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sábado, 9 de junio de 2018

Las periferias de la comunicación

Año 14, número 682
Luis-Fernando Valdés

En el ámbito de los comunicadores, es fácil caer en la trampa de contraponerse a todo, por intereses políticos, económico o ideológicos. ¿Qué puede aportar el pensamiento cristiano a los comunicadores que desean mantener una posición ética?

El periodismo tiene también la misión ética
de ofrecer un sentido a las tragedias. (Foto)
1. Un referente ético para la comunicación. Sin duda, los profesionales de las diversas ramas de la comunicación pueden apoyarse en  bases filosóficas para desarrollar una postura ética firme. 
Pero junto a la racionalidad de la ética filosófica, algunos postulados de la fe religiosa cristiana también son un punto de referencia sólido para el ejercicio ético del periodismo y la comunicación.

2. El ideal ético para periodistas. El Papa Francisco explicó el perfil ético de un periodista, en una recienteaudienciaque concedió a la delegación del Premio Internacional “Biagio Agnes”, que cumple 10 años, dedicado al periodista y director general de la cadena RAI italiana. 
El Pontífice explicó que ser periodista se relaciona “con la formación de las personas, de su visión del mundo y de sus actitudes ante los eventos”.  Anadió que se trata de “un trabajo exigente, que en este momento está viviendo una estación marcada, por una parte, por la convergencia digital y, por otra, por la transformación de los mismos medios”. 

3. Las periferias como clave ética. El Papa reconoció que no existen “recetas” para este oficio, pero hay tres palabras clave que son útiles para desempeñar este trabajo: periferias, verdad y esperanza. Al referirse a las “periferias”, explicó que a  menudo los lugares principales de producción de las noticias se encuentran en los grandes centros.
“Pero, añadió, esto no debe hacernos olvidar jamás las historias de las personas que viven distantes en las periferias”, con sus historias “de sufrimiento y degradación” o de “gran solidaridad que pueden ayudar a todos a mirar la realidad de manera renovada”.

4. El equilibrio entre libertad y verdad. La segunda palabra clave es “verdad”. Francisco explicó que, por una parte,  “todos sabemos que un periodista está llamado a escribir lo que piensa, lo que corresponde con su consciente y responsable comprensión de un evento”.
Pero, por otra, añadió el Pontífice “es necesario ser muy exigentes con sí mismos para no caer en la trampa de las lógicas de contraposición por intereses o por ideologías”, y recordó la necesidad de “callar” antes que herir a una persona o deslegitimar un evento.

5. Un espacio para la esperanza. Sobre la tercera palabra, la “esperanza», Francisco explicó que “no se trata de contar un mundo sin problemas: sería una ilusión”. Más bien, se trata de “abrir espacios de esperanzas” mientras se denuncian situaciones de degradación y de desesperación. 
Y explicó que un periodista no debería sentirse tranquilo solamente por haber contado, según la propia libre y consciente responsabilidad, un evento, porque “está llamado a tener abierto un espacio de salida, de sentido, de esperanza”. 

Epílogo. La ética periodística basada en las convicciones religiosas nunca aleja de la realidad y de la problemática de las duras situaciones sociales, ni pretende presentar paraísos donde no los hay. Pero esta misma ética creyente contiene una gran luz para el periodismo y la comunicación: la convicción por la verdad y la esperanza de encontrar en la fe el sentido del dolor y de las tragedias humanas.

viernes, 20 de octubre de 2017

Revolución rusa, 100 años después

Año 13, número 650
Luis-Fernando Valdés

¿Por qué ha sido tan poco festejado el centenario de la revolución que marcó la historia del siglo XX? ¿Qué lección se encierra en este silencio? 

