domingo, 19 de septiembre de 2010

Nuevos tiempos para el laicismo

 Luis-Fernando Valdés

Benedicto XVI acaba de realizar una importante visita de Estado a Gran Bretaña, invitado por la Reina Isabel II. En 1533, el Rey Enrique VIII se proclamó cabeza de la Iglesia de Inglaterra y rompió con Roma. Ahora el Papa fue recibido con honores de Jefe de Estado, pero ¿qué significado tiene para el resto del mundo la visita pontificia a Inglaterra y Escocia?
El Papa Ratzinger viaja pocas veces al año, pero cada visita papal está cargada de significado, como una especie de “parábola”, porque los encuentros y reuniones que ahí se realizan encierran un mensaje profundo.
En este viaje a gran Bretaña, el Papa busca consolidar el ecumenismo, y también hacerse escuchar por quienes proponen el laicismo como condición de vida social. Pretende mostrar que la sed de Dios sigue presente en toda persona, incluso en las que viven en países de elevado nivel cultural y económico.
El laicismo sostiene que Dios ya no está más en la vida de la sociedad occidental. No pocos medios de comunicación respaldan esta tesis, dejando sin transmitir noticias de este viaje. Pero la presencia de Benedicto XVI se impuso a las especulaciones. El Pontífice fue recibido por decenas de miles de personas. “El Papa abraza a Londres”, fue el titular de The Times; “Multitudes reciben al Papa”, publicó la BBC. De manera que los hechos muestran que hoy sigue habiendo interés por escuchar sobre la fe.
 Portada del rotativo londinense "The Times": "El Papa abraza a Londres".

El viernes 17, segunda jornada del viaje, el Santo Padre reflexionó sobre “el lugar apropiado de las creencias religiosas en el proceso político”. Expresó que “el papel de la religión en el debate político (…) ayuda a purificar e iluminar la aplicación de la razón al descubrimiento de principios morales objetivos”.
Añadió que “sin la ayuda correctora de la religión, la razón puede ser también presa de distorsiones, como cuando es manipulada por las ideologías”, y citó los casos de la trata de esclavos y de las tiranías del s. XX.
Animó a que el mundo de la racionalidad secular y el mundo de las creencias religiosas dejen de lado el “miedo de entablar un diálogo profundo y continuo, por el bien de nuestra civilización”. Y afirmó que “la religión no es un problema que los legisladores deban solucionar, sino una contribución vital al debate nacional”.
Benedicto XVI externó su preocupación por “la creciente marginación de la religión, especialmente del cristianismo, en algunas partes, incluso en naciones que otorgan un gran énfasis a la tolerancia”, y denunció que “hay algunos que desean que la voz de la religión se silencie, o al menos que se relegue a la esfera meramente privada”.
De esta manera, el Papa envía un mensaje al mundo: cuando la religión está en armonía con la razón, y cuando la razón está iluminada por la fe, ambas son un factor decisivo para hacer más humano la mundo, y para tutelar la dignidad de cada persona.
Y casi como una respuesta “ante litteram” a esta propuesta de Bendicto XVI, el Primer Ministro británico, David Cameron, en un artículo publicado un día antes, afirmó: “Quizás no siempre estemos de acuerdo con la Santa Sede, pero eso no debe impedir que reconozcamos que el mensaje general de ésta puede ayudar a plantearnos preguntas sobre nuestra sociedad y la forma en que nos tratamos nosotros mismos y a los demás”. [Ver artículo del Premier Cameron]
Se auguran así nuevos tiempos, en los que la propuesta ética y social de las religiones –en este caso de la Iglesia católica– sea considerada como parte de la riqueza de una nación y tenga acogida en los foros políticos, que realmente buscan la realización de cada hombre.
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domingo, 12 de septiembre de 2010

200 años de ¿esperanza?

Luis-Fernando Valdés

Hace doscientos años sonaron las campanas de la Iglesia de Dolores, Guanajuato. Pero hoy la esperanza ya no resuena tanto en los corazones de los mexicanos. Daremos “el grito” y acudiremos al desfile, pero ¿por qué no hay una profunda alegría en el ánimo de todos?
 
La Campana de Dolores Hidalgo, considerada un símbolo patrio. En la imagen: una réplica fiel.

Con motivo de este Bicentenario, hay una pregunta que da cierto temor formular: ¿nos sentimos plenamente orgullosos de ser mexicanos? La respuesta puede ser tan profunda como se guste, pero vayamos a lo que indica el sentido común.
Una persona está contenta con su nación, cuando ésta le brinda raíces, de manera que  esa persona se sabe y se siente parte de una historia, de una tradición, de una lengua, de unas creencias.
Pero en México hemos crecido con raíces deficientes, porque nos han enseñado la historia según la ideología dominante de turno, y no tenemos claro nuestro pasado. Por eso, ¿quién se siente heredero de los mexicanos del siglo XVIII?
Las personas están orgullosas de su país cuando tienen un ideal común, que los une y les da sentido de pertenencia, que les da un sentido de misión compartida por todos. Pero en nuestra patria, hoy no está claro lo que nos une, pues no hay un proyecto de nación, por el que todos los mexicanos vibremos.
Vemos, en cambio, un abismo entre los políticos y los ciudadanos de a pie. La estructura familiar ya no es un valor común, ni tampoco lo son las virtudes humanas básicas: la justicia, la veracidad, la honestidad. Es duro afirmar, en ese sentido, que hay “muchos Méxicos”, porque no hay un México común.
Por estas razones –raíces desconocidas y falta de unidad– y otras más, es difícil que los mexicanos estemos plenamente felices, y es complicado que tengamos certeza sobre nuestro futuro.
¿Qué se puede hacer ante este panorama? –Debemos fomentar la esperanza.
La esperanza verdadera proviene de una visión trascendente de la historia, es decir, de la convicción de que la historia tiene una explicación que permite superar lo efímero de los acontecimientos diarios.
Esa explicación de la historia se apoya en dos elementos: en una visión sobrenatural de la historia (“este mundo no se explica a sí mismo, sino que Dios debe estar detrás, y Él hará justicia y nos dará la paz”), y en un sentido de misión común (“nuestra Patria juega un importante papel moral en el conjunto de las naciones”).
Curiosamente, ésa era la visión de los mexicanos de finales del s. XVIII; ésa era la mentalidad de Hidalgo, Morelos, Guerrero e Iturbide. Creían en que Dios, mediante la aparición de la Virgen de Guadalupe, le había dado a México un papel singular entre el resto de los países (una especie de “destino manifiesto”). Se sentían orgullosos de su País, y ese espíritu los llevó a realizar la gesta que celebramos.
Cada 16 de septiembre debería ser la ocasión para conectarnos de la mentalidad de los fundadores de nuestra Nación (incluidos los del s. XVI), de renovarnos en la misión común de nuestro Pueblo, para sentirnos orgullosos de ser hijos de este País.
Por eso, este Bicentenario nos deja con una tarea muy ardua, que la debemos sacar adelante los ciudadanos, no sólo los gobernantes: conocer nuestra historia penta-centenaria y reconciliarnos con ella; retomar los valores morales profundamente humanos y cristianos que la han iluminado; y, desde nuestro presente plural, iniciar un proyecto de nación común a todos. Ojalá que el repique de las campanas del próximo día 16 nos enlace con aquella visión de la historia de los Padres de la Patria, pues eso sí nos llenará de esperanza.
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domingo, 5 de septiembre de 2010

Heridas bicentenarias

Luis-Fernando Valdés

Una de las voces que no se había pronunciado oficialmente sobre el Bicentenario es la Iglesia Católica. Recientemente lo acaba de hacer, mediante una Carta Pastoral, el pasado día 1 de septiembre. En un País plural como México, ¿qué puede aportar la Iglesia para todos los mexicanos en este aniversario ? 

