contexto. El pasado 17 de mayo, la Santa Sede presentó un documentosobre la ética de algunos aspectos del actual sistema económico y financiero, titulado en latín “Oeconimicae et pecuniariae quaestiones” (‘Cuestiones económicas y financieras’).
Resulta muy novedoso que un documento que trata asuntos de índole financiera haya sido realizado por la Congregación para la Doctrina de la Fe, oficina que trata fundamentalmente sobre cuestiones teológicas, en conjunto con el reciente Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral.

2. Para el alcanzar el bienestar no bastan los mecanismos económicos. El escrito busca dar una respuesta a la mala situación ética de la economía mundial, a la que continuamente hace referencia el Papa Francisco con sus famosas frase como “esta economía mata” o la “cultura del descarte”. 
El documento hace ver que, aunque los mercados son importantes para que la mayor parte de la humanidad obtenga un bienestar material, se necesita no sólo de una regulación de las dinámicas mercantiles sino también de unos “principios éticos claros” a favor del ser humano (n. 3a).
De esta manera, un sistema económico no se justifica sólo por su eficacia en la “obtención de beneficios”, sino también por su capacidad de “producir desarrollo para todo el hombre y todos los hombres” (n. 10d).
Con esta nueva lógica, “el bienestar debe evaluarse con criterios mucho más amplios que el producto interno bruto (PIB) de un país, teniendo más bien en cuenta otros parámetros, como la seguridad, la salud, el crecimiento del “capital humano”, la calidad de la vida social y del trabajo” (n. 11a).

3. El problema ético de los paraísos fiscales. Se trata de un territorio o Estado, también llamado como “guarida fiscal”, que se caracteriza por aplicar un régimen tributario especialmente favorable a los ciudadanos y empresas no residentes que ahí se domicilian para efectos legales.
El documento denuncia que frecuentemente las “sedes offshore se han convertido en lugares de lavado de dinero “sucio”, es decir, fruto de ganancias ilícitas (robo, fraude, corrupción, asociación criminal, mafia, botín de guerra…)” (n. 30e).

4. Los problemas económicos generados por las guaridas fiscales. El texto pontificio explica también que “más de la mitad del comercio mundial” se realiza por entidades, que para reducir drásticamente su carga fiscal transfieren los ingresos de un lugar a otro, “dependiendo de lo que les convenga”. Les pasan los beneficios a los paraísos fiscales y envían los costos a los países con altos impuestos, en lugar de que en un mismo país se queden tanto los beneficios como los impuestos. (cfr. n. 30e). 
Y el resultado de ese tipo de operaciones financieras es que se le quitan “recursos decisivos a la economía real”, y ha dado lugar a la “creación de sistemas económicos basados en la desigualdad” (ibídem).
Como el centro de la economía debe ser el bienestar de todos los seres humanos y no sólo de algunos, el documento propone que, si “bastaría un impuesto mínimo sobre las transacciones offshore para resolver gran parte del problema del hambre en el mundo, ¿por qué no hacerlo con valentía?” (n. 31).  

Epílogo. Aunque el Vaticano no tiene ninguna fuerza vinculante hacia ningún país, el documento sí tiene una gran fuerza moral, válida para todas las personas, porque propone que el hombre –y no las ganancias– sea el centro de la economía y las finanzas mundiales.
Es muy importante que una institución mundial como la Iglesia preste su voz para denunciar los abusos económicos de unos pocos que afectan a decenas de países y a millones de personas, ya que el mal perdura mientras no es puesto al descubierto.

sábado, 30 de septiembre de 2017

Epidemia de “noticias falsas”

Año 13, número 647
Luis-Fernando Valdés

Cada vez circulan más “noticias falsas”, que afectan a todo: desde política hasta los recientes los sismos. ¿Se pueden evitar? ¿Qué podemos hacer los lectores?

La solución a las noticias falsas ('fake news')
consiste en que aprendamos a ser lectores exigentes.
(Foto: entrepreneur.com)
1. Redes sociales, un nuevo medio de información.  La consolidación de las redes sociales ha cambiado nuestro modo de acceder a la información, porque hoy cualquier persona puede ser la fuente noticiosa.
Este nuevo paradigma ha contribuido a tener noticias de cualquier parte del mundo o de una misma ciudad, de cualquier situación: desde un premio escolar hasta una persona bajo los escombros de un sismo.

