domingo, 5 de octubre de 2008

Legalizar drogas: un fracaso anunciado

Luis-Fernando Valdés

El Presidente Felipe Calderón acaba de enviar una propuesta al Senado que plantea no ejercer acción penal contra quienes posean unas cantidades mínimas de cocaína, marihuana u opio. Quienes sean detenidos con cantidades superiores a las establecidas serán tratados como narcomenudistas y no como fármaco dependientes. Pero legalizar las droga –al permitir su consumo personal– es una medida que ya fracasó rotundamente en Holanda ¿para qué aplicar una modelo perdedor en nuestro País?
A mediados de los años 70, Holanda legalizó el consumo de drogas, con la finalidad de “poner en bancarrota” a las mafias, y de “controlar” el uso de estupefacientes. Ciertamente, los precios de los enervantes disminuyeron notablemente, pero no ocurrió lo mismo con el número de consumidores. Los cárteles se fortalecieron. Y, además, llegaron unas tristes consecuencias sociales, como el “turismo de la marihuana”, que consiste en que miles de jóvenes de Francia y Alemania visitan diariamente los Países Bajos sólo para drogarse.
Rob Hessink, antiguo jefe de policía de Rotterdam, luchador de primera hora por la legalización de las drogas, se quejaba en el año 2000 que “primero empezamos tolerando centros de droga para jóvenes, después criminales se adueñaron de ellos para forrarse y ahora toleramos prácticamente la organización de redes criminales”.
Cuando Holanda permitió el consumo y venta de drogas blandas en pequeñas cantidades, una de las razones fue tener controlados los puntos de venta, mediante los llamados “coffee-shops”. Pero el resultado es que este País se convirtió en uno de los productores más grandes de heroína y cocaína. Otro de los argumentos en favor de la tolerancia fue que los jóvenes no buscarían la droga dura si se les facilitaba la droga blanda. Tampoco esto resultó porque en Holanda no hay menos adictos a la droga dura que en otros países.
El 27 de febrero de 1995, la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes de la ONU se pronunció en contra de la legalización de la droga. Este organismo señaló que “legalizar el consumo y tráfico de drogas significa alimentar la demanda”. Como ejemplo de las consecuencias negativas de la permisividad, el informe de la Junta describe el caso de Zúrich: “Los muchos años de tolerancia han llevado a una triste situación en que las autoridades no son capaces de controlar un problema tremendo”. Y luego añadía un dato muy importante, de cara a la rehabilitación de los drogadictos: “en definitiva, estos programas no han conseguido reducir los daños, pero sí han causado perjuicios al impedir y obstaculizar los programas de prevención”.
Además, es muy importante poner en primer plano los motivos éticos. Nunca es moralmente bueno utilizar medios malos para obtener fines buenos. No se puede hacer el mal para que sobrevenga el bien, sentencia la Biblia (Romanos 3, 8). Pablo VI enseñó con firmeza que “no es lícito, ni aun por razones gravísimas, hacer el mal para conseguir el bien” (Humanae vitae, 14). San Agustín lo enseñaba así: “los actos que son por sí mismos pecado, como el robo, la fornicación y la blasfemia, ¿quién osará afirmar que cumpliéndolos por motivos buenos, ya no serían pecados o –conclusión más absurda– serían pecados justificados?” (Contra mendacium, 8, 18).
En el combate contra el narcotráfico, la legalización de la droga no funcionará. ¿O qué tenemos en México que haga que no repitamos los errores de Holanda? Y las consecuencias sociales y éticas serán funestas. Escarmentemos en cabeza ajena.

Correo: lfvaldes@gmail.com
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