domingo, 6 de junio de 2010

Chipre: entre el ecumenismo y el fanatismo

Benedicto XVI recibido en Chipre por el Patriarca Ortodoxo

Luis-Fernando Valdés

Benedicto XVI, a pesar de su frágil figura y su escasa salud, suele viajar al ojo del huracán. Ahora peregrinó a Chipre (4-6 junio), tierra de musulmanes y ortodoxos. En la víspera, el Presidente de la Conferencia Episcopal de Turquía fue asesinado por su chofer, que “tuvo una revelación divina” que le indicaba matarlo. Y a su llegada, un pancarta decía: “La Isla ortodoxa no le da la bienvenida al Papa”. ¿Qué busca el Santo Padre en un lugar minoritariamente cristiano?

Chipre es una isla de Mar Mediterráneo, cuyas dos terceras partes pertenecen a la República de Chipre, y el otro tercio fue ocupado por Turquía en 1974, dando lugar la República Turca del Norte de Chipre. La isla tiene una población de 1,103,790 habitantes, de los que a penas 25,000 son católicos (un 2.2 por ciento de la población).

El Papa Ratzinger busca siempre que sus viajes tengan un significado muy especial. En este contexto de minoría católica, el Santo Padre da una señal clara: el ecumenismo, y esta isla es el mejor icono de esta unidad entre cristianos. La Iglesia en Chipre, afirmó el Pontífice, se muestra “como un puente entre el Oriente y el Occidente”.

En una ceremonia ecuménica, nada más llegar a ese país, el Papa expreso su deseo de que “mediante un diálogo paciente y sincero”, se encuentre “la vía para volver a acercar (al Oriente y al Occidente), superando las controversias del pasado y mirando a un futuro mejor”.

En ese mensaje, dirigido tanto a católicos como a ortodoxos, luteranos, armenos y anglicanos, Benedicto XVI puso de manifiesto que sí es posible la unidad, porque ya hay una cierta comunión entre los cristianos de las diversas denominaciones. “Ésta es la comunión, real, aunque imperfecto, que ya ahora nos une, y que nos impulsa a superar nuestras divisiones y a luchar por restaurar aquella plena unión visible, que es querida por el Señor”.

Respecto a la convivencia entre las religiones, Benedicto XVI pronunció un discurso al Presidente de Chipre y al Cuerpo diplomático. Como este país es de cultura y lengua griega, el Papa se refirió ampliamente a los filósofos clásicos, que descubrieron que la felicidad consiste en actuar según la razón y en seguir todo lo que es verdadero, bueno y bello. Y desde ahí propuso una base humana que permita el respeto en las relaciones con los demás.

Luego salió al paso del prejuicio de que las religiones dividen a los hombres. Afirmó que “desde una perspectiva religiosa, somos miembros de una única familia humana creada por Dios, y estamos llamados a promover la unidad y a construir un mundo más justo y fraternos, fundado sobre valores durables”.

Chipre es un símbolo, porque es una encrucijada de cristianos de diversas confesiones y puente con los países de religión islámica. Es un “laboratorio” del diálogo ecuménico y de la convivencia interreligiosa. Es la oportunidad de oro para que la creencia y la adoración de un Ser supremo unan al mundo.

Necesitamos que México sea “otro Chipre”, porque nuestro País ya es ahora un nuevo puente entre culturas y religiones, pues ha quedado atrás la época de una única religión. El Bicentenario de la Independencia es la oportunidad soñada para que México sea un símbolo y un modelo de tolerancia y de diálogo entre las diversas confesiones. Las religiones –el hecho de admitir y adorar a un Ser divino–, es motivo grande para que los creyentes nos respetemos y nos sepamos y sintamos hermanos.

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domingo, 30 de mayo de 2010

Genoma artificial: ¿creación sin Dios?

Luis-Fernando Valdés
El ser humano ya puede elaborar una bacteria con un genoma diseñado por computadora. Éste fue el resultado de la investigación de los laboratorios Craig Venter de Estados Unidos, publicado on-line el pasado 20 de mayo, en la revista “Express Science” (www.sciencemag.org). ¿El hombre ha creado por fin la vida? ¿es ya ahora el dueño de la vida?


Venter Craig, ante el Congreso de Estados Unidos / AP

El conocido pionero del genoma humano y exitoso empresario, Craig Venter, y un equipo de 24 investigadores que recrearon sintéticamente el genoma de una bacteria, la Mycoplasma mycoides, lo ensamblaron en una levadura y lo trasplantaron a otra bacteria, la Mycoplasma capricolum, donde reemplazó al ADN nativo, tomó el control de la célula y comenzó a fabricar un nuevo conjunto de proteínas y dirigir su replicación.
Como habíamos ya reseñado en esta columna, en 2007, el grupo de Venter había logró trasplantar cromosomas naturales de una especie microbiana a otra. Y al año siguiente, fabricaron un cromosoma artificial que reproducía genes de Mycoplasma genitalium y que permitían distinguir el material genético natural del artificial.
En realidad, Venter no ha creado la vida, sino que ha dado lugar una bacteria nueva, que es el producto de introducir el código genético de una bacteria A en la estructura de una bacteria B. En palabras de estos científicos: “Fuimos capaces de convertir una célula en otra simplemente cambiando su ‘sistema operativo’ ”.
Se trata de un logro muy importante. Venter afirma que se trata de un “nuevo paradigma” puesto que es “la primera vez que tenemos una célula totalmente controlada por un cromosoma sintético”. “Partimos de una célula viva, pero el cromosoma sintético la transforma totalmente en una nueva célula sintética”
Entonces se entiende bien lo acertado del comentario del diario oficial del Vaticano, “L’Osservatore Romano”: el genoma sintético de esa bacteria es “un muy buen motor, pero no es la vida”. Se trata de “un trabajo de ingeniería genética de alto nivel”, pero “en realidad la vida no ha sido creada”, sólo “se le ha sustituido uno de sus motores” (el genoma).

Jim Collins, Catedrático de bioingeniería de la Universidad de Boston
En la comunidad científica, el logro de Venter y su equipo ha sido recibido con satisfacción pero con reservas. En un artículo publicado por la revista científica “Nature”, Jim Collins, Profesor de bioingeniería de la Universidad de Boston y pionero de la biología sintética, afirmó que ese trabajo es “un avance importante en nuestra capacidad de rediseñar los organismos, pero no representa la realización de una nueva vida desde cero”.
Collins matizó el alcance del experimento: el microorganismo presentado por Venter “es sintético en el sentido que su ADN es sintetizado, no en que haya sido creada una nueva forma de vida”. Y concluyó: “francamente, los científicos no saben lo suficiente sobre biología para crear vida” (www.nature.com del 26.V.2010).
Ante esta estupenda noticia, es oportuno hacer un juicio centrado: no pretender que el hombre haya creado la vida (cientificismo), ni afirmar que la ciencia quiere desplazar a Dios (fideísmo). La ciencia no ha creado vida, pero dio un paso muy grande al sintetizar artificialmente el código de funcionamiento (el genoma) de una bacteria.
Lo sensato será esperar que, con el tiempo, este logro sirva para obtener vacunas y atender padecimientos hasta ahora incurables. Lejos de confrontar la ciencia con la fe, éste avance científico puede contribuir a delimitar bien los campos de la ciencia y los de la religión.
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domingo, 23 de mayo de 2010

Blindaje pontificio

Benedicto XVI saluda a los 200 mil fieles reunidos en la Plaza de San Pedro durante el "Pope Day"


Luis-Fernando Valdés

Aunque en nuestro País tuvo poco eco mediático, el domingo pasado (16 de junio), Benedicto XVI recibió un homenaje multitudinario, en la Plaza de San Pedro. Durante el tradicional rezo del Angelus, el Papa fue calurosamente aclamado por cerca de 200 mil personas, que celebraban el “Pope Day”. ¿Por qué tanta gente? ¿es popularidad o mero fanatismo? ¿hay algo más?

Unos días antes de esa acogida, el Papa había celebrado una Misa en Fátima (Portugal), con medio millón de asistentes, cien mil más que los que Juan Pablo II había reunido en ese mismo lugar, 10 años antes.

