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sábado, 22 de diciembre de 2018

La Navidad del Dios migrante

Año 14, número 709
Luis-Fernando Valdés

La Navidad de este año está marcada por la tremenda crisis migratoria hacia Estados Unidos y hacia Europa. ¿Qué sentido tendrá esta fiesta para aquellos que pasarán la Noche buena en campamentos de refugiados o en las calles?

La Cruz del Migrante en la Frontera de México y
Estados Unidos, contiene una silueta de la Sagrada
Familia en su huida a Egipto. En febrero de 2016,
el Papa Francisco bendijo esta imagen. (Foto)
1. La primera Navidad. Cuentan los Evangelios que Jesús nació en la aldea de Belén, dentro de una gruta donde los pastores guardaban su ganado (Lucas 2,1-7), y que después unos sabios de Oriente –los llamados Reyes magos– fueron a adorarlo (Mateo 2,1-12).
Pero, cuando el rey de Judea, Herodes, se enteró, temió que ese Niño fuera a arrebatarle su reino y por eso mando matar a todos los niños de esa comarca. Advertidos de esto por un ángel, José y María, huyeron a Egipto para proteger a Jesús, el niño-Dios (Mateo 2,13-18).
De este modo, desde su propio nacimiento, Jesús y su familia vivieron la experiencia del rechazo, porque no hubo “lugar para ellos en la posada” (Lucas 2,7) y porque sintieron el dolor de ser arrancados de su tierra por la migración forzada.

2. Hoy tampoco hay posada. El fenómeno migratorio es muy variado, y las experiencias de acogida a los migrantes y refugiados son muy diversas. En bastantes casos, el recibimiento es muy bueno.
Pero es una realidad que la llegada de emigrantes, de prófugos, de los que piden asilo o de refugiados “suscita en las poblaciones locales con frecuencia sospechas y hostilidad”. Y viene el temor de que surjan convulsiones en la paz social, o se pierda la identidad o la cultura, que se acaben los empleos o que aumente la criminalidad. (Cfr. Francisco,Mensaje, 5 ago. 2013)

3. Un cambio de actitud hacia los migrantes. La migración es un fenómeno que ha acompañado toda la historia de la Humanidad y ha dado lugar a grandes culturas y también ha conllevado enormes problemas sociales.
La migración ilegal, es decir, la llegada no ordenada de migrantes a los lugares con mejores posibilidades de paz y de trabajo, conlleva una serie de problemas de vivienda, alimentación y seguridad. 
Y eso hace que en los lugares fronterizos se tenga –en general– un mal concepto de las personas que llegan así. Pero para construir una mejor sociedad, se requiere –según explica el Papa– “la superación de los prejuicios y preconcepciones en la evaluación de las migraciones”. 
En este ámbito concreto, los medios de comunicación y las redes sociales tienen un papel relevante y de mucha responsabilidad, pues tienen la capacidad de “desenmascarar estereotipos y ofrecer informaciones correctas”, en las que habrá que denunciar “los errores de algunos”, pero también “describir la honestidad, rectitud y grandeza de ánimo de la mayoría”. (Ibidem)

4. Un consuelo espiritual. Desafortunadamente, esta noche de Navidad, muchas personas se encontrarán solas y lejos de sus familias. Para ellos están especialmente dirigidas las siguientes palabras del Papa Francisco.
“Queridos emigrantes y refugiados, ustedes ocupan un lugar especial en el corazón de la Iglesia, y la ayudan a tener un corazón más grande para manifestar su maternidad con la entera familia humana. 
No pierdan la confianza ni la esperanza. Miremos a la Sagrada Familia exiliada en Egipto: así como en el corazón materno de la Virgen María y en el corazón solícito de san José se mantuvo la confianza en Dios que nunca nos abandona, que no les falte a ustedes esta misma confianza en el Señor.” (Mensaje, 3 sep. 2014)

Epílogo. Celebramos el nacimiento, la natividad, del Dios que se hizo niño, del Dios que al hacerse hombre quiso identificar su vida con la existencia de los migrantes. Que en esta noche tan especial sepamos compartir con ellos nuestra cena, nuestras plegarias o nuestros buenos deseos, y sobre todo, que nos demos la oportunidad de cambiar nuestros estereotipos sobre ellos, pues en su mayoría son buenas personas.

sábado, 23 de diciembre de 2017

Navidad, ¿una fiesta pagana del Sol?