Lenin, líder de la revolución rusa, que dejó un saldo
 de libertades atropelladas y de vidas arrebatadas.
1. Las dos revoluciones de 1917. La primera ocurrió, después de la derrota del ejército del Zar en la primera Guerra Mundial, cuando Nicolás II abdicó el 12 de marzo, tras largas movilizaciones sociales de protesta.
La segunda y más conocida aconteció el 25 de octubre, cuando los bolcheviques encabezados por Trotsky, Lenin y Stalin conquistaron el poder, al derrocar al jefe del gobierno provisional, Alexander Kerensky. Entonces el sóviet de Petrogrado se quedó con el poder del Estado, y Lenin empezó la persecución a la Iglesia ortodoxa rusa. (Cfr. El País, 11 abr. 2017)
La historia posterior es larga y compleja: una guerra civil entre los bolcheviques y los contrarrevolucionarios (1918-1921), la Segunda Guerra Mundial (1939) y la dictadura de Stalin, la Guerra Fría (desde 1945 hasta 1989, con la caída del muro de Berlín). Una amarga historia de atropellos a la libertad y de millones de muertos.

2. Un centenario poco celebrado.  Un artículo del New York Times explicaba que este aniversario se redujo a una conmemoración académica, sin mayores celebraciones populares, porque, según algunos funcionarios del Kremlin, historiadores y analistas, el presidente Vladimir Putin detesta la idea de revolución.
“Conocemos bien las consecuencias que pueden tener estas convulsiones históricas”, afirmó Putin en diciembre pasado, durante su discurso del Estado de la federación. “Desafortunadamente, en el siglo XX nuestro país sufrió muchas de estas convulsiones y sus consecuencias”, sostuvo. (N. Macfarquhar, NTY, 13 mar. 2017)

3. El lado obscuro del Comunismo.  La Revolución rusa buscaba implantar las ideas de Karl Marx: la imponer la Dictadura del Proletariado, donde los hombres pudieran vivir iguales, sin propiedad privada, en un mundo sin pobres ni ricos.
Sin embargo, la Revolución se transformó en una auténtica dictadura, en la que no había un dictador, sino una ideología totalitaria, con una visión histórica materialista y atea. Fue la dictadura de todo un sistema político y económico, que persiguió cruelmente a las religiones, especialmente a la cristiana. (Cfr. S. Aragonés, Aleteia, 16 oct. 2017)
La obra titulada “El libro negro del comunismo: crímenes, terror y represión” (1997), escrita por un grupo de profesores universitarios e investigadores europeos, estima que el número de muertos bajo los diversos regímenes comunistas (China, Rusia, Corea del Norte, etc.) “se acerca a la cifra de cien millones”. (Cfr. Aleteia.org, 21 abr. 2017)

4. La historia atrás de la historia.  El biógrafo de Juan Pablo II, George Wiegel, formula una pregunta muy importante sobre el modo pacífico de la caída del muro de Berlín, que marcó el final del comunismo mundial.
Pregunta Weigel: “¿Qué fue lo que hizo que "1989" no implicara derramamiento de sangre y violencia masivos, los dos métodos habituales del siglo XX para efectuar un gran cambio social?” (Aleteia, 30 ene. 2014)
Y responde que esa revolución pacífica fue posible gracias a Juan Pablo II, el Papa polaco que durante sus años como obispo de Cracovia tuvo que lidiar con el régimen comunista, pues este Pontífice fue el que encarnó la “revolución de la conciencia moral” que llama al mal por su nombre, y que por eso fue capaz de aglutinar a pensadores y políticos que dieron lugar al cambio: Vaclav Havel, Ronald Reagan, etc.

Epílogo. No se puede celebrar una ideología que destruye al hombre. Aunque la inquietud por defender a los trabajadores y a los pobres sigue siendo válida, el Comunismo no fue capaz de darle una respuesta, porque el afán de poder que lo sustentaba conllevaba cancelar todas las libertades y matar a sus millones de opositores.
La gran lección de este centenario es que cuando el ser humano abandona los principios morales, destruyendo la libertad individual y la libertad religiosa, el hombre se convierte en el depredador del hombre. Entonces, la gran revolución de hoy consiste en conservar la conciencia moral como guía para solucionar los grandes problemas sociales de nuestro tiempo.



sábado, 30 de septiembre de 2017

Epidemia de “noticias falsas”

Año 13, número 647
Luis-Fernando Valdés

Cada vez circulan más “noticias falsas”, que afectan a todo: desde política hasta los recientes los sismos. ¿Se pueden evitar? ¿Qué podemos hacer los lectores?