Ambos eventos, tiran al aire un mito que fue inventado casi desde el inicio del pontificado de Benedicto XVI: que éste iba a ser menos popular que el Papa Woytila. Es decir, que el auge Papado estaba ligado al carisma personal de Juan Pablo II, y que desaparecería cuando el Papa polaco falleciera.

Estos hechos no tendrían tanta relevancia, si en las semanas anteriores la figura del Papa no hubiera atravesado la dura crisis mediática, producida por el escándalo de abusos a menores por parte de unos cuantos sacerdotes. Este episodio, calificado por Benedicto XVI como la persecución más dura de la historia, debería haber bajado la popularidad del Obispo de Roma, y sucedió justo lo contrario.

Es importante buscar la causa de este fenómeno, y no dejarnos llevar por respuestas simplificadas o por prejuicios. Sería una respuesta muy simple decir que es por “fanatismo”, pues en semanas anteriores hemos publicado las muestras de apoyo de intelectuales europeos que se declaran agnósticos. Y el domingo pasado apoyaron al Papa también políticos no católicos. ¿Desde cuándo los no creyentes son fanáticos de la religión?

La figura del Papa es algo más que ser el jefe de una religión mundial. El mensaje bimilenario que sostiene y transmite íntegramente de una época a otra, coincide con lo más profundo de la aspiraciones humanas de felicidad, plenitud, concordia, solidaridad y paz.

Posiblemente, la fidelidad inquebrantable a ese mensaje con el que la gran mayoría se siente identificado, aunque no sea creyente, sea una de las causas de esta popularidad del Santo Padre. El mundo globalizado necesita un líder moral y lo ha encontrado en el Obispo de Roma, a pesar de las diferencias en las creencias religiosas de los diversos pueblos del planeta.

Además, creyentes o no, todos intuimos que “puede haber” algo más, de origen sobrenatural, que sea la explicación de este mundo; y saber que hay un hombre comprometido a fondo con esa causa, a todos nos llena de esperanza: si ese Dios cercano y misericordioso que Benedicto XVI predica existe, el mal de este mundo no tiene la última palabra.

Sin embargo, el fenómeno del papado no se explica sólo con categorías sociológicas. ¿Qué rey o emperador ha tenido una continuidad de 21 siglos? ¿Qué líder moral es reconocido por personas de lugares y culturas tan distintas: desde Roma hasta Pekín, pasando por New York, Johannesburg y Sydney?

Seguramente debe haber “algo más” que lo explique: no es descabellado pensar que las palabras de Jesucristo: “Tú eres Pedro y sobre esta Piedra edificaré mi Iglesia”, son las que otorgan al Pontífice Romano ese “blindaje” especial, que garantiza que el Papa seguirá ahí, y que siempre tendrá un sucesor. Esa misma protección sobrenatural es la que hará que, a pesar de sus malos miembros, la Iglesia continúe con su papel de valuarte de la vida, de la familia, de la cultura y de la paz.

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domingo, 16 de mayo de 2010

Las confesiones del Papa


Vincenzo Pint/Agence France-Presse — Getty Images

Durante la conferencia de prensa en pleno vuelo a Lisboa,
Benedicto XVI habló de la mayor persecución a la Iglesia.

Luis-Fernando Valdés

Benedicto XVI realizó en Portugal su 15º viaje pastoral fuera de Italia. Después de cada una de las visitas apostólicas de este Papa a los diversos países, la imagen del Pontífice ha quedado reforzada. Entre los nubarrones de la crisis mediática de la Iglesia, provocada por los escándalos de abusos por parte de sacerdotes, ahora “conquistó” a … los propios periodistas.

Este viaje apostólico (del 11 al 14 de mayo pasados) inició con la tradicional conferencia de prensa en el avión, camino hacia Lisboa. Le preguntaron al Papa por el “tercer secreto” de Fátima, y el Santo Padre dio una respuesta bastante inesperada, por lo fuerte de sus palabras, por lo profundo de la autocrítica por parte de la cabeza de la Iglesia.

Explicó que esa revelación privada ya se cumplió, pero que su mensaje de penitencia sigue siendo actual: “se habla, se ve la necesidad de una pasión de la Iglesia, que naturalmente se refleja en la persona del Papa, pero el Papa está por la Iglesia y, por tanto, son sufrimientos de la Iglesia los que se anuncian”.

Y explicó que estos sufrimientos tan fuertes son provocados por la Iglesia misma: “La novedad que podemos descubrir hoy en este mensaje reside en el hecho de que los ataques al Papa y a la Iglesia no sólo vienen de fuera, sino que los sufrimientos de la Iglesia proceden precisamente de dentro de la Iglesia, del pecado que hay en la Iglesia”.

A continuación, el Sucesor de Pedro dio un mensaje escalofriante: que estamos presenciando “la mayor persecución de la Iglesia”, la cual “no procede de los enemigos externos, sino que nace del pecado en la Iglesia y que la Iglesia, por tanto, tiene una profunda necesidad de volver a aprender la penitencia, de aceptar la purificación, de aprender, de una parte, el perdón, pero también la necesidad de la justicia”.

Ante esta claridad del Romano Pontífice, las reacciones no se hicieron esperar. Rachel Donadio, la corresponsal del “New York Times”, periódico que ha mostrado una especial agresividad en su cobertura de la crisis de los abusos en la Iglesia, reconoció que “Benedicto XVI emitió sus declaraciones más contundentes sobre la crisis de abuso sexual que barre a la Iglesia Católica” (www.nytimes.com del 12.V.2010).

Por su parte, el vaticanista del diario español “El País”, Miguel Mora, conocido por su poca simpatía hacia Juan Pablo II, escribió un sorprendente artículo, en el que alaba al actual Pontífice. Según Mora, “cuando el escándalo de la ocultación de la pederastia clerical ha generado la peor crisis de la Iglesia católica en décadas, Ratzinger ha dado lo mejor de sí mismo y ha liderado, con un coraje y una ferocidad de gladiador solitario, impropios en un hombre de 83 años” (“El gladiador solitario”, en www.elpais.es del 12.V.2010).


Benedicto XVI durante la oración de Vísperas, ante la imagen de la Virgen de Fátima

La sincera actitud del Papa Joseph Ratzinger de aceptar los problemas de la Iglesia, y de enfrentarlos con valentía, empieza a ser reconocida por algunos de los vaticanistas menos favorables al Obispo de Roma; pero desde mucho antes fue ya reconocida y admirada por la gente común y corriente. La prueba es que durante la Misa celebrada en la explanada del Santuario de Fátima el 13 de mayo, se reunieron 500 mil personas, mientras que justo 10 años antes, ahí mismo, Juan Pablo II fue acompañado por 400 mil.

Benedicto XVI no ha intentado maquillar la crisis de la Iglesia, sino que la ha denunciado con valentía. Por eso, este Papa en poco tiempo será reconocido por la fortaleza para enfrentar los problemas profundos de la Iglesia.

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domingo, 9 de mayo de 2010

Carlos Llano: "un gran servidor de sus amores"



Conocí a un hombre extraordinario, que dejó una profunda huella en mi vida. Dios lo premió llamándolo a su presencia, el pasado 5 de mayo. Se trata del inolvidable Dr. Carlos Llano Cifuentes, fundador del IPADE y de la Universidad Panamericana. Filósofo y empresario, supo inspirar a miles de personas a buscar el sentido profundo –humano y espiritual– de la vida académica y de la actividad económica.

El Dr. Llano destacó por su enorme producción literaria (decenas de libros y artículos de filosofía y de empresa), por sus grandes dotes de oratoria, pero es recordado por todos los que le conocimos por su gran corazón. Siempre tuvo una palabra, un detalle, para cada uno de los que lo tratamos.

Esta gran capacidad de querer a todos era el fruto de su vida espiritual. Miembro del Opus Dei desde 1948, hizo vida el ideal de San Josemaría Escrivá: buscar a Dios en la vida ordinaria. Ese intenso amor a Dios le llevó continuamente a hacer felices a los demás.


