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viernes, 27 de julio de 2018

Las profecías de Pablo VI

Año 14, número 689
Luis-Fernando Valdés

Hace 50 años, en la Humanae
Vitae, Pablo VI visualizó
los efectos morales y sociales
que acarrearía el uso de
métodos anticonceptivos.
Hace 50 años fue recibida la encíclica Humanae Vitae con grandes polémicas, pero hoy la historia parece dar la razón a Pablo VI, pues se han cumplido sus advertencias sobre el peligro para la mujer y el control de la población. ¿Quién era este Papa-profeta?

1. Una figura para descubrir. Giovanni Battista Montini (1897-1978) fue un importante hombre de Iglesia durante los pontificados de Pío XII y Juan XXIII, y luego fue el Papa que guió el desarrollo y la culminación del Concilio Vaticano II. 
Pero la publicación de la encíclica Humanae Vitae (25 de jul. de 1968), en la que afirmaba el rechazo de la Iglesia Católica a los anticonceptivos, lo envolvió en una impopularidad mediática. Después de su muerte, el gran carisma de Juan Pablo II terminó por eclipsar su figura.
El Papa Francisco ha retomado muchas enseñanzas de Pablo VI, a quien cita con frecuencia, y ha anunciado que lo canonizará el próximo 14 de octubre. A cincuenta años de aquella profética encíclica, la agudeza y el discernimiento del Papa Montini son un tesoro por redescubrir. 

2. ¿Por qué es “profética” la Humanae Vitae? Esta encíclica abordó un tema que resultaba novedoso en su momento: la aparición de la píldora anticonceptiva, que planteaba el siguiente problema. Si la Iglesia aprueba que los esposos utilicen los periodos infértiles de la mujer, ¿qué pasa si una pastilla puede prolongar indefinidamente esa fase infértil?
Pablo VI supo ver más lejos de lo meramente práctico del planteamiento e hizo una serie de observaciones que apuntan a lo “no evidente” del asunto, como la dignidad de la mujer y la inseparabilidad de los aspectos unitivo y procreativo del acto sexual.
Además, este Pontífice supo visualizar las consecuencias que tendría el uso de anticonceptivos y que afectarían a los jóvenes y al control del crecimiento de la población mundial, y por eso ha sido llamado “profeta de nuestro tiempo”.

3. Las predicciones de Pablo VI. En el n. 17 de esa encíclica, el Papa advertía de cuatro consecuencias que vendrían con la regulación artificial de la natalidad. Primera, “el camino fácil y amplio que se abriría a la infidelidad conyugal”. Segunda, la “degradación general de la moralidad”, pues la debilidad humana y la curiosidad de los jóvenes tendrían un medio que facilita el no seguir la ley moral. 
El tercer efecto mira hacia el respeto de la mujer, pues cuando el varón, sin preocuparse más del equilibrio físico y psicológico de la mujer, la considerará “como simple instrumento de goce egoísta y no como a compañera, respetada y amada”.
Finalmente, con valentía Pablo VI anunció que la aprobación de los anticonceptivos daría lugar a que los gobernantes intervengan en “lo más personal y más reservado de la intimidad conyugal”. 
Y, por eso, Pablo VI lanzó un cuestionamiento de gran actualidad: “¿Quién impediría a los gobernantes favorecer y hasta imponer a sus pueblos, si lo consideraran necesario, el método anticonceptivo que ellos juzgaren más eficaz?”

Epílogo. Pablo VI es un gran personaje de nuestra época, precisamente porque supo distinguir entre el verdadero desarrollo y el falso progreso. El Papa Montini fue muy valiente, pues desafió un principio predominante de nuestra época: “si la técnica lo puede conseguir, entonces lo debemos aceptar como algo bueno”.
Estamos ante un gran profeta de nuestros días que fue firme en defender la dignidad la mujer, el matrimonio y la familia, sin dejarse llevar por la presión de la opinión pública. La doctrina de la Humanae Vitae de Pablo VI sigue siendo válida hoy, para entender la dignidad de la mujer y la grandeza del amor humano que transmite la vida. 

viernes, 1 de junio de 2018

¿Qué hay detrás de Planned Parenthood?

