viernes, 9 de marzo de 2012

Durante las exequias de Juan Pablo II


Conoce al Papa, n. 9
Luis-Fernando Valdés


El Card. Ratzinger, Decano del Colegio
cardenalicio, presidió el funeral de
Juan Pablo II
La Providencia de Dios es misteriosa, porque acomoda las situaciones más inesperadas para realizar sus planes divinos. Cuando Joseph Ratzinger fue elegido Papa, ya era ampliamente conocido por la opinión pública mundial, tanto por su brillante trayectoria intelectual como gracias a una serie de “casualidades” relacionadas con los últimos días de Juan Pablo II.

Desde el inicio del año 2005, la salud del Papa polaco empezó a decaer notablemente. En febrero, fue internado en el Hospital Gemelli, donde le practicaron una traqueotomía, que lo dejaría prácticamente sin voz.

El Papa Juan Pablo fue dado de alta, y desde el Palacio Apostólico siguió las ceremonias de Semana Santa. Y entonces sucedió un primer evento que puso al Card. Ratzinger ante los millones de católicos. El Viernes Santo, el Papa no pudo presidir el Vía Crucis en el Coliseo romano, que ahora fue encabezado por Mons. Ratzinger, Decano del Colegio Cardenalicio, quien además había recibido el encargo de preparar las reflexiones y oraciones para esta ceremonia.

Con el transcurrir de los días, la salud de Juan Pablo II iba extinguiéndose. Sufrió un shock séptico y un colapso respiratorio. Los medicamentos ya no surtían efecto. A pesar de la gravedad, el Papa Wojtyla decidió no volver al hospital. Aguardaría el final, en casa, al lado de sus amigos.

Uno de los que estaba allí era el Card. Ratzinger, que lo visitó en su habitación el día anterior a su muerte.  Juan Pablo II “estaba, obviamente muy dolorido y rodeado de médicos y amigos. Se encontraba todavía muy lúcido y me dio su bendición. Ya no podía hablar mucho”, comentó el Cardenal en una entrevista para la televisión polaca.

El 2 de abril de 2005, Juan Pablo II se fue “a la casa del Padre”. Mons. Ratzinger fue el encargado de dirigir las exequias del difunto Pontífice. “Con gran calma y eficacia el Decano del Colegio de cardenales puso en orden todo lo que había que ordenar, sin ponerse en primer plano” (S. Von Kempis, Benedetto, p. 16).

Por esta razón, el Card. Ratzinger estuvo constantemente ante la opinión pública mundial, los largos seis días previos a la Misa de Funeral, ya que la cobertura televisiva en directo desde Roma, fue ininterrumpida durante esos días. Posteriormente, el mundo estuvo pendiente del Cónclave que él mismo presidió. Ambos eventos los hicieron un personaje habitual de los noticieros.

Las Misa exequial por Juan Pablo II se llevó a cabo el 8 de abril y fue celebrada por Mons. Ratzinger. En su homilía, describió el itinerario espiritual del Papa polaco. Fue inolvidable cuando señaló la ventana del Departamento papal, evocando la imagen que todos teníamos de Juan Pablo II asomado desde ahí, y dijo:

“Podemos estar seguros de que nuestro amado Papa está ahora en la ventana de la casa del Padre: nos ve y nos bendice. Sí, bendíganos, Santo Padre. Confiamos tu querida alma a la Madre de Dios, tu madre, que te ha guiado cada día y te guiará ahora hacia la gloria eterna de su hijo, Jesucristo Señor Nuestro. Amén”.