Año 13, número 659
Luis-Fernando Valdés

¿Por qué celebramos la Navidad el 25 de diciembre? –La Navidad es la adaptación de una festividad romana del Sol a una celebración cristiana, que pone a Jesús como Sol que ilumina la existencia humana. 

La Navidad celebra a Jesús como sol que
ilumina la existencia de los hombres.
1. ¿Cuándo exactamente nació Jesús? La Navidad cristiana recuerda el nacimiento de Jesús en Belén. A diferencia de nuestra cultura, en la que festejamos el día exacto del alumbramiento de una persona, los primeros cristianos celebraban un evento: el que Dios se hubiera hecho un ser humano. Por eso, no importa realmente saber o no el día exacto en el que Jesús vino a este mundo.
En cambio, lo que sí sabemos es que cuando el cristianismo se convirtió en la religión oficial del Imperio romano en el año 313 con el Edicto de Milán, el emperador Constantino sustituyó las celebraciones romanas por fiestas cristianas.

2. De la fiesta romana del “Sol invicto” a la Navidad. Los romanos tenían, desde el 22 al 25 de diciembre, el Festival del Nacimiento del Sol Inconquistado (en latín: Dies Natalis Solis Invicti), que se celebraba cuando la luz del día aumentaba después del solsticio de invierno, en alusión al “renacimiento” del sol. (Wikipedia)
El cristianismo adaptó con mucha facilidad la fiesta del Sol, porque en la Biblia Jesús es comparado con ese astro. Pero no se trataba de introducir una celebración pagana en el cristianismo, sino lo contrario: mostrar que en realidad Jesús es la verdadera luz que ilumina a los hombres.
Jesús se denominó a sí mismo como la “luz del mundo” (Juan 8,12). Ya antes, Zacarías, el padre de Juan el Bautista, se había referido al nacimiento de Jesús comparándolo con el sol, mediante un himno: “Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz” (Lucas 1, 77b-79).

3. Luz para nuestros días. Las celebraciones navideñas llenan de luces las calles de nuestras ciudades y las salas de nuestras casas. Es tradicional decorar con focos de colores los árboles de Navidad.
Esa iluminación representa la intuición de que también nosotros necesitamos una luz que alumbre el camino de nuestra existencia, “especialmente en esta época en que sentimos tanto el peso de las dificultades, de los problemas, de los sufrimientos, y parece que nos envuelve un velo de tinieblas” (Benedicto XVI, Discurso, 7 dic. 2011).
Y ese es precisamente el sentido de la Navidad: que Jesucristo, Dios hecho hombre, al nacer en un pobre y humilde pesebre, vino a compartir nuestras alegrías y nuestros dolores, de manera que encontremos el significado de nuestra vida fijándonos en Él.
Pero no sólo eso, sino que Jesús, en cada Navidad, “se acerca a cada uno de nosotros y pide que lo acojamos nuevamente en nuestra vida, nos pide que lo queramos, que tengamos confianza en Él, que sintamos su presencia que nos acompaña, nos sostiene y nos ayuda” (Benedicto XVI, ibídem).

Epílogo. La celebración de la Navidad tiene muchas dimensiones y todas son muy entrañables, como los son la reunión familiar, la decoración de las casas y las ciudades, los intercambios de regalos y la riqueza gastronómica.
Pero esos aspectos cobran sentido pleno, cuando esta festividad nos lleva a buscar la verdadera orientación de nuestra vida y la descubrimos en Jesucristo, al que aceptamos como sol del que surge la luz que nos permite descubrir el “para qué” más profundo de nuestra existencia.



sábado, 19 de diciembre de 2015

¿“Feliz Navidad” o “Happy Holidays”?