Esta Carta del episcopado puede ser una sorpresa para quienes miran aún a la Iglesia con los paradigmas del s. XIX, como si esta Institución buscara retornar a la época Virreinal. Pero este documento no habla de volver al pasado (tradicionalismo), que sino que busca discernir cuál fue la participación de la Iglesia en la Independencia y la Revolución, cuál ha sido su servicio a la Nación, para retomar con vigor los retos y desafíos de hoy, con una firme esperanza en el futuro (cfr. nn. 6 y 139).
Para la elaboración de la Carta, se contó con la opinión de historiadores profesionales, y así se pudo ofrecer una visión de la historia muy equilibrada, en la que se observa el papel positivo de la Iglesia (cfr. nn. 8-58), y se destaca con respeto el papel del Cura Hidalgo y del Padre Morelos y se aclara el tema de sus excomuniones (cfr. nn. 15-16 y 33-38).
El escrito pastoral tiene una excelente cimentación histórica, antropológica y teológica. Y desde ahí aborda los temas del presente de nuestro País (cfr. nn. 60-90), con un gran sentido de la pluralidad, pues la Iglesia entiende que en nuestra Patria, hoy día, convivimos personas de diversos credos y convicciones.
Entre las múltiples aportaciones para afrontar la actual crisis social, destaca una, en la que brilla el espíritu cristiano: la reconciliación nacional (cfr 129-135). Disculpar nunca es fácil, pero como la fe cristiana está fundada en la reconciliación del hombre con Dios y de los hombres entre sí, la doctrina católica puede ser un elemento catalizador de la reconciliación nacional.
La propuesta del documento del episcopado incluye la reconciliación de nuestras raíces tanto indígenas como españolas; la reconciliación de las diversas etapas de nuestra historia (sin excluir ni el Virreinato, ni el momento actual de transición hacia una mayor democracia) (cfr. n. 129).
A la vez, este escrito propone la “reconciliación entre las distintas formas de pensar, erradicando fundamentalismos laicistas o las intolerancias religiosas de cualquier signo”. También propone la “reconciliación entre las diversas clases sociales, superando el desprecio y la desconfianza de unos y otros para buscar el desarrollo de todos, sin injusticias ni discriminaciones” (cfr. n. 130).
El documento señala que después de la Independencia ha habido una gran enfrentamiento ideológico que “dividió al País y nos llevó a rencores casi insuperables”, y que ese mismo fenómeno sucede en la política actual: “por la intolerancia política de unos y la falta de compromiso de otros” ha vuelto a resurgir la discordia que paraliza el progreso. Por eso, “sin una reconciliación política basada en el diálogo, el reconocimiento de los adversarios ideológicos y el respeto de las instituciones, no hay progreso posible” (cfr. n. 130).
Esta Carta Pastoral puede significar un nuevo hito en la historia de la Iglesia en México, porque se reconcilia con la historia y aporta los elementos específicamente cristianos que pueden ayudar a la sociedad. Si se estudia el contenido del documento –que es realista e incluyente–, desde ahora la Iglesia católica puede ser una voz importante, en el diálogo por la reconciliación nacional.
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domingo, 29 de agosto de 2010

Masacre: cifras sin sentido


 Vista aérea del lugar donde fueron hayados los cuerpos de lo 72 migrantes, 
en San Fernando, Tamaulipas.  


Luis-Fernando Valdés

La opinión pública internacional se conmocionó con la noticia: 72 migrantes sudamericanos fueron masacrados en San Fernando, Tamaulipas (24.VIII.2010), por no llevar consigo dinero para pagar la extorsión de un grupo armado. ¿En qué radica que este atentado sea noticia? ¿En que fueron 72 víctimas? ¿En que eran migrantes?
Desde hace cuatro años, diariamente escuchamos y leemos las noticias del parte de guerra. Palabras como “ejecutados”, “levantados”, “encobijados”, “decapitados”, “torturados” y “secuestrados” han dejado de tener impacto, porque nos hemos acostumbrado a convivir con esas tristes realidades. Y casi lo único que despierta nuestra atención es que eso le ocurra a un personaje destacado (un político, un alto mando policial…), o bien, que eso le suceda simultáneamente a un grupo numeroso de personas.
Las noticias policíacas no suelen enfatizar el atropello a la libertad y a la vida de las víctimas, sino el morbo de las cifras. Pensemos lo grotesco de esta situación: cada semana mueren decenas por la guerra del narcotráfico, pero como son asesinadas en momentos y en escenario distintos no pasan de ser un nota sin importancia; en cambio, si los asesinan simultáneamente y en gran volumen se convierten en noticia destacada.
Cifras y más cifras, recopiladas en estadísticas. Se forma así un velo que nos aleja del núcleo del problema, porque los datos siempre deben ser interpretados, es decir, se debe encontrar su sentido. Las cifras recibidas asépticamente no transmiten sentido y, por eso, generan desesperanza.
Hay que ir más allá de las cifras, y llegar al ser humano que está detrás de esos números. Si perdemos de vista que se trata de personas, cada una de ellas irrepetible, entonces nos acostumbraremos también a las “masacres”, e incluso podremos llegar a la aberración de comentar con frialdad e indiferencia: “¿fueron sólo 20?”, “¿nada más 15?”
En ocasiones, algunos piensan que el problema de la opinión pública son los medios, pues son los que dan a conocer los hechos violentos. Ciertamente, los medios deben guiarse por un código de ética, pero ante todo, somos los ciudadanos los que debemos tener madurez de juicio y un exquisito sentido crítico, de modo que sepamos descubrir lo que está atrás de los números.
En esta gran tragedia de la localidad de San Fernando, hubo un sobreviviente que narró las circunstancias del suceso, y esto nos permite ver por encima de los datos. Por él sabemos que, cuando los captores vieron que los migrantes no tenían dinero, les ofrecieron incorporarse a sus filas, con un sueldo muy alto. Como los secuestrados rechazaron la propuesta, fueron asesinados a sangre fría.
Más allá de las cifras, encontramos el lado verdaderamente humano: estas personas tuvieron el valor de decir que no, a pesar de las amenazas y de la coacción, y pagaron con sus vidas esta valiente decisión.
La noticia no está en el número 72, ni en las duras declaraciones de las cancillerías latinoamericanas o de la ONU y la OEA. El núcleo del suceso son las historias del heroísmo silencioso de muchos de estos migrantes, que mostraron una gran calidad humana.
Expresamos nuestra solidaridad con los 72 hermanos migrantes, y rezamos por sus almas.  Y aprendemos de ellos, pues así como ellos rechazaron la invitación a delinquir, nosotros debemos decir que no a la falta de esperanza, debemos recordar que el México actual no es sólo violencia, debemos empeñarnos en no dejar de ver –detrás de las cifras– a esos seres humanos, con rostro y con historia.
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domingo, 22 de agosto de 2010

“Primaveras negras”


Luis-Fernando Valdés

En días recientes, México y Cuba han vivido unos episodios sociales que aparentemente no tienen conexión. En isla caribeña fueron liberados algunos presos políticos, mientras que en nuestro País la Suprema Corte avaló la constitucionalidad de la llamada “adopción gay”. Sin embargo, entre ellos hay una raíz, ¿cuál es?