Año 14, número 682
Luis-Fernando Valdés

Vuelve a ser noticia, ahora por encubrir a violadores, esta organización internacional que facilita abortos con recursos federales de Estados Unidos. Bajo el discurso de promover la salud reproductiva también ha traficado órganos. ¿Qué oculta Planned Parenthood?  

Planned Parenthood ha practicado 3.5 millones
de abortos desde 2006.
1. Qué es y qué hace Planned Parenthood (PP). Según su propia página web, PP “facilita servicios vitales de atención de la salud reproductiva, educación sexual e información a millones de mujeres, hombres y jóvenes en todo el mundo”.
Pero en realidad, su objetivo es expandir por el mundo el aborto, bajo el título de “evitar embarazos no deseados”. Como anuncia claramente la portada de su web, “el aborto es una manera segura de terminar un embarazo”. Y para realizarlo ofrece 650 clínicasen EUA y otras muchas más en el mundo.
En su último informe, PP afirma haber realizado 321,384 abortos en 2017 (p. 31). A principios de mayo, Cecile Richard dejó la presidencia de PP. Desde que Richards tomó el cargo en 2006, el número de abortos practicadospor Planned Parenthood llegó a la cifra de 3,551,093 aumentando cada año en casi 11%.

2. La ideología racista de PP. Aunque se presenta como una entidad, junto con una federación de instituciones, que tiene como misióngarantizar la salud reproductiva, en realidad, PP es un órgano para promover toda una ideología contraria a la vida.
Un grupo de estudiantes de Planned Parenthood de la Universidad de Florida organizaron un evento para debatir sobre las raíces racistas de la organización, y reconocieron que su fundadora, Margaret Sanger, sostenía ideas racistas y eugenésicas 
Según Kristan Hawkins, presidente de Students for Life of America, las prácticas racistas de PP continúan, porque esta institución tiene como objetivo “bebes negros e hispanos para abortos”, mediante la instalación de sus locales en barrios de eses dos minorías (Beitbart).

3. Los escándalos de PP. La historia de esta institución está manchada de escándalos. El más grande de ellos ha sido la venta bajo demanda de órganosde fetos vivos, en 2015. En días recientes, un informede Live Action (mayo 2018) indica que PP durante décadas realizó abortos en niñas de 12 y 13 años, sin informar a las autoridades sobre la sospecha de abuso sexual.
La ley de EUA exige que PP informe a la policía sobre presuntos casos de agresión sexual y de abuso, pero esta institución nunca lo hace, pues sigue la política de no preguntar nada a esas niñas, lo cual ha dado pie a encubrir a pederastas.

4. PP encubrió abusos a menores. Entre otros casos, está documentado que en 2014, un estudiante de preparatoria en Arizona (EUA), llamado Tyler Kost, de 18 años, violó a una chica que resultó embarazada. 
Esta joven acudió a una clínica de PP acompañada por su madre, la cual explicó al personalque su hija había sido violada. Pero los responsables de esa clínica no dieron aviso a la policía, a pesar de que en Arizona es obligatorio hacerlo, y eso permitió que el agresor cometiera otras 18 violaciones sexuales a adolescentes.

Epílogo. Los escándalos de venta de órganos y encubrimiento de violadores hacen ver que Planned Parenthood persigue una finalidad de lucro, bajo la retórica falsa de ayudar a las mujeres a decidir sobre su cuerpo. 
Pero PP no busca cuidar a las mujeres, pues al encubrir a violadores y pederastas, ha maltratado a jovencitas que, además de sufrir el trauma de abortar, han sido expuestas a caer de nuevo en manos que quienes abusaron de ellas. 

domingo, 28 de noviembre de 2010

¿Cambió la moral o erró el Papa?

Luis-Fernando Valdés

Durante toda la semana he recibido correos y llamadas telefónicas con una misma inquietud: las declaraciones de Benedicto XVI sobre el uso del preservativo. Unos me preguntan, llenos de confusión, si ya ha cambiado la moral católica sobre los anticonceptivos; otros me han dicho que están tristes porque el Papa ha errado. ¿Cuál es la verdad sobre este asunto?

