martes, 18 de marzo de 2014

Balance primer año: Papa mediático, mensaje desconocido


Año 10, número 462
Luis-Fernando Valdés

Se cumplió el primer año de la elección del Papa. Desde el primer momento, Francisco ha estado con la gente y su popularidad es inmensa. Sin embargo, ¿cuántos conocen realmente su pensamiento y sus enseñanzas?
El Papa momentos después de su elección.
Con gran alegría fue acogida aquella “fumata” blanca, hace ya un año (13 marzo 2013). El saludo del recién elegido Pontífice, lleno de sencillez y cercanía, fue un anuncio del estilo que impondría el nuevo Papa.
Los gestos de cercanía con la gente, ya desde los primeros momentos, le consiguieron un puesto en los medios internacionales: desde celebrar el Jueves Santo en la cárcel romana para menores, hasta la apoteósica reunión con tres millones de jóvenes en Río de Janeiro.
Pero la proximidad de Francisco no ha sido sólo física, sino ante todo pastoral. Desde el inicio ha hablado de la misericordia, para buscar que los problemas más espinosos de la vida moral contemporánea no alejen de la Iglesia a los fieles.
Por eso, el Santo Padre ha insistido en la misericordia con los que fallan, y le ha quitado peso a los temas controversiales como aceptar el bautismo de un niño cuyos padres no están casados por la Iglesia, o el juicio respecto a una persona homosexual.
Esta gran cercanía hacia las personas que tienen dificultades para vivir la moral católica ha llenado de esperanza a millones de fieles. Pero –paradójicamente– esta gran luz se ha convertido en sombra para algunos, que han pensado y difundido que Su Santidad está cambiando la moral tradicional.
El caso más paradigmático de este eclipse fue aquella declaración que Francisco hizo en la conferencia de prensa en el avión, rumbo a JMJ de Río de Janeiro: “Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para criticarlo?” [Entrevista completa]
Estas palabras se ganaron muchas alabanzas, también por parte de activistas gays. Así, muchos entendieron la misericordia del Papa, aunque no pocos la malinterpretaron como un cambio en la doctrina de la Iglesia.
Son pocos los fieles que se han entendido el mensaje completo, el cual ha sido trazado en la Exhortación Apostólica “Evangelii Gaudium”. En este documento, el Pontífice explica el balance entre doctrina y misericordia.
Así, el Santo Padre explica que hay una jerarquía en las enseñanzas morales de la Iglesia (n. 36), que cuando no se respeta se oscurece el mensaje del Evangelio. Esto ocurre cuando se predican más algunos temas subordinados que los temas principales: “cuando se habla más de la ley que de la gracia”, o sea, más de las obligaciones morales que de la ayuda y del perdón divinos (cfr. n. 38).
El Papa enseña que desde esta jerarquía de enseñanzas “ninguna verdad es negada. (…) Es más, cada verdad se comprende mejor si se la pone en relación con la armoniosa totalidad del mensaje cristiano” (n. 39).
Este balance entre misericordia y firmeza doctrinal es paradigmático en el modo como Francisco explica el aborto. Con gran claridad y honestidad el Papa afirma que no hay cambios en la doctrina católica sobre el aborto y, a la vez, pide ayudar a las mujeres que pasan por esa dura situación (n. 214).
El Papa cercano que nos presentan los medios no es un Pontífice reformista, sino un Pastor valiente que lleva el mensaje de misericordia hacia quienes se pueden sentir excluidos por la doctrina.
Pero este mensaje de misericordia es continuamente eclipsado tanto por quienes no comprenden que la doctrina es para salvar no para condenar, como por quienes quieren prescindir de la doctrina para facilitar la salvación.

domingo, 9 de marzo de 2014

El Papa y los divorciados: ¿ya se puede?


Año 10, número 461
Luis-Fernando Valdés

El Santo Padre pidió recientemente misericordia hacia los divorciados; pidió no condenarlos sino caminar con ellos. Días antes Francisco elogió un discurso del card. Kasper que pedía reconsiderar que los divorciados vueltos a casar puedan recibir la Comunión. ¿Ha cambiado la postura de la Iglesia? 
 
