viernes, 3 de noviembre de 2017

Francisco: el mundo está en guerra

Año 13, número 652
Luis-Fernando Valdés

El Papa insiste en que vivimos una guerra mundial por fragmentos repartidos por el planeta. Como un nuevo profeta, Francisco advierte que la guerra nos destruye a todos, también a nosotros.

El Papa Francisco rezando entre las tumbas de
los soldados norteamericanos caídos en Italia
durante la II Guerra Mundial. (Foto: OR / ACI)
1. Día de difuntos con el Papa.  Este año, el Santo Padre tuvo dos eventos con motivo de la Conmemoración de todos los fieles difuntos (2. nov.). Primero, celebró la Santa Misa en sufragio por los caídos de todas las guerras, en el Cementerio Americano de Neptuno, cerca de Roma. Y después tuvo un Momento de oración en el Mausoleo de las Fosas Ardeatinas (Roma) por las víctimas de la masacre ordenada por Hitler el 24 de marzo de 1944.
Francisco explicó el significado de estos gestos: “Las guerras no producen nada más que cementerios y muerte: es por ello que he querido dar este signo en un momento en el que nuestra humanidad parece que no ha aprendido la lección o no la quiere aprender”. (News.va, 1 nov. 2017)

2. La guerra no soluciona nada. Francisco visitó el Cementerio Americano Sicilia-Roma que custodia los restos de 7,861 soldados y enfermeras norteamericanos, caídos durante la II Guerra Mundial. Se trata de jóvenes que perdieron la vida entre 1943 y 1944 durante la liberación de Sicilia y la batalla de Anzio, con la que Roma fue liberada.
En la homilía, el Papa recordó que, a lo largo de la Historia, muchos han pensado que la guerra habría resuelto sus problemas; pero que, sin embargo, la guerra sólo trajo un infierno de pérdidas y dolor. E insistió que actualmente hay una guerra a trozos en el mundo, que se está extendiendo cada vez más.
El Pontífice explicó también que “los hombres hacen de todo para declarar y hacer la guerra. Y al final, se destruyen a sí mismos. Esto es guerra: la destrucción de nosotros mismos”. Y añadió en tono de denuncia que hoy “el mundo de nuevo está en guerra y se prepara para estar en guerra con más fuerza” y advirtió que “con la guerra, todo se pierde”. (Rome reports, 2 nov. 2017)

3. Las guerras sólo dan frutos de odio y muerte. Por la tarde del Día de difuntos, Francisco visitó las Fosas Ardeatinas, pues en este lugar a las afueras de Roma, en 1944, el ejército nazi ejecutó a 335 personas. Fue una represalia ordenada por el propio Hitler como respuesta al ataque de los partisanos contra 31 soldados nazis. Hitler ordenó que se asesinara al menos a 10 civiles italianos por cada soldado del Reich.
El Papa estuvo en el sitio donde en grupos de cinco, los nazis iban asesinando a sus víctimas de un tiro en la nuca. Ahí fueron asesinados 68 militares y 255 civiles; de ellos, 73 eran judíos. Allí el Pontífice depositó una rosa blanca en algunas de las sepulturas y caminó en silencio.
Al terminar, Francisco firmó en el libro de honor del mausoleo, en el que dejó un mensaje importante para la paz del mundo, pues señala que “estos son los frutos de la guerra: odio, muerte y venganza”, y concluye con una petición: “Perdónanos, Señor”. (Rome reports, 2 nov. 2017)

Epílogo. Francisco ha escogido un lugar icónico de la II Guerra Mundial para lanzar un mensaje válido para nuestra época. Aunque los puntos de combate estén localizados en unos pocos países, en realidad, afectan a todo el mundo, y por eso constituyen una “guerra mundial a pedazos”. Nos hemos acostumbrado a vivir rodeados de conflictos bélicos, pero estos siguen siendo la causa de destrucción, tristeza e injusticia. ¡No más guerras!
Pero no podemos hablar de la guerra como si fuera un mero dato histórico. Por eso, ante todo, ofrecemos una oración sincera por todas las víctimas de las guerras, de ayer y de hoy, junto con una plegaria por el consuelo de sus deudos.



viernes, 27 de octubre de 2017

¿Por qué el Papa defiende a los “dreamers”?