Es imposible presentar una semblanza de tan gran personaje en tan breve espacio. Son muchos los que convivieron con él, y bastantes son los relatos que cada uno podría testimoniar. En estos días he escuchado con emoción muchos recuerdos de Carlos Llano, pero hay uno que me gustaría compartir con los lectores, pues explica la razón de la grandeza del añorado Profesor.

Se trata de un mensaje del Dr. José Manuel Núñez Pliego, Rector del Campus México de la Universidad Panamericana, quien fue un alumno muy destacado de Carlos Llano, y que trabajó a su lado durante años. Por eso, seguramente Núñez Pliego es una de las personas que mejor ha sabido entender la figura del Dr. Llano.

El Dr. Núñez explica condensadamente que “él era un hombre apasionado; un buscador de la verdad; una persona preocupada por formar a otros. Tuvo a lo largo de su vida, la capacidad de entusiasmar a muchos con aquello que él amaba: la verdad, las personas, el Opus Dei, Dios”.

Luego, el Rector Núñez explica el núcleo de la gran personalidad de Carlos Llano: “No quería ser el centro, no buscaba el aprecio de los demás, no pensaba en sí mismo; estaba enfocado hacia aquello que amaba e invitaba a compartir, para él, él mismo era poca cosa, más grande era lo que amaba”.

La figura del Dr. Llano será cada vez más grande, pues pronto se irán conociendo más y más detalles de una existencia centrada en Dios y en ayudar a los demás. Su vida, en términos muy actuales, fue una vida lograda, plena.

Pero, esta plenitud contrasta con el modelo de éxito que se nos presenta la cultura contemporánea. Hoy se considera exitoso sólo al que consigue altas metas económicas, o académicas, al que es conocido en la opinión pública. Tanta veces, el éxito y el egoísmo van de la mano. Todo lo contrario ha sido el caso de Carlos Llano: el secreto de su victoria fue servir a sus ideales.

En palabras de José Manuel Núñez, “su motor nunca fue su propio yo, siempre fue la capacidad de ponerse a sí mismo al servicio de sus amores: hacer el Opus Dei, extender el mensaje de San Josemaría; promover instituciones que siguieran, después de su partida, influyendo en la búsqueda de la verdad y la promoción del hombre. Fue un gran servidor de sus amores y, como se sentía poco para tan grandes pasiones, encendía en los demás esos amores”.

Descanse en paz Carlos Llano, “siervo bueno y fiel” (Mateo 25, 6), quien me ayudó a forjar mi mente y mi corazón en un deseo continuo de buscar la verdad, y de armonizar mi fe con la razón; quien me motivó con su ejemplo a ser un hombre con corazón.

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domingo, 2 de mayo de 2010

Arizona: democracia fuera de límite

Luis-Fernando Valdés

El Estado de Arizona (EUA) aprobó recientemente la Ley de Inmigración SB1070, promovida por la Gobernadora Jan Brewer, que autoriza a las autoridades policiacas a detener a cualquier sospecho de ser un inmigrante ilegal (23.IV.2010). Esta iniciativa, conocida ya como “la legislación más dura de la nación (norteamericana)”, autoriza que la policía pueda interrogar a quien sea, si sospecha que reside ilegalmente en ese país. La simple apariencia de ser latino es suficiente para ser considerado como ilegal: ¿a esto lleva la democracia?

Las protestas dentro y fuera de la Unión americana no se han hecho esperar. Las autoridades y el Senado mexicanos han manifestado su inconformidad, mientras que otras entidades federativas de Estados Unidos, como California y Texas han declarado su desacuerdo con esta medida adoptada en Arizona. Y, en ambos países, diversas organizaciones han pedido un boicot contra ese Estado.

Por su parte, Arizona recientemente ha intentado atenuar la nueva ley, con unas enmiendas al texto aprobado. Sin embargo, la policía del condado de Maricopa (que incluye a Phoenix, capital de ese Estado) han iniciado ya una serie de redadas para arrestar a los migrantes ilegales.

Ante esta situación, que amenaza con ser permanente, ¿qué hay que decir desde el punto de vista de la democracia y de los derechos del hombre?

Iniciemos por hablar de la “Carta democrática interamericana”, firmada por los Países miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA), fechada simbólicamente el 11 de septiembre de 2001. Este documento otorga a los gobiernos del continente (incluidos los Estados Unidos) una guía acción colectiva cuando la democracia enfrenta peligros, entre los cuales se cuenta la discriminación.

Esta Carta señala “el respeto de los derechos humanos” como el primero de los “elementos esenciales de la democracia” (art. 3). Y, a la vez, sostiene que la “democracia es indispensable para el ejercicio efectivo (…) de los derechos humanos” (art. 7). Entonces, si se atenta contra un derecho humano, se atropella la democracia.

Por eso, este tratado internacional considera que “la eliminación de toda forma de discriminación, especialmente la discriminación de género, étnica y racial” contribuye “al fortalecimiento de la democracia” (art. 10).

Y en el caso de Arizona, su Constitución local ha caído en una clara forma de discriminación, y por tanto, está atentando contra la democracia. No es nuevo que “democráticamente” (por mayoría de votos) un estado o una nación aprueben una ley que viola los derechos humanos y atropella la democracia. En las elecciones de la Alemania de 1933, los ciudadanos votaron por el partido nacional-socialista, y días más tarde Hitler fue nombrado Canciller (Primer Ministro), el cual convertido en dictador inició la Segunda Guerra Mundial y ordenó el Holocausto de los judíos.

El caso de la Ley SB1070 nos sitúa frente a los límites mismos de la democracia. Este sistema no es absoluto, pues está en función del ser humano y sus derechos fundamentales. Cuando se reduce la democracia al ejercicio de votar, cuando se piensa que el voto de la mayoría convierte en verdadera o buena una decisión, se corre el gran riesgo de una tiranía disfrazada.

Si la dignidad humana no está por encima de los votos, terminaremos por votar que un grupo particular de seres humanos –los inválidos, los no-nacidos, los inmigrantes– sea eliminado. La verdadera democracia es la que tutela a todo ser humano, sin discriminación.

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domingo, 25 de abril de 2010

Colaborar con la verdad

Luis-Fernando Valdés

Hace cinco años, contemplaba emocionado la Misa del Solemne Inicio del Pontificado de Benedicto XVI. Era de madrugada en el tiempo de nuestro País. Salió el sol y, en el ejemplar del periódico "a.m." de esa mañana, pude contemplar impreso un artículo mío sobre el sobre el recién elegido Pontífice. Que lejos estaba de pensar que cinco años después, el Papa Ratzinger iba a estar en el ojo del huracán.

Recién fallecido Juan Pablo II, un amigo me invitó a un programa de radio en Querétaro, dónde yo vivía en ese momento, para hablar de la figura y mensaje del Papa polaco. Mi participación se repitió con motivo del Cónclave, y como yo había saludado alguna vez al entonces Card. Ratzinger, en la universidad española en la que yo estudiaba el doctorado en Teología, me convertí en el “experto” sobre el tema.

He de decir que durante los dos años previos a estos episodios, había estado leyendo de modo sistemático varios libros de Joseph Ratzinger: en cierto modo, se justificaba mi calidad de “experto” en el tema.

Por estos dos factores y una buena casualidad, fui invitado a para escribir, en un periódico de Querétaro, un artículo en el que explicara quién era el nuevo Pontífice. En esa colaboración, salí al paso de los “mitos” sobre el recién elegido, como su supuesto pasado nazi.

Y a esta entrega siguieron cuatro o cinco más, explicando el pensamiento del Papa alemán. Y a partir de entonces, gracias a los lectores, ese espacio se convirtió en la columna “Fe y razón”. Confieso que llegue a pensar que pronto ya no tendría temas para escribir sobre el Papa… pero, semana a semana, no han faltado noticias sobre el Pontífice, ni oportunidades para comentar aspectos de su pensamiento.

Después de cinco años de presentar a los lectores sus viajes, de comentar sus encíclicas y discursos, y de analizar con detalle las polémicas, se confirmó en mí la percepción inicial que tuve de aquel Cardenal con el que conversé en castellano.