El Card. Walter Kasper.
En el reciente consistorio de Cardenales, el Papa pidió a los purpurados que consideren la manera de incorporar a los divorciados a la acción pastoral de la Iglesia, como preparación para el próximo sínodo de obispos en octubre de este año.
Entre las intervenciones más sonadas fue la del teólogo y cardenal alemán, Walter Kasper, , pues el Papa mismo alabó su ponencia, la cual incluye la posibilidad de dar la Comunión sacramental a los divorciados vueltos a casar (lo cual hasta hoy está expresamente prohibido).
Con buen humor, el 20 de febrero pasado, el Papa comentó a los purpurados: “ayer por la noche volví a leer –¡pero no para dormirme!– el trabajo del cardenal Kasper, y querría darle las gracias porque encontré teología profunda y pensamiento sereno”.
Entonces, ¿el Papa da por buena la conclusión de Kasper? ¿Ya se puede el divorcio? ¿Ya se puede dar la Comunión a los divorciados que se vuelven a casar?
Para sorpresa de todos, si leemos la ponencia del Cardenal alemán, su mensaje afirma la doctrina tradicional y versa sobre la belleza de la familia tradicional. Reafirma la indisolubilidad del matrimonio, pero pone el énfasis en la fe y en la gracia del sacramento del matrimonio para mitigar lo jurídico.
Kasper elabora un discurso claramente teológico: la familia a luz de la creación, luego herida por el pecado y redimida por Cristo; se detiene en la familia como “Iglesia doméstica”, como clave para ayudar a los que ahora viven diversas realidades familiares (padres difuntos, separados, huérfanos, ancianos, etc.).
Es en el último punto del discurso del purpurado dónde se habla de los divorciados vueltos a casar. El tema central está en cómo hacer compatible la misericordia de Dios con el mandato divino de la indisolubilidad.
Mons. Kasper apunta dos hipótesis, cuyas “respuestas serán tarea del Papa y del [próximo] sínodo”. 1) Si el tema de la nulidad matrimonial, que actualmente sólo se puede resolver por vía de un tribunal judicial, se pudiera también resolver por vía pastoral, mediante “un sacerdote con experiencia espiritual y pastoral, como un penitenciario o vicario episcopal”. Dicho sea de paso, esto supondría una auténtica “revuelta” canónica, pero no doctrinal.
2) Hay personas divorciadas y vueltas a casar civilmente, cuyo matrimonio religioso sí es válido (y por tanto indisoluble). El card. Kasper dice que una minoría de ellos buscan realmente volver a los sacramentos. Para esos pocos propone que, después de un tiempo de penitencia y de discernimiento, sean admitidos a la confesión y a la comunión, como una medida de “tolerancia” mas no de “reconocimiento” a su nuevo matrimonio. (Esta hipótesis será muy difícil de hacer compatible con la doctrina vigente).
Conclusión. No ha cambiado la doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio ni sobre los divorciados vueltos a casar. Tampoco ha habido ninguna nueva indicación por parte del Santo Padre. Ni cambia la disciplina que prohíbe que estas personas pueden comulgar.
Sólo hubo un discurso lleno de misericordia, que rechaza el rigorismo (y por esto lo alabó el Papa Francisco), y que refleja el deseo de acercamiento de la Iglesia hacia a los divorciados vueltos a casar.

sábado, 1 de marzo de 2014

El retorno de Benedicto XVI

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Año 10, número 460

Luis-Fernando Valdés



Después de un año en la sombra, el Pontífice emérito volvió a la luz pública, entre alegrías… y nuevas polémicas: ¿fue válida su renuncia? ¿cuál es su relación con Francisco? ¿gobierna tras el trono?
Primera aparición pública de Benedicto XVI desde su renuncia.

















Se cumplió un año de la dimisión de Benedicto XVI al Solio Pontificio. Fue aquel 28 de febrero del año pasado, cuando el anciano y cansado Pontífice partió a Castelgandolfo y dejó vacante la Sede Apostólica.

Después de varios meses de haber dejado el Palacio vaticano, el Papa emérito volvió al convento “Domus Ecclesiae”, ubicado en los jardines vaticanos, de donde prácticamente no había salido… hasta que se hizo presente en público, durante la ceremonia de investidura de nuevos cardenales presidida por Su Santidad Francisco.

Con motivo de este primer aniversario, surgieron diversas voces que afirmaron que la renuncia no fue válida. Entre ellas figuraban los artículos del importante periodista italiano Antonio Socci, que publicó en el periódico “Libero”: “El problema de la validez canónica de su dimisión [de Benedicto] es enorme” (12 febrero), y “Pero, ¿quién es el Papa?” (16 febrero).