El autor del libro-entrevista, Peter Seewald
entrega un ejemplar al Santo Padre.
Primero vayamos al hecho. El Papa concedió una entrevista al periodista alemán Peter Seewald, la cual se publicó con el título “Luz del mundo”. “L’Osservatore Romano” adelantó unos pasajes de ese libro, y entre ellos estaba el texto que ha causado tanto revuelo.
Sobre el SIDA y el condón, Benedicto XVI contestó: “Concentrarse sólo en el preservativo quiere decir banalizar la sexualidad (…). Puede haber casos justificados singulares, por ejemplo, cuando una prostituta utiliza un preservativo, y éste puede ser el primer paso hacia una moralización, un primer acto de responsabilidad para desarrollar de nuevo la conciencia sobre el hecho de que no todo está permitido y de que no se puede hacer todo lo que se quiere. Sin embargo, este no es el verdadero modo para vencer la infección del VIH. Es verdaderamente necesaria una humanización de la sexualidad”
La confusión, por parte de los lectores, puede provenir de no tener claro cuáles son los “actos anticonceptivos”. Estas acciones son las que cometen marido y mujer, cuando deciden impedir la fecundidad por el modo que sea: con un condón o interrumpiendo el acto sexual. En otras palabras, las acciones anticonceptivas sólo las pueden cometer los esposos, porque sólo el matrimonio es el ámbito para estar abiertos a la vida.
En cambio, los actos sexuales fuera del matrimonio no tienen que estar abiertos a la vida, porque no son actos esponsales. Por ejemplo, es absurdo prohibirle a un violador que use un preservativo, aduciendo que debe estar abierto a la vida; y es lo mismo en el caso de una prostituta (¿acaso el adultero la contrata para tener hijos con ella?).
Entonces, el condón en sí mismo no define la anticoncepción, sino que ésta es definida por la condición de los participantes (si son marido y mujer; o si son dos personas no casadas). Por eso, tolerar el uso del profiláctico en la relación fuera del matrimonio no significa aceptar la anticoncepción, porque entre los no casados no hay contexto moral para engendrar un hijo.
El Papa pone dos matices. El primero es que en el caso de las pandemias, aunque el uso del condón podría evitar contagios, en la práctica promover su uso conlleva la expansión de la epidemia, porque se genera un uso irresponsable de la sexualidad. Por eso, insiste en que el remedio es humanizar la sexualidad.
El segundo matiz consiste en que, en el caso de los que no son marido y mujer, el uso del condón para evitar contagios puede ser un primer paso para humanizar la sexualidad, en el sentido de que puede servir para reconocer que no todo está permitido (que sean conscientes de que con su acción pueden contagiar a otros de una enfermedad). Entonces, aunque se tolere el uso del preservativo en los actos sexuales fuera del matrimonio, estas acciones nunca están aprobadas.
A modo de comparación, que leí en estos días: si uno me propone entre matar con una pistola o con una bomba atómica, mi respuesta es no matar. Pero es “preferible” matar con una pistola, pues produce menos víctimas. Eso no quiere decir que yo “apoye” el asesinato o el uso de las pistolas. En cambio, lo que sostengo es que hay que respetar la vida.


Para saber más, visita los siguientes enlaces:
- La nota de prensa sobre este tema, del vocero vaticano P. Federico Lombardi.
- Crónica de un "escándalo" anunciado, del analista Diego Contreras.
- "La verdad sobre el preservativo", del teólogo Martin Rhonheimer (en inglés) (en español: bajar con el scroll hasta encontrarlo).
- El Papa, los medios y el condón, del P. Jorge E. Mújica.