La "Damas de Blanco" durante una manifestación en La Habana.

Se conoce como la “Primavera negra” de Cuba, a la serie de arrestos –y de posteriores condenas– de unos 75 detractores del gobierno de Fidel Castro, ocurridos durante la primavera de 2003. Recientemente, este episodio ha vuelto a la opinión pública internacional, por las manifestaciones de las llamadas “Damas de blanco”.
Este grupo está conformado por esposas y madres de esos presos políticos. Desde 2003 se manifiestan semanalmente, vestidas de blanco. En mayo pasado, el Presidente Raúl Castro amenazó con reprimir estas manifestaciones, cuando la Iglesia católica se ofreció para mediar entre ellas y el gobierno. Finalmente, el 11 de julio fueron liberados algunos de esos prisioneros políticos.
Entre tanto, el fallo de la Suprema Corte a favor de la constitucionalidad de la ley que permite la adopción por parte de parejas homosexuales, ha causado descontento en gran parte de la población nacional. Y esto se ha reflejado en la polémica entre el Cardenal de Guadalajara, Juan Sandoval, y el Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard.
Ambos sucesos tienen un “factor común”, que es la deficiente relación entre la dignidad humana y el ejercicio de la libertad. En los dos casos, se ha perdido de vista que la libertad sólo se entiende, cuando ésta tiene como punto de apoyo el carácter inviolable de cada persona.
En Cuba, el régimen político prevalece sobre los individuos, de modo que las libertades fundamentales –que se derivan del hecho de ser persona– son reprimidas. El paradigma político de tipo comunista hace que, en Cuba, los individuos queden supeditados a los intereses del partido en el gobierno.
En nuestra Patria, en cambio, la libertad se ha extrapolado, hasta el grado de ponerse por encima de la dignidad de los niños que pueden ser adoptados. En la reciente legislación del Distrito Federal, ha prevalecido la “no discriminación de género” sobre el interés del niño, pues esa ley se aprobó aún cuando no está comprobado que un menor adoptado por una pareja homosexual esté fuera de riesgo de un posible trauma en su desarrollo emocional.
En un caso, se reprende la libertad; en el otro, la libertad pasa por encima de las personas (especialmente de las más vulnerables). En ambas situaciones, el gran don de la libertad no tiene dónde apoyarse. Estos hecho son la “prueba” de que se requiere de un punto de referencia, para que la capacidad de autodeterminación de cada persona no se pierda ni dañe al prójimo.
El faro que ilumina la libre actuación es el valor intrínseco que cada sujeto posee. Ese valor es irrenunciable, y ningún interés particular puede estar por encima de él, ni un régimen político, ni siquiera el deseo de paternidad cuando ésta no se puede conseguir de modo natural.
Estamos ante otra “primavera negra”, que es el oscurecimiento del valor intrínseco de cada persona. Vivimos en una época oscura, que reclama una nueva primavera del espíritu, la cual sólo advendrá cuando cada uno de nosotros cobre conciencia del indisoluble binomio “dignidad y libertad”, y entienda que si la libertad no está anclada en la verdad sobre el hombre, terminará por atropellar la dignidad de los demás.
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domingo, 15 de agosto de 2010

Adopción gay: derecho contra biología

Luis-Fernando Valdés

La Suprema Corte de Justicia de la Nación anunció que mañana lunes se reunirá para decidir sobre la constitucionalidad de la adopción por parte de los llamados “matrimonios gays”. Se trata de una cuestión meramente técnico-jurídica, pues los Ministros no votarán si ese tipo de adopción es buena o no, sino sólo se pronunciarán sobre si la norma promulgada por la Asamblea Legislativa del Distrito Federal es conforme o en contra de la Carta Magna. Pero esta decisión técnica no implica que la “adopción gay” sea correcta.
Los Ministros de la Suprema Corte discutirán sobre la adopción por parte de parejas del mismo sexo.

Como es lógico, se ha abierto un debate sobre la conveniencia o no de este tipo de adopción, y se ha abordado el tema desde varios puntos de vista. Hoy quisiera compartir con Ustedes un comentario jurídico, para explicar que esa ley, que permite la adopción por parte de homosexuales, tiene grandes carencias.
La adopción, vista desde el derecho, consiste en crear una relación jurídica de filiación entre dos personas, semejante a la relación que existe entre una persona y sus hijos biológicos. Por eso, ya desde el Derecho romano se decía que “la adopción imita a la naturaleza”.
Ese adagio expresa tanto el alcance de la adopción como sus limitaciones. Por eso, el marco propio de la adopción consiste en aceptar lo que la naturaleza permite y prohibir lo que la naturaleza impide.
Por naturaleza, los vínculos entre padres e hijos biológicos son de tipo natural y jurídico, de manera que la paternidad jurídica es poseída por aquel que es padre biológicamente. El Derecho no crea estos vínculos, sino que sólo debe limitarse a reconocerlos.
En cambio, en la adopción el Derecho sí crea estos vínculos, y por eso puede –y debe– controlar las relaciones de filiación creadas por él, para garantizar que se cumplan los fines de la adopción. De manera que, en este caso, el Estado sí puede elegir que tipos de padres quiere para garantizar el bien de los menores que serán adoptados.
Y justamente aquí se ubica la coyuntura jurídica de la posible adopción por parte de parejas homosexuales. Si el Estado puede decir quienes pueden adoptar, ¿por qué no podría elegir como adoptantes a una pareja del mismo sexo?
No es posible que una pareja así pueda recibir a un menor en adopción, porque el vínculo de filiación adoptiva debe construirse a imagen del vínculo de filiación biológica: un padre, una madre y un hijo.  Pero no dos padres y una madre, porque eso no existe en la filiación biológica; ni tampoco dos madres sin padre, porque nadie tiene biológicamente dos padres o dos madres.
Lo que pretende la adopción por parte de dos personas homosexuales es crear unos vínculos artificiales de filiación entre dos padres y un hijo, o entres dos madres y un hijo. Pero este tipo de vínculo no existen en la filiación biológica.
El problema de fondo radica en que el sistema jurídico mexicano es de corte positivista: a diferencia del Derecho romano, sólo toma en cuenta lo que está escrito en las leyes, y prescinde de parte de la realidad que no ha sido descrita por las normas. Sin embargo, estos argumentos biológicos tienen el peso de ser reales, aunque no sean reconocidos por las leyes.
Apoyados en este positivismo jurídico, algunos activistas homosexuales quieren utilizar el Derecho como un instrumento para satisfacer los deseos de paternidad que la naturaleza les niega. Así, aunque se consiga el reconocimiento legal de la “adopción gay”, jamás conseguirán que la biología los apruebe… ni podrán tampoco impedir las consecuencias de obrar contra la naturaleza.