Basados en el atuendo color blanco del Pontífice emérito, algunos dijeron que en realidad Benedicto viste así porque sigue teniendo poder en el Vaticano. La relación con Francisco sería algo así como la de un rey respecto a un virrey.

A esto hay que sumarle que el teólogo Hans Küng (conocido por sus posiciones abiertamente encontradas con la Santa Sede) dio a conocer el contenido de una carta que hace pocas semanas le envió el Pontífice emérito.

En ella, Benedicto XVI afirma su amistad con el Papa Bergoglio y explica que su actual misión es apoyarlo: “Me alegra mucho poder estar unido al Papa Francisco por una gran coincidencia de puntos de vista y por una amistad de corazón. Hoy veo como mi única y última tarea sostener su Pontificado en la oración”. [Ver]

Las reacciones en la opinión pública fueron de confusión: ¿eso lo escribió o no el Papa emérito? Por eso, el vaticanista Andrea Tornielli le escribió, el 16 de febrero, una carta a Benedicto XVI para preguntarles directamente sobre estas polémicas.

Dos días después, el Papa emérito contestó al periodista con una carta personal, en papel membretado y le respondió con llaneza y claridad, primero, sobre la validez de su dimisión, en estos términos:

“No cabe la menor duda sobre la validez de mi renuncia al ministerio petrino. La única condición [canónica] de la validez es la plena libertad de la decisión. Las especulaciones sobre la validez de la renuncia son simplemente absurdas”.

Así desmiente Benedicto mismo las especulaciones de que dimitió por presiones de la Curia. Si hubiera sido bajo coacción la renuncia sería inválida, pero aquí aclara que lo hizo libremente.

Sobre el tema de las vestiduras blancas, Benedicto XVI escribe: “El conservar el hábito blanco y el nombre de Benedicto es una cosa solamente práctica. Al momento de la renuncia no estaban a disposición otros vestidos. Por lo demás, llevo la sotana blanca de una manera claramente diferente de la del Papa. También aquí se trata de especulaciones sin el mínimo fundamento”.

Por último, para desmentir a aquellos que dudan de la buena relación de Joseph Ratzinger con el Papa Bergoglio, Benedicto escribió que el Prof. Küng citó literalmente y de modo correcto la carta que le envió.

Benedicto volvió a escena, pero jugando el papel que verdaderamente tiene: el de un Pontífice emérito, que ya no detenta el poder supremo en la Iglesia, y que aprecia y apoya a Su Santidad Francisco.


domingo, 23 de febrero de 2014

Papa y los Pentecostales: ¿ya no hay diferencias?


Año 10, número 359
Luis-Fernando Valdés

El Papa Francisco vuelve a sorprendernos. En una reunión con el Obispo anglocarismático Tony Palmer, grabó un mensaje para una asamblea de Pentecostales reunida en Texas. Luego Palmer afirmó públicamente que las diferencias ya no importan ahora. ¿El Santo Padre declaró ya la unidad de ambas religiones?