Correo: lfvaldes@gmail.com
http://www.columnafeyrazon.blogspot.com

domingo, 1 de noviembre de 2009

Aporías de la Cartilla de salud

Luis-Fernando Valdés
Recientemente se inició la distribución de la nueva “Cartilla nacional de salud”. Se trata de un instrumento que seguramente ayudar a mejorar la calidad de vida de los mexicanos. Este documento incluye un apartado de “salud reproductiva”, que ha generado polémica. ¿Cuál es realmente el conflicto?
Desde el primer día de este año, se modificó el formato de la cartilla de salud, y durante el mes de octubre se inició su distribución. El nuevo documento presenta notables avances, pues ahora se incluyen también los rubros de nutrición, detección y control de enfermedades infecto-contagiosas y crónico-degenerativas.
La nueva cartilla en realidad consta de una serie de cinco documentos, distribuidos por edades. La que ha causado revuelo es la que se entregará al público entre los 10 y los 19 años. Aquí empiezan las confusiones, porque este documento se titula “Cartilla nacional de salud para adolescentes”. ¿Son adolescentes los niños de 10 años? Por supuesto que no, pero en la práctica serán asimilados a los verdaderos jóvenes de 15 o 19 años.
En la presentación oficial distribuida por la Secretaría de Salud, se explica que el objetivo del apartado de la salud reproductiva es “promover entre la población (…) el conocimiento de los derechos sexuales y reproductivos para el libre ejercicio de su sexualidad (…), así como el otorgamiento de métodos anticonceptivos a los usuarios que lo soliciten”.
Precisamente, éste es el punto polémico. Ciertamente, el Estado tiene que garantizar la salud sexual a un público muy amplio, dentro del que hay numerosas formas morales de conducta, y en el cual de hecho se dan enfermedades de transmisión venérea, embarazos no deseados, etc. Pero, para atender esa problemática, el Estado no puede pasar por encima del derecho de los padres a educar a sus hijos, sancionado por nuestra Carta Magna.
Como es sabido el artículo 133 constitucional señala que los tratados internacionales son parte de la Ley Suprema de la Unión, lo que los ubica por encima de cualquier ley general, federal o estatal.
Y de acuerdo con el “Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales” (artículo 13.3) y con el “Protocolo Adicional a la Convención Americana sobre los Derechos Humanos en materia de Derechos Económicos, Sociales y Culturales” (artículo 13.4), el Estado mexicano ha reconocido el derecho de los padres y tutores legales de hacer que sus hijos o pupilos reciban la educación religiosa o moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones.
Como en la educación sexual y reproductiva se encuentran implicados contenidos morales y/o religiosos (por ej. uso del condón, aborto, relaciones sexuales, etc.), la educación sexual impartida por el Estado puede llegar a contravenir el derecho de los padres que deseen una educación sexual basada en valores morales y/o religiosos.
Si el Estado imparte educación sexual sin contar con los padres de familia puede contravenir –entre otros– el principio de no discriminación (Art. 1° constitucional) debido a que no permitiría ejercer el derecho de los padres a educar a sus hijos religiosa o moralmente en el terreno de la educación sexual, sólo por el hecho de que tienen cierta ideología o cierta religión.
El Estado debe intervenir en educación y salud sexual, pero sólo si cuenta con el consentimiento expreso de los padres, de modo que la educación sexual que imparta el Estado no sea la antítesis de los valores que los menores reciban en el seno familiar.
Correo: lfvaldes@gmail.com
http://columnafeyrazon.blogspot.com