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domingo, 8 de agosto de 2010

Legalizar drogas: ¿solución eficaz?

Luis-Fernando Valdés

El Presidente Calderón sugirió recientemente que, en la discusión sobre la estrategia de seguridad nacional, no estaba excluido el debate sobre la legalización de las drogas, aunque advirtió los posibles efectos negativos que eso conllevaría (3.VIII.2010). Pero, ¿legalizar los narcóticos es una medida efectiva?
El Presidente Felipe Calderón aceptó el debate sobre la legalización 
de las drogas, aunque no apoya la medida (Foto: EFE)

El tema no es nuevo, en diciembre de 2008, el Jefe del Ejecutivo planteó una ley que no penalizaba la posesión de drogas para consumo personal y, en noviembre de 2009, el ex Presidente Fox se pronunció a favor de la legalización de las drogas blandas. Pero mucho antes, en los años 70, Holanda las despenalizó… y su modelo fracasó (como en su momento explicamos en esta columna: ver artículo).
¿Por qué algunos piensan que ésta sería una buena solución? Basados en la ley de la oferta y la demanda, consideran que si disminuyera el precio de las drogas, quebrarían los narco-productores.
Actualmente, los estupefacientes son caros porque son ilegales y su distribución es muy compleja. Sostienen que si fueran legales, ese costo disminuiría, el precio sería muy barato, bajarían las ganancias, y así se acabaría el imperio económico de los narcotraficantes.
A nivel teórico, la propuesta parece razonable. Pero, se funda en una premisa que no es real. Para que ese modelo funcione, se da por supuesto que todo mundo respetaría las leyes, tanto civiles como del mercado, y que los grupos armados se retirarían pacíficamente para sembrar y distribuir drogas legales, pagando sus impuesto.
Pero eso es una ingenuidad, pues es bastante utópico pensar que –por el hecho de aprobar unas leyes– los traficantes va a cambiar su modo de ser. La promulgación de una ley no los transformará de asesinos y secuestradores en pacíficos comerciantes. Tampoco esas nuevas normas van a hacer que desaparezca la corrupción, que impide la eficacia de las leyes.
Además, los narcos no se van resignar a tener pérdidas gigantescas. Acostumbrados a ingresos millonarios, posiblemente cambien de giro, y se dediquen quizá al secuestro y a la extorsión. Por eso, legalizar las drogas no es garantía alguna de que desaparezcan las mafias, ni la violencia.
Por otra parte, tampoco sería conveniente dar este paso, por el alto costo social que conllevaría. Con toda certeza, las enfermedades relacionadas con la tóxico-dependencia aumentarán. Y si el actual sistema de salud está saturado, ¿qué va a suceder con todos estos nuevos pacientes? Asimismo, también se acrecentará el número de accidentes de tránsito, que derivarán del fácil acceso a las drogas.
Ante estas situaciones, ¿el Estado tiene realmente los medios económicos y de personal para afrontar el incremento del problema de salud pública, que conllevaría inevitablemente la liberalización de la droga?
Y en el campo laboral, ¿se podrá confiar profesionalmente en personas drogadictas? ¿se les deberá garantizar la seguridad de su empleo? Sin duda, sobrevendría un problema muy grande para dar ocupación a estas personas.
La solución no es legalizar los estupefacientes, porque –como afirmó Juan Pablo II– “la droga no se vence con la droga”. Por eso, proponer una política de simple “limitación” o “reducción” de los daños, lejos de resolver el conflicto sólo conlleva admitir que una parte de la población se drogue y vaya hacia su perdición.
Ante esta opción tan “pragmática” y poco respetuosa del ciudadano concreto, ¿no sería preferible optar por una política de verdadera prevención, encaminada a construir o a reconstruir una “cultura de la vida” y un “cultura de la familia”?

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domingo, 1 de agosto de 2010

SB1070: una protección que atropella


Luis-Fernando Valdés

Se ha iniciado una batalla legal en Estados Unidos, entre el Gobierno Federal y el Estado de Arizona, sobre la Ley de migración SB1070. El Gobierno estatal argumenta la necesidad de seguridad en su frontera y la Administración Obama busca quitar las medidas racistas de esa ley. Entonces, ¿la seguridad está enfrentada a los derechos humanos?
Susan Bolton, jueza federal, suspendió la aplicación de la parte 
polémica de la Ley de migración del Estado de Arizona

La jueza federal de Phoenix, Susan Bolton, suspendió temporalmente la entrada en vigor de las secciones más polémicas de la Ley SB1070 que han despertado polémica (28.VII.2010). La sección 2 obliga a las policías locales a determinar el estatus migratorio de una persona si existe una “sospecha razonable”, y la sección 3 establece un sistema de control migratorio por parte de las autoridades estatales, paralelo a las agencias de migración ya existentes.
La decisión de la jueza suspende la facultad que esa Ley concedía a la policía de revisar el estatus migratorio de toda persona sospechosa de encontrarse ilegalmente en ese país. Además, frenó las disposiciones de la ley que convertían en crimen tanto no portar documentos migratorios, como que los migrantes ilegales solicitaran trabajo o lo realizaran.
Esas dos polémicas medidas, ahora suspendidas mientras se determina la constitucionalidad de esa Ley, atentan contra los Derechos humanos. La Declaración Universal de los Derechos humanos (10.XII.1948) establece, en el Artículo 9, que “nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado”.
La SB1070 claramente da pie a que, bajo el pretexto de una “sospecha razonable”, se encubra una actuación policial que puede detener arbitrariamente a cualquier “sospechoso de ser migrante ilegal”. Esta misma situación empujaría a la discriminación racial, pues se podría detener a cualquier que, por el color de su piel, parezca migrante. Es decir, el aspecto latino o asiático sería suficiente motivo para detener a una persona y darle el trato de “sospechosa”.
El Artículo 13 de la Declaración universal sanciona, en § 1, que “toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado”, y en el § 2, se afirma que “toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país”.
De esta manera se garantiza la libertad de tránsito. En la práctica, sólo se exige el pasaporte cuando una persona ingresa a un territorio extranjero; y después esta persona puede transitar por un país sin necesidad de mostrar el visado. La SB1070, al exigir que todos lleven sus documentos en todo momento, está criminalizando a la misma libertad de tránsito.
Aunque es muy comprensible que Arizona busque proteger su frontera de la incursión de traficantes de droga, y que desee controlar el flujo de migrantes ilegales, los medios que propone, a través de esta Ley de migración, no son los adecuados, porque pasa por encima de los Derechos humanos.
Es importante que se haya suspendido la parte discriminatoria de la SB1070, pero ahí no puede terminar esta contienda jurídica. Estados Unidos necesita una nueva ley federal sobre migración, que permita acoger a los migrantes e integrarlos a la vida social de esa nación, sin limitarse a introducirlos utilitariamente en su sistema económico.
Además, la buena solución a este conflicto legal sentará un precedente en el que se establecerá si es posible o no, asegurar la seguridad pública de un modo armónico con los Derechos humanos. Mientras tanto la moneda del respeto a los migrantes sigue en el aire.