El Obispo anglicano Tony Palmer.
Aunque Su Santidad nos tiene acostumbrados a manifestar su cercanía con mucha sencillez, ha sido una agradable sorpresa que grabara un mensaje en el iPhone del Obispo anglicano, en una reciente reunión en el Vaticano, el pasado 14 de marzo.
Anthony Palmer es inglés y líder de una comunidad protestante de estilo carismático y liturgia anglicana llamada The Ark Community, integrada en una alianza de congregaciones de estilo carismático y anglicano llamada en inglés CEEC (Comunión de Iglesias Episcopales Evangélicas).
Cuenta Palmer que fue iniciativa del Papa hacer esa grabación, que le dio la vuelta al mundo porque ahí aparece el Romano Pontífice hablando en inglés, durante unos instantes, aunque luego retomó el italiano.
En el mensaje, lleno de cariño y deseos de unidad, el Papa pidió a Dios el milagro de la unidad. Y llamándolos hermanos, les solicita a los pastores pentecostales que recen por él. Días después, ellos le enviaron un video con esa oración por él.
El núcleo del mensaje, que el Papa Francisco pronunció con el “lenguaje del corazón”, está centrado en el encuentro entre hermanos, como el que tuvieron en Egipto, José (el “soñador”) y sus hermanos que lo habían vendido. Su Santidad invitó a católicos y protestantes a “llorar juntos el llanto que une”.
Con claridad, el Santo Padre afirmó que la causa de la separación han sido los pecados de todos. Pero lleno de esperanza dijo que la unidad es un milagro, que Dios ya ha iniciado, y recordó que Dios nunca hace los milagros a medias.
Todo esto es una señal maravillosa del empeño del Primado Romano y de un Obispo anglicano de buscar la unidad. En otro video, Tony Palmer afirmó (hablando perfecto italiano) que el gran obstáculo para la nueva Evangelización es la falta de unidad, como Jesús advierte en el Evangelio de Juan; lo cual es exactamente lo mismo que afirmamos los católicos.
Hasta aquí todo va muy bien. El Papa Francisco no hizo ninguna alusión a temas doctrinales (que son el punto que nos divide), sino habló desde la caridad, que es la pieza clave del ecumenismo, y pidió oraciones, que son el punto donde hoy mismo podemos ya tenemos una unidad verdadera.
El problema vino después cuando, con el buen deseo de restablecer cuanto antes la unidad, el estimado Obispo Palmer afirmó en aquella reunión de pastores pentecostales en Texas, que “ya no estamos protestando contra la doctrina de salvación de la Iglesia Católica; ahora predicamos el mismo evangelio”.
Palmer afirmó que para predicar la salvación es necesaria la unidad de los cristianos y que desde la Declaración Conjunta Católico-Luterana de 1999 sobre la “Doctrina de la justificación” ya no hay razones para la división.
En realidad, las diferencias doctrinales ahí siguen. Aunque la “Doctrina de la justificación” es importante, no es en absoluto la única cuestión que divide a protestantes y católicos (eclesiología, sacramentos, mariología, canon bíblico, etc).
Pero ahora hay algo distinto que en las polémicas de antaño: católicos y pentecostales nos llamamos hermanos, reconociendo que los fieles de ambas confesiones hemos recibido un mismo bautismo. Por esta unidad bautismal y, mediante la caridad y la oración, podremos llegar más adelante a la plena unidad que también debe ser doctrinal y ritual.

lunes, 17 de febrero de 2014

Benedicto XVI, ¿un año en la sombra?


Año 10, número 458
Luis-Fernando Valdés

Se cumplió un año de la renuncia de Benedicto XVI al Pontificado romano. Ante el impacto mediático del Papa Francisco, la figura del Pontífice emérito ha quedado casi olvidada. ¿Tendrá alguna trascendencia el Papa alemán para la Iglesia? 

 
Benedicto XVI anunciando su dimisión.
Son inolvidables las emociones de aquel lunes 11 de febrero del año pasado, cuando el Papa Benedicto se dirigió en latín al Colegio de Cardenales reunidos en Consistorio y les anunció su dimisión.
Algunos, al recibir la noticia, pensamos que se trataba de una confusión o de un rumor falso, como en tantas otras ocasiones durante el Pontificado del querido Papa Ratzinger. Pero cuando verifiqué la información en la página web oficial de noticias de la Santa Sede, se me encogió el corazón: sí era verdad, el Santo Padre había renunciado.
Las siguientes jornadas fueron muy intensas: el último Angelus desde el balcón, las últimas audiencias, el viaje de despedida hacia Castelgandolfo; y los preparativos (con sus correspondientes especulaciones) sobre el Cónclave que elegiría al siguiente Pontífice.
Benedicto XVI pasó entonces varios meses viviendo en la residencia de verano de los papas, antes de volver al Vaticano, para residir en el antiguo convento situado en los jardines vaticanos, para “vivir como monje”, como él mismo comentaría después.
Sabemos por las declaraciones de su secretario personal, Mons. Georg Gänswein, que actualmente Benedicto XVI se dedica a rezar y a leer, y que, con frecuencia, en las noches, interpreta al piano piezas clásicas.
Mientras el Papa Francisco cada vez es más y más buscado por la gente, el Papa emérito se empeña en cumplir su palabra de renunciar tanto a hacer vida pública, como a llevar una vida privada entendida como dedicarse a sus propios planes: viajar, a tener reuniones, dar conferencias.
Parecería, a primera vista, que el Papa emérito pasará a la historia como un “papa de transición” entre Juan Pablo II y Francisco. También se podría tener la impresión de que el Papa alemán termina sus días de un modo gris.
Sin embargo, esta sombra voluntaria en la que el gran Joseph Ratzinger decidió pasar el resto de sus días, ya desde ahora resulta muy luminosa. Tan llena de luz como toda la vida y misión de este gran personaje.
En efecto, la misión de Joseph Ratzinger ha sido, desde joven, dar luz. Primero lo hizo desde su papel como académico de altura, que tuvo especial relieve en el Concilio Vaticano II, más tarde como Obispo de Ratisbona, después junto a Juan Pablo II y finalmente como el “Papa teólogo”.
Pero ahora sigue dando luz, desde el encierro en el que vive. El valor de aceptar sus limitaciones y de renunciar desafiando a la historia (pues en 600 años no había dimitido ningún pontífice) marca una nueva etapa para el Pontificado romano del siglo XXI.
El mensaje silencioso del Papa emérito es luminoso: él buscó primero el bien de la Iglesia que el suyo propio; y, ante su ancianidad y falta de fuerzas, prefirió renunciar para dar lugar a un nuevo Pontífice que pudiera enfrentar con más dinamismo la crisis actual de la Iglesia.
Este gesto heroico de Benedicto XVI siempre será una invitación a todos los que detentan un cargo para que examinen su actitud: si pretenden el poder por el poder, o si buscan realmente el bien de los demás.
El Pontífice emérito ha traído una revolución en la concepción del poder, entendido ahora como servicio. Esperemos que está brillante lección sirva no sólo para los futuros papas, sino también para presidentes, gobernadores, obispos, párrocos, directores de empresas, gerentes…
lfvaldes@gmail.com
http://www.columnafeyrazon.blogspot.com

domingo, 9 de febrero de 2014

La ONU amonesta al Vaticano… una vez más

Año 10, número 457
Luis-Fernando Valdés

La ONU publicó un informe que acusa a la Santa Sede de no hacer nada para evitar la pedofilia. Esta noticia apareció en los medios como un regaño de la ONU al Vaticano por incumplimiento. ¿Qué sucedió en realidad?

Kirsten Sandberg, presidenta del Comité de la
ONU para los Derechos de los Niños.
El pasado 5 de febrero, el Comité para los Derechos del Niño de las Naciones Unidas dio a conocer un informe de 16 páginas en el que reprocha al Vaticano de no haber “tomado las medidas necesarias para afrontar los casos de abuso sexual a niños y protegerles”.

Para entender este conflicto, veamos primero el contexto. En 1989, la ONU estableció un tratado conocido como la “Convención sobre los Derechos del Niño”. La Santa Sede fue uno de los primeros países en firmarlo, en 1990.

Cada cierto tiempo, los países miembros deben dar un informe sobre los derechos de los niños en su demarcación. El pasado 16 de enero, como comentamos en esta columna, el Vaticano rindió su informe, con datos contundentes, como el cese de casi 400 sacerdotes pedófilos en los últimos años.

Ahora, el Comité de la ONU publica su respuesta a ese informe de la Santa Sede. Pero, aunque el documento de la ONU coincide en sus propuestas con las líneas de tolerancia cero ya tomadas por la Sede Apostólica, más bien parece desconocer las medidas de transparencia del Vaticano implementadas en los últimos tres años.

El documento de la ONU indica que “el Comité está gravemente preocupado por que la Santa Sede no haya reconocido la extensión de los crímenes cometidos, no haya tomado las medidas necesarias para afrontar los casos de abuso sexual a niños y protegerles, y haya adoptado unas prácticas públicas que conducen a la continuación del abuso y a la impunidad de los perpetradores”.

Y pide al Vaticano que “retire inmediatamente” a todos los miembros del clero que hayan cometido abusos sexuales a menores, o se tenga la sospecha de ello, y que los entregue a las autoridades civiles, en lugar de moverlos “de parroquia en parroquia”.

Sin embargo, quienes hemos seguido este importante caso notamos que el informe se basa en acusaciones anteriores al 2005, y que no hace referencia a todas las medidas de Benedicto XVI tanto legislativas como ejecutivas, entre ellas la figura del fiscal anti-pedofilia, el reconocimiento público de esos crímenes, la remoción de no pocos obispos encubridores y la medida de entregar a las autoridades civiles a los clérigos que cometan ese crimen.

Es muy curioso que el Comité no haya tomado en cuenta el trabajo realizado por el Vaticano. El Observador permanente de la Santa Sede ante la ONU, Mons. Silvano Maria Tomasi, manifestó, sobre este aspecto negativo del documento, “que parece que ya hubiera sido preparado antes del encuentro del Comité con la delegación de la Santa Sede (16-I-2014)”.

¿Qué hay de fondo? La clave de este informe es ideológica, como se pude leer en las criticas a las Santa Sede sobre la homosexualidad y sobre el aborto. Pero esto no concuerda con el texto de Convención de 1989, que en su preámbulo habla de la defensa de la vida y de la protección de los niños antes y después del nacimiento.

En este caso concreto, se puede apreciar que un Comité de la ONU utilizó una estrategia de desprestigio a la Iglesia (“no protegen de los pedófilos a los niños”), para filtrar una ideología (homosexualidad y aborto) mediante la descalificación de la postura de la Iglesia. ¿No es esto un atropello a la libertad religiosa?

sábado, 1 de febrero de 2014

Los límites de la muerte legal

Año 10, número 456
Luis-Fernando Valdés

El caso de Marlise Muñoz conmovió a Texas y a medio mundo. Estaba embarazada, sufrió una embolia que le condujo hacia la muerte cerebral. El marido y la familia de ella pidieron que fuera desconectada del respirador artificial. ¿Tenía derecho a vivir ese feto?

Marlise Muñoz, descanse en paz.

La opinión pública estuvo en vilo esperando la decisión de los jueces para mantener o no con vida artificial a Marlise, mujer texana de origen hispano de 33 años, que llevaba 14 semanas de gestación cuando tuvo una embolia pulmonar.

Marlise fue declarada en muerte clínica el 28 de noviembre, pero no la desconectaron de las máquinas que mantenían su actividad cardiaca y respiratoria hasta el pasado domingo, 26 de enero, cuando el bebé ya era un feto de 21 semanas. [Nota1, nota2, nota3]

El caso tiene varios aspectos a considerar. Primero, el dolor del marido, Erick Muñoz, y de la familia de Marlise. Sin duda, para ellos habrá sido un momento duro. Aunque no estemos de acuerdo con su decisión, no dudamos de su dolor y los respetamos sinceramente.

Después está la contraposición entre el derecho y la vida apoyada por la tecnología médica. La medicina actual es capaz de ayudar a que un bebé continúe su gestación, aunque su madre esté clínicamente muerta. Pero el derecho en Texas no tenía prevista esta situación y no pudo proteger a este nascituro.

El Hospital John Peter Smith luchó hasta el final para mantener la vida del feto, remitiéndose a una ley aprobada por el Congreso de Texas en 1989, que establece que nadie puede terminar con un tratamiento para mantener la vida artificialmente de una paciente embarazada.

Sin embargo, los abogados de la familia utilizaron una argumentación sesgada:  si la paciente está muerta, ni puede estar embarazada ni se le pueden aplicar medidas para sustentar la vida, ya que no dispone de ella. Además, sostuvieron que esa ley que ordena llevar a termino la gestación se refiere a mujeres embarazadas en estado vegetativo o de coma, no en muerte cerebral.

Esto argumentos presentan una falacia: ponen el énfasis en la madre, que ha muerto, pero no atienden al bebé que está vivo, con una vida propia. El nascituro requiere de la ayuda de su madre para ser viable, pero la vida que posee es de él.

En este caso, la tecnología podía mantener artificialmente las funciones vitales de la madre, para que el hijo sobreviviera. Y una vez que el feto fuera viable, se podía realizar una cesárea y sólo entonces desconectar a la madre fallecida.

El juez R. H. Wallace de Fort Worth (Texas) dio la razón a la familia el pasado viernes y obligó al centro médico a desconectar a la paciente. Wallace declaró: “Respeto los argumentos del hospital tratando de seguir la ley, pero sus secciones no son aplicables para alguien que esté muerto”.

La clave para entender este caso consiste en no confundir lo legal con lo moralmente correcto. Desconectar a Marlise fue legal pues un juez lo ordenó. Pero no fue una acción éticamente buena, ya que no se respetó la vida de un nascituro. El juez se empeñó en respetar la letra de la ley, pero no su espíritu: defender la vida nasciente.

No es una acción moral sacrificar al feto para permitir que la madre terminé el proceso de morir. Si esta persona no hubiera estado embarazada, sí hubiera sido lícito no prolongar artificialmente su vida. Pero aquí había un tercero involucrado.

No pretendemos juzgar a su marido, ni añadir más dolor a su duelo. Pero ojalá hubiera habido alguien que le hubiera dicho fraternalmente al oído: “es cuestión de unas pocas semanas más, ¡vale la pena!”