Cuando terminó aquella breve presentación, al contemplar la sencillez y afabilidad del quizá mejor teólogo de la segunda parte del siglo XX, al sentir su mirada amable y escuchar su voz suave y pausada, pensé: “yo quisiera ser su amigo”. Y hoy sigo deseándolo, quizá con mayor ilusión.

Hay un pasaje de sus memorias que me impresionó mucho, y que ha sido uno de mis puntos de inspiración en mi labor como docente universitario de Teología. Ahí el Profesor Ratzinger cuenta que escogió como lema episcopal una palabras de la tercera epístola de San Juan: “colaborador de la verdad”. Y su trayectoria intelectual y vital confirman que así ha vivido.

Benedicto XVI ha resultado un Papa “incómodo” porque no ha dudado en denunciar que “en el mundo de hoy el argumento de la ‘verdad’ ha casi desaparecido”, pero “si no existe la verdad todo se hunde”. Y, con una gran talla intelectual, ha explicado una vez y otra que la mente humana sí puede conocer la verdad, y que por eso el hombre puede y debe orientar su vida hacia esa verdad.

Han pasado cinco años, en una continua apología por el Papa, que nunca ha sido artificiosa, sino que ha surgido con naturalidad, pues sólo he expuesto los hechos, que por sí solos muestran su gran talla moral e intelectual. Ojalá también esta columna mía amerite ser llamada “colaboradora de la verdad”.

Después de haber seguido de cerca su pontificado, he visto a un Papa que no ha tenido miedo de la verdad sobre los errores de la Iglesia; he contemplado a un Pontífice que no se ha desmoralizado ante una opinión pública hostil. Habemus Papam!

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domingo, 18 de abril de 2010

Dictadura sutil

Luis-Fernando Valdés

El Papa celebró su cumpleaños 83 entre el acogimiento de los católicos y la dura campaña de desprestigio de algunos medios. Este fin de semana, Benedicto XVI inició un viaje apostólico a la Isla de Malta, y no faltaron protestas y manifestaciones de algunos lugareños. ¿Qué hay en el fondo de esta crisis mediática?

Atravesamos por una “histeria mediática” (Diego Contreras), que consiste en sacar en la prensa únicamente los casos de pederastia atribuidos a sacerdotes, de modo que se relacione en la mente del lector o espectador a la Iglesia con los abusos sexuales a menores.

Los sociólogos llaman “pánico moral” a la presentación de problemas sociales existentes desde hace decenios como si fueran nuevos, con datos exagerados que se repiten sistemáticamente (Massimo Introvigne).

Estos fenómenos de comunicación de masas producen un efecto casi invisible: la desconfianza en la religión, la cual es la principal fuente de esperanza de los seres humanos. Los causantes de esta crisis están –consciente o inconscientemente– reproduciendo lo que la Alemania nazi o la Rusia comunista intentaron por todos los medios: eliminar a Dios.

Estos sistemas totalitarios persiguieron a la religión para que el hombre se olvidara de Dios, y pusiera su esperanza en el Tercer Reich o en el Paraíso del proletariado. Hoy sucede lo mismo, pero con una nueva versión: que la esperanza se ponga en la ciencia, en la riqueza, en una vida placentera…

En una homilía reciente, el Santo Padre puso de relieve que las dictaduras siempre han sido contrarias a la obediencia a Dios. “La dictadura nazi, así como la marxista, –dijo– no pueden aceptar a un Dios por encima del poder ideológico”.

Y explicó que hoy existen formas sutiles de dictaduras: “Un conformismo, por lo que se vuelve obligatorio pensar como piensan todos, actuar como actúan todos, y las agresiones sutiles o menos sutiles contra la Iglesia, demuestran cómo ese conformismo puede realmente ser una verdadera dictadura”.

El Papa explicó que la causa de estas dictaduras consiste en que el hombre toma el lugar de Dios y termina por eliminar al hombre. Recordó que se habla a menudo de la plena autonomía del hombre y, por tanto, de liberarse de Dios. “Pero esta autonomía –afirmó– es una mentira. Una mentira ontológica, porque el hombre no existe por sí mismo y para sí mismo. Es una mentira política y práctica, porque la colaboración y el compartir libertades son necesarios y si Dios no existe, si Dios no es una instancia accesible al hombre, queda como suprema instancia sólo el consenso de la mayoría”.

Pero esa opinión mayoritaria se convierte en un instrumento contra el hombre. El Pontífice advirtió que entonces “el consenso de la mayoría se vuelve la última palabra a la que debemos obedecer y este consenso –lo sabemos por la historia del siglo pasado– puede ser también un consenso del mal. Así vemos que la denominada autonomía no libera al hombre”.

Esta crisis mediática busca desprestigiar a la Iglesia, para que su peso moral no siga denunciando los grandes crímenes de nuestra civilización: aborto, eutanasia, corrupción, hedonismo… Como lo intentó Hitler, como lo buscó Stalin.

La lección de la Historia es importante. Cuando el ser humano pone su esperanza de plenitud, de felicidad, de superar el mal y de encontrar sentido, únicamente en un sistema intramundano, el resultado siempre es el mismo: el hombre atropella al hombre. La esperanza que no falla es la fe sobrenatural, pues es la única que libera al hombre al unirlo a Dios.


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Para entender la crisis mediática de la Iglesia

Como material adicional a mi columna de hoy domingo, 18 de abril de 2010, les sugiero que vean los siguientes artículos:


domingo, 11 de abril de 2010

El Papa en la mira



Luis-Fernando Valdés

La agencia “Associated Press” (AP) acaba de publicar una carta del entonces Card. Ratzinger en la que supuestamente postergaba la remoción del ministerio al pederasta Stephen Kiesle. Esta nota dio la vuelta al mundo ayer, y ha dejado un halo de sospecha sobre Benedicto XVI. Pero ¿el actual Papa defendió realmente a un pedófilo?

Veamos primero la historia de este suceso. La diócesis de Oackland pidió a la Santa Sede la dimisión de Kiesle, en 1981; fue hasta finales de ese año que el Card. Ratzinger inició su gestión como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF), organismo encargado también de seguir este tipo de casos. Fue hasta 1985 que el Prefecto Ratzinger envió al obispo de Oackland, una carta en latín, explicando que convenía considerar el caso teniendo en cuenta el bien de la Iglesia universal y anunciando que se requería una evaluación minuciosa que llevaría tiempo. En 1987, Kiesle fue reducido al estado laical.


Ahora veamos la explicación del Vaticano que, salvo que pensemos que la Santa Sede miente, reconstruye mejor que la AP el proceso que fue seguido contra Kiesle. El entonces Prefecto no ordenó que este sacerdote fuera readmitido, sino que sugirió prudencia en su dimisión. También aconsejaba “tener el máximo cuidado paternal”, pero no para el agresor sino para las víctimas.

El Card. Ratzinger definía como “muy significativos” (de mucho peso) los argumentos presentados para remover al sacerdote de su ministerio, pero sugería prudencia al obispo diocesano, pidiéndole que considerara “el bien de la Iglesia universal” y el “daño que conceder la dispensa (del ministerio) puede provocar en la comunidad” sobre todo por la joven edad del sacerdote.

En otras palabras, era una invitación a la prudencia y no una orden para readmitir a Kiesle a sus encargos pastorales, y además esta readmisión no estaba en la jurisdicción de la CDF sino en la del obispo local. La confusión proviene de confundir “remoción del encargo pastoral” (no poder ejercer el ministerio) con “reducción al estado laical” (dejar de ser sacerdote). El futuro Papa no rechazó que Kiesle fuera removido del ministerio, sino que pidió prudencia para dar el segundo paso.

En realidad, este hecho no muestra ningún encubrimiento por parte del Card. Ratzinger, sino más bien mucha prudencia para una decisión que, en el contexto de hoy, se nos antoja que debe ser inmediata. Prudencia no es complicidad, pero esta demora sirve para sembrar la sospecha.

Y la sospecha es el objetivo de fondo. En la nota original de la AP (www.ap.org), el autor, Gillian Flaccus, en su interpretación del suceso, muestra este afán de salpicar al Papa con la duda de si fue cómplice de ocultar estos casos de pederastia.