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domingo, 25 de julio de 2010

“Narco lección”

Luis-Fernando Valdés

Recientemente, la Ciudad de Torreón atrajo la atención de los medios informativos de América y Europa. El motivo fue la triste noticia de la masacre de 18 personas (más 17 heridos), durante una reunión (19.VII.2010). Como para no creerlo, este atentado ya se había anunciado por Internet, dos semanas antes. ¿Por qué en una fiesta? ¿Por qué a los jóvenes?
La causas de esta durísima crisis nacional son variadas y complejas, de modo que en el espacio de la columna de hoy no los podemos agotar. Sin embargo, sí podemos hacer una serie de reflexiones a propósito de estos muchachos asesinados.
Sin poder dejar de lado la ola de sangre, de crueldad, de desintegración familiar, vale la pena centrarnos un momento en la cultura que el narcotráfico ya ha introducido en nuestro País. No me refiero sólo a los “narco-corridos”, sino al horizonte que se ha creado y al que ya aspiran miles de jóvenes, que afirman: “de grande quiero ser sicario”.
Los mexicanos por cultura somos personas que se saben entregar a ideales. Y esa entrega tiene generalmente un cariz “vocacional” (“nací para esto”), y no pocas veces raya en una religiosidad (aunque no se refiera a un Ser sobrenatural). De modo que cuando un joven mexicano escoge un ideal que seguir, seguramente lo verá como la misión por la cual vivir y a la cual ser fiel.
Cuando estos ideales son espirituales o altruistas, no hay mayor problema (salvo algunas exageraciones propias de la juventud). Entonces los jóvenes ponen toda su iniciativa, su tiempo y su energía en ese ideal: misiones religiosas, proselitismo político, voluntariado y el ejército. Pero, ¿qué pasa con ese gran potencial, cuando se elige como ideal el narcotráfico?
Éste es el gran problema que hoy quisiera denunciar: México está perdiendo el corazón de miles de jóvenes, y toda la iniciativa y la energía que ellos tienen se está convirtiendo en la herramienta de bandas armadas.
Ahora mismo, la crueldad ya no es el único tema preocupante, sino también lo es constatar la gran capacidad de organización, de estrategia, de iniciativas financieras y paramilitares. Es decir, hay una gran iniciativa y mucha inteligencia detrás de esta guerra. Y esa iniciativa e inteligencia de tantos jóvenes son lo que el narco le ha robado a nuestro País.
Qué pena que tantas personas no hayan tenido la oportunidad de emplear sus grandes capacidades para hacer el bien, para levantar su comunidades, para sacar adelante a nuestra Patria. No  es suficiente denunciar que la pobreza, la injusticia, la desigualdad de oportunidades, el difícil acceso a la educación son algunas de las causas, porque el problema sigue ahí: esos jóvenes ha encontrado en la asociación con las bandas de traficantes el modo de crecer y servir a un ideal.
La cultura del narco ha venido a llenar un triste hueco: el de los ideales por los cuales entregar la vida. Qué pena que la Fe y la Patria ya no sean el horizonte para esos jóvenes. La pérdida de credibilidad en no pocos de los que detentan los ideales religiosos, políticos y cívicos subyace en este problema.
Ésta es una amarga lección que nos da el narcotráfico: si a los jóvenes no se les presentan ideales verdaderos (religiosos, políticos, sociales…), si no hay quienes encarnen de verdad esas altas metas (clérigos, políticos, empresarios, periodistas…), si no se ofrece a los muchachos las condiciones (económicas, educativas, sanitarias…) para conseguirlos, entonces el narco seguirá fagocitando a la juventud mexicana. La tarea pues está clara… vayamos por ella.
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domingo, 18 de julio de 2010

Pederastas en la mira

Luis-Fernando Valdés

La Santa Sede publicó recientemente (15.VII.2010) la nueva normativa judicial sobre los llamados “delitos más graves”, entre los cuales están la pederastia y la ordenación de mujeres. Inmediatamente Erin Saiz Hanna, directora ejecutiva de la Conferencia para la Ordenación de mujeres protestó: no son equiparables una el abuso de menores con la promoción sacerdotal de la mujer. Pero ¿el Vaticano realmente los equipara?
La Santa Sede está tomando medidas canónicas para procesar con mayor rapidez a los sacerdotes acusados de abusar de menores. Pero estos nuevos procesos se enmarcan en la legislación canónica, que si alguno no la conoce bien, podría pensar se da esa equiparación.
En este documento se habla también de otra serie de delitos, los llamados “contra la fe”, y entre ellos está el intentar conferir el sacerdocio a una mujer. Es decir, este delito está en otro capítulo distinto a la pederastia.
Veamos un poco de historia, para comprender la importancia del nuevo texto. En 1988, Juan Pablo II estableció que es competencia de la Congregación para la Doctrina de la Fe juzgar los “delitos contra la fe” y los “delitos más graves” cometidos contra la moral o en la celebración de los sacramentos (Const. Apost. “Pastor Bonus”, 28.VI.1988, art. 52).
El 30 de abril de 2001, Juan Pablo II publicó el motu proprio “Sacramentorum sanctitatis tutela” en el que se tipifican esos dos tipos de delitos. En él se confirma una Instrucción de 1922, en la que ya se calificaba de delito muy grave el abuso de un menor por parte de un clérigo. Pero los procedimientos previstos resultaron ser muy lentos, como se mostró en la reciente crisis de Estados Unidos y de Irlanda.
Para resolver esta situación, Benedicto XVI acaba de aprobar las Normas “De gravioribus delictis”, fechadas el 21 de mayo pasado, pero promulgado hace a penas unos días. Este documento solamente modifica los procedimientos a seguir en el caso de que un clérigo comenta un delito de esta especie; todo lo demás se conserva igual.
Las novedades de este documento muestran la solicitud del Vaticano para no retrasar la justicia, y el deseo de proteger más todavía a los menores. Estos cambios prevén que los procedimientos sean más rápidos, e incluyen la posibilidad de no seguir “el camino procesal judicial”, sino proceder “por decreto extrajudicial”, es decir, presentar directamente al Santo Padre los casos más graves en vista de la dimisión del estado clerical al culpable, sin realizar todo el trámite judicial.
También es importante resaltar que ahora la prescripción de estos delitos pasa de diez a veinte años (que se cuentan a partir de que la víctima cumple 18 años), quedando siempre la posibilidad de ampliar ese periodo. También, a favor de las víctimas, se han equiparado a los menores las personas con uso de razón limitado (aunque sean mayores de 18 años).
Y además se ha tipificado como uno de los “delitos más graves” la pornografía infantil, que se define como “la adquisición, posesión o divulgación” por parte de un miembro del clero “en cualquier modo y con cualquier medio, de imágenes pornográficas que tengan como objeto menores de 14 años”.
Entonces, ésta es una noticia para celebrar, porque muestra que la Iglesia no está dispuesta a encubrir más a los que cometan estos delitos. Es una señal de una rápida y profunda respuesta del Vaticano, que busca que evitar que haya más víctimas. Y sobre el sacerdocio femenino, seguramente Saiz Hanna fue entrevistada sin que hubiera podido estudiar el documento.
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domingo, 11 de julio de 2010

Lo que “Alex” no se llevo

Luis-Fernando Valdés

Seguimos viendo en los noticieros las secuelas del huracán “Alex”, que ha dejado un rastro de desastre. En Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, ciudades grandes y pequeñas se inundaron, varias personas perdieron la vida, carreteras y puentes destruidos, miles de millones de pesos en pérdidas de infraestructura. ¿Qué ha quedado en pie?
 Puente del ferrocarril de Sabinas, Coahuila, después de las lluvias del 5 de julio.

