miércoles, 13 de marzo de 2013

Habemus Papam… Argentinum!


Especial: "Habemus Papam", n. 1.
Luis-Fernando Valdés

Habemus Papam! La fumata blanca apareció en el cielo oscuro de la Ciudad Eterna y las campanas en Roma y también en México comienzan a repicar, como señal de que los cardenales en Cónclave habían elegido a un Papa ¡argentino! ¿Qué podemos esperar de él?

Casi después de una hora de la fumata blanca, el Cardenal protodiácono, Jean Louis Tauran, salió al balcón central de la Basílica de San Pedro para hacer el anuncio que todos los católicos esperábamos: “Habemus Papam”. Con solemne voz, declaró: “Les anuncio un gran gozo. Tenemos Papa: El eminentísimo y reverendísimo Señor, Don Jorge Mario, Cardenal de la Santa Iglesia Romana Bergoglio, que se ha impuesto el nombre de Francisco”.

Fue una gran emoción. Un Cardenal argentino se convirtió en el primer Papa proveniente de América. Y se pusó un nombre que hasta ahora nunca había sido escogido por ningún Pontífice: Francisco.

Pero, ¿quién es Francisco I? Su nombre de pila es Jorge Mario Bergoglio, nació en Buenos Aires, el 17 de diciembre de 1936. Cuando tenía 21 años, decidió ser sacerdote y entonces ingresó al seminario del barrio Villa Devoto, como novicio de la orden jesuita.

Entre 1967 y 1970, cursó estudios de teología en la Facultad de Teología del colegio de San José, en Tucumán, Argentina. Así, fue ordenado sacerdote el 13 de diciembre de 1969.  En 1992, fue nombrado obispo auxiliar de la Diócesis de Buenos Aires, por Juan Pablo II. El día 28 de febrero de 1998, fue designado arzobispo de Buenos Aires.

De 2005 a 2011 fue presidente de la Conferencia Episcopal Argentina. Además, es miembro de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, del Consejo Pontificio por la Familia y de la Comisión Pontificia por América Latina.

Al cambiar su nombre por el de Francisco I, el nuevo Papa manifiesta que está tomando una nueva misión que no es suya, sino recibida de Dios. El que hasta ahora era el Card. Bergoglio debe continuar con el oficio pastoral de Pedro, es decir, el nuevo Pontífice deberá ser Pastor universal de la Iglesia Católica.

Además, como sucesor de San Pedro, el Papa es el obispo de Roma, por eso “es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de la muchedumbre de los fieles” (Lumen Gentium, 23).

Pero el Santo Padre no estará solo en esta misión tan compleja, pues por la fe sabemos que “la asistencia divina es concedida de una manera particular, al obispo de Roma, Pastor de toda la Iglesia)” (Catecismo, 892).

Esta asistencia divina capacita al Papa para ejercitar la “potestad suprema, plena, inmediata y universal para cuidar las almas” (Catecismo, 937). De manera, el nuevo Pontífice tiene todo el poder espiritual para ayudar a los fieles católicos en su caminar hacia Dios.

Podemos esperar mucho de Francisco I. En los pocos minutos que estuvo en el balcón de la Basílica vimos su gran sencillez. Sin frases grandilocuentes nos dio muestra de su apreció por el Papa Benedicto, por el que rezó junto con la multitud que abarrotaba la Plaza de San Pedro.

También con mucha naturalidad se puso a dialogar con los fieles de la Diócesis de Roma, y les pidió que elevarán plegarias por él. El nuevo Papa será un hombre que buscará la comunión entre los católicos, y de los católicos con el resto de la humanidad.

Además, como el nuevo Pontífice es de nuestro continente y de nuestra lengua podemos esperar un Vicario de Cristo con una gran sintonía con nuestro Pueblo. Y ya deseamos que nos visite, porque estamos seguros de que será un Pastor muy cercano a la gente.
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