Esta carta, escribe Flaccus, “constituye un desafío aún mayor a la insistencia del Vaticano de que Benedicto no desempeñó ningún papel en el bloqueo de la remoción de sacerdotes pedófilos durante sus años como jefe de la oficina de vigilancia doctrinal de la Iglesia Católica”.

Entonces, según este periodista, el Vaticano tiene el desafío de probar que el Santo Padre no obstaculizó los castigos a los ministros pederastas; o sea, que el Papa protegió a un pedófilo y ahora el Vaticano tiene que probar que no fue así.

A pesar de estos comentarios, son los hechos los que acreditan la valiente actuación de Benedicto XVI que, por una parte, ha mostrado mano firme con los sacerdotes abusivos; y, por otra, ha expresado un deseo grande de volver a reunirse con las víctimas.

[La carta se puede leer en: http://www.corriere.it/Primo_Piano/Cronache/2010/04/09/pop_lettera.shtml]

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domingo, 4 de abril de 2010

Defienden ateos al Papa

Luis-Fernando Valdés

Con motivo de los escándalos de pederastia por parte de algunos clérigos en Estados Unidos y Alemania, una activista de izquierda afirmó que la legitimidad de la Iglesia como garante de la educación de los más pequeños se ha visto minada. Duras palabras, pero ¿qué hay en el fondo de esta tendenciosa afirmación?

La respuesta nos la proporciona Marcello Pera, filósofo y senador italiano, que no es creyente. En forma de carta abierta al “Corriere della Sera” (Milán,17.III.2010), titulada “Una agresión al Papa y a la democracia”, este pensador ofrece un fino análisis de la campaña mediática en la que se ha visto envuelta la Iglesia católica.


El Prof. Pera afirma que el laicismo ha declarado la guerra al cristianismo en el mundo occidental. No se trata de una batalla aislada sino de una guerra total, extendida en todos los frentes. El laicismo cambiado de táctica pero el objetivo sigue siendo el mismo: destruir la religión católica.

El ex Presidente del Senado italiano señala que esta guerra no es “propiamente contra la persona del Papa, porque, en este terreno, es imposible. Benedicto XVI es inexpugnable en su imagen, su serenidad, su limpidez, su firmeza y doctrina. Basta su leve sonrisa para desbaratar un ejército de adversarios. No, la guerra es entre el laicismo y el cristianismo”.

El coautor también, junto con Benedicto XVI, de un libro de ética y política, (“Sin raíces”, 2009), explica que esta campaña mediática ataca al Papa, porque “los laicistas saben bien que, si algo de fango llega a la sotana blanca, la Iglesia se ensuciaría, y si ella está sucia, también lo estaría la religión cristiana”.

Según Marcello Pera, éste sería el trasfondo de las preguntas que esta campaña está empleando para desprestigiar a la Iglesia, como “¿quién mandará a sus hijos a una escuela católica?”

Este pensador compara la situación actual con el nazismo y el comunismo. Si en tiempos de estas ideologías, «la destrucción de la religión comportó la destrucción de la razón, el triunfo del laicismo hoy no comportaría el triunfo de la razón laicista, sino otra barbarie».

E inmediatamente, Pera señala las consecuencias de este laicismo, que ya son bien visibles: “en el plano ético, es la barbarie de quien asesina a un feto porque su vida dañaría la ‘salud psíquica’ de la madre. De quien dice que un embrión es un ‘grumo de células’ bueno para experimentos. De quien asesina a un anciano porque ya no tiene una familia que lo cuide. De quien acelera el final de un hijo porque ya no está consciente y es incurable”.

Por otra parte, Giuliano Ferrara, ex-comunista, agnóstico y liberal, director del diario italiano “Il Foglio”, también defendió a Benedicto XVI de las acusaciones. Después de alabar las medidas del Papa para combatir los abusos en la Iglesia, explica que ésta “nunca podrá renunciar a tratar el pecado como pecado, y al arrepentimiento como puerta abierta al perdón y a la expiación cristiana, para transformarse en máquinas de burocracia penal al servicio de los tribunales”.


Al final, la sotana del Santo Padre sí está salpicada, pero no del barro de los malos clérigos, sino de la sangre de tanto inocente al que el Papa ha intentando defender desde el seno materno, de las lágrimas de los ancianos y enfermos terminales, cuya dignidad el Pontífice se empeñado en proclamar. Por eso, tanto los fieles cristianos como los pensadores no creyentes apoyan a Benedicto XVI, que hoy por hoy es el ancla verdaderamente firme ante el maremoto moral de occidente.

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domingo, 28 de marzo de 2010

Pederastia y opinión pública

Luis-Fernando Valdés

El tema de los abusos sexuales por parte de clérigos sigue muy presente en los medios de comunicación. Recientemente, Benedicto XVI envió a los católicos irlandeses una carta sobre esta crisis (21.III.2010), y el “New York Times” (25.III.2010) ha buscado involucrar al Papa mismo en la cadena de complicidad. Parecería que algunos han encontrado la oportunidad dorada para señalar el lado oscuro de la Iglesia; pero el resultado que han conseguido es la perdida de objetividad en su juicio sobre los sacerdotes. ¿Cuál es la justa valoración de estos abusos?

Para un juicio ponderado, lo primero es entender las proporciones de los datos. Luigi Accattoli, un prestigiado vaticanista, aporta este importante análisis: desde 1995 se han denunciado en Alemania 210,000 casos de abusos sexuales; de ellos, sólo 94 afectan a personas o instituciones de la Iglesia católica (“Liberal”, 9-03-2010). Es decir, los clérigos sólo están relacionados con el 0.044 por ciento de las denuncias.

Pero, ¿por qué no se ventilan en la opinión pública el 99.9 por ciento restante de los casos? ¿Sólo si se trata de la Iglesia es noticia? El problema es que se ha creado una imagen falsa: como si sólo en la Iglesia pasara esto.

Ahora veamos los datos proporcionados por la Santa Sede. Mons. Scicluna, que es el “fiscal” del Vaticano para estos casos, explicó que en los últimos nueve años (2001-2010) se han analizado las acusaciones relativas a unos 3,000 casos de sacerdotes diocesanos y religiosos, por delitos cometidos en los últimos cincuenta años. De ellos, sólo el 10 por ciento eran actos de pederastia verdadera y propia, esto es, por atracción sexual hacia niños impúberes. De modo que son trescientos clérigos acusados en nueve años.

Y añadió el Prelado que trescientos “son siempre demasiados, desde luego, pero hay que reconocer que el fenómeno no está tan difundido como se dice”. En efecto, actualmente la Iglesia cuenta con 400,000 sacerdotes, de modo que los acusados representan el 0.075 por ciento de los clérigos. De nuevo, se proyecta ante la opinión pública una falsa imagen, que parece sugerir que una “gran cantidad” de clérigos fueran depredadores.

Para formarse una opinión objetiva también hay que darse cuenta que sí hay una campaña difamatoria contra la Iglesia. Para muestra un botón: El “Times” (13.III.2010) se hizo eco de una acusación hecha por el “Süddeutsche Zeitung”, que afirmó que un sacerdote de la diócesis de Essen, Peter Hullermann, acusado de abusos sexuales a un muchacho de 11 años, fue recibido en la diócesis de Münich y Frisinga, cuando el Card. Ratzinger era el Arzobispo.

En realidad, el Cardenal sólo autorizó que viviera en una residencia de sacerdotes de Münich mientras recibía una terapia. En diciembre de 1981, Ratzinger fue nombrado colaborador de Juan Pablo II, y se fue a vivir definitivamente a Roma. Fue hasta diciembre de 1982, cuando el vicario general de Münich, Gerhard Gruber, decidió asignar a Hullermann a una parroquia. En un comunicado reciente, Gruber reconoce su error y asume “toda la responsabilidad”. Como se puede observar la intención de estos medios era acusar al Papa de haber cometido lo mismo que él condenó de los obispos irlandeses: encubrir a los culpables.

No puede ser ponderada una valoración que, en vez de buscar justicia hacia las víctimas, pretende el descrédito de la Iglesia, sin reconocer que se trata de un problema no generalizado, y sin reconocer el gran bien que la Iglesia ha aportado a millones de personas.