Con estas palabras, el purpurado alemán se despidió del amigo que tanto se apoyó en él. Así rindió su testimonio ante millones de fieles que seguían la transmisión en directo. Terminada la Misa, el Card. Ratzinger roció el ataúd con agua bendita, lo incensó por última vez y el féretro fue conducido a su tumba, en interior de la Basílica de San Pedro. Sin saberlo aún, el Gran Juan Pablo era despedido por el que iba a ser su sucesor.

jueves, 8 de marzo de 2012

El Defensor de la fe


Conoce al Papa, n. 8.
Luis-Fernando Valdés

El Card. Ratzinger, en su oficina
de la Cong. para la Doctrina de la Fe.
El Card. Joseph Ratzinger, que desde 1977 era arzobispo de Múnich y Frisinga, fue nombrado Prefecto de la Congregación  para la Doctrina de la Fe por Juan Pablo II, el día 25 de noviembre de 1981. Así inicia un periodo muy importante en la vida del futuro Papa, pues gracias a este encargo será conocido mundialmente, ya que este puesto muchas veces es objeto de continuas críticas e incomprensiones, por parte de la opinión pública.

Cuenta un vaticanista, J. Catalán, que “en febrero de 1982 llega el cardenal al Vaticano, con su piano de cola y sus partituras de Mozart”. El nuevo Prefecto encuentra acomodo en el número 1 de la plaza de la Città Leonina, muy cerca de la puerta de Santa Ana que franquea la muralla vaticana.

Con motivo de su profundidad intelectual y su claridad para defender la fe, el Card. Ratzinger fue recibiendo diversos motes despectivos: el “Panzer Cardinal” (en alusión a los tanques alemanes de la Segunda Guerra) o el “gran Inquisidor”.

Ciertamente, su encargo era sucesor de los inquisidores medievales, pero su misión y su estilo eran muy distintos. Basta ver un poco la historia: en 1542, Pablo III, para defender a la Iglesia de las herejías, funda la “Sagrada Congregación de la Romana y Universal Inquisición”. En 1908, San Pío X la llama “Sagrada Congregación del Santo Oficio”. Después, en 1965, Pablo VI le dio el nombre de “Congregación para la Doctrina de la Fe” que conserva hasta hoy.

Con esto, se puede ver fácilmente que el sobrenombre de Inquisidor no tiene otro fundamento más que el antiguo nombre de la Congregación de la cual él era Prefecto, y que su misión nada tenía que ver con las leyendas negras, ya que la tarea actual de esta Congregación consiste en “promover y tutelar la doctrina de la fe y la moral en todo el mundo católico”.

Joseph Ratzinger fue pionero en reglamentar los procesos doctrinales, de manera que el acusado tuviera todas las garantías de una defensa digna: contar con un abogado defensor, tener la oportunidad de exponer sus argumentos y de contestar con suficiente tiempo las preguntas de los peritos, etc.

El mismo Cardenal explica cómo son esos procesos: “Hablamos abiertamente con ellos. Claro que también tenemos una cierta visión de conjunto. Por ejemplo, les pedimos que nos entreguen las listas de publicaciones, o algunas cosas las sabemos por la correspondencia o el nuncio y, cuando es necesario, seguimos la pista. No somos como un guardia urbano, sino que queremos seguir las grandes cuestiones. Con cuarenta personas, es imposible vigilar a toda la cristiandad…” (Pablo Blanco, El Papa alemán, pp. 196-197).

Los casos más sonados que tuvo que enfrentar el Prefecto Ratzinger fueron el de la Teología de la Liberación, el del teólogo moralista Marciano Vidal y el del teólogo de las religiones Jacques Dupuis.

Pero la faceta propositiva de su período como Prefecto es mucho más amplia e importante, aunque quizá sea menos conocida. Le tocó encabezar la comisión que redactó el Catecismo de la Iglesia Católica, publicado en 1992; y también estuvo al frente de la elaboración del “Compendio” del Catecismo. Y será él mismo, pero ya como Benedicto XVI, quien promulgue esta última obra.

