sábado, 23 de febrero de 2013

La última jugada de Benedicto


Especial: Renuncia del Papa, n. 12.
Luis-Fernando Valdés

La renuncia de Benedicto XVI a la sede de Pedro ha puesto de manifiesto las dificultades que tiene que enfrentar diariamente el supremo Pontífice católico, y para las cuales el Papa alemán se ha declarado ya sin fuerzas físicas. Pero, ¿el Santo Padre simplemente se va como si admitiera una gran derrota?

Benedicto XVI apuesta su última jugada…
a la oración y al sacrificio.
El Pontificado de Benedicto XVI se puede calificar como un período en el que los medios estuvieron más centrados en las gestiones del Santo Padre y el manejo de las crisis, pues el Papa enfocó sus fuerzas más en el interior de la propia Iglesia que en viajes apostólicos.
El Papa Ratzinger con valentía abordó los temas más complicados que, antes como Cardenal, había afrontado al lado de Juan Pablo II: los escándalos de clérigos pederastas, la disciplina litúrgica, la Iglesia perseguida en China, en algunos países de África y sobre todo de Medio Oriente, el ecumenismo y la formación de los candidatos al sacerdocio, entre otros.

Ya desde su época de Prefecto para la Congregación para la Doctrina de la Fe, gestionó momentos de crisis como el auge de la “Teología de la liberación”. Como Sucesor de Pedro, Benedicto XVI enfrentó los abusos a menores y retiró de su cargo a los obispos que habían incurrido en ese delito o que lo habían encubierto; además, dictó normas para atender a las víctimas y para castigar a los pederastas.

Ante la renuncia del Santo Padre, surge una gran pregunta. Si es un experto en “apagar fuegos”, si lleva décadas manejando los asuntos más complicados, ¿por qué se retira ahora? ¿se sintió incapaz de resolver las duras situaciones que hoy afectan a la Iglesia?

En realidad, lejos de declararse derrotado, el Papa Ratzinger está a punto de realizar una doble “jugada maestra”. Por una parte, para que la Iglesia pueda ser servida como se requiere hoy día, cede su puesto para un nuevo Pontífice más joven y fuerte, que pueda realizar viajes pastorales y tenga la energía para continuar la limpieza al interior de la Iglesia.

Pero además, Benedicto XVI le está apostando con gran fe a la oración. Cree con todo su corazón que lo mejor que puede hacer ahora mismo por la Iglesia es rezar. Así lo manifestó en su discurso de renuncia, en el que afirmó: “deseo servir devotamente a la Santa Iglesia de Dios en el futuro a través de una vida dedicada a la oración”.

En una homilía del 2006, el Papa expresó su gran convicción de que la oración es el gran remedio antes las dificultades. “A nosotros muchas veces nos parece que Dios deja demasiada libertad a Satanás; que le concede la facultad de golpearnos de un modo demasiado terrible; y que esto supera nuestras fuerzas y nos oprime demasiado. Siempre de nuevo gritaremos a Dios:  ¡Mira la miseria de tus discípulos! ¡Protégenos!”.

Y añadió: “La oración de Jesús es el límite puesto al poder del maligno. La oración de Jesús es la protección de la Iglesia. Podemos recurrir a esta protección, acogernos a ella y estar seguros de ella” (Homilía, 29.junio.2006).

Sí, ésa es la gran jugada: implorar la ayuda de Dios mediante la oración. Así lo dijo en su despedida del clero de Roma: “Aunque me retiro ahora, en la oración estoy siempre cercano a todos vosotros y estoy seguro de que también todos vosotros estaréis cercanos a mí, aunque permaneceré escondido para el mundo” (Discurso, 14.feb.2013).

Y lo reiteró en su último Angelus desde el balcón del Apartamento Pontificio, rodeado por unos cien mil fieles, expresó: "El Señor me llama … a dedicarme aún más a la oración y a la meditación. Pero esto no significa abandonar a la Iglesia, al contrario, si Dios me pide esto es justamente para que yo pueda seguir sirviéndola con la misma dedicación y el mismo amor con el que lo he hecho hasta ahora, pero en un modo más adecuado a mi edad y mis fuerzas" (24.feb.2013).

Se retira de la vida pública pero su fuerza espiritual seguirá. Estará lejos de la opinión pública pero su oración sostendrá a la Iglesia y al nuevo Papa. Su oración seguirá combatiendo las crisis que continúan vapuleando la Barca de Pedro.

viernes, 22 de febrero de 2013

El “dossier secreto” : ¿sexo y corrupción causaron la renuncia del Papa?


Especial: Renuncia del Papa, n. 11.

Luis-Fernando Valdés

En las últimas horas una noticia ha causado perturbación. Se dice que la investigación de los “vatileaks” descubrió una red de corrupción y homosexualidad dentro del Vaticano, y que, cuando Benedicto XVI leyó el dossier, decidió renunciar. ¿Esto es verdadero?

Mons. Julián Herranz, uno de los cardenales
que investigó los "vatileaks".
El jueves pasado (21.feb), la periodista italiana Concita De Gregorio, publicó en “La Reppublica” una investigación sobre la causas de la renuncia del Papa, que ella atribuye a la corrupción, a la luchas de poder y a desordenes sexuales de funcionarios vaticanos. [Ver artículo]

La reacción en la prensa internacional no espero, y algunos medios transmitieron la noticia en tono más bien “amarillista”. Por ejemplo, la prestigiada revista italiana “Panorama” afirmó que “la madre de todos los dossiers” condicionará el cónclave.

¿Qué dice exactamente la fuente original de la noticia? La Autora sostiene que el grupo de tres cardenales, nombrados por el Santo Padre para investigar el caso de los “vatileaks”, entregó un segundo documento de 300 páginas. Se trata de un escrito clasificado, pero la periodista –sin decir cómo lo leyó o quién se lo platicó– explica su contenido, que son corrupción en el banco vaticano y una red de homosexualidad dentro de la Santa Sede.

La interpretación de De Gregorio es que, después de escuchar a los tres purpurados y de recibir ese dossier, el 17 de diciembre pasado, “Benedicto XVI toma la decisión tan largamente meditada”. El artículo de la italiana es bastante favorable al Papa, al que pone como un hombre valiente que supo hacer frente a estos problemas y que, para solucionarlos, cede su puesto a un nuevo Papa que deberá ser “fuerte, joven y santo”.

Es muy importante no atribuir a este reportaje lo que no afirma. Por ejemplo, que el Santo Padre renunció al enterarse de la corrupción en el Vaticano, o que el Papa deja el pontificado por ser cómplice de esos delitos, como ya afirmaron algunos.

¿Qué pensar de esta situación? Lo primero es matizar la noticia. Es posible que lo que De Gregorio narra sí haya sucedido así, pero no lo sabemos con certeza, pues no dice cuáles son sus fuentes ni si ella leyó el dossier (ella misma da a entender que no).

Además, el mismo Papa Benedicto nos ha dado ejemplo de que los problemas no se deben negar, ni ocultar. No en vano ha suspendido a decenas de obispos por proteger a los pederastas. Por eso, no debemos tener miedo a reconocer la verdad, aunque tampoco debemos ser “crédulos”, que aceptan sin más todos los datos sin verificarlos primero.

Hay que dejar en claro que la prensa internacional habla de dos cosas distintas: a) Que el motivo de la renuncia papal sea por cobardía o por complicidad, lo cual no es el caso de Benedicto X; y b) que el motivo de la renuncia haya sido para dar oportunidad a otro Papa más joven, que pueda dar continuidad al trabajo de limpieza en la cúpula de la Iglesia. Esto segundo es claro.

Pocos años después de haber concluido el Concilio Vaticano II, Pablo VI reconoció con tristeza que el humo de Satanás se había metido a la Iglesia. Cincuenta años después, Benedicto XVI está limpiando la Iglesia y expulsando ese olor a azufre infernal. El Papa Ratzinger se retira, pero deja las bases para renovar a fondo la Iglesia: si éste es su legado, será un Pontífice para la historia.

jueves, 21 de febrero de 2013

Un cisma sin resolver…


Especial: Sede Vacante, núm. 10.
Luis-Fernando Valdés

Benedicto XVI dejará un asunto muy espinoso a su sucesor: la negociación con la Sociedad San Pío X para resolver el cisma propiciado por Marcel Lefebvre en 1988. ¿Qué hizo el Papa alemán para solucionar este conflicto interno de la Iglesia?

 A nadie le sorprende que el Santo Padre no haya logrado solucionar todos los conflictos que se le presentaron mientras estuvo al timón de la barca de Pedro. Como es lógico, cuando deje el Solio Pontificio, Benedicto XVI heredará una agenda de temas por resolver al siguiente Pontífice.

Posiblemente, uno de los asuntos más complicados para el próximo Papa será el cisma lefebvriano. El asunto se remonta la época de Juan Pablo II, y ya desde ese momento el entonces card. Ratzinger hizo un gran esfuerzo para que los cismáticos volvieran a la comunión con la Iglesia católica.

Como es sabido, en 1969, Marcel Lefebvre, un obispo francés, fundó una asociación tradicionalista de sacerdotes, que no acepta algunos puntos centrales del Concilio Vaticano II, como la reforma litúrgica y el ecumenismo.

En 1988, Mons. Lefebvre ordenó a cuatro obispos sin el permiso pontificio, cayendo en una excomunión “latae sententia”, es decir, quedó fuera de la Iglesia, junto con esos cuatro ministros ordenados por él.

Juan Pablo II encomendó al Prefecto Ratzinger el diálogo con los lefebvrianos, sin embargo no se pudo conseguir nada. Poco después, el Papa polaco creó la Comisión “Eclesia Dei” para conferenciar con esta Fraternidad cismática, y algunos de sus miembros volvieron a la unidad con el Romano Pontífice.

Ya como Papa, Benedicto XVI ha tenido muchos gestos de complacencia con los lefebvrianos, aunque de parte de ellos la correspondencia ha sido mínima. En 2007, el diálogo se reanudó, a través de la Comisión “Ecclesia Dei”.

Ambas partes acordaron redactar un documento en el que se establecían las condiciones bajo las cuales, la Fraternidad volvería a ser aceptada en unidad con la Iglesia. La fecha límite para la respuesta era el 30 de junio de 2008. Y la contestación nunca llegó.

En 2009, Benedicto XVI hizo otro intento. El Santo Padre levantó la excomunión de aquellos cuatro obispos, el 21 de enero. Ese mismo día, la televisión sueca transmitió, por primera vez, una entrevista con Richard Williamson, filmada en diciembre de 2008, en la que este obispo lefebvriano minimizaba el Holocausto.

Mons. Richard Williamson era anglicano,
y pasó directamente a lefebvriano,
sin ser nunca católico romano.
La prensa internacional criticó injustamente al Papa por apoyar a un negacionista. El Vaticano emitió un comunicado que las calificaba como “absolutamente inaceptables y firmemente rechazadas por el Santo Padre”, y aclaraba que eran “desconocidas por el Papa en el momento de la remisión de la excomunión”.

El 14 de septiembre de 2011, la Santa Sede entregó un “Preámbulo doctrinal” a la Fraternidad. Si lo firmaban prácticamente el cisma finalizaría. El Superior lefebvrista respondió negativamente en enero de 2012. Y lo mismo ocurrió con la aclaración enviada por él, el 17 de abril. Y, finalmente, el 6 de septiembre de ese año, la Fraternidad sacerdotal pidió tiempo indefinido para meditar su postura.