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domingo, 21 de marzo de 2010

La clave del ecumenismo

Luis-Fernando Valdés

Las Iglesia católica es una gran fuente de noticias. Y no sólo por la actual crisis de escándalos, sino también por el fenómeno llamado “ecumenismo”, que es la búsqueda de la unidad de los cristianos de las diversas confesiones. Este tema es sensacional porque pone a la razón en el límite: ¿es humanamente posible la unidad entre las diversas ramas del cristianismo? ¿o hay que buscar un factor no-humano, divino, que la haga posible?

En este primer trimestre del año han ocurrido varios eventos con amplia repercusión ecuménica. Parece más cerca que nunca la superación de la división producida hace casi 500 años, con la llamada Reforma protestante, en la que Martín Lutero (1483-1546) propuso una doctrina sobre la justificación no aceptada por Roma, y Enrique VIII (1491-1547) se autonombró cabeza de la Iglesia católica de Inglaterra.

Benedicto XVI ha tenido varios encuentros con comunidades luteranas, en los que se han limado asperezas y se ha confirmado la voluntad de ambas religiones por el diálogo. El 18 de enero, el Papa recibió a una delegación ecuménica la Iglesia luterana de Finlandia.

Afirmó que las iglesias cristianas presentes en Finlandia, “comparten una comunión auténtica, aunque aún imperfecta” y expreso que eso “es seguramente también un motivo que nos empuja a mayores esfuerzos de comprensión y de reconciliación”, para llegar a “una unidad visible y perfecta en Cristo Jesús”.

El 10 de febrero, el Pontífice recibió a una delegación de la Iglesia Evangélica Luterana en América. El Papa citó la Encíclica de Juan Pablo II “Ut unum sint”, en la que su predecesor definía la relación entre católicos y luteranos como una “fraternidad reencontrada”.

Y el 14 de marzo, el Sucesor de Pedro visitó la iglesia evangélico-luterana de Roma, y fue acogido con un prolongado aplauso en la “Christuskirche” de la Vía Sicilia. Jens-Martin Kruse, pastor de la comunidad, dijo en su homilía que esta visita del Papa “para nosotros es verdaderamente un día de alegría”, e invitó a avanzar por el camino de Cristo, “pero no caminando los unos junto a los otros, sino juntos”.

Y respecto a la relación con los anglicanos, el Santo Padre anunció oficialmente que visitará Inglaterra, del 16 al 19 de septiembre próximos. Durante ese viaje, Benedicto XVI canonizará al Card. John Henry Newman (1801-1890), quien fuera presbítero y prestigiado teólogo anglicano, antes de su conversión al catolicismo. Esta es una clara señal de la relación pacífica entre el Vaticano y Canterbury.

Estos hechos muestran con objetividad que van quedado lejos las guerras de religión y la intolerancia entre confesiones. Sin duda, la cultura contemporánea que está más abierta al diálogo ha influido en este ecumenismo, pero no puede ser el único factor, porque esta misma cultura no ha podido reconciliar diferencias en los nacionalismo (Irlanda del Norte, País Vasco, países bolivarianos, etc.), ni ha apaciguado las guerra en el Medio Oriente, ni en África.

Entonces, resulta necesario preguntarnos por ese “otro” factor, capaz de conseguir la unidad, superando las dificultades humanas. Y en este punto, Benedicto XVI expone la clave del ecumenismo: “La unidad no puede ser fruto de los hombres, [sino que] tenemos que encomendarnos al Señor, pues Él es el único que puede darnos la unidad. Esperamos que Él nos lleve a esta unidad”. Por eso, la unidad de los cristianos es –para los creyentes– cuestión de fe en la acción de Dios, y piedra de escándalo para los que no aceptan que Dios puede actuar en este mundo.

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domingo, 14 de marzo de 2010

Feminismo incluyente

Luis-Fernando Valdés

El mes de marzo siempre nos trae una festividades muy entrañables. El primer domingo de este mes fue el “Día de la familia”, y el día 8 fue el “Día de la mujer”. Ambas celebraciones nos hablan de la vida y de la familia, que son las bases sólidas de nuestra civilización. Sin embargo, hay quienes confrontan la maternidad con la condición femenina. ¿Será verdad que la maternidad se convierte en una cadena para las mujeres?

Hoy día las mujeres gozan de un mejor reconocimiento a su especial condición, por parte de la sociedad, y esto se ha visto reflejado en la legislación de muchos países. La historia de esta valoración ha sido larga, y aún hay mucho que camino por andar.

La condición femenina es muy rica, e incluye dos aspectos que no son fáciles de integrar: la gran capacidad para realizar cualquier labor (académica, profesional, política, etc.) y la maternidad. Esta complicada integración ha dado lugar una situación polémica.

Por una parte, los grupos feministas radicales consideran que la mujer no puede ser plenamente libre, mientras no se desligue la maternidad de la condición femenina. Mientras la mujer sea la que tiene el rol de gestar y dar a luz, dicen estas facciones, siempre estará subordinada al varón y sometida a las labores del hogar.

Por otra parte, esta visión no es compartida por todos. Al contrario, la vida diaria nos muestra que la gran mayoría pensamos que, hoy día, la mujer tiene un papel muy importante en todos los ámbitos de la vida, y que la mujer puede destacar en la esfera pública sin confrontarse con la maternidad.

Pero equilibrio es un reto, pues la experiencia nos enseña que hoy día no existen las condiciones suficientes para que una mujer pueda desarrollar plenamente sus talentos laborales y cívicos, al mismo tiempo que viva su maternidad.

En la práctica, una mujer que tiene que trabajar para poder mantener a su familia, se enfrenta hoy al duro problema de una menor dedicación de tiempo a sus hijos. Pero estas circunstancias no se deben a una supuesta subordinación al varón, sino que son el resultado de algunas deficiencias de las leyes laborales actuales.

Una de las voces más destacadas a favor de la mujer fue, sin duda, Juan Pablo II. Este recordado Pontífice apoyó tanto la participación de las damas en el ámbito social y político, como la valoración de la maternidad. Y denunció que los mecanismo de las actividades económicas no siempre toman en cuenta las peculiares exigencias de la mujer.

Este gran Papa también exigía “respetar el derecho y el deber de la mujer-madre a realizar sus tareas específicas en la familia, sin estar obligada por la necesidad de un trabajo adicional”. Y cuestionaba a fondo el sistema económico actual: “¿Qué ganancia real tendría la sociedad –incluso en el plano económico–, si una imprudente política del trabajo perjudicara la solidez y las funciones de la familia?” (Alocución, 20.VIII.1995).

El Papa Wojtyla buscó la solución a la dialéctica “mujer o maternidad”, y por eso insistía en que la tutela de la maternidad “no puede servir de coartada respecto al principio de igualdad de oportunidades de los hombres y de las mujeres, también en el trabajo extra familiar” (íbidem).

La sociedad de hoy necesita superar el feminismo radical (que opta por una sola dimensión de la mujer), y requerimos de un “feminismo incluyente”, que sepa reconocer y favorecer a quienes han escogido ser “mujer-madre-trabajadora”, y que luche por insertar este rol en el esquema social, laboral y legislativo del País.

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domingo, 7 de marzo de 2010

Manipulación religiosa

Luis-Fernando Valdés

Las noticias sobre religión han ocupado, una semana más, bastante espacio en los medios. Las más comentadas fueron las referentes a las reprobables conductas de algunos clérigos. Pero una nota que pasó silenciosa fue la histórica declaración conjunta de católicos y musulmanes para evitar que la religión sea empleada para la violencia.

Se trata de una declaración emitida, el 1 de marzo pasado, conjuntamente por las autoridades vaticanas y la más prestigiosa institución académica de los musulmanes sunníes, en la que ambas partes se comprometen a fomentar el respeto a las diferencias entre el cristianismo y el islam.

El documento recoge las conclusiones de la reunión anual, celebrada los días 23 y 24 de febrero en El Cairo (Egipto), del Comité conjunto para el diálogo del “Comité Permanente de Al-Azhar (universidad fundada en el s. X) para el Diálogo entre las Religiones Monoteístas” y el “Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso”.

