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domingo, 16 de diciembre de 2018

Existencias de apariencia

Año 14, número 708
Luis-Fernando Valdés

El 2018 finaliza con noticias complicadas para la Iglesia católica por los escándalos de abusos, pero el Papa Francisco tiene la mira puesta en dar esperanza a los que pudieran estar más confundidos o decepcionados: los jóvenes. ¿Cuáles son los temores de la juventud que hoy requieren una repuesta urgente?

Las redes sociales pueden dar pie a vidas de jóvenes
que se basan en aparentar éxito.
(Foto
1.  Los jóvenes y sus temores.  Estamos en vísperas de la próxima Jornada Mundial de la Juventud (JM J), que Francisco ha convocado para enero de 2019 en la ciudad de Panamá. En su Mensaje de preparación el Pontífice ha abordado un tema clave para la juventud: sus temores ante la vida.
     Esta óptica es contracultural, pues parecería que el mensaje debería generar atracción por vía de hablar de temas no dolorosos o sólo de ilusiones futuras. Pero ante un mundo en crisis y una Iglesia con ciertos problemas de credibilidad, con realismo el Papa aborda las incertidumbres que paralizan la fuerza de un corazón joven.

2. Las inquietudes profundas. Los desafíos, que pueden amedrentar  la mente y los proyectos de la gente joven,  suelen ser los que se refieren a las decisiones fundamentales de las que depende lo que ellos serán y lo que harán en este mundo.
     El Pontífice tiene el valor de interrogar a los jóvenes sobre los temas que más les pueden afectar hoy: la interacción en las redes sociales. Como preparación para la JMJ 20019  les pregunta: “ustedes jóvenes, ¿qué miedos tienen? ¿Qué es lo que más os preocupa en el fondo?”

3. Una vida aparente.  Francisco explica que el miedo de “fondo” de muchos jóvenes es el de “no ser amados, queridos, de no ser aceptados por lo que ustedes son”. Y luego el Papa señala en qué consiste en ese no ser tomados en cuenta por lo que ellos realmente son. 
     En efecto, les escribe el Papa, “hoy en día, muchos jóvenes se sienten obligados a mostrarse distintos de lo que son en realidad, para intentar adecuarse a estándares a menudo artificiales e inalcanzables”.
     Y explica que ese deseo de conseguir esas vidas inalcanzables empuja a muchos de ellos, a que en las redes sociales hagan continuos “retoques fotográficos” de su imagen, escondiéndose detrás de máscaras y falsas identidades, hasta casi convertirse ellos mismos en un “fake”, en algo falso. Incluso, muchos están obsesionados con recibir el mayor número posible de “me gusta”. Y en consecuencia, “este sentido de inadecuación produce muchos temores e incertidumbres”.

4. Para superar el temor. Francisco invita entonces a los jóvenes a superar el miedo. Y explica que la vía para conseguirlo es enfrentarlo: “Lo primero que hay que hacer para superar los miedos es identificarlos con claridad, para no perder tiempo y energías con fantasmas que no tienen rostro ni consistencia”. 
     Y el Papa a continuación propone un “método” para conseguir esta meta:  “los invito a mirar dentro de ustedes mismos y ‘dar un nombre´’ a sus miedos”. Y más en concreto, les señala unas preguntas: “hoy, en mi situación concreta, ¿qué es lo que me angustia, qué es lo que más temo? ¿Qué es lo que me bloquea y me impide avanzar? ¿Por qué no tengo el valor para tomar las decisiones importantes que debo tomar?”
     Y concluye así con una poderosa exhortación, basada en la gran tradición de las Sagradas Escrituras:  “No tengan miedo de mirar con sinceridad sus propios miedos, reconocerlos con realismo y afrontarlos”.

Epílogo. Termina el año, pero hay buenas perspectivas para el 2019, porque ayudar a los jóvenes a superar el miedo por el que se dejan arrastrar a hacia una vida de apariencia en las redes sociales, será el inicio de una vida auténtica para muchos de ellos. Y esa es la semilla de una sociedad mejor.  


viernes, 7 de diciembre de 2018

La Guadalupana en tiempos difíciles

Año 14, número 707
Luis-Fernando Valdés

Cada 12 de diciembre unos seis millones de
peregrinos visitan la Basílica de Guadalupe,
buscando esperanza para sacar adelante
a sus familia y a su patria. (Foto)
Por la fiesta de la Virgen de Guadalupe, millones de peregrinos abarrotan cada año su Basílica, mientras que en muchos países también la celebran con fervor. Esta enorme devoción guadalupana, ¿es una fuga colectiva para evadir la dura realidad social y económica? ¿o hay en ella una esperanza verdadera?