Juan Pablo II le encargará trabajos difíciles, como el diálogo con el obispo cismático Marcel Lefebvre, y finalmente lo nombrará Decano del Colegio cardenalicio, que tiene –entre otras funciones– la de presidir el siguiente cónclave. Curiosamente, Mons. Ratzinger llegaría a presidir el cónclave que lo elegiría Papa.

miércoles, 7 de marzo de 2012

De obispo a cardenal… en un mes


Conoce al Papa, n. 7.
Luis-Fernando Valdés

Durante la Ordenación
episcopal de Mons. Joseph Ratzinger.
Joseph Alois Ratzinger tenía 50 años, cuando fue ordenado arzobispo de Múnich y Frisinga por Pablo VI, el día 25 de marzo de 1977. Él mismo recuerda que “aquél fue un día extraordinariamente bello. Era un radiante día del comienzo del verano, en la vigilia de Pentecostés”. 

Y cuenta que experimentó “la realidad del sacramento: que en él sucede algo que es verdad”, y se refería al gran acogimiento que le dieron muchas personas “con una cordialidad y una alegría que no se debía tanto a mi persona, sino que me manifestaba una vez más qué es el sacramento” (cfr. “Mi vida”, p. 129-130).

Como lema episcopal, el nuevo arzobispo eligió una frase en latín, tomada del versículo octavo de la tercera Epístola de San Juan: “Cooperatores veritatis” (“Colaboradores de la verdad”), porque –como explica él mismo– “me parecía que podían representar bien la continuidad entre mi tarea anterior [la docencia universitaria] y el nuevo cargo [de obispo]; porque, con todas las diferencias que se quieran, se trataba y se trata siempre de lo mismo: seguir la verdad, ponerse a su servicio” (cfr. Ibid., p. 130).


El escudo episcopal de Joseph Ratzinger está lleno de significado, y está formado por tres elementos: un moro coronado, una concha y un oso. Él mismo explicaba el significado de estos símbolos. En cuanto al primero dice: “sobre el blasón de los obispos de Frisinga se encuentra, desde hace cerca de mil años, el moro coronado: no se sabe cuál es su significado. Para mí es la expresión de la universalidad de la Iglesia, que no conoce ninguna distinción de raza ni de clase, porque todos nosotros ‘somos uno’ en Cristo”.

Sobre la concha, el nuevo arzobispo veía dos sentidos.  Por una parte, este elemento “es ante todo el signo de nuestro ser peregrinos”, y por otra, le recordaba la leyenda según la cual San Agustín vio en la playa un niño que tomaba el agua del mar con una concha y trataba de meterla en un pequeño hoyo, que le decía “tan difícil es que pueda meterse toda el agua del mar en este pozo como que tu razón pueda entender el misterio de Dios. Por eso la concha representa para mí una referencia a mi gran maestro Agustín”.

Mons. Ratzinger tomó la imagen del oso de la leyenda de San Corbiniano, fundador de la diócesis de Frisinga. “Un oso –cuenta esta historia– había despedazado el caballo del santo en su viaje a Roma. Corbiniano lo regañó severamente por aquella fechoría y, como castigo, le cargó el fardo que hasta entonces había llevado el caballo sobre sus lomos” (cfr. Ibid., p.130-131).

Mons. Ratzinger recibió el capello cardenalicio,
de manos del Papa Pablo VI.
Apenas un mes después, el día 27 de junio, Joseph Ratzinger fue creado Cardenal, por Pablo VI. Con el paso de los años recibirá encargos en las diversos Dicasterios de la Curia romana por su dignidad cardenalicia, especialmente durante su gestión como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Entre otros cometidos, participará en las comisiones para el diálogo con las otras confesiones cristianas y con las otras religiones, y estará al frente de la comisión redactora del Catecismo de la Iglesia Católica.