2. Las “noticias falsas” afectan la vida pública.  Las “noticias falsas” no tienen nada que ver con las bromas que circulan por las redes; más bien, se trata de “una deformación instrumental de los hechos, que puede repercutir en las conductas individuales y colectivas”, según las describe un boletín reciente del Vaticano. (News.va, 29 sep. 2017)
Un ejemplo claro y reciente de esa deformación de los hechos sucedió durante la campaña previa las elecciones presidenciales en Estados Unidos. En su momento, New York Times publicó que dos jóvenes (uno en Canadá y el otro la Rep. de Georgia) descubrieron que la “tendencia voraz” por las noticias políticas tendenciosas era una fuente para disparar las ventas de publicidad.
Las noticias falsas generadas por ellos –y por otros más– fueron recogidas por algunos medios, como un reportaje falso titulado “Ya basta, liberales… Hillary perdió el voto popular por varios millones. Aquí les diremos por qué”. (NYT, 30 nov. 2016)

3. El terremoto en México y las falsas noticias. Durante los días siguientes al sismo que afectó gravemente a la Ciudad de México, dio la vuelta al mundo la supuesta noticia de una niña llamada Frida Sofía, que seguía viva debajo de los escombros de su escuela. Después de 24 horas de cobertura noticiosa, se supo que esa niña nunca existió. (Milenio, 21 sep. 2017)
De igual manera, en las horas posteriores al terremoto circularon noticias de que la ONU anunciaba que estaba por ocurrir un sismo mucho mayor, de que el gobierno había dado indicaciones de utilizar maquinaria pesada en los derrumbes donde todavía había personas vivas. (Milenio, 22 sep. 2017)

4. Lectores exigentes.  Hasta ahora los usuarios de las redes sociales estamos felices de la facilidad para transmitir una noticia por nosotros mismos, pero sin reparar que no todo lo que se difunde en las redes corresponde completamente con los hechos.
Sin embargo, ante la facilidad de difusión de noticias, la gran mayoría de los receptores han reaccionado con mucha credulidad. Por eso, el gran remedio contra las noticias falsas es que cada uno nos propongamos ser lectores más críticos.
Debemos contribuir a que se forme una nueva cultura de lectores exigentes. Así, antes de dar por buena una noticia y de difundirla (“retuitiarla”, “compartirla”, “hacerla viral”), primero debemos verificar la fuente: si proviene de un testigo real o “lo escuche en la calle”; segundo, confirmar la noticia, utilizando los buscadores de internet, y tercero, tener el sentido común de dudar de las noticias alarmantes, como: “ya viene el fin del mundo”, “está a punto de iniciar una guerra mundial”, etc.

Epílogo.  Las redes sociales han democratizado la información, porque cualquier persona puede generarla y difundirla; también han contribuido a que se conozcan los hechos con rapidez y con un gran alcance. Como reverso de la moneda, siempre circularán noticias falsas con apariencia de ser verdaderas.
Por eso, no podemos delegar en otros nuestra responsabilidad de ser lectores exigentes, ni podemos quedarnos tranquilos con culpar a los medios de difundir información falsa, porque en esta nueva época de la comunicación instantánea todos tenemos la oportunidad de verificar las fuentes, confirmar las noticias y utilizar nuestro sentido común.


viernes, 23 de junio de 2017

Corrupción: la gran batalla del Papa

Año 13, número 633
Luis-Fernando Valdés

Francisco continuamente ha denunciado a “la peor plaga social”, que es la corrupción. ¿En qué consiste la gran movilización a la que el Papa está convocando para combatir a ese “cáncer que se lleva nuestras vidas”? 

El Card. Turkson y el Papa Francisco escriben
contra la corrupción, "cáncer social".
(Foto: AFP / Revista Ecclesia)
1. Un tema muy sensible. La corrupción es lo opuesto a la vida cristiana que promueve la Iglesia católica. Por eso, resulta muy impactante escuchar noticias de que existe corrupción en el Vaticano mismo, ahí donde se supone que no debería existir este mal.
Ya Benedicto XVI tuvo que enfrentar escándalos de corrupción, con motivo de las filtraciones de documentos económicos reservados de la Santa Sede, que se fueron conocidas como “Vatileaks”.
Y Francisco, en una reunión con superiores religiosos, en noviembre del año pasado, al hablar de las reformas en la Curia romana, admitió con claridad: “hay corrupción en el Vaticano”, pero aclaró: “yo vivo en paz”.

2. Un libro reciente sobre la corrupción. El Card. Peter Turkson, que fue nombrado Prefecto del recién creado Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral, acaba de publicar: “Corrosione”, cuyo título completo es: “Corrosión. Combatir la corrupción en la Iglesia y en la sociedad”.
El texto fue elaborado por el Cardenal Turkson y por Vittorio Alberti, filósofo italiano que es miembro de ese mismo Dicasterio. El prólogo corrió a cargo del Papa Francisco, en el que hace importantes declaraciones sobre este gran mal social. (Televisa News, 15 junio 2017)

3. Un gran mal para la sociedad. La corrupción no sólo es un problema eclesial, sino también una grave dificultad social. “La corrupción es la peor plaga social porque genera gravísimos problemas y crímenes que implican a todos”, explica el Francisco en ese prólogo.
Con palabras fuertes y claras, el Pontífice afirma que la corrupción es “el lenguaje de las mafias y de las organizaciones criminales en el mundo”. Y luego explica el daño que una persona corrupta se hace a sí mismo y a los demás, porque  el corrupto “olvida pedir perdón porque está sacio y lleno de sí”.
El Papa considera que esta lacra es “el origen de la explotación del hombre, de la degradación y de la falta de desarrollo, del origen del tráfico de armas, de la injusticia social y de la mortificación de mérito”. Y culpa a la corrupción de ser “la raíz de la esclavitud, del desempleo, de la incuria de las ciudades, de los bienes comunes y de la naturaleza”.