Me considero “ciudadano del mundo” pues he vivido en seis ciudades de tres países, y de todas ellas me he considerado “oriundo”. Nací en Sabinas, Coahuila, lugar en el que viví mis primeros años, y donde tengo sólidas raíces de varias generaciones.
Al hablar por teléfono con mis familiares y amigos, y al contemplar las fotos de la inundación de mi ciudad natal, me llevé una doble impresión. Mientras que las imágenes me mostraban la inundación de lugares tan entrañables para mí, como la Plaza principal y la Iglesia de Guadalupe, por contraste, las conversaciones me conmovieron, por estar llenas de fe y de serenidad.
Entonces me di cuenta que “Alex” destruyó lo que se había construido a lo largo de 130 años, pero no se pudo llevar el espíritu y la esperanza de mi gente. Y esta actitud espiritual ha sido una experiencia constante no sólo en estos Estados del norte ahora afectados, sino también, en fechas recientes, en las tragedias del desbordamiento del río Grijalva en Tabasco, en las inundaciones del Estado de México y de la Capital, y en la marejada que azotó Baja California Sur.
Las maneras de afrontar las dificultades varían de persona a persona y, ante eventos de esta naturaleza, hay quienes reaccionan con optimismo, y no faltan –sinceramente los entiendo– quienes lo hacen con abatimiento. Sin embargo, me parece destacable que hay un claro trasfondo espiritual en la mayoría.
Y ese modo de ver la vida y de afrontar las grandes dificultades se llama, en cristiano, “esperanza”, la cual se ha manifestado en la profunda convicción de que Dios cuidó de los damnificados, porque aunque perdieron sus casas y enseres, conservaron sus vidas y sus familias.
Esta misma visión espiritual es la que noté, cuando alguno me comentó que, al ver la ciudad inundada, le vino a la mente el pensamiento de “¿qué querrá Dios de nosotros?”, y se contestó a sí mismo, “seguramente, que me de cuenta de que lo material no es lo único”.
Una vez más, volví a notar que durante las tragedias naturales, la mayoría de la gente de nuestra Patria pide primero una oración, convencidos de que luego ya vendrá la necesaria ayuda material. Aunque no todos los mexicanos profesamos el mismo credo, el “humus cristiano” está en la base de nuestra visión, y es la fuente de nuestra solidaridad.
Siguen momentos difíciles, pues se requieren arduas labores de limpieza y de reconstrucción. Y entonces vienen bien las palabras de Benedicto XVI:  hay esperanza en todo esfuerzo humano por lograr un mundo mejor, “pero el esfuerzo cotidiano por continuar nuestra vida y por el futuro de todos nos cansa o se convierte en fanatismo, si no está iluminado por la luz de aquella esperanza más grande, que no puede ser destruida ni siquiera por frustraciones en lo pequeño, ni por el fracaso en los acontecimientos de importancia histórica”. Y esta “esperanza más grande”, religiosa, es lo que “Alex” no nos podrá arrebatar.
Quisiera con estas líneas dar un testimonio de la esperanza espiritual de mi paisanos, y expresarles un signo de la solidaridad de parte de todos los que hemos sido testigos a distancia de estos acontecimientos.
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domingo, 4 de julio de 2010

Matrimonio gay: ¿modernidad legislativa?

Luis-Fernando Valdés

En estos días la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) discutirá el proyecto de sentencia sobre la constitucionalidad del matrimonio homosexual. El borrador del Ministro Sergio Valls habla de aprobar este tipo de uniones, de modo que sería una ley válida para toda la República. Con esta nueva legislación, ¿se pondrá México a la vanguardia en derechos humanos?

En diciembre de 2009, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) aprobó los matrimonios homosexuales, dando un paso más adelante de la ley de sociedades de convivencia, que regula la unión de personas del mismo sexo. La Procuraduría General de la República promovió una querella de inconstitucionalidad ante la SCJN, y ésta pronto dictará una sentencia.
 El Ministro de la Suprema Corte Sergio Valls

El texto del Ministro Valls afirma que la Constitución no limita el concepto de matrimonio a la unión entre un hombre y una mujer, y que la Carta Magna no alude a un modelo de familia ideal. Según este Magistrado, la diversidad sexual no sería “un elemento definitorio de la institución matrimonial, sino más bien el resultado de la concepción social que en un momento histórico dado existía, más no el núcleo esencial del matrimonio”. 

De manera que la redefinición del matrimonio hecha por la ALDF, que “pasa de la unión entre un hombre y una mujer” a “la unión entre dos personas” (sin importar su sexo), según Valls, “no afecta o trastoca dicha institución en cuanto a su núcleo esencial o su naturaleza” (www.milenio.com del 30.VI.2010).

 Una reunión del Alto Tribunal de Estrasburgo

Curiosamente, en Europa esta misma situación se ha manejado de una manera totalmente distinta. Hace apenas una semana (25.VI.2010) el Alto Tribunal de Estrasburgo (con jurisdicción para toda la Unión Europea) falló en contra del matrimonio homosexual. 

En respuesta a una pareja homosexual que acusó al Estado austriaco de haber violado el artículo 12 de la Convención Europea de Derechos Humanos de 1950, cuando les negó casarlos en septiembre de 2002, Estrasburgo afirmó que esa Convención “no obliga a ningún Estado a ampliar el derecho al matrimonio a las parejas homosexuales”, y dictaminó por unanimidad que el mencionado artículo, no establece la obligación del Estado austriaco de “abrir el acceso” a ese derecho a una pareja homosexual. 

Esta Corte consideró que el reconocimiento del matrimonio homosexual pertenece al ámbito de la soberanía de cada Estado europeo y que al día de hoy no existe obligación por parte de esos estados a admitirlo, porque desde 1950, “el matrimonio era claramente entendido como la unión entre un hombre y una mujer”.

En cambio, la discusión mexicana ha entrado en el terreno de la retórica. Uno de los argumentos más difundidos en los medios, a favor de la legalización de los matrimonios homosexuales, es superar el “atraso legislativo” mexicano, aunque el Tribunal supremo europeo fundamenta su posición en lo establecido hace 60 años. 

El núcleo de la cuestión no radica en las épocas, sino en la naturaleza misma del matrimonio. El único argumento posible para poder intentar cambiar la noción del matrimonio es mera retórica, pues consiste en afirmar que esta institución es el resultado de cada época histórica, dejando de lado su esencia: la unión de un hombre y una mujer.
Cambian las épocas pero el hombre es el mismo; podrán cambiar los platillos pero el hombre siempre comerá; podrán cambiar las ciudades, pero el hombre siempre necesitará de los demás; podrán cambiar los roles de la mujer y del varón, pero el matrimonio siempre será entre una mujer y un hombre.

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domingo, 27 de junio de 2010

¿Quedan santos todavía?