Año 13, número 651
Luis-Fernando Valdés

“Sigan soñando”, invitó Francisco a un grupo de jóvenes inmigrantes que viven en Estados Unidos y corren el riesgo de ver truncadas sus ilusiones, si son deportados. ¿Por qué Trump desea deportar a estos “soñadores”? ¿Qué peligro representan?

Los dreamers son migrantes que llegaron a Estados
Unidos de niños y ahora tienen la oportunidad de
estudiar una carrera universitaria… si no son
deportados antes.
1. ¿Quiénes son los “dreamers”? En 2006 hubo una iniciativa legal sobre el estatus de los jóvenes inmigrantes que llegaron ilegalmente a Estados Unidos cuando eran niños, titulada “Ley de fomento para el progreso, alivio y educación para menores extranjeros” (“DREAM Act”, por sigla en inglés).
Como esa propuesta no fue aprobada por la cámara alta, el presidente Obama, mediante una orden ejecutiva dictada en 2012, estableció el programa “Acción Diferida para los Llegados en la Infancia” (DACA, por su sigla en inglés), para ayudar a estos jóvenes migrantes a cumplir el “sueño americano”; de ahí el mote de “dreamers” o “soñadores”.
Bajo este esquema, el gobierno acuerda “diferir” cualquier acción sobre el estatus migratorio por un periodo de dos años, con posibilidad de renovación, a personas que llegaron a Estados Unidos cuando eran niños. Además, los beneficiarios reciben permisos de trabajo temporales, licencias de conducir y un número de seguridad social.

2. Trump busca eliminar el DACA. Una de las promesas de campaña electoral de Donald Trump fue eliminar la migración ilegal hacia los Estados Unidos. Este compromiso tiene como icono el muro que el presidente pretende construir en la frontera con México.
Según el New York Times, el mes pasado el fiscal general Jeff Sessions y Stephen Miller, principal asesor de política nacional de Trump, le pidieron a Trump que ponga fin a DACA, pues ambos ven la eliminación del programa como cumplimiento de una promesa de campaña. (NYT, 4 sep. 2017)
Las reacciones en defensa de los “soñadores” han sido muy amplias: desde políticos y activistas hasta la Conferencia de los Obispos de ese país. También el Alto Comisionado de la ONU para Derechos Humanos, Zeid Ra'ad Al Hussein, protestó por esa decisión de Donald Trump y llamó al Congreso norteamericano a actuar y ofrecer a los afectados un estatus legal. (Mural, 11 sep. 2017)

3. Por qué Francisco defiende a los “dreamers”. En una reciente video-conferencia, durante una reciente visita a la sede romana de las Scholas Occurrentes, el Papa le manifestó a un grupo de jóvenes de Texas: “Estoy cerca de ustedes porque los obispos estadounidenses me han contado sus sufrimientos”. (Vatican Insider, 26 oct. 2017)
El Pontífice les narró su propio caso: “Yo soy hijo de migrantes y, si no hubiera habido personas que hubieran acogido a mis padres, yo no estaría aquí con ustedes”. Y les explicó que “acoger una cultura que llega de otros países” es enriquecedor para la nación que recibe a los migrantes.
Según el Papa argentino, los migrantes son un beneficio para el país que los acoge, e hizo esta exhortación: “Le pido a todos los pueblos que ayuden a los migrantes, porque son la promesa de la vida para el futuro”.
El Pontífice mencionó que en la Biblia Dios defiende a los refugiados, porque los israelitas fueron migrantes y recibieron el mandato de acoger a los extranjeros, y porque Jesús mismo fue migrante en Egipto.
A los europeos, Francisco les pidió que “no se olviden que también ustedes son mestizos, debido a las grandes migraciones de los tiempos de los bárbaros, de los vikingos”, y les advirtió que “este no es el momento para jugar al laboratorio aséptico”, sino “el momento de acoger a los que llegan y de respetar las leyes del pueblo que recibe”. 

Epílogo. Si el muro de Trump usa como pretexto que impedirá la llegada de criminales a Estados Unidos, estos “soñadores” son la prueba viviente que la mayoría de los migrantes son personas buenas que aspiran a una buena educación y a trabajar mucho.
Para Francisco, los migrantes tienen una dignidad que debe ser respetada, y deben ser acogidos como personas de bien y no como potenciales criminales. Por eso, su apoyo a los “dreamers” tiene un gran significado.



viernes, 20 de octubre de 2017

Revolución rusa, 100 años después

Año 13, número 650
Luis-Fernando Valdés

¿Por qué ha sido tan poco festejado el centenario de la revolución que marcó la historia del siglo XX? ¿Qué lección se encierra en este silencio? 