El Comité analizó el fenómeno de la violencia confesional, con la finalidad de comprender sus causas y proponer las soluciones que le corresponde implementar a las religiones.

Son muy interesantes las recomendaciones emitidas al final de la reunión, pues exhortan a “prestar mayor atención al hecho de que la manipulación de la religión con fines políticos o de otra naturaleza puede ser fuente de violencia”. Es muy positivo que dos confesiones que hace siglos protagonizaron las Cruzadas, hoy pidan que a nombre de Dios no se emplee la violencia.

Un hecho muy significativo fue que el gran imán de Al-Azhar, el profesor y jeque Muhammad Sayyed Tantawi, condenó los actos de violencia en los que murieron seis cristianos y un policía musulmán en Naga Hamadi (Egipto), en la pasada Navidad ortodoxa, expresó solidaridad a las familias de las víctimas, y reafirmó la igualdad de derechos y deberes para todos los ciudadanos, sin importar su religión. Además, Tantawi declaró que sólo hizo lo que consideraba que era su deber ante esos trágicos eventos.

Aunque esta Declaración fue poco mencionada en los medios, tiene una gran importancia porque viene a cambiar el paradigma de que las religiones serían malas, ya que dividirían a las personas y provocarían violencia. Ahora se dice que las religiones deben convivir a pesar de sus diferencias.

Por eso, este documento concreta las reglas para esa sana convivencia religiosa, y propone “evitar la discriminación basada en la identidad religiosa”, e invita a “abrir el corazón a la reconciliación y al perdón recíprocos, condiciones necesarias para una convivencia pacífica y fecunda”.

Finalmente, la Declaración propone que se evite toda predicación, toda enseñanza escolar y todo texto que –al interpretar los hechos pasados– “puedan suscitar una actitud violenta entre los seguidores de las diferentes religiones”. En otras palabras, es un verdadero “borrón y cuenta nueva” en las relaciones católico-musulmanas.

Si bien los lamentables sucesos de violencia provocada por el fundamentalismo religioso y los de pederastia hoy obscurecen el horizonte religioso, esta Declaración hace ver que no todo es sombrío. Ambos sucesos producen enojo, ya que toda la gente tiene sed de paz y de pureza, y que ve en la religión un medio importante para alcanzarlas.

Por eso, cuando a nombre de Dios, algunos matan o abusan sexualmente, la protesta está más que justificada… porque no se vale que nadie ensucie un importante camino que el ser humano tiene, para colmar su sed de paz y de amor limpio.

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domingo, 28 de febrero de 2010

¿Hay futuro para la religión?

Luis-Fernando Valdés

Es notorio que en las últimas semanas, las noticias religiosas de interés nacional e internacional han estado presentes en la opinión pública. Esas notas manifiestan diversas tendencias, pues mientras unas hablan del crecimiento religioso, otras pronostican su paulatina desaparición de la esfera pública. ¿Cuál es el futuro de la religión en el mundo?

Empecemos por las noticias que tocan el tema de la restricción de las religiones en la vida pública. Hace pocas semanas en nuestro País, se reformó el artículo 40 constitucional, y desde ahora México es un Estado laico. Esto significa que la religión, por ley, no debe intervenir en la vida pública de nuestra Nación.

Además, el 3 de noviembre de 2009, el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo dictó una sentencia que afirma que “los crucifijos en las aulas son una violación de los derechos de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones y de la libertad de religión de los alumnos”. Este Tribunal pidió que las escuelas italianas retiraran ese símbolo cristiano de las escuelas, pero Italia se negó a acatar esa resolución, pues interfería en su autonomía.

Por otra parte, hay noticias que hacen ver que la religión cristiana ha ganado cierto impulso. Así, después de la Constitución apostólica “Anglorum coetibus” (4.XI.09) de Benedicto XVI, que admite a los anglicanos en la Iglesia católica, varias comunidades ha iniciado el proceso de retorno a Roma, como la “Foward in Faith”, influyente grupo anglicano presente en Gran Bretaña, Estados Unidos y Australia (18.II.10).

Además, el recientemente elegido Patriarca serbio (22.I.10), Su Beatitud Irinej, propuso a Benedicto XVI que en 2013 visite la ciudad de Nis, en Serbia sudoriental, lugar de nacimiento del emperador Constantino el Grande, con motivo de los 1700 años del edicto de Milán (a. 313). El Vaticano acogió “con alegría” esta invitación del Patriarca ortodoxo.

Y también el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I, exhortó a sus fieles a no tener miedo del diálogo ecuménico con la Iglesia católica, en su Mensaje con motivo del Domingo de la Ortodoxia (21.II.10). Explicó que la unidad entre los cristianos es “voluntad del propio Cristo”, y “condición necesaria” para el diálogo con el mundo. Y afirmó que “quien cree que la Ortodoxia tiene la verdad no teme el diálogo, porque la verdad nunca ha estado en peligro por el diálogo”.

Las dos posturas reseñadas reflejan los dos sentimientos del corazón humano: sed y añoranza de Dios, de una parte; y rebeldía y deseos de una autonomía total, por otra. Ése es el gran drama interior del hombre, que se refleja en la vida pública. Por eso, no es fácil afirmar ni que el mundo hoy sea más creyente, ni que las religiones estén a punto a desaparecer.

Pero lo que sí se puede afirmar es que este conflicto interno de cada persona hoy se ha desplazado al ámbito social. Se enfocado desde el ámbito público, como si el problema consistiera en saber si ahora crece o disminuye el número creyentes, o si las confesiones tienen peso en la vida pública.

Sin embargo, el verdadero lugar del problema es la conciencia de cada persona, en la que se da el conflicto de aceptar o rechazar a Dios (o a un Ser supremo). El futuro de la religión no es estadístico, sino que radica en que cada uno vuelva a escuchar su propia interioridad. Entonces, más allá de las polémicas, todos intuimos que se cumplen las palabras del Obispo de Hipona (s. IV): “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto mientras no descanse en ti”.

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domingo, 21 de febrero de 2010

Roma ante el “caso irlandés”




Luis-Fernando Valdés

Benedicto XVI reunió recientemente a todos los obispos irlandeses, para una asamblea extraordinaria, en el Vaticano (15-16.II.10). El motivo era resolver la crisis suscitada por el “Informe Murphy”, en el que salen a la luz casos de pederastia atribuidos a sacerdotes, que fueron encubiertos por obispos. ¿Qué puede esperar la Iglesia tras este escándalo?

Como es sabido, el 26 de noviembre de 2009, la juez irlandesa Ivonne Murphy dio a conocer un informe de 700 páginas, en el que documenta que las acusaciones de 450 personas presentadas contra 46 sacerdotes por hechos ocurridos entre 1975 y 2004. El documento además presenta la connivencia entre la jerarquía eclesiástica y las autoridades del Estado, como la policía y la Fiscalía, para encubrir los esfuerzos de cuatro obispos dublineses por mantener ocultos estos casos.

Después de la reunión del Papa y los obispos irlandeses, se difundió un comunicado en el que se afirma que “todos los presentes han reconocido que esa grave crisis ha desembocado en el desmoronamiento de la confianza en la jerarquía eclesiástica y ha perjudicado su testimonio del Evangelio y sus enseñanzas morales” (Vatican Information Service, 16.II.10).

Por su parte, el Santo Padre observó que los abusos sexuales de niños y jóvenes no son sólo un crimen atroz, sino también un pecado grave que ofende a Dios y que hiere la dignidad de la persona creada a su imagen; y exhortó a los obispos a afrontar los problemas del pasado con determinación y a hacer frente a las crisis con honradez y valentía (Íbidem).

El Pontífice anunció medidas duras contra los sacerdotes que abusen de menores (la llamada “tolerancia cero”), junto con una gran apertura a las peticiones de las víctimas, un mayor empeño en la prevención, como una mejor selección para ingresar a los seminarios.

Sin duda, estas declaraciones no solucionan los duros momentos que han tenido las víctimas, ni tampoco sirven para dar por cerrado el episodio. Pero qué duda cabe que reconocer esta tragedia ayudará a disminuir los caso de abusos por parte de sacerdotes. Además, los afectados agradecerán seguramente la solidaridad que les mostramos desde muchos puntos del globo terráqueo.