domingo, 16 de agosto de 2009

Derecho al propio cuerpo

Luis-Fernando Valdés

En días anteriores, se llevaron a cabo numerosas comparecencias de grupos civiles sobre la llamada “ley antiaborto” en el Congreso del Estado Querétaro. Ahí diversas agrupaciones expresaron sus opiniones, tanto sobre el reconocimiento de la vida del concebido, como del derecho de la mujer a abortar. Magnífico ejercicio de democracia, escuchar las dos opiniones antes de legislar.
Hemos seguido con gran respeto las declaraciones de las personas que apoyan la legalización del aborto. Pensamos que –aunque la compartimos– su postura manifiesta inquietudes verdaderas, que merecen atención porque no son fáciles de resolver, y afectan a bastantes personas.
En su alegato, la directora de “Equidad de Género: Ciudadanía, Trabajo y Familia”, María Eugenia Romero Contreras, comentó que las modificaciones al Artículo 2 de la Constitución local imponen a las mujeres embarazos que pueden poner en riesgo su vida o que han sido producto de una violación.
En estas palabras, dignas de atención, subyace la visión de que la mujer tiene derecho sobre su propio cuerpo, y tiene derecho a decidir cuando embarazarse. Esta postura tiene –en parte– razón, pues cada persona tiene derecho sobre su cuerpo, que es un componente esencial de su propia personalidad, pues los humanos “somos” una única realidad, formada por cuerpo y espíritu.
Pero, el problema es cuando hay un “tercero”: el concebido es alguien distinto de la madre y del padre, porque una composición genética independiente de ambos; genéticamente es un ser nuevo, con un cuerpo diferente. Este nuevo ser no es parte del cuerpo de su mamá. Por eso, no se tiene la razón cuando el argumento para aprobar el aborto consiste en “ampliar” el derecho sobre el propio cuerpo, hasta “abarcar” el cuerpo de un tercero.
De igual manera, es una realidad que una mujer tiene derecho a decidir cuando engendrar. Pero hay un equívoco, que intentaremos explicar mediante una comparación (con todas sus limitaciones). Tengo el derecho a decidir qué comer y cuándo hacerlo, pues eso está en la esfera de mi libertad. Pero una vez que elijo comer, el proceso digestivo ya no está en mi ámbito de decisión, pues es autónomo. Debo decir antes de comer.
En el caso de la vida humana, la mujer –y su pareja con ella– deciden cómo vivir la sexualidad. Pero no está ya en su ámbito de libertad, el tomar una decisión sobre un óvulo ya fecundado. Si decidieron mal “antes”, ya no tienen derecho a decidir “después” sobre la vida de un tercero.
Ambos supuestos (el derecho sobre el propio cuerpo y el derecho a decidir cuando tener un hijo) generan una situación límite, en el caso de un embarazo por violación. La víctima de violencia sexual se enfrenta a unas circunstancias que le han pisado estos dos derechos. Y la pregunta entonces es pertinente: ¿por qué la mujer tiene que aceptar las consecuencias de un abuso a sus derechos?
Sin embargo, la “consecuencia” no es sólo un daño físico y psicológico, sino también un nuevo ser humano vivo, inocente, sujeto de derechos, al que también hay que defender. Por eso, es importante decir que, al pedir que se reconozca jurídicamente la vida de un tercero engendrado por violación, no se pretende afirmar que esa mujer no fue víctima, ni tampoco negar que sus derechos fueron conculcados.
Esta problemática merece atención, comprensión y una respuesta. Afirmamos la vida del recién concebido, y defendemos su derecho a la vida, pero es de justicia que exijamos también una solución al problema de la mujer.

Correo: lfvaldes@gmail.com
http://columnafeyrazon.blogspot.com

domingo, 14 de junio de 2009

Violencia sexual e ideología

Luis-Fernando Valdés

En la primera semana de junio, más de 400 médicos y enfermeras, así como instituciones de salud se ampararon contra la recién aprobada Norma Oficial Mexicana (NOM-046-SSA2-2005) relativa a la violencia familiar, sexual y contra las mujeres, que incluye la práctica del aborto en casos de violación. Se trata de un tema importante, ya que pone de manifiesto la pugna entre el derecho y la ideología, que surge cada vez que se discute el tema del aborto.
La NOM-046 tiene una larga historia, en la que se nota la intervención de una postura ideológica, que sostiene que el aborto es un derecho de la mujer (y que la vida no es un derecho del no-nato). Esta Norma fue creada para garantizar la adecuada atención a víctimas de violencia sexual, que incluye anticoncepción de emergencia, aborto, asesoría jurídica y atención psicológica, y fue aprobada el 21 de julio de 2008.
El 28 de enero pasado se aprobó una versión que establecía –entre otros aspectos– que “se deberá respetar la objeción de conciencia de los médicos y personal de salud”, y también que se informara a las menores de edad sobre los riesgo del aborto “a efecto de garantizar que la decisión de la víctima sea una decisión informada”.
Lo que más llamó la atención es que esta nueva versión, en lo que se refiere a la obligación de los hospitales para facilitar el aborto de la víctimas de una violación, cambiaba un “contarán” por un “podrán contar” con médicos capacitados en aborto y que no sean objetores de conciencia.
Sin embargo, por presiones de grupos feminista, esta versión fue cambiada el 27 de febrero, y fueron eliminados ambos aspectos: información sobre el aborto y objeción de conciencia. Y así se aprobó el 16 de abril de este año. La versión definitiva fue considerada como un éxito –aunque parcial–, por parte de la agrupación feminista CIMAC (www.cimacnoticias.com).
Y es que el tema del derecho a abortar es considerado por las asociaciones feministas como un logro, porque consideran que así se defiende el “derecho de la mujer” tanto sobre su cuerpo como sobre su maternidad.
Y este derecho de la mujer no es sometido a ninguna crítica, sino que se toma como un primer principio. Y desde esa base se juzgan los demás derechos, de manera que ninguno puede estar por encima de él. Como es un derecho impuesto, pero no razonado ni contrastado, cae más bien en el ámbito de la ideología.
Entonces, si la presencia de un recién concebido es considerada como no deseada, el principio ideológico del derecho de la mujer a decir sobre su cuerpo o sobre si desea ser madre, se impone al derecho a vivir que tiene el no-nato.
En el caso de esta Norma Oficial sobre la violencia sexual, está presente esta visión ideológica que privilegia el derecho de la mujer por encima de todo otro derecho, porque intenta obligar a todos los prestadores de los servicios de salud a prescribir la anticoncepción de emergencia, en caso de violación. Esta imposición va en contra del derecho a objetar que la Constitución que garantiza a todos los mexicanos, en su artículo 5º: “Nadie podrá ser obligado a prestar sus servicios sin la justa retribución y sin su pleno consentimiento”.
Se pueden hacer otras observaciones más a esta NOM. Pero sólo se trata de indicar que una postura ideológica está buscando legitimarse con apariencias de tutelar los derechos de la mujer. Esto es un abuso contra la noción misma del derecho, que ya no buscaría lo justo, sino lo que le dicta una ideología.