Año 11, número 554
Luis-Fernando Valdés

En estos días de festejos navideños, recibimos felicitaciones tanto de tipo religioso (“feliz Navidad”) como cívico (“happy Holidays”). ¿Esto es señal de tolerancia y apertura? ¿o es signo de descristianización?

Navidad cristiana: nace Jesús, Dios hecho hombre.
(Foto: obrerofiel.com)
1. Origen de la fiesta cristiana. La Navidad cristiana tiene como sentido celebrar el nacimiento de Jesús de Nazaret, quien es reconocido como Dios hecho hombre, por parte de los fieles cristianos (tanto católicos como ortodoxos, reformados, anglicanos y evangélicos).
La fecha fue tomada del calendario de los romanos, que celebraban el 25 de diciembre la fiesta del “Natalis Solis Invicti” o Nacimiento del Sol invicto, asociada al nacimiento de Apolo.  Ese mismo día 25 de diciembre fue considerado también como día del solsticio de invierno, y llamado “bruma”, por los romanos.
Los cristianos, que convivían con los devotos de la religión imperial romana, supieron darle un sentido nuevo, pues tomaron el 25 de diciembre como fecha del nacimiento de Jesucristo, a quien consideraban el verdadero Sol, que trae la Luz de la Palabra de Dios y de la verdad religiosa sobre Dios, el hombre y el mundo.

2. La Navidad cristiana siempre ha convivido con fiestas de otras tradiciones. En torno al solsticio de invierno, la mayoría de las culturas del mundo han celebrado el renacimiento del año en lo que se refiere a la vida-muerte-renacimiento de las deidades o nuevos comienzos. (Wikipedia; ¿Qué es el Solsticio de Verano?).
Los primeros cristianos convivían también con el festival romano llamado “Saturnalia”, en honor a Saturno, que duraba cerca de siete días e incluía el solsticio de invierno. Con motivo de esta celebración, los romanos posponían todos los negocios y guerras, hacían intercambio de regalos, y liberaban temporalmente a sus esclavos. Como se ve, estas tradiciones se asemejan a los actuales festejos cristianos de la Navidad.

3. La secularización de la Navidad. La presencia cristiana en un mundo global, lleva a compartir la Navidad con los demás seres humanos, sin imponerles nada a la fuerza. El problema surge más bien, cuando la Navidad se ha convertido en una temporada comercial, para estimular la economía de consumo. En este caso, se pone el acento en comprar regalos y se deja de lado el motivo religioso.
Además, en algunos países de tradición cristiana, la secularización de la Navidad a llegado por el deseo de igualdad de todas las religiones. Para evitar discriminaciones y conflictos, recientemente a la época navideña se le denomina genéricamente “temporada de fiestas”, para incluir la fiesta judía de Jánuca y de la fiesta cultural afroamericano de Kwanzaa.
Y, por eso, a nombre de la tolerancia y de la convivencia, en las dependencias oficiales de muchos países occidentales, se prohíbe decir “feliz Navidad” (que es sólo cristiana) y se sustituye por un “Happy Holidays”.

4. Convivencia e identidad. Como ya vimos, el cristianismo desde el inicio ha celebrado la Navidad en armonía con las demás tradiciones religiosas, sin necesidad de vaciar de sentido religioso nuestra fiesta.
Para convivir con las demás religiones y con los no creyentes, no es necesario que los cristianos dejemos de afirmar que creemos en Jesucristo, al que confesamos Dios y ser humano. Nuestra fe –lejos de llevarnos a rechazar o atacar a los que no comparten nuestras creencias– nos invita a desearles con sinceridad amor y paz.
Por eso, desear un “feliz Navidad”, equivale a decir: que el Nacimiento de Jesús te llene de paz, porque es Dios con nosotros, y Él nos invita a valorarnos y respetarnos mutuamente, aunque no creamos en lo mismo.


sábado, 20 de diciembre de 2014

Navidad: somos familia de Dios

Año 10, número 502
Luis-Fernando Valdés


En medio de la crisis social por la que atravesamos, la Navidad viene darnos una esperanza de paz verdadera, que nos hace ver que nuestras vidas están llenas de amor y de paz, si creemos que Dios ha nacido.