Luis-Fernando Valdés

El santoral pertenece a nuestra cultura. Ya sea por devoción, ya sea por costumbre, nos referimos a los santos y les pedimos milagros. Pero quizá pocos son los que saben quiénes son y qué hacen los santos.
Los santos de la Iglesia Católica no son dioses ni seres mitológicos. Son seres humanos que recibieron el bautismo, y fueron ejemplares en el seguimiento espiritual de Jesús, de modo que lograron que sus propias vidas se configuraran con la vida y las enseñanzas de Jesucristo, porque la santidad consiste en parecerse espiritualmente a Cristo.
Tan humanos como los demás, los santos lograron reflejar lo sobrenatural en su vida, pues cultivaron un perfil ético muy específico: vivieron del amor a Dios y al prójimo, tuvieron comprensión con todos, se preocuparon de las necesidades de los demás, y fueron austeros, limpios de corazón y, sobre todo, transmitieron alegría y paz a su alrededor.
Hoy me referiré a uno de ellos, cuya fiesta a penas celebramos ayer (26 de junio). Se trata de San Josemaría Escrivá de Balaguer (1902-1975), el Fundador del Opus Dei, canonizado por Juan Pablo II (6.X.2002). Este hombre de Dios ha sido “maestro de santos”.
El 2 de octubre de 1928, Josemaría Escrivá recibió una iluminación intelectual, mediante la cual “vio” que Dios le pedía ayudar a todo hombre y mujer a encontrar a Dios en la vida ordinaria. Así, este Fundador vino a “popularizar” la búsqueda de la santidad, trajo al ciudadano de a pie la posibilidad de vivir a fondo la santidad, a través de las actividades de la vida cotidiana.
Así lo predicó con claridad y realismo: “Dios os llama a servirle en y desde las tareas civiles, materiales, seculares de la vida humana: en un laboratorio, en el quirófano de un hospital, en el cuartel, en la cátedra universitaria, en la fábrica, en el taller, en el campo, en el hogar de familia y en todo el inmenso panorama del trabajo, Dios nos espera cada día”.
Primero, él vivió con gran alegría su vocación cristina, como “un enamorado de Dios”. Y, luego, mediante el influjo de su ejemplo y enseñanzas, un buen número de personas han podido configurar su existencia diaria con Cristo, y han fallecido con fama de santidad.
Entre los hijos espirituales del Fundador del Opus Dei, que están actualmente en proceso de canonización, ocupa un lugar especial su sucesor, Mons. Álvaro del Portillo (fallecido en 1994), que tuvo un papel importante en el Concilio Vaticano II.
Siguiendo el mensaje del Opus Dei se han santificado en las circunstancias más normales de la vida, como la familia. Así lo hizo el matrimonio de Tomás Alvira (+1992) y Paquita Domínguez (+1994); y también el médico guatemalteco, Ernesto Cofiño (+1991), padre de cinco hijos.
Entre ellos también hay profesionistas como Toni Zweifel, Ingeniero Industrial,  suizo (+1989); una joven estudiante española, Montserrat Graces, fallecida a los 18 años, en 1959; y Dora del Hoyo, empleada del hogar, que supo encontrar a Dios en las labores domésticas (+2004).
Así Josemaría Escrivá nos ilustra lo que es un santo: es aquel cristiano que ama a Dios con pasión y que enseña a los demás a vivir con amor verdadero a Dios y a quienes conviven con él.
Todavía hay santos, los de verdad, no los que el folclor popular inventa. En ocasiones, las veladoras y los “ex votos” nos ocultan el verdadero rostro de los hombres y mujeres de Dios, que en realidad han sido personas normales, quizá nuestros vecinos, que sin hacer nada espectacular, supieron encontrar el sentido divino –y humano– de su vida.
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domingo, 20 de junio de 2010

Emboscada al Bicentenario

Luis-Fernando Valdés

Semana sangrienta. Mientras nuestra atención estaba centrada en el Mundial de Fútbol, la narcoviolencia, en diversos puntos del País, rompió un triste récord: 300 muertos en 7 días. Entre esos sucesos, hubo uno que fue muy significativo: la emboscada tendida en Michoacán a un convoy de la Policía Federal Preventiva (PFP).
Lugar del atentado a agentes de la PFP, en Zitácuaro,Mich. Foto: MVT

El pasado lunes 14 de junio, una caravana de Policías Federales fue emboscada por un grupo armado, en una carretera del municipio de Zitácuaro, Mich. Perdieron la vida 10 miembros de la PFP y fueron heridos 15 de ellos.
Este episodio tiene una gran repercusión en la configuración de nuestra Nación, que lleva doscientos años tratando de consolidarse como Estado de Derecho. Esto significa que en nuestro territorio hay unas leyes que son válidas y obligatorias para todos, y las cuales establecen el modo de convivencia entre los ciudadanos.
Estas leyes no pueden ser emitidas por cualquiera, sino sólo por aquellos ciudadanos que han sido elegidos por mayoría para elaborar estas normas. Se trata de los Senadores y Diputados, estos últimos pueden ser locales (en cada Estado) y federales (para todo el País). Las leyes promulgadas por el Poder Legislativo son las únicas que rigen a nuestra Nación.
Pero, constatamos con preocupación cada vez mayor, que los grupos armados están imponiendo su propia ley en las diversas plazas que van ocupando. Cobran impuestos, regulan el comercio, tiene sus propios vigilantes del orden público, “imparten justicia” (o sea castigan a los que no cumplen sus “leyes”).
Este tipo de grupos han hecho que México sea –en la práctica– dos Estados: uno, el oficial, el del Bicentenario, el de los Tres Poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial; y, otro, el invisible, al que nadie le llama “mi patria”, en el que las leyes y las órdenes provienen de una cúpula de capos, y que son puestas en práctica por operadores y, cuando no se acatan, son castigadas por sicarios.
Esta situación “de facto” es un retroceso histórico. Leemos en los libros de historia patria que, a finales del s. XIX, había grupos de bandoleros que imponían su ley en las carreteras y despoblados. Quién no recuerda la famosa novela “Los Bandidos de Río Frío”, de Manuel Payno.
Pero, como es lógico, dos Estados no pueden convivir en un mismo territorio. No caben juntos dos poderes legislativos: el de las leyes promulgadas en el Diario Oficial y el de las normas impuestas por amenazas.
Por eso, esta guerra llevada a cabo en albor de la tercera centuria mexicana, está llena de significado. De su resultado depende si México se consolida como Nación soberana e independiente, o si retrocede a los cacicazgos del s. XIX.
Esta importante situación de fondo parece ser opacada por la montaña de cifras del parte de guerra diario. Daría la impresión de que sólo es enfocada la escalada de violencia. O bien por otra cortina de humo: el “maniqueísmo”, que divide la realidad en buenos y malos.
Así estos hechos sangrientos son narrados como una especie de serie policíaca, en la que hay héroes y los villanos. Pero el que cuente el episodio –la PGR o un “narco corrido”– establecerá quiénes son los buenos. Esto es preocupante, porque no es cuestión de apoyar bandos, sino de consolidar el Estado mexicano.
Junto con ese convoy de la PFP, fueron emboscados doscientos años de Historia. Esas mismas balas, que mataron a nuestros policías, hirieron profundamente también a nuestro Estado de Derecho.
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sábado, 12 de junio de 2010

Migrantes: ¿oro o plomo?