1. Crisis social global. Si nos limitamos sólo a contemplar la situación de los países latinoamericanos, donde la devoción a la Guadalupana es muy grande, observamos severos problemas políticos en Venezuela y Nicaragua, una gran crisis humanitaria por la llegada de migrantes a las fronteras sur y norte de México, una inseguridad generalizada causada por la violencia (especialmente en Brasil, Venezuela, El Salvador y México). Además, de la recesión económica de casi toda esta enorme región.

2. Necesidad de una esperanza. La historia reciente, con el caso del marxismo, nos muestra que, ante las crisis sociales y económicas, los seres humanos tenemos necesidad de una promesa de que será posible salir superar esos malos momentos.
Sin importar si un sujeto es creyente o no, es un hecho que éste necesita un motivo grande para esforzarse en el presente, con el fin de mejorar su situación en un futuro no tan cercano. El comunismo marxista prometía aquí en la tierra un paraíso que nunca llegó; en cambio, el cristianismo lleva dos milenios ofreciendo una esperanza sobrenatural, que ha ayudado a sobrellevar el dolor físico y moral, y ha transformado poco a poco las condiciones sociales.

El Papa Franciso rezo ante la Virgen
de Guadalupe en su viaje a México,
el 13 de  febrero de 2016. (Foto)
3. Una esperanza muy especial. Ante una crisis social y económica, parece que todos los esfuerzos deberían enfocarse sólo al trabajo y a la justicia social. Sin negar esto, la devoción religiosa a la Virgen de Guadalupe lleva a buscar primero la transformación personal como base para la reforma social. 

Así nos lo recordaba el Papa Francisco en su viaje a México, en febrero de 2016. Nos explicaba que “la ‘Virgen Morenita’ nos enseña que la única fuerza capaz de conquistar el corazón de los hombres es la ternura de Dios”. 
Aunque eso suena poco práctico, en realidad, “aquello que encanta y atrae, aquello que doblega y vence, aquello que abre y desencadena no es la fuerza de los instrumentos o la dureza de la ley, sino la debilidad omnipotente del amor divino, que es la fuerza irresistible de su dulzura y la promesa irreversible de la misericordia de Dios”.  (Discurso en la Catedral, 13 feb. 2016)

4. Necesitamos consuelo. Desafortunadamente, las injusticias sociales y la pobreza conllevan mucho dolor: migración forzada, gente desplazada, trata de personas, homicidios, secuestros, pérdida de bienes, etc.
Y ese dolor necesita ser consolado, pues las meras promesas de justicia o de venganza no confortan un corazón herido. Y precisamente la devoción a la Virgen de Guadalupe es un gran consuelo, justo el que buscan esos millones de personas que no lo han encontrado en este mundo.
Eso mismo lo señaló también el Papa Francisco en aquella visita apostólica: “En aquel amanecer de diciembre de 1531 … Dios despertó la esperanza de su hijo Juan, la esperanza de un pueblo … de los pequeños, de los sufrientes, de los desplazados y descartados, de todos aquellos que sienten que no tienen un lugar digno en estas tierras”. 
Y explicó el porqué: “En ese amanecer, Dios se acercó y se acerca al corazón sufriente pero resistente de tantas madres, padres, abuelos que han visto partir, perder o incluso arrebatarles criminalmente a sus hijos”. (Homilía en la Basílica, 13 feb. 2016)

Epílogo. Las palabras de Santa María a Juan Dieguito, “no estoy yo aquí que soy tu Madre”, no son una evasión para nuestro compromiso social. Son más bien, palabras de consuelo y misericordia, que nos permiten sanar nuestro interior lastimado por el dolor y la injusticia, para recuperar la ilusión en trabajar por una sociedad justa y solidaria.

sábado, 30 de diciembre de 2017

La otra historia detrás de las guerras

Año 13, número 660
Luis-Fernando Valdés

Termina un año, que ha resultado más violento que los últimos anteriores. El gran reto es descubrir la “otra historia” que ha acontecido simultáneamente, y que puede ser la fuente para que nuestras esperanzas de paz no sean expectativas vanas.

El Papa Francisco invitó a ver el rostro de Cristo
en el sufrimiento de los niños que viven en
países en conflictos bélicos. (Foto: eldinamo.cl )
1. Un especial recuento del año. Como es tradicional, en la reciente Navidad, el Papa Francisco impartió la bendición “urbi et orbi” (‘a la ciudad y al mundo’). En su discurso, el Pontífice dio a entender que acontecen al mismo tiempo tanto guerras y problemas económicos que producen una “degradación humana, social y ambiental”, como la otra historia, la del encuentro de Dios con los seres humanos a través del rostro de Cristo, Dios hecho hombre.
El Papa hizo un especial repaso de los sucesos difíciles del año que termina. Fue un recuento singular porque el Pontífice mencionó que el rostro de Dios se puede contemplar en los niños que sufren en los países en guerra, como ocurrió hace dos mil años cuando se pudo apreciar la cercanía Dios a través de los padecimientos del Niño Jesús, para el que “no hubo lugar en la posada” (Lucas 2,7).