Mons. Ratzinger saluda al recién elegido Juan Pablo I
Por ser cardenal, Mons. Ratzinger ha participado en tres cónclaves. El primero, en agosto de 1978, en el que se eligió a Juan Pablo I, quien moriría 33 días después. En octubre de ese mismo año, tomará parte en el cónclave en el que resultaría elegido Juan Pablo II. Tras la muerte del Papa polaco, asistirá por tercera ocasión, pero esta vez será el que lo presida. En las votaciones resultará elegido y será nombrado Papa con el nombre de Benedicto XVI.

martes, 6 de marzo de 2012

Perito del Concilio Vaticano II


Conoce al Papa, n. 6
Luis-Fernando Valdés

La vida del Papa alemán ha sido profundamente marcada por su participación en el Concilio Vaticano II, convocado por Juan XXIII el 25 de enero de 1959. Los trabajos de la asamblea conciliar comenzaron el 11 de octubre del 1962, y se llevaron a cabo en cuatro períodos. Es importante conocer la labor del joven teólogo Joseph Alois Ratzinger en el Concilio, para entender su futuro pontificado romano.

Joseph Ratzinger junto al dominico Yves Congar:
ambos fueron importantes Peritos del Concilio.

En 1962, nuestro teólogo trabajaba como consultor del Cardenal Joseph Frings, licenciado por el Instituto Bíblico de Roma y experto en Sagradas Escrituras. Se habían conocido en la Universidad de Bamberg, cuando Ratzinger fue invitado a pronunciar una conferencia sobre la teología del Concilio y Frings acudió a escucharla; tiempo después decidió nombrarlo su consultor.

El Card. Frings fue para llamado para colaborar en los trabajos del Concilio, y llevó a Ratzinger como uno de sus asesores. Pero la intención del Prelado era que Joseph no fuera sólo su consejero teológico, sino que se involucrara más en el Concilio. Según recuerda el Prof. Ratzinger, fue entonces cuando el Cardenal “consiguió también que al final de la primera sesión yo recibiese el nombramiento oficial como teólogo del Concilio (Perito)” (“Mi vida”, p. 98). Pronto la participación del joven asesor cobrará importancia.

En 1963, fallece Juan XXIII. Y Giovanni Battista Montini es elegido Papa, con el nombre de Pablo VI. El nuevo Papa decide dar continuidad al enorme proyecto que su antecesor había comenzado. En palabras de Pablo Blanco, “si el papa Juan había empezado el concilio, Montini fue –antes y después de su elección como papa– el ‘arquitecto’ de este mismo” (“El Papa alemán”, p. 168).

El 29 de septiembre de ese mismo año, comenzó el segundo período de sesiones conciliares. Joseph Ratzinger tiene una importante aportación como consejero y redactor un importante discurso pronunciado por el Card. Frings, en el que se cuestionaba si los procedimientos utilizados por el Santo Oficio para revisar las obras sospechosas de algunos teólogos eran los adecuados para los tiempos modernos.

El 14 de septiembre de 1964 comenzó el tercer periodo del Concilio, que empezaba a alargarse. De nuevo, Ratzinger fue nombrado Perito del Concilio, por Pablo VI. Un tema importante tratado en esta tercera etapa, fue la relación de los católicos con los judíos y musulmanes. La colaboración del Teólogo alemán fue de gran ayuda para la redacción de la declaración sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas.

En 1965 comenzó, el último periodo conciliar. Uno de los temas más importantes de esta etapa fue el de la libertad religiosa. Sobre esto, el joven Perito dirá que la redefinición de este concepto, basado ahora en la dignidad humana y en el respeto a la libertad de las conciencias, fue tan importante que puso fin a la Edad Media, cuyo paradigma se apoyaba en el hecho de creer en la verdadera religión. Finalmente, el Concilio concluyó el día 8 de diciembre de ese año.