Adolescentes lloran la muerte de Sergio Adrián Hernández Huereca
en el Puente Internacional Paso del Norte, Ciudad Juárez. (Foto: AP)


Luis-Fernando Valdés


La crisis económica sigue empujando a muchos jóvenes a cruzar la frontera norte en búsqueda de oportunidades. Van por el oro de una ilusión de dólares. Pero, con frecuencia lo que encuentran es el plomo de la explotación… y también de las balas. Así fue el caso de Anastasio Hernández Rojas y Sergio Adrián Hernández, muertos a manos de agentes fronterizos. ¿Fueron homicidios o legítima defensa?
Anastasio tenía 32 años y llevaba ya 20 viviendo en el sur de California, era padre de cinco hijos, los cuales nacieron en territorio estadounidense, y se dedicaba a la limpieza de albercas y a la industria de la construcción.
El pasado viernes 28 de mayo, Hernández Rojas fue detenido por carecer de documentos migratorios. Varios agentes de la Patrulla Fronteriza lo golpearon y le aplicaron choques con pistolas eléctricas, en la garita internacional de San Ysidro-Tijuana. Como consecuencia de esta lesiones Anastasio murió tres días después.
Plomo y no oro fue lo que encontró Sergio Adrián Hernández Huereca, estudiante de 14 años, quien fue asesinado por un policía de la Border Patrol, bajo el llamado “puente negro” de Ciudad Juárez, Chihuahua.
Junto con otros jóvenes Sergio Adrián se había pasado al otro lado de la frontera, y fueron sorprendidos por los policías fronterizos. Los agentes persiguieron a los muchachos hasta territorio mexicano, y accionaron sus armas de fuego.
La muerte de ambos compatriotas fue captada en video. Por eso, los dos crímenes han sido objeto de debate en la opinión pública. Tanto las familias de los difuntos como el Gobierno mexicano, y también legisladores de ambos países (durante la 49ª reunión interparlamentaria) han condenado los hechos y han pedido justicia.
Sin embargo, la situación de fondo seguirá sin arreglo, aun cuando sentenciaran a los agresores. Hace falta que se reconsidere la figura de los migrantes. Es necesario reconocer que cada migrante –sin importar su nación y cultura de origen, ni su situación cultural o económica– es una persona, sujeto de dignidad y titular de derechos humanos, previos a cualquier legislación.
En la comprensión actual de los migrantes, parecería que un hombre o una mujer, por el hecho de salir de su patria para buscar un mejor futuro, ya hubiera perdido su dignidad y sus derechos, y pudiera ser maltratados, explotados o agredidos.
Pero ese mal concepto del migrante ha llegado a un nivel más bajo todavía, pues no pocos consideran al inmigrantes como un agresor, como una especie de invasor bárbaro. Y una vez etiquetado como “invasor”, el siguiente paso es casi automático: ahora es un “enemigo” al cual hay que rechazar o incluso eliminar. Y entonces se considera que atacar a un migrante es un derecho, similar a matar en legítima defensa.
Es un gran engaño presentar la agresión a un desarmado como legítima defensa. Por ahí también se puede disfrazar la discriminación con vestidos de justicia. La clave para entender la muerte en legítima defensa radica en la “proporción”: la violencia en el acto defensivo tiene como finalidad someter al agresor, y debe ser proporcionada a la violencia que éste presente. Así, a un hombre desarmado no se le puede abatir a balazos, pues puede ser sometido sin necesidad de quitarle la vida.
El sueño de oro de cruzar la frontera norteamericana seguirá convirtiéndose en plomo de persecución y de explotación, mientras no reconozcamos desde nuestra propia frontera la dignidad de los migrantes, y no exijamos que sean reconocidos sus derechos.
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domingo, 6 de junio de 2010

Chipre: entre el ecumenismo y el fanatismo

Benedicto XVI recibido en Chipre por el Patriarca Ortodoxo

Luis-Fernando Valdés

Benedicto XVI, a pesar de su frágil figura y su escasa salud, suele viajar al ojo del huracán. Ahora peregrinó a Chipre (4-6 junio), tierra de musulmanes y ortodoxos. En la víspera, el Presidente de la Conferencia Episcopal de Turquía fue asesinado por su chofer, que “tuvo una revelación divina” que le indicaba matarlo. Y a su llegada, un pancarta decía: “La Isla ortodoxa no le da la bienvenida al Papa”. ¿Qué busca el Santo Padre en un lugar minoritariamente cristiano?

Chipre es una isla de Mar Mediterráneo, cuyas dos terceras partes pertenecen a la República de Chipre, y el otro tercio fue ocupado por Turquía en 1974, dando lugar la República Turca del Norte de Chipre. La isla tiene una población de 1,103,790 habitantes, de los que a penas 25,000 son católicos (un 2.2 por ciento de la población).

El Papa Ratzinger busca siempre que sus viajes tengan un significado muy especial. En este contexto de minoría católica, el Santo Padre da una señal clara: el ecumenismo, y esta isla es el mejor icono de esta unidad entre cristianos. La Iglesia en Chipre, afirmó el Pontífice, se muestra “como un puente entre el Oriente y el Occidente”.

En una ceremonia ecuménica, nada más llegar a ese país, el Papa expreso su deseo de que “mediante un diálogo paciente y sincero”, se encuentre “la vía para volver a acercar (al Oriente y al Occidente), superando las controversias del pasado y mirando a un futuro mejor”.

En ese mensaje, dirigido tanto a católicos como a ortodoxos, luteranos, armenos y anglicanos, Benedicto XVI puso de manifiesto que sí es posible la unidad, porque ya hay una cierta comunión entre los cristianos de las diversas denominaciones. “Ésta es la comunión, real, aunque imperfecto, que ya ahora nos une, y que nos impulsa a superar nuestras divisiones y a luchar por restaurar aquella plena unión visible, que es querida por el Señor”.

Respecto a la convivencia entre las religiones, Benedicto XVI pronunció un discurso al Presidente de Chipre y al Cuerpo diplomático. Como este país es de cultura y lengua griega, el Papa se refirió ampliamente a los filósofos clásicos, que descubrieron que la felicidad consiste en actuar según la razón y en seguir todo lo que es verdadero, bueno y bello. Y desde ahí propuso una base humana que permita el respeto en las relaciones con los demás.

Luego salió al paso del prejuicio de que las religiones dividen a los hombres. Afirmó que “desde una perspectiva religiosa, somos miembros de una única familia humana creada por Dios, y estamos llamados a promover la unidad y a construir un mundo más justo y fraternos, fundado sobre valores durables”.

Chipre es un símbolo, porque es una encrucijada de cristianos de diversas confesiones y puente con los países de religión islámica. Es un “laboratorio” del diálogo ecuménico y de la convivencia interreligiosa. Es la oportunidad de oro para que la creencia y la adoración de un Ser supremo unan al mundo.

Necesitamos que México sea “otro Chipre”, porque nuestro País ya es ahora un nuevo puente entre culturas y religiones, pues ha quedado atrás la época de una única religión. El Bicentenario de la Independencia es la oportunidad soñada para que México sea un símbolo y un modelo de tolerancia y de diálogo entre las diversas confesiones. Las religiones –el hecho de admitir y adorar a un Ser divino–, es motivo grande para que los creyentes nos respetemos y nos sepamos y sintamos hermanos.

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