Correo: lfvaldes@gmail.com
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domingo, 22 de marzo de 2009

Y Benedicto XVI tenía razón…

Luis-Fernando Valdés

Esta semana el Papa inició su decimoprimer viaje fuera de Italia, con destino a Camerún y Angola. A la usanza de su Antecesor, el Pontífice dio una conferencia de prensa a bordo del avión, justo antes de llegar a Camerún. Y salió el tema del SIDA y del condón. Y se desató una gran polémica internacional, en la que intervinieron las cancillerías de Francia y otras naciones. Pero, ¿qué dijo en realidad Benedicto XVI? ¿tiene o no razón?
En esa conferencia de prensa, un periodista le preguntó sobre el SIDA y la posición de la Iglesia católica, considerada por algunos poco realista y eficaz para afrontarlo. El Santo Padre literalmente contestó: “Yo creo que la realidad más eficaz y más presente en el frente de la lucha contra el SIDA sea precisamente la Iglesia católica, con sus movimientos. (...) Diría que este problema no se puede superar solo con eslóganes publicitarios. (...) Si los africanos no se ayudan entre ellos, no se puede resolver el problema con la distribución de preservativos. Al contrario, se corre el peligro de aumentar el problema. La solución solo se puede encontrar con un doble compromiso: el primero es humanizar la sexualidad, o sea, una renovación espiritual y humana que lleve aparejada una forma nueva de comportarse unos con otros y, en segundo lugar, una amistad verdadera también y sobre todo con las personas que sufren; la disponibilidad, aunque cueste sacrificios y renuncias personales, para estar con los que sufren”.
Como podemos observar, el Papa puso énfasis en el “doble compromiso” de considerar la sexualidad de un modo más humano, y de solidaridad con los que sufren. Y así se entiende que la solución al SIDA no puede ser la mera distribución de preservativos, la cual más bien puede ampliar el problema. Una crítica de fondo a la postura del Pontífice –y señal de honestidad intelectual, no de mero afán de polemizar – debería enfocarse a esos dos puntos, y no al rechazo del condón.
Y sobre esta propuesta, ¿qué dicen los especialistas? Edward C. Green, Profesor de la Universidad de Harvard, y Director del “AIDS Prevention Research Project at the Harvard Center for Population and Development Studies”, ha dicho (según puede leerse en la noticia escrita por John-Henry Westen, de Lifestilesnews.com) esto: “(...) la evidencia confirma que el Papa está en lo correcto cuando afirma que la distribución de condones exacerba el problema del Sida”
“El Papa tiene razón”, dijo Green en la “National Review Online” el pasado miércoles, “o, mejor dicho, las evidencias que tenemos confirman los comentarios del Papa”. La afirmación del experto de Harvard se basa en que una “consistente asociación” entre el aumento de la facilidad para adquirir condones y usarlos, y la elevación –no la disminución– de la tasa de infección de VIH. Esto se debe al fenómeno llamado “riesgo de compensación”, que consiste en que los que usan el preservativo toman la “compensación” de asumir riesgos, que no tomarían si no tuvieran al alcance un condón.
Acabamos pues de observar que en un tema tan candente como el SIDA en África –y en el mundo–, las propuestas desde la doctrina católica y la ciencia recorren vías similares. La clave del conflicto está en otro lugar: en la ideología, que es un afán de imponer un pensamiento único, cuya finalidad no es ayudar a los seres humanos, sino que esconde –muchas veces– afanes de poder y de lucro.