Se puede decir que la activa e influyente participación de Joseph Ratzinger en los trabajos del Concilio no sólo aportó una gran vitalidad en la presentación de la perenne doctrina católica, sino que marcó la vida intelectual y pastoral del futuro Papa, que desde su ordenación como obispo de Múnich-Frisinga ha tenido como objetivo la comprensión y la recta aplicación de los documentos conciliares.

lunes, 5 de marzo de 2012

Una brillante trayectoria académica


Conoce al Papa, n. 5.
Luis-Fernando Valdés

El Joseph Alois Ratzinger fue ordenado sacerdote a los 24 años, en 1951, y desde entonces se dedicó a la enseñanza de la Teología, siempre de la mano con su ministerio pastoral. Su carrera como Profesor de Teología es muy rica, y lo puso en contacto directo con las exigencias que la razón contemporánea le impone a la fe.

El joven Profesor Ratzinger,
durante el tradicional Desfile de Doctores.
En octubre de 1952, el joven sacerdote es llamado al seminario de Frisinga, a unos 30 kilómetros al norte de Múnich, para impartir, a los alumnos del último año, un curso sobre pastoral de los sacramentos. Así comenzaba su carrera de docente.

En 1953, Ratzinger obtiene el doctorado en teología y en ese mismo año le llega una oferta para impartir el seminario de Teología Dogmática y Fundamental en la Universidad de Frisinga. Joseph rechaza esta oferta, pues prefirió preparar su tesis para obtener la licencia de docente en Múnich. Un año después, en 1954, vuelve a recibir esa misma oferta, y esta vez sí acepta. Así inició su carrera como catedrático de Teología Fundamental.

Durante el año de 1956, Joseph recibió una invitación para impartir el Seminario de Teología Fundamental en la Facultad de Teología Católica de la Universidad de Maguncia. Pero la rechazó primero, porque seguía preparando su tesis para obtener la “libre docencia” en Múnich; y segundo, porque sus padres vivían con él en Múnich y no quería dejarlos solos. El día 11 de febrero de 1957, tras presentar un difícil examen, Ratzinger obtuvo el grado de “libre docente” en Múnich.

Casi un año después, el día 1 de enero de 1958, Ratzinger es designado como el nuevo Profesor de la cátedra de Teología Fundamental y Dogmática en el Seminario filosófico-teológico de Frisinga. En el verano de este mismo año, el joven catedrático recibe la propuesta de impartir la cátedra de Teología Fundamental en la Universidad de Bonn, donde inicia clases, el 15 de abril de 1959.

Las experiencias obtenidas en Bonn fueron muy enriquecedoras. Joseph Ratzinger considerará que la convivencia intelectual que se daba dentro de la Universidad era admirable, pues los profesores expertos discutían entre sí, o con alumnos interesados en los temas.

En 1962 es invitado a impartir la cátedra de Dogmática e Historia de los Dogmas en Münster. Acepta la invitación y, en el verano de 1963, inicia ahí su labor docente. Sin embargo, esta ciudad estaba muy lejos de su natal Baviera, y le dificultaba al Profesor Ratzinger frecuentar a su familia.

Por eso, en 1966, acepta la invitación de la Universidad de Tubinga, para enseñar de Dogmática e Historia de los Dogmas, y se traslada a esta ciudad más cercana a Múnich. Por tiempo después, será nombrado Decano de la Facultad de Teología.

Finalmente, en el año 1969, Ratzinger recibe una nueva invitación, ahora de la Universidad de Ratisbona (Baviera). Ahora podrá continuar su carrera docente en su tierra natal. En este mismo será nombrado Decano de la Facultad de Teología y Vicerrector de la Universidad.

Este rico historial académico será fundamental para el trabajo que más tarde Joseph Ratzinger ejercitaría primero como Perito del Concilio Vaticano II y luego como Prefecto para la Congregación para la Doctrina de la fe, cargos en los que mostró una gran sensibilidad para entender los problemas de nuestra época.

Y ya como Romano Pontífice, su sólida formación intelectual y su exquisito análisis de la sociedad contemporánea han hecho que sus libros, documentos y discursos sean admirados no sólo por los creyentes, sino también por intelectuales no creyentes.