La solución a las noticias falsas ('fake news')
consiste en que aprendamos a ser lectores exigentes.
(Foto: entrepreneur.com)
1. Redes sociales, un nuevo medio de información.  La consolidación de las redes sociales ha cambiado nuestro modo de acceder a la información, porque hoy cualquier persona puede ser la fuente noticiosa.
Este nuevo paradigma ha contribuido a tener noticias de cualquier parte del mundo o de una misma ciudad, de cualquier situación: desde un premio escolar hasta una persona bajo los escombros de un sismo.

2. Las “noticias falsas” afectan la vida pública.  Las “noticias falsas” no tienen nada que ver con las bromas que circulan por las redes; más bien, se trata de “una deformación instrumental de los hechos, que puede repercutir en las conductas individuales y colectivas”, según las describe un boletín reciente del Vaticano. (News.va, 29 sep. 2017)
Un ejemplo claro y reciente de esa deformación de los hechos sucedió durante la campaña previa las elecciones presidenciales en Estados Unidos. En su momento, New York Times publicó que dos jóvenes (uno en Canadá y el otro la Rep. de Georgia) descubrieron que la “tendencia voraz” por las noticias políticas tendenciosas era una fuente para disparar las ventas de publicidad.
Las noticias falsas generadas por ellos –y por otros más– fueron recogidas por algunos medios, como un reportaje falso titulado “Ya basta, liberales… Hillary perdió el voto popular por varios millones. Aquí les diremos por qué”. (NYT, 30 nov. 2016)

3. El terremoto en México y las falsas noticias. Durante los días siguientes al sismo que afectó gravemente a la Ciudad de México, dio la vuelta al mundo la supuesta noticia de una niña llamada Frida Sofía, que seguía viva debajo de los escombros de su escuela. Después de 24 horas de cobertura noticiosa, se supo que esa niña nunca existió. (Milenio, 21 sep. 2017)
De igual manera, en las horas posteriores al terremoto circularon noticias de que la ONU anunciaba que estaba por ocurrir un sismo mucho mayor, de que el gobierno había dado indicaciones de utilizar maquinaria pesada en los derrumbes donde todavía había personas vivas. (Milenio, 22 sep. 2017)

4. Lectores exigentes.  Hasta ahora los usuarios de las redes sociales estamos felices de la facilidad para transmitir una noticia por nosotros mismos, pero sin reparar que no todo lo que se difunde en las redes corresponde completamente con los hechos.
Sin embargo, ante la facilidad de difusión de noticias, la gran mayoría de los receptores han reaccionado con mucha credulidad. Por eso, el gran remedio contra las noticias falsas es que cada uno nos propongamos ser lectores más críticos.
Debemos contribuir a que se forme una nueva cultura de lectores exigentes. Así, antes de dar por buena una noticia y de difundirla (“retuitiarla”, “compartirla”, “hacerla viral”), primero debemos verificar la fuente: si proviene de un testigo real o “lo escuche en la calle”; segundo, confirmar la noticia, utilizando los buscadores de internet, y tercero, tener el sentido común de dudar de las noticias alarmantes, como: “ya viene el fin del mundo”, “está a punto de iniciar una guerra mundial”, etc.

Epílogo.  Las redes sociales han democratizado la información, porque cualquier persona puede generarla y difundirla; también han contribuido a que se conozcan los hechos con rapidez y con un gran alcance. Como reverso de la moneda, siempre circularán noticias falsas con apariencia de ser verdaderas.
Por eso, no podemos delegar en otros nuestra responsabilidad de ser lectores exigentes, ni podemos quedarnos tranquilos con culpar a los medios de difundir información falsa, porque en esta nueva época de la comunicación instantánea todos tenemos la oportunidad de verificar las fuentes, confirmar las noticias y utilizar nuestro sentido común.