4. Propuestas para combatir la corrupción. Francisco no se limita a denunciar esta grave mal social, sino que ofrece dos vías concretas para superar la corrupción. La primera es formar un “movimiento fuerte y constructivo”, un “nuevo humanismo” en el que colaboren creyentes y no creyentes.
La segunda propuesta consiste en “tomar conciencia del problema”, mediante “educación, cultura misericordiosa, cooperación por parte de todos, según las propias posibilidades, talento y creatividad”.

Epílogo. Que importante que un líder moral actual, como el Papa Francisco, le recuerde a toda la sociedad occidental que la corrupción no puede ser aceptada como un modo de vida, aunque reporte ganancias económicas y puestos sociales.
Es claro el mensaje: la corrupción destruye la vida cívica paulatinamente como un cáncer, y por eso debe ser combatida. Y decirle a los corruptos que están equivocados y que no son un modelo de vida, ha sido un importante primer paso.

viernes, 20 de enero de 2017

Un peligro ignorado: la violencia en las redes sociales

Año 13, número 611
Luis-Fernando Valdés

A la gran consternación por el atentado realizado por un jovencito en su propia escuela, se suma la sorpresa del papel de las redes sociales en la violencia juvenil. Es tiempo de duelo, pero también de reflexión. ¿Qué nos toca hacer?

La tragedia en el Colegio Americano del Noreste
nos exige poner atención al problema de la violencia
en las redes sociales. (Foto: periodicovictoria.mx
1. El fondo de la noticia. El pasado 18 de enero, un adolescente de 15 años, estudiante de secundaria en el Colegio Americano del Noreste, en Monterrey, seguramente bajo los efectos de una depresión psicológica ya en tratamiento, disparó contra una profesora y tres compañeros, para luego suicidarse. 
La triste noticia dio la vuelta al mundo. El Clarín (Argentina) destacó su joven edad y que pudo introducir una pistola; Los Ángeles Times (EUA) describe cómo sucedió el ataque; El País (España) habla de una tragedia, y el USA Today exhibió fotos y un video del trágico hecho. (Cfr. excelsior.com.mx, 19 ene. 2017)
Más allá del sensacionalismo, realmente se trata de un hecho impactante, porque un adolescente realiza una acción que rompe con los valores humanos fundamentales: el valor de la vida y de la familia, el sentido de la amistad y del respeto, junto con la facilidad para conseguir los medios para perpetrar esta masacre.

2. El rol de las redes sociales. Después de los trágicos hechos, la redes sociales mexicanas se vieron inundadas de información y de opiniones, hasta el punto de que tuvimos que cuestionarnos qué es lo verdadero y qué es mera hipótesis sobre este caso.
Primero, se difundió que el responsable del tiroteo había anunciado que realizaría este ataque, mediante un foro en “Hispachan” (que es un “tablón de imágenes”, de conversaciones anónimas, utilizado por atacantes y suicidas), aunque la Policía Cibernética Federal informó que “no hay prueba que sea real”.
También se habló de un grupo de Facebook, autodenominado “Legión Holk”. Integrantes de este grupo publicaron que el atacante del colegio era uno de sus miembros, aunque no había ningún mensaje en el perfil del agresor.
El tema importante no es si el joven anunció o no el ataque. Más bien, esto nos señala que la sociedad no le ha dado importancia a la existencia grupos en redes sociales que fomentan y alaban la violencia entre los menores de edad.

3. ¿Hace falta difundir imágenes violentas? También fue muy llamativo que a las pocas horas de la agresión empezó a circular un video del atentado, a pesar de que las autoridades mexicanas habían pedido que no se difundieran imágenes de este ataque, ya que por ley está prohibido difundir datos personales de niñas, niños o adolescentes relacionados con la comisión de un delito, ya sean autores, víctimas o testigos.
Muchos medios en México decidieron no difundir
las imágenes violentas de este ataque. (Foto aquí)
Es muy loable que bastantes periodistas y medios se negaron a difundir el video o imágenes de las víctimas. El motivo expreso fue el respeto tanto hacia las víctimas como hacia los lectores de los medios de información. 
Por ejemplo, la Redacción de Excélsior explicó que no difundirían el video “porque las escenas son brutales, y porque es momento de hacer una pausa para preguntarnos qué es lo que queremos como país”.


A posteriori, nos hemos dado cuenta que este ataque se debió, en parte, a que las familias y de la sociedad quizá no hemos puesto la suficiente atención a la violencia que se fomenta en una parte escondida del mundo de las redes sociales.
Como sociedad debemos dejar de lado la indiferencia ante el grave problema de la violencia juvenil difundida por internet. Y, a la vez, debemos tener la valentía de proponer un sólido modelo de familia, lleno de valores y principios.