2. Descubrir la historia sobrenatural. En su mensaje, Francisco hizo una especial invitación para descubrir la intervención divina en los acontecimientos del año, como el conflicto de Tierra Santa, las guerras perdidas de África y la situación de Venezuela.
El Papa invitó a ver a Jesús “en los niños de Oriente Medio”, que están “sufriendo por el aumento de las tensiones entre israelíes y palestinos”. Ante esa historia de dolor, el Pontífice pidió buscar la “otra historia”, en la que Dios participa, para que venga la paz en Jerusalén, haya voluntad de dialogar y se llegue a una “coexistencia pacífica de dos Estados”: Israel y Palestina.

Epílogo. La historia de los hombres, que se disputan las fronteras y las riquezas de las naciones, camina junto a la historia sobrenatural, que consiste en las intervenciones de Dios a favor de los humanos.
Los creyentes y las personas de buena voluntad siempre se han esforzado para descubrir ese otro designio divino, que siempre termina por imponerse a la mala voluntad de los tiranos. Reconocer esa “otra historia” es quizá la manera más realista de conservar la esperanza de paz en un mundo “azotado por la guerra”.



viernes, 22 de septiembre de 2017

Sismo en México, ¿dónde estaba Dios?

Año 13, número 646
Luis-Fernando Valdés

#FuerzaMéxico. Gracias a todos, en México y el Mundo, por su solidaridad ante esta tragedia.

Ante la gran tragedia del sismo en México, viene la gran pregunta: si Dios cuida o no a la gente. Para los creyentes, la cercanía de Dios fue perceptible mediante diversos signos de los que fui testigo.


1. Una misma fecha, diferentes efectos.  Vivo en la Ciudad de México y me tocó sentir el impresionante sismo del pasado 19 de septiembre, aniversario de aquel otro terremoto de 1985. Pero ahora la situación fue diferente, pues estábamos mejor preparados para una emergencia de esta magnitud.
A las 11:00 horas hubo un gran simulacro, como se hace cada 19 de septiembre; pero dos horas después vino el temblor real. Los simulacros realizados cada año, la señalación tanto de salidas de emergencia como de puntos de reunión seguros, realmente ayudaron a mitigar el caos generado por el movimiento de suelos y edificios.
Además, las normativas de construcción que se implementaron desde 1985, también jugaron un papel importante. La BBC estima que en aquella tragedia murieron unas 10 mil personas, unas 68 mil resultaron heridas y 30 mil edificios fueron afectados. Ahora, murieron 148 personas en la ciudad de México (y otras 138 en los estados de Morelos y Puebla), se colapsaron 40 edificios, y el Excelsior calcula que 2,400 edificios quedaron severamente dañados. Las cifras son altas, pero la diferencia entre ambos sismos es enorme.

2.  Una solidaridad trepidante.  En todo el mundo se han transmitido imágenes de la ayuda humanitaria que por toneladas se han enviado a las zonas afectadas por el sismo: agua, comida, ropa, herramientas. Además, el gobierno local ha facilitado el transporte público y el acceso a los hospitales públicos.
Miles de personas, especialmente los jóvenes, espontáneamente ha acudido a prestar ayuda en las labores de rescate y de atención a los damnificados. Yo mismo he visto acudir a centenares de alumnos de la Universidad Panamericana, de la cual soy capellán y profesor, como voluntarios a diversos puntos de la Ciudad de México y del estado de Morelos. También soy testigo de la enorme red de ayuda de la Iglesia Católica que, mediante las parroquias y decanatos, ha facilitado víveres y albergues.

3. La cercanía de todo el mundo.  La solidaridad no se redujo a la ayuda económica, sino que también se manifestó en los sentimientos de apoyo y de cercanía, junto con las miles y miles de plegarias por los difuntos y por los necesitados.
Los mensajes de grandes personajes, como el Papa Francisco, de presidentes y primeros ministros, de artistas y empresarios, nos dieron el consuelo de saber que no estamos solos en esta tragedia, y nos ayudaron a ver que todavía hay mucha bondad en nuestro mundo.

Epílogo.  Los cataclismos son fenómenos que responden a leyes naturales, no a castigos divinos. En esas tragedias, Dios cuida ordinariamente a los hombres mediante nuestro propio ingenio y responsabilidad, que –en este caso– nos permitieron desarrollar una cultura de prevención que evitó una tragedia más grande.
 Pero Dios nos atiende especialmente mediante el sentimiento de solidaridad que Jesucristo, Dios hecho hombre, ha sembrado en los corazones con su ejemplo y sus enseñanzas: “ama a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22,39), “trata a los demás como quieres que ellos te traten a ti” (Mateo 7,22), y dale dar de comer al hambriento y techo al desamparado (cfr. Mateo 25, 31-46). Por la fe, sé que Dios estuvo presente durante el sismo, en el rostro y las manos de quienes prestaron ayuda.