Se acerca la Navidad y es un buen momento para reflexionar sobre su auténtico sentido. Festejamos un hecho religioso: Dios se hizo un ser humano, y quiso nacer en el seno de una familia. Y por esto Dios ha llenado de luz nuestras vida, porque ilumina lo más profundo de nuestra existencia: el amor.

En la gruta de Belén, hace 2014 años, una joven doncella, María de Nazaret dio a luz al hijo que había concebido virginalmente. Este Niño, que lleva por nombre Jesús, es Dios que entra al mundo como hombre de verdad. Se cumplió así la profecía de Isaías (7,14): este bebé es “Dios-con-nosotros”.

En Jesucristo, Dios quiso vivir nuestra vida humana. Desde entonces todo lo humano quedó elevado al plano divino. Y la puerta por la que Dios quiso asumir nuestra condición humana es la familia.

Los relatos bíblicos del Nacimiento de Jesús tienen como centro a la familia. En ella Jesús nace, y se deja cuidar por María y José, que ponen sus vidas al servicio del Niño. Por eso, la familia es la protagonista de la Navidad.

Y así como Dios entró al mundo mediante una familia, quiso salvar del pecado y de la muerte al hombre, también mediante una familia: es la familia de Dios, la Iglesia, que es la comunidad de los fieles que creemos en Cristo.

Jesús vino a expresarnos su amor viviendo largos años con sus padres y trabajando con sus manos. Y cuando dejó la casa paterna, lo hizo para fundar esta otra familia, la familia de Dios, por la cual ahora somos hijos de Dios-Padre, hermanos de Cristo mediante la acción del Espíritu Santo.

Ésta es la realidad que celebramos en la Navidad. En la Noche Buena nos reunimos en familia, para agradecerle a Dios, que mediante la Sagrada Familia de Jesús, María y José, le ha dado un sentido divino al amor humano que experimentamos padres e hijos.

El amor a nuestra familias se convertido en la manera como nos podemos conectar con el amor de Dios. El calor de nuestra familia es un cauce central para que redescubramos la cercanía de Dios, porque Dios ha querido reflejar su amor en el cariño de los miembros de una familia.

Al experimentar el amor de nuestras familias, todos nos sentimos seguros, amados y llenos de paz. Y entendemos que, cuando estamos cerca de Dios, encontramos el fundamento grande e inconmovible de esa seguridad, ese amor y esa paz.

Y así empieza a brillar de nuevo la esperanza en nuestras vidas. Aunque la situación social, la cuestión económica, la enfermedad son problemas reales, de la mano de Jesús, el Dios-con-nosotros, y en la cercanía de nuestras familias, tenemos la verdadera fuerza interior para no dejarnos vencer por el pesimismo, y para llenar de nuevo al mundo de amor y de esperanza.

Navidad es tiempo de rezar para que las familias permanezcamos unidas, para que los padres y los hijos se reconcilien, para que los hermanos se perdonen y se amen, para que seamos agradecidos unos con otros y siempre nos apoyemos.

Aprovechemos las fiestas navideñas para elevar nuestra súplicas pidiendo que las familias pueden cumplir la misión que Dios les ha confiado: la de reflejar el amor divino y que así vuelva la esperanza a nuestra sociedad.

Les deseo a todos ustedes, queridos lectores, y a sus familias una santa Navidad, en la que brille la esperanza de la paz, y que sintamos la alegría de ser parte de la familia de Dios.