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domingo, 9 de noviembre de 2008

Televisión dispara embarazos precoces

Luis-Fernando Valdés

El sueño de la humanidad de no tener límites parece que vuelve a desmoronarse. Hemos apostado a una programación televisiva libre de limitaciones, pero un estudio científico reciente indica que las series con contenido sexual conllevan el aumento de embarazos precoces. ¿No será que en realidad los límites son parte de la condición humana?
Este gran anhelo del hombre moderno parte de una premisa equivocada: el ser humano siempre se porta bien, en todo lo que hace. Por esa razón, nada de lo que haga el hombre puede ser malo. Y, menos aún, cuando se deja guiar por sus instintos. Esta filosofía ha influido mucho en lo que se refiere al contenido de los programas de tv para los adolescentes. Hay series como “Friends” o “Sex and the city” y una buena cantidad películas que manejan temas eróticos o sexuales en todas sus diversas gamas. En principio, nada se les debía objetar, dado que partimos que no sería necesario poner límites.
Sin embargo, “Pediatrics”, la revista oficial de la Academia Americana de Pediatría, recientemente ha publicado un interesante artículo, en el que muestra que ver programas o películas con cierto contenido sexual como besos apasionados, contacto íntimo, relaciones sexuales implícitas o explícitas, flirteo amoroso, entre otros, aumenta el número de embarazos entre adolescentes en Estados Unidos (pediatrics.aappublications.org).
El resultado del estudio es impresionante: el 90 por ciento de los adolescentes que ven frecuentemente programas con este tipo de contenido tienen doble riesgo de experimentar un embarazo (doble, porque tanto el varón como la mujer están expuestos al mismo contenido televisivo) durante los tres años siguientes. Mientras que el 10 por ciento restante, cuya elección televisiva implicaba menos contenido sexual, reduce a la mitad este riesgo. Concretamente, el 25 por ciento de aquellos que seleccionaban programas con cierto trasfondo sexual vivieron un embarazo, frente al 12 por ciento de quienes veían con menos frecuencia dichos programas.
Es un hecho que el contenido de los programas de tv influye en la conducta de los jóvenes. Y también podemos decir que no todas las conductas son iguales, pues a unas las consideramos buenas y a otras no. Y para afirmar lo anterior, en muchos casos, nos basamos en las consecuencias de esas acciones. Si hay efectos no deseados, ¿no será que hay acciones que no debieron realizarse? Entonces, ¿serán lícitos los programas que provocan tales acciones que no debieron realizarse?
Por eso, el contenido de las series de tv, de las telenovelas y de las películas es sujeto de una consideración ética. Pero es importante entender bien la función de esta disciplina filosófica. La Ética busca ayudar al hombre a que realice las acciones libres que realmente lo hagan crecer como persona, y lo encaminen a la felicidad más plena. En la práctica, la Ética proporciona elementos para que el ser humano –ante una alternativa– elija la “acción más excelente”, la que verdaderamente lo perfecciona.
Por eso, cuando decimos que los programas de entretenimiento deben ser éticos, estamos afirmando que su contenido debe despertar en cada espectador deseos de acciones mejores, debe suscitar ideales grandes, debe generar anhelos de una sociedad mejor. Cuando la tv sobrepasa los límites éticos, no nos hace más humanos, ni mejores personas. No queremos una programación moralizante, ñoña, sino unos contenidos que nos inviten a ser virtuosos, a practