martes, 20 de marzo de 2012

Benedicto XVI, en diálogo con el Islam


Conoce al Papa, n. 20.
Luis-Fernando Valdés

Benedicto XVI rezando en la Mezquita Azul,
durante su viaje a Turquía en 2007.
En continuidad con Juan Pablo II, el Papa alemán ha puesto en práctica las orientaciones del Concilio Vaticano II sobre el diálogo con las religiones no cristianas. Respecto al Islam, este Concilio afirma que “la Iglesia mira también con aprecio y los musulmanes que adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todo poderoso” e invita a que “olvidando lo pasado, procuren y promuevan unidos la justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad para todos los hombres” (Nostrae Aetate, n. 3).

Y esta ha sido la tarea de Benedicto XVI, que ha tenido diversos encuentros con las comunidades musulmanes de Colonia, Alemania, Roma y Amman (Jordania), entre otras. Además que se ha reunido con los principales líderes religiosos islámicos en la diversas Jornadas Mundiales de la Paz, en Asis (Italia).

Sin embargo, a pesar de tantas muestras te concordia, ante la opinión pública se magnificó un triste malentendido, conocido como el “Discurso de Ratisbona”, ocurrido durante el viaje de Benedicto XVI a su natal Baviera, cuando el Papa pronunció una lección magistral en su antigua Universidad (12.IX.2006).

El texto académico tocaba el tema de la religión y la razón. Y el Papa utilizó una cita del emperador Manuel II, en la que éste reclama a un interlocutor musulmán, que el Islam era impuesto por medio de la espada.

Pero esta cita fue malinterpreta en el mundo musulmán, en donde se llevaron a cabo numerosas manifestaciones de protesta. Por eso, días después, Benedicto XVI aclaró que “lamentablemente, esta cita ha sido considerada en el mundo musulmán como expresión de mi posición personal, suscitando así una comprensible indignación”. Y manifestó su deseo de “que el lector de mi texto comprenda inmediatamente que esta frase no expresa mi valoración personal con respecto al Corán, hacia el cual siento el respeto que se debe al libro sagrado de una gran religión”. (Cfr. Discurso, 12.IX.06, nota 3).

Y un tres meses después, el Santo Padre visitó Turquía y  ahí mostró con hechos este respeto hacia el Islam. En la Mezquita Azul, uno de los principales lugares de culto musulmán en ese país, Benedicto XVI meditó con los ojos cerrados y las manos juntas durante un minuto, mirando hacia la Meca. Esta señal fue tomada como muestra de reconciliación. El New York Times calificó este viaja como exitoso. Y el periódico Hurriyet, el mismo que criticó duramente aquel discurso, aseguró que el Pontífice es un personaje simpático a los ojos de la población turca.

A pesar de todo, el Discurso de Ratisbona fue escuchado con sinceridad por muchos intelectuales musulmanes, que deseaban dialogar con el cristianismo. Exactamente un año después, el 13 de octubre de 2007, 138 musulmanes firmaron una carta titulada Una palabra común entre nosotros y ustedes, en la que exponían que el amor es el principio común entre ambas religiones.

El Papa respondió a este mensaje durante un discurso en la Mezquita de Amman, en 2009, donde explicó que “la reciente carta ‘Una palabra común’, […] se hacía eco de un tema similar al que afronté en mi primera encíclica: el vínculo inquebrantable entre el amor a Dios y el amor al prójimo, así como la contradicción fundamental de recurrir a la violencia o a la exclusión en nombre de Dios” (Discurso, 9.V.2009).

Así podemos ver una vez más, el exquisito respeto del Benedicto XVI por las creencias de los musulmanes, que ellos mismos han sabido valorar; y también constatamos su facilidad de diálogo para tender puentes con la religión islámica.

lunes, 19 de marzo de 2012

El difícil caso de los lefebvrianos


Conoce al Papa, n. 19.
Luis-Fernando Valdés


Benedicto XVI ha mostrado que es un Pastor con gran decisión para abordar los problemas más espinosos que aquejan a la Iglesia. Pero ya desde su época como Prefecto de la Doctrina de la Fe, el Card. Ratzinger había recibido de Juan Pablo II encargos muy complicados, como el diálogo con los lefebvrianos.

Esta historia comienzó en 1969, cuando el obispo francés Marcel Lefebvre fundó la Fraternidad sacerdotal San Pío X. Se trata de una asociación tradicionalista de sacerdotes que pone en duda que sea obligatorio aceptar algunos puntos del Concilio Vaticano II, especialmente la reforma litúrgica y el ecumenismo (cfr. Rome Reports, 6.X.2011).

La relación entre esa Fraternidad y la Santa Sede siempre fue tensa. Pero empeoró cuando en 1988, Mons. Lefebvre ordenó a 4 obispos sin el permiso pontificio, lo cual es castigado con excomunión “latae sententia” (por el hecho mismo de cometer ese delito). Y así se produjo un cisma, pues los nuevos obispos ya no estaban en comunión con el Papa.

De inmediato, Juan Pablo II designó al Card. Joseph Ratzinger para dialogar con Mons. Lefebvre, pero no se logró devolverlo a la unidad. Después, el Papa polaco creó la Comisión “Eclesia Dei” para dialogar con esta Fraternidad cismática, y algunos de ellos volvieron a la unidad con el Romano Pontífice.

Desde su elección en 2005, Benedicto XVI ha tenido, como un tema importante de su Pontificado, facilitar la vuelta de los lefebvrianos. Con tal de lograr esta unidad, el Santo Padre ha tenido muchos gestos de complacencia con ellos, los cuales, en la mayoría de los casos, no han sido devueltos por los lefebvrianos (cfr. Pablo Blanco, El Papa alemán, p. 457).

En 2007, se reanudaron las conversaciones entre la Comisión “Ecclesia Dei” y los lefebvrianos, y se elaboró un documento conjunto para establecer las condiciones, bajo las cuales la Fraternidad volvería a ser aceptada en la Iglesia, y que ponía el 30 de junio de 2008 como límite para que los lefebvrianos dieran su respuesta… la cual nunca llegó.

Mons. Richard Williamson era anglicano,
y pasó directamente a lefebvriano,
sin ser nunca católico romano.
Benedicto XVI buscó tener un gesto más de amabilidad y levantó la excomunión de aquellos cuatro Obispos, el 21 de enero de 2009. Pero ese mismo día, la televisión sueca transmitió por primera vez una entrevista con Richard Williamson, filmada en diciembre de 2008, en la que este obispo lefebvriano minimizaba el Holocausto (cfr. Peter Seewald, La luz del mundo, p. 135 nota 1). La reacción de la prensa fue inmediata. Y el Gran Rabinato de Israel rompió relaciones con el Vaticano; aunque esta tensión se arreglaría con el viaje del Papa a Tierra Santa en mayo de ese año.

Respecto a las declaraciones negacionistas o reduccionistas de la Shoah, por parte Williamson, el Vaticano emitió un comunicado que las calificaba como “absolutamente inaceptables y firmemente rechazadas por el Santo Padre”, y aclaraba que eran “desconocidas por el Papa en el momento de la remisión de la excomunión” (cfr. El Papa alemán, p. 459).

A pesar de las continuas negativas de la Fraternidad San Pío X, el Santo Padre sigue buscando la unidad, y les ha ofrecido generosamente volver a la Iglesia católica si aceptan una lista de puntos doctrinales. Su futuro dependerá de si ellos lo aceptan o no.

Este cisma nos ha permitido observar la profunda caridad pastoral de Benedicto XVI, pues el Papa ha buscado este diálogo pensando siempre en el bien espiritual –en la vuelta a Casa– de las más de 500 mil personas que, de buena voluntad, pertenecen a este movimiento.

domingo, 18 de marzo de 2012

La “República laica” a debate


Año 8, número 358

Luis-Fernando Valdés

Se acaban de aprobar dos reformas a la Constitución mexicana, en materia religiosa. Los artículos 24 y 40 ha sido modificados para garantizar el Estado laico y la libertad religiosa. Las reacciones no se han hecho esperar: algunos dicen que se traicionó el laicidad del País, y otros afirman que la libertad de religión no quedó plenamente garantizada. Pero, ¿exactamente en qué consisten realmente estos cambios en la Ley fundamental?

Las Comisiones que aprobaron la propuesta de modificación
a los artículos 24 y 40 de nuestra Constitución.
Primero las Comisiones de Puntos Constitucionales y Estudios Legislativos aprobaron la reforma del art. 40 y, una vez aprobada esta modificación al dictamen de reforma, los senadores iniciaron la discusión de la reforma al art. 24, que habla sobre las libertades religiosas. [Noticia]

La reforma del art. 40 añade la palabra “laico” como una de las características del concepto de República mexicana. Actualmente, este artículo dice literalmente: “es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República representativa, democrática, federal, compuesta de estados libres y soberanos […] pero unidos en una federación […]”. La modificación establece que ahora México es también una “República laica”.

Hoy día la separación entre Iglesias –en plural– y Estado mexicano es capital para garantizar la libertad religiosa de todos los ciudadanos: tanto los creyentes como los no creyentes. Sin embargo, todavía no es común entender la laicidad del Estado como garantía para libertad de las conciencias.

Esta falta de comprensión del Estado garante de todas libertades personales se puede apreciar en la exposición de motivos para esta reforma constitucional, como la minuta presentada el 24 de abril de 2008, en la que se lee lo siguiente:

“El orden político debe tener la libertad para elaborar normas colectivas sin que alguna religión o convicción particular domine el poder civil y las instituciones públicas. La autonomía del Estado implica entonces la disociación entre la ley civil y las normas religiosas o filosóficas particulares”.

En otras palabras, el término “laico” significaría que las Iglesias o grupos civiles no pueden interferir con el proceso legislativo de la Cámaras, cuando no estén de acuerdo con una ley. Pero esto es antidemocrático, pues en una Democracia todos pueden expresar sus convicciones y pedir que sean incluidas en la ley.

En esa misma minuta del 2008, se propone que “el principio de la laicidad debe ser en consecuencia rector en los debates en torno a diferentes cuestiones que ponen en juego la representación de la identidad nacional, las reglas de salud pública […]”.

Si esto fuera el principio interpretativo del adjetivo “laico”, la ley estaría diciendo que la religión no puede ser un elemento de identidad nacional; pero no es lo mismo “católico” que “religioso”. Seguramente muchos fieles de otras confesiones se alegrarían de que la Constitución reconozca que la mayoría de los mexicanos creen en un Ser superior.

Además, menciona explícitamente la “salud pública”, con lo cual excluiría la voz de las grupos de creyentes en los temas de aborto, eutanasia, células madre, etcétera. Y esto se opone a la libertad opinión y de expresión.

Nos alegramos con la denominación “república laica”, siempre y cuando esta definición quiera decir que el Estado no adopta una religión o una ideología, con la finalidad de que cada ciudadano pueda escoger y ejercer su propia creencia, sin ser presionado por nadie. Sin embargo, debemos seguir pendientes para que “estado laico” no signifique una exclusión de la esfera religiosa en el ámbito social y público.

El Papa alemán y el Pueblo judío


Conoce al Papa, n. 18
Luis-Fernando Valdés

Benedicto XVI en el Muro de las Lamentaciones,
en su viaje a Tierra Santa (2009).
Una estudiante universitaria judía, inteligente y de gran corazón, me contó que, cuando Benedicto XVI fue elegido, pensó: “como este Papa es alemán, no nos va a querer a los judíos”. Este comentario refleja un prejuicio común: afirmar gratuitamente que, por ser teutón, Joseph Ratzinger no debería apreciar a los hebreos. Pero esta misma estudiante reconocía que los hechos han mostrado lo contrario: la excelente relación del Papa con el Pueblo de Israel.

En 2005, el Papa Ratzinger visitó la sinagoga de Colonia. Allí, manifestó su intención de “continuar el camino hacia una mejora de las relaciones y de la amistad con el pueblo hebreo”. Como en ese año se cumplía el 60º aniversario de la liberación de Auschwitz, el Pontífice expresó su profundo respeto a las víctimas del holocausto: “Me inclino ante todos los que experimentaron aquella manifestación del ‘mysterium iniquitatis’ ” (Discurso, 19.VIII.2005).

En 2006, en su viaje a Polonia, Benedicto XVI visitó Auschwitz. Y ahí afirmó que con la Shoa, los nazis “querían matar a aquel Dios que llamó a Abraham, que hablando en el Sinaí estableció los criterios para orientar a la humanidad, criterios que son válidos para siempre”. “En realidad, –dijo– con la destrucción de Israel, con la Shoah, querían en último término arrancar  también la raíz en la que se basa la fe cristiana, sustituyéndola definitivamente con la fe hecha por sí misma, la fe en el dominio del hombre, del fuerte” (Discurso, 28.V.2006).

En 2008, el Santo Padre fue recibido en la sinagoga de Nueva York. Su saludo fue emotivo: “Shalom!  He venido aquí con gran alegría […] para expresar mi respeto y estima a la comunidad judía de Nueva York. […] Me resulta conmovedor recordar que Jesús, siendo joven, escuchó las palabras de la Escritura y rezó en un lugar como éste” (Discurso, 18.IV.2008).

En 2009, el Papa Benedicto viajó a Tierra Santa, en pleno conflicto entre israelíes y palestinos. Esta visita apostólica permitió ver la talla intelectual, la altura moral y la experiencia diplomática del Santo Padre, que lo llevaron a sacar adelante uno de los reto más grandes de su pontificado: hablar de la paz a dos naciones en conflicto.

El Pontífice con gran claridad exhortó a la paz a ambos pueblos: “Permítame lanzar este llamamiento a todas las personas de estas tierras: ¡Nunca más derramamiento de sangre! ¡Nunca más enfrentamientos! ¡Nunca más terrorismo! ¡Nunca más guerra!” (Discurso, 15.V.2009).

En 2010, tuvo la oportunidad de repetir la visita de un Papa a la sinagoga de Roma. En su discurso, interrumpido en siete ocasiones por los aplausos de los presentes, Benedicto XVI reconocío que “cristianos y judíos tienen en común gran parte de su patrimonio espiritual, rezan al mismo Señor, tienen las mismas raíces, pero con frecuencia se desconocen mutuamente”.

Por eso, para tender puentes, el Santo Padre destacó la multisecular convivencia pacífica entre judíos y católicos que viven la Ciudad Eterna, donde habitan “la comunidad católica con su Obispo y la comunidad judía con su rabino jefe”, y animó a “que esta convivencia sea animada por un creciente amor fraterno” (Discurso, 17.I.2010).

Con cierta rapidez, la fama del respeto y aprecio del Papa por los judíos ha ido creciendo, porque Benedicto XVI siempre ha reconocido la realidad del holocausto, y le ha dado un sentido religioso: fue una atentado contra el Dios que se reveló a Israel. Y, además, este gran prestigio ha crecido porque el Papa ha buscado el diálogo y la convivencia entre cristianos y judíos.

sábado, 17 de marzo de 2012

Un Papa para la ciencia


Conoce al Papa, n. 17.
Luis-Fernando Valdés

Desde su época de Profesor,
el Papa dialogó con las ciencias.
El prestigio intelectual del Benedicto XVI se extiende más allá de la teología y llega también al mundo de la ciencia experimental. Al igual que a Juan Pablo II, al Papa alemán le interesan mucho los temas de la ciencia contemporánea. De hecho, es miembro de varios institutos científicos. Hay varias anécdotas que reflejan bien este sincero aprecio por la ciencia.

Peter Seewald, periodista alemán y amigo del Papa, cuenta que “como cardenal, Ratzinger abrió a los estudiosos los archivos de la Inquisición. Por primera vez en la historia de la Iglesia, los investigadores podían estudiar los documentos originales de que disponía. Esto motivó que los astrónomos le honrasen dando al asteroide 8661 el nombre de ‘Ratzinger’. Este asteroide tiene alrededor de diez kilómetros de lado y es uno de los muchos miniplanetas que rodean al Sol entre Marte y Júpiter” (cfr. Una vida para la Iglesia, p. 81).

Con motivo del “Año Internacional de la Astronomía” (2009), que celebraba el 400 aniversario de las primeras observaciones astronómicas hechas con telescopio, por el célebre físico y astrónomo italiano Galileo Galilei, el Santo Padre expuso a los participantes de un coloquio organizado por el observatorio espacial vaticano, que es importante el método científico –atenta observación, juicio crítica, paciencia y disciplina– para poder respetar la naturaleza y el mundo que nos rodea. ¿Acaso no contrastan estas palabras con el prejuicio de que la Iglesia rechaza la ciencia?

 En esa misma ocasión, el Romano Pontífice recordó la actitud de los pioneros de la astronomía, que supieron armonizar sus conocimientos particulares con el resto del saber: “los grandes científicos de la época de los descubrimientos también nos recuerdan que el conocimiento auténtico siempre se dirige a la verdadera sabiduría, y en lugar de restringir los ojos de la mente, nos invita a elevar nuestra mirada a un plano superior del espíritu”. E indicó el núcleo de la cuestión, al señalar que la contemplación de los fenómenos astronómicos, que nos causan tanta admiración, nos deben llevar “a la contemplación del Creador y del amor que es la razón detrás de su creación” (cfr. Discurso, 30.X.2009).

Momento histórico. Video-conferencia de Benedicto XVI
desde el Vaticano, con los astronautas abordo de la
Estación Espacial Internacional (2011).
Y, ya que mencionamos el espacio sideral, ¿quién no recuerda el diálogo del Papa con los tripulantes de la Estación Espacial Internacional? En esa ocasión, Benedicto XVI les preguntó si en su “intenso trabajo de investigación” meditaban sobre el misterio de la creación y si de vez en cuando dirigían una oración al Creador. El astronauta italiano Roberto Vittori, que había recibido antes de partir para el espacio una medalla de Benedicto XVI, en la que se representa la creación del hombre, de Miguel Ángel, aseguró que al ver la belleza del planeta “rezo por mí, por nuestras familias, por nuestro futuro” (Cfr. Vatican Information Service, 23.V.2011).

En la visión popular actual, no pocas personas tienen la falsa idea de que la Iglesia se opone a la ciencia y que, por eso, condenó injustamente a Galileo Galilei. Pero el Papa alemán, con su actitud da les una respuesta, ya que está dispuesto a dialogar con cualquier científico que, como él, esté en búsqueda de la verdad.

Así descubrimos una faceta más de la rica personalidad del Santo Padre, quien además de tener gusto por la teología, por la filosofía y por la música, es un verdadero conocedor de la ciencia, por la que tiene un aprecio sincero.