El reconocimiento de esta pesada culpa también ha beneficiado a la propia iglesia. El vaticanista Diego Contreras resalta tres aspectos positivos: 1) la radicalidad con la que el Papa ha abordado el tema, sin ocultar que se trata de crímenes; 2) el sentido de responsabilidad de los obispos irlandeses, que se asumen la culpa del fracaso para atajar eficazmente esos abusos; 3) la abundante cobertura informativa que se ha ofrecido de la reunión y la plena apertura de la Iglesia para colaborar con la justicia civil.

El conocido periodista italiano, Luigi Accattoli, comentó que era positivo que la Iglesia estuviera reaccionando, y resaltó que, ante el desolador panorama moral, la única institución que hace autocrítica es la Iglesia católica.

Por nuestra parte, nos parece que la autoridad moral de Benedicto XVI ha crecido con el manejo de esta crisis, porque ha demostrado que es un hombre que no negocia con los criminales, y que su amor a la verdad es más fuerte que el miedo a los escándalos. Bajo esta guía es predecible que, por una parte, saldrán a la luz más casos que permanecían ocultos; y por otra, que esas prácticas execrables se reducirán, porque desde ahora serán duramente penadas al interior de la Iglesia misma.

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domingo, 14 de febrero de 2010

Repensar el Estado laico

Luis-Fernando Valdés

El pasado 11 de febrero, la Cámara de Diputados aprobó la modificación del Artículo 40 constitucional, para afirmar que México es oficialmente un Estado laico. Esta noticia es difícil de valorar, porque cada quien interpreta el término “laico” de muy diversas maneras. Entonces, ¿qué se debe entender por “Estado laico”?

El artículo modificado decía: “Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una república representativa, democrática, federal, …”; y la reforma simplemente la ha añadido la palabra “laica”, de modo que diga que “Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una república…laica…”. Pero, ¿es realmente ése el querer de “todos” los mexicanos? ¿todos los mexicanos piensan lo mismo al decir “laico”?

Los autores de la iniciativa dicen que esta modificación servirá, principalmente, para asegurar la independencia del Estado respecto de las iglesias y para evitar que el poder político se use para privilegiar alguna confesión religiosa. Sin embargo, estos dos puntos ya están asegurados por el texto constitucional actual (arts. 24, 39, 41 y 130, principalmente), y es difícil pensar que alguien quiera modificarlos.

Entonces, ¿qué pensar sobre el Estado laico? Como no se ha definido lo que significa para nuestra Constitución, cada quien interpretará esta laicidad según su ideología política. Así, para algunos significará evitar tanto un estado confesional como uno ateo; para otros, será la separación del Estado y de la Iglesia, con respeto a las culturas del país; y quizá para otros sea un modo de evitar que las religiones opinen sobre temas debatidos en las Cámaras.

Sin embargo, ésta es una inmejorable oportunidad para repensar la laicidad del Estado. La clave para este intento es sacar la discusión del terreno de las dialécticas entre izquierdas y derechas. Mientras se considere la religión como un asunto de derechas, será difícil resolver el conflicto, pues cualquier concesión al ámbito religioso se consideraría como una derrota para la izquierda; y viceversa: sería un logro para la izquierda reducir los ámbitos de libertad religiosa.

En realidad, la cuestión religiosa no es de izquierdas o derechas, sino que se trata de un derecho humano. Todo ser humano tiene derecho a profesar una religión, con independencia de que los demás la consideren verdadera o no. Se trata de un verdadero derecho de la persona, no de una concesión de un gobierno, ni de la imposición de un grupo parlamentario.

Ante todo, cualquier Estado debe garantizar la libertad religiosa de sus ciudadanos, como lo hace el nuestro en el artículo 1 de la Carta magna: “Queda prohibida toda discriminación motivada por … la religión”. Y esta garantía está en plena sintonía con la Declaración universal de los Derechos humanos, que incluye la libertad de manifestar la propia religión, “individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia” (art. 18).

De modo que la laicidad del Estado no consistirá ni en menoscabar ni en promover la religiosidad del Pueblo (pues no es materia de su incumbencia), sino para garantizar que cualquier ciudadano pueda ejercitar su fe, sin ser disturbado.

En otras palabras, el nuevo paradigma radica en que el Estado debe permanecer ajeno a cualquier confesión, para así poder dar garantías de ejercicio y respeto a todas las confesiones; el Estado deber ser laico para poder asegurar el derecho de libertad religiosa, que es un derecho humano, no una conquista de la derecha ni un atentado contra la izquierda.

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domingo, 7 de febrero de 2010

El Rabino que habló con Jesús


Luis-Fernando Valdés

Un día después de que visitará la Sinagoga de Roma, Benedicto XVI recibió en audiencia al rabino Jacob Neusner (18.I.10), conocido en los círculos intelectuales católicos por su libro “Un rabino habla con Jesús” (1993). Este encuentro nos da pie para dos reflexiones: una sobre el diálogo interreligioso y otra sobre la personalidad del Papa.

Neusner es un prestigioso intelectual judío norteamericano, que ha estudiado en Harvard y Columbia, ha escrito o editado más de 900 libros. En su famosa obra, Neusner, judío ortodoxo, se pone imaginariamente en el lugar de un rabino contemporáneo a Jesús e intenta dialogar con él, desde sus enseñanzas transmitidas por San Mateo. Sin renunciar a sus convicciones hebreas, este rabino manifiesta claramente que no puede aceptar el mensaje de Jesús, porque éste se presenta como Dios y se pone en el lugar de la Torá.

Benedicto XVI, en su obra “Jesús de Nazaret” (2007), lleno de respeto retoma la postura de este intelectual, y dialoga con él a lo largo de 20 páginas. Joseph Ratzinger definió este libro, entre otras cosas, como el ensayo “más importante que se había publicado en la última década para el diálogo judeo-cristiano”, y añadió que “la absoluta honestidad intelectual, la precisión del análisis, el respeto hacia la otra parte unida a una radical lealtad hacia la propia postura caracterizan el libro y lo convierten en un desafío, especialmente para los cristianos, que tendrán que reflexionar bien sobre el encuentro entre Moisés y Jesús”.

Neusner nos da un gran ejemplo de diálogo entre religiones, porque se toma totalmente en serio la propuesta cristina y la entiende desde dentro. Sólo cuando ha asimilado el mensaje de Jesús, el rabino norteamericano manifiesta su discordancia. Su actitud es encomiable: “la vida en un país cristiano, me ha hecho sentir orgulloso del judaísmo, pero también alegre de tener como hermanos y vecinos una religión que fomenta la benevolencia y las buenas relaciones con los que disienten”, escribió.

Luego de su encuentro con el Pontífice, Jacob Neusner declaró a “L’Osservatore Romano”, periódico oficial del Vaticano, que “siempre he estimado al estudioso Joseph Ratzinger por su honestidad y lucidez, y estaba muy interesado encontrar y conocer al hombre. Ahora que he venido a Roma para el histórico encuentro en la sinagoga y (…) he recibido el gran don de encontrarme con el Papa”.

Sobre el Santo Padre, Neusner dice que “lo que más me ha impresionado han sido sus ojos penetrantes. Te mira dentro. Y además sus modales de caballero, lleno de gentileza y humildad”. Es el mismo rasgo que vio el rabino durante la visita de Benedicto XVI a la Sinagoga romana: “Un evento grandioso, con una participación enorme, extendida y conmovida por parte de todos, que me permite esperar bien del futuro”.

Esta breve entrevista está repleta de significado. Dos líderes religiosos de gran talla intelectual muestran que es posible sentir aprecio por otro que piensa distinto, y que la profunda fe religiosa en las propias tradiciones conlleva la convivencia sincera y respetuosa.

Además, los elogios sobre Benedicto XVI por parte de un hombre serio que no es católico, ni tiene el compromiso de quedar bien, nos ayudan a seguir descubriendo la rica personalidad del Santo Padre, echando abajo los prejuicios sobre una supuesta dureza doctrinal y un carácter rígido.

Correo: lfvaldes@gmail.com

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