Lenin, líder de la revolución rusa, que dejó un saldo
 de libertades atropelladas y de vidas arrebatadas.
1. Las dos revoluciones de 1917. La primera ocurrió, después de la derrota del ejército del Zar en la primera Guerra Mundial, cuando Nicolás II abdicó el 12 de marzo, tras largas movilizaciones sociales de protesta.
La segunda y más conocida aconteció el 25 de octubre, cuando los bolcheviques encabezados por Trotsky, Lenin y Stalin conquistaron el poder, al derrocar al jefe del gobierno provisional, Alexander Kerensky. Entonces el sóviet de Petrogrado se quedó con el poder del Estado, y Lenin empezó la persecución a la Iglesia ortodoxa rusa. (Cfr. El País, 11 abr. 2017)
La historia posterior es larga y compleja: una guerra civil entre los bolcheviques y los contrarrevolucionarios (1918-1921), la Segunda Guerra Mundial (1939) y la dictadura de Stalin, la Guerra Fría (desde 1945 hasta 1989, con la caída del muro de Berlín). Una amarga historia de atropellos a la libertad y de millones de muertos.

2. Un centenario poco celebrado.  Un artículo del New York Times explicaba que este aniversario se redujo a una conmemoración académica, sin mayores celebraciones populares, porque, según algunos funcionarios del Kremlin, historiadores y analistas, el presidente Vladimir Putin detesta la idea de revolución.
“Conocemos bien las consecuencias que pueden tener estas convulsiones históricas”, afirmó Putin en diciembre pasado, durante su discurso del Estado de la federación. “Desafortunadamente, en el siglo XX nuestro país sufrió muchas de estas convulsiones y sus consecuencias”, sostuvo. (N. Macfarquhar, NTY, 13 mar. 2017)

3. El lado obscuro del Comunismo.  La Revolución rusa buscaba implantar las ideas de Karl Marx: la imponer la Dictadura del Proletariado, donde los hombres pudieran vivir iguales, sin propiedad privada, en un mundo sin pobres ni ricos.
Sin embargo, la Revolución se transformó en una auténtica dictadura, en la que no había un dictador, sino una ideología totalitaria, con una visión histórica materialista y atea. Fue la dictadura de todo un sistema político y económico, que persiguió cruelmente a las religiones, especialmente a la cristiana. (Cfr. S. Aragonés, Aleteia, 16 oct. 2017)
La obra titulada “El libro negro del comunismo: crímenes, terror y represión” (1997), escrita por un grupo de profesores universitarios e investigadores europeos, estima que el número de muertos bajo los diversos regímenes comunistas (China, Rusia, Corea del Norte, etc.) “se acerca a la cifra de cien millones”. (Cfr. Aleteia.org, 21 abr. 2017)

4. La historia atrás de la historia.  El biógrafo de Juan Pablo II, George Wiegel, formula una pregunta muy importante sobre el modo pacífico de la caída del muro de Berlín, que marcó el final del comunismo mundial.
Pregunta Weigel: “¿Qué fue lo que hizo que "1989" no implicara derramamiento de sangre y violencia masivos, los dos métodos habituales del siglo XX para efectuar un gran cambio social?” (Aleteia, 30 ene. 2014)
Y responde que esa revolución pacífica fue posible gracias a Juan Pablo II, el Papa polaco que durante sus años como obispo de Cracovia tuvo que lidiar con el régimen comunista, pues este Pontífice fue el que encarnó la “revolución de la conciencia moral” que llama al mal por su nombre, y que por eso fue capaz de aglutinar a pensadores y políticos que dieron lugar al cambio: Vaclav Havel, Ronald Reagan, etc.

Epílogo. No se puede celebrar una ideología que destruye al hombre. Aunque la inquietud por defender a los trabajadores y a los pobres sigue siendo válida, el Comunismo no fue capaz de darle una respuesta, porque el afán de poder que lo sustentaba conllevaba cancelar todas las libertades y matar a sus millones de opositores.
La gran lección de este centenario es que cuando el ser humano abandona los principios morales, destruyendo la libertad individual y la libertad religiosa, el hombre se convierte en el depredador del hombre. Entonces, la gran revolución de hoy consiste en conservar la conciencia moral como guía para solucionar los grandes problemas sociales de nuestro tiempo.