Aunque el cisma no está resuelto, durante el Pontificado de Benedicto XVI se dieron importantes pasos en el diálogo. El Santo Padre soportó muchas críticas por su interés de reconciliar a los “tradicionalistas” con la Iglesia. Como él mismo afirmó, también ellos son sujeto de la caridad del Vicario de Cristo. El  Papa Ratzinger deja la base para que el siguiente Pontífice pueda resolver el cisma.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Intuición juvenil


Especial: Sede Vacante, núm. 9.
Luis-Fernando Valdés

Benedicto XVI admintió que su salud ya no puede ir al ritmo del mundo hoy. ¿Significa esto que su renuncia se debe a que no es capaz de sintonizar con los jóvenes? ¿Un Papa demasiado anciano para conquistar a la juventud?


La relación del Papa Ratzinger con los jóvenes está atestiguda por tres Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ), que ilustran la capacidad del Pontífice para entrar en sintonía con los muchachos de los cinco continentes.

Poco después de ser elegido Sucesor de Pedro, Benedicto XVI se enfrentó a un gran reto: la JMJ en Colonia, Alemania, que había sido convocada por Juan Pablo II para agosto de 2005. Algunos sostenía que era difícil que el nuevo Pontífice conectara con los jóvenes como lo hacía su  Predecesor, que tenía un gran carisma.

Benedicto XVI en la JMJ,
frente a la Catedral de Colonia
Otros más, basados en el prejuicio de que Joseph Ratzinger era un hombre duro, supusieron no le sería fácil dialogar con los jóvenes. Sin embargo, la realidad mostró algo diferente: que el Papa alemán comenzó a conquistar los corazones de los católicos, iniciando por los jóvenes.

El Santo Padre supo entrar en tan fuerte sintonía con los muchachos y muchachas, que muchos denominaron a esta JMJ como “el milagro alemán”. Cuando concluyó esta Jornada, un popular periódico de Renania describía, en su primera página, este evento como: “Sencillamente divino”.

Como muestra del éxito obtenido en Colonia por Benedicto XVI, basta decir que el presidente de la cadena pública de televisión alemana informó que más de 250 millones de telespectadores de todo el mundo siguieron el domingo la Eucaristía de clausura de la JMJ 2005.

Pero no ha sido la única JMJ durante el Pontificado de Benedicto XVI. Ha celebrado otra en Sidney (2008) y una más en Madrid (2011). Además, hay una jornada con jóvenes en cada viaje del Papa a los distintos países. Este mismo evento se organiza cada año en Roma, en el Domingo de Ramos.

De Sidney también hay una grata anécdota que contar. Resulta que  con la JMJ 2008 se superó el número de visitantes a Australia en toda su historia. Superó incluso al número de asistentes a las Olimpiadas en el año 2000.

Benedicto XVI permaneció en su lugar
durante la tormenta en la JMJ Madrid 2011.
En Madrid 2011, el Santo Padre reunió a por los menos un millón y medio de jóvenes, que acompañaron al Papa en una emotiva vigilia de oración y luego en una Misa. Hubo un suceso ilustra la sintonía del Pontífice con los jóvenes. Durante esa vigilia cayó una tormenta que el Santo Padre soportó sin moverse de su sitio. Y en castellano, dijo a los empadados asistentes: “Nuestra fuerza es mayor que la lluvia. Gracias. El Señor con la lluvia nos manda muchas bendiciones”. Al concluir, les agradeció a los jóvenes “el gran sacrificio” y su buen ejemplo.

El núcleo del mensaje del Papa a los jóvenes se encuentra condensado en la homilía de la Misa del inicio de su Pontificado, que sigue claramente la línea de Juan Pablo II: “hoy, yo quisiera, con gran fuerza y gran convicción, a partir de la experiencia de una larga vida personal, decir a todos ustedes, queridos jóvenes: ¡No tengan miedo de Cristo! Él no quita nada, y lo da todo. Quien se da a Él, recibe el ciento por uno. Sí, abran, abran de par en par las puertas a Cristo, y encontrarán la verdadera vida”.

Estas JMJ atestiguan que hay “algo más” en la relación del Santo Padre con la juventud, que no es posible explicar sólo con categorías humanas, como que el Papa “tiene carisma” o que “tiene empatía”. Los jóvenes de hoy buscan la autenticidad y sus corazones saben reconocerla… y en Benedicto XVI, además de autenticidad, encontraron a Dios.