jueves, 4 de julio de 2013

Los “amores juveniles” del Papa


Serie: Quién es el Papa Francisco, n. 4
Luis-Fernando Valdés
Antonio Briseño

Cuando fue elegido el Card. Bergoglio como Papa se sabía que era jesuita, pero poco más sobre su pasado y su personalidad. ¿Qué sabemos de sus sentimientos? ¿Desde siempre supo que quería ofrecer su vida a Dios? ¿Alguna vez tuvo novia o pensó en casarse?

En la vida de Jorge Mario Bergoglio se nota con claridad la conciencia que él tiene de haber sido elegido por Dios para ser sacerdote. Sin embargo, esta llamada divina no cancela la afectividad humana del elegido. Por eso, es pertinente la pregunta sobre los sentimientos del joven Bergoglio, pues de un sacerdote se busca que tenga los mismos afectos del corazón de Cristo.

El entonces card. Bergoglio afirmó que la decisión de entregar la propia vida a otra persona o a Dios, “son una cuestión de disciplina”. Y también ha manifestado que “en lo personal, a mí nunca se me cruzó por la cabeza casarme”.

En este sentido hubo una primera confusión respecto a la juventud de Francisco, ya que una vez que fue elegido como Papa, una mujer llamada Amalia Damonte afirmó que, a los doce años, Jorge Mario le propuso ser su novia. Sin embargo, esta versión ha sido desmentida por la hermana del Santo Padre.

Según Damonte, el “romance” no prosperó por la oposición de los padres de ella. “Cuando éramos jóvenes me escribió una carta y no le respondí. Yo quería que desapareciera del mapa. Mi papá me dio una paliza porque yo me atrevía a recibir la cartita de un muchacho. Me había dibujado una casita que tenía techo rojo, blanca y abajo decía ‘Ésta es la casita que te voy a comprar cuando nos casemos’ ”.

Amalia añade que cuando terminaron, Jorge la “amenazó”: “Si no me caso con vos, me hago cura”. Actualmente, lo único que ella lamenta, es que el Padre Bergoglio no haya sido el sacerdote que celebrara la ceremonia de su boda con su actual esposo. (La Nación, Argentina, 14 marzo 2013)
La hermana del Papa Bergoglio
ha desmentido que Jorge Mario
haya tenido alguna novia.

Sin embargo, la hermana del Papa, María Elena Bergoglio, desmintió que el Sumo Pontífice tuviera una novia cuando era joven. Y señaló que “su corazón ha estado siempre Jesús”. Y sobre Amalia afirma: “¿La novia? La verdad es que nunca ha existido. Pero si esta señora lo dice, y es feliz así, ¿por qué no dejar que cuente esta historia?” (La Nación, Argentina, 26 marzo 2013)

El mismo Jorge Mario ha contado otra anécdota de su época de formación sacerdotal: “Cuando era seminarista me deslumbró una piba [muchacha] que conocí en el casamiento de un tío. Me sorprendió su belleza, su luz intelectual… y, bueno, anduve boleado un buen tiempo y me daba vueltas la cabeza”.

Bergoglio explicaba que, tras conocer a esta muchacha, por una semana no pudo rezar, ya que “cuando me disponía a hacerlo aparecía la chica en mi cabeza” . Tras esta “tentación”, como él mismo lo dice, se vio obligado a elegir de nuevo o, mejor dicho, dejarse elegir por Dios y continuar por este camino religioso.

Si el joven Jorge Mario tuvo novia o no, no es lo central, porque no hubiera pasada nada que el actual Pontífice hubiera tenido una relación de noviazgo. Pero este tema de los amores juveniles del Papa tiene una dimensión que no se puede pasar por alto. Consiste en que el joven Bergoglio sí tenía corazón y afectos, y los puso en Jesús.

Cristo ha sido el amor de su vida, y eso es lo que le ha dado sentido a su entrega sacerdotal. Éste fue el amor juvenil de Jorge Mario, el jesuita, que preparó su corazón para ser un Papa cercano a los pobres, a los enfermos, a los encarcelados y a toda la gente.


miércoles, 3 de julio de 2013

Química, fútbol y tango


Serie: Quién es el Papa Francisco, n. 3
Luis-Fernando Valdés
Antonio Briseño

Tan pronto como fue elegido el primer Papa latinoamericano, comenzaron las preguntas sobre su personalidad. ¿Qué hubo en su formación juvenil que lo haya preparado para llegar a ser el Pontífice de la Iglesia Católica? ¿Qué eventos marcaron el rumbo de su vida?
El joven Jorge Mario Bergoglio (primero 
a la derecha), con unos compañeros 
de la secundaria industrial.

Jorge Mario Bergoglio tuvo una juventud muy ordinaria. No hay eventos extraordinarios o dramáticos, que hayan servido de presagio de una misión futura como la de ser el Romano Pontífice. Más bien, en esta etapa de la vida de Jorge Mario todo trascurrió con la misma normalidad que sus compañeros, imbuido en los deberes académicos, en el deporte y la diversión.

El futuro Papa estudió en la escuela secundaria industrial E.N.E.T N° 27, “Hipólito Yrigoyen”, de donde egresó con el título de técnico químico, de manera que el joven Bergoglio tuvo una profesión civil, con la que pensaba ganarse la vida.

Como todo joven de clase media de un país en desarrollo, Bergoglio también tuvo que trabajar desde temprana edad. Él mismo recuerda que, a los 13 años, cuando terminó la educación elemental e iba a ingresar a la secundaria, su padre habló con él y le dijo: “Mirá, como vas a empezar el secundario, conviene que también comiences a trabajar; en las vacaciones te voy a conseguir algo” (S. Rubin y F. Ambrogetti, El Papa Francisco, 2013, p. 35).

Y, por esta razón, comenzó a trabajar en la fábrica de medias donde su padre, contador, realizaba trabajos administrativos. En esta fábrica, Bergoglio trabajó durante dos años en el área de limpieza y más tarde pudo desempeñarse en algunos trabajos administrativos.

La personalidad juvenil de Jorge Mario estuvo llena de deporte, con pasión por el fútbol, como prácticamente cualquier argentino. Este deporte es una de las cosas que aún lo conectan con su patria, pues es “hincha” de “el Ciclón”, o del San Lorenzo de Almagro, equipo que representa al barrio de Boedo, ubicado al suroeste de Buenos Aires y que se puede considerar entre los cinco grandes del torneo argentino de futbol.

El amor por el San Lorenzo, le llegó a Jorge Mario a través de su padre, pues éste jugaba en el equipo de basquetbol de San Lorenzo. El joven Bergoglio acudía con frecuencia a ver al equipo al “Viejo Gasómetro”, la histórica cancha de San Lorenzo. Por esta razón, muchos años después, ya como cardenal y arzobispo de Buenos Aires, Mons. Bergoglio fue invitado, en 2008, a celebrar el centenario de este club deportivo.

En esa ocasión, el Card. Bergoglio fue nombrado socio honorario del San Lorenzo de Almagro y celebró un Misa para conmemorar este evento. Y aprovechó para recordar el origen religioso del club: “No importamos los colores de otro lado, se los pedimos a la Virgen. Nunca saquen a María Auxiliadora del club porque es su madre, ya que San Lorenzo nació en el Oratorio San Antonio bajo la protección de la Virgen” (http://goo.gl/mxPGn).

Como todo joven de su época, Jorge Mario tuvo una vida social muy ordinaria, conviviendo con sus compañeros y compañeras de estudios. Y como parte de su personalidad, el  baile también figuró entre sus gustos. Él mismo recordaba en una entrevista que “me gusta el tango, lo bailé de joven”.

De esta manera vemos que la personalidad del nuevo Papa tuvo como un importante componente de “equilibrio” entre sus roles como estudiante, trabajador, deportista y con su vida familiar y social. Podemos decir que este balance personal y una vida ordinaria son la base humana humana del que sería elegido como Sucesor de San Pedro.

martes, 2 de julio de 2013

Una infancia sin sobresaltos


Serie: Quién es el Papa Francisco, n. 2
Luis-Fernando Valdés
Antonio Briseño

Cuando fue elegido como Papa el Card. Jorge Mario Bergoglio, todo mundo deseaba saber más sobre la vida y la familia del nuevo Pontífice. ¿Cómo fue la infancia del nuevo Pontífice? ¿cómo influyó su niñez en su futura misión al frente de la Iglesia católica?

El futuro Papa Francisco tuvo una
infancia muy normal y aprendió
la fe en el seno familiar.
Quienes conocen la vida de Karol Woytila, el futuro Juan Pablo II, seguramente han quedado impresionados por las dificultades de su infancia: muerte de la madre y los hermanos; la invasión rusa a Polonia y la muerte de su padre. ¿Dios prepara así a los que serán pontífices?

Por contraste, la niñez del Papa Francisco ha sido muy normal. Sus padres fueron Mario José Bergoglio y Regina María Sívori. El papá, originario de Portacomaro, una localidad de la Provincia de Asti (Italia) llegó en 1929 a Argentina, a los 24 años, huyendo del fascismo italiano.

Ya en Argentina, Mario José Bergoglio se desempeñó como contador y trabajó como empleado en el ferrocarril. Más tarde trabajó en la administración de la empresa familiar, una empresa de pavimentos. Cuando ésta quebró, Mario José ayudó a su hermano a repartir mercancía y más tarde consiguió empleo en otra empresa.

La mamá de Jorge Mario, Regina Sívori, nació en Buenos Aires (Argentina), y también tenía raíces italianas, pues sus padres eran inmigrantes que procedían de Piamonte y Génova. Jorge Mario cuenta que sus papás “se conocieron en 1934 en misa, en el oratorio salesiano de San Antonio, en el barrio porteño de Almagro, al que pertenecían. Se casaron al año siguiente” (A. Tornielli, en: Vatican Insider).

De este matrimonio nacieron cinco hijos. El primero, nacido el 17 de diciembre de 1936, a quien llamaron Jorge Mario, se convertiría en Papa 76 años después. Siguieron Óscar Adrián, Martha Regina, Alberto Horacio y María Elena. De todos ellos, sólo el actual Papa y María Elena siguen con vida.

De los cinco hermanos, fue Jorge Mario quien tuvo mayor contacto con sus orígenes italianos, por haber sido el mayor. Así lo comentaba: “fui el que más asimilé las costumbres [italianas] porque fui incorporado al núcleo de mis abuelos. Cuando yo tenía 13 meses, mamá tuvo mi segundo hermano; somos en total cinco. Los abuelos vivían a la vuelta y para ayudar a mamá, mi abuela venía a la mañana a buscarme, me llevaba a su casa y me traía a la tarde. Entre ellos hablaban piamontés y yo lo aprendí. Querían mucho a mis hermanos, por supuesto, pero yo tuve el privilegio de participar del idioma de sus recuerdos”.

Esta cercanía con la abuela fue muy importante para que el futuro Pontífice creciera en la fe. “La que me enseñó a rezar fue mi abuela. Ella me enseñó mucho en la fe y me contaba las historias de los santos” (ibídem).

El actual Papa recuerda bien el testamento que les dejó su abuela: “Que estos mis nietos, a quienes he dado lo mejor de mi corazón, tengan una vida larga y feliz, pero si en algún día de dolor, la enfermedad o la pérdida de una persona amada los llena de desconsuelo, que recuerden que un suspiro en el Tabernáculo, en donde está el mártir más grande y augusto, y una mirada a María al pie de la Cruz, pueden hacer caer una gota del bálsamo sobre las heridas más profundas y dolorosas” (ibídem).

La infancia del nuevo Papa nos da una buena lección: Dios no siempre se vale de eventos dramáticos para forjar a los que serán sus instrumentos; todo fiel creyente puede descubrir que los episodios de su vida diaria –como la fe aprendida en el hogar– son una ocasión de prepararse para cumplir con determinación su propia misión en la vida.

lunes, 1 de julio de 2013

El origen italiano del Papa argentino


Serie: Quién es el Papa Francisco, n. 1
Luis-Fernando Valdés
Antonio Briseño

El Papa Francisco viajará a Brasil el 22 de este mes. Iniciamos hoy una serie de artículos para dar a conocer su biografía y su pensamiento.

Habemus Papam! Y salió al balcón el Card. Jorge Mario Bergoglio, que escogió por nombre el del santo patrón de Italia. Con un excelente italiano se dirigió a los fieles de Roma y enfatizó que era el nuevo obispo de la Ciudad Eterna. No fue elegido un papa italiano, pero el nuevo Pontífice parecía muy familiarizado con ese País. ¿De dónde procede el espíritu italiano del nuevo Papa?

Para saberlo, es necesario remontarnos a dos generaciones atrás en la historia de su antepasados. En 1928, una familia genovesa, se apresuraba a vender todas sus posesiones pues creían que Europa no era ya una opción para vivir, pues una guerra mundial la había devastado y, aún sin recuperarse del todo, la tensión aumentaba cada vez más, a tal grado que se sospechaba de un nuevo conflicto armado.

Así, Rosa Bergoglio, la cabeza de esta familia, pensó en seguir los pasos de sus hermanos y encontrarse con ellos en Argentina. Al preguntarle a Jorge Bergoglio sobre el motivo de su abuela para cambiar su residencia a Argentina, él responde: “No [estaban mal en Italia], en realidad no. Mis abuelos tenían una confitería, pero quisieron venir para reunirse con sus hermanos. Eran seis en total y en Italia quedaron dos, un hermano y una hermana”[1].

En enero de 1929, la familia Bergoglio se embarcó en el “Giulio Cesare” y llegaron al puerto de Buenos Aires. El desembarque debió ser un espectáculo inusual, pues –explicaba el entonces arzobispo bonaerense, “ocurre que encabezaba el grupo una elegante señora vestida con un abrigo con cuello de zorro, por cierto magnífico, pero totalmente inadecuado para el sofocante y húmedo verano porteño. No era una estrafalaria ocurrencia de su portadora: en el forro de la prenda, Rosa Bergoglio llevaba el producto de la venta de los bienes que la familia poseía en Italia y con el que contaban para comenzar su nueva vida en la Argentina”[2].

Poco a poco, los Bergoglio obtuvieron, a través del trabajo duro, un buen nivel de vida en Argentina. Al hablar del esplendor de sus antecesores, el actual Papa recuerda que sus tíos abuelos habían llegado a Argentina desde 1922 y que habían creado una empresa de pavimentos en Paraná.

El hoy Pontífice recordaba con cariño que en esta ciudad, sus tíos abuelos edificaron “el palacio Bergoglio”, un gran edificio que tenía cuatro pisos, “que fue la primera casa de la ciudad que contaba con ascensor. Tenía una cúpula muy linda, parecida a la de la confitería “El Molino” de Buenos Aires, que después fue sacada del edificio. En cada piso vivía un hermano”[3].

Pero no todo fue prosperidad, pues, en 1932, con la gran crisis Argentina, los hermanos Bergoglio (el abuelo y los tíos abuelos del Papa) perdieron todo lo que tenían. No les quedó más remedio que seguir trabajando duro para superar esta desventura.

 “Uno de mis tíos abuelos –recordaba hace años Mons. Bergoglio–, el presidente de la firma, ya había muerto de cáncer, otro empezó de nuevo y le fue muy bien, el menor se fue a Brasil y mi abuelo pidió prestados 2.000 pesos y compró un almacén. Papá, que era contador y que en la pavimentadora trabajaba en la administración, lo ayudaba haciendo el reparto de la mercadería con una canasta, hasta que consiguió un puesto en otra empresa. Empezaron de nuevo con la misma naturalidad con que habían venido”[4].

Entonces, esas fueron las raíces italianas de las que el nuevo Papa tomó parte de su cultura, y de las que absorbió la lengua de sus abuelos. Sin duda la Providencia lo estaba forjando para ser el primer Papa latinoamericano… pero muy italiano.
lfvaldes@gmail.com
http://www.columnafeyrazon.blogspot.com




[1] Rubin, Sergio y Francesca Ambrogetti. El Papa Francisco. Conversaciones con Jorge Bergoglio, Barcelona: Ediciones B, 2013.
[2] Íbidem.
[3] Íbidem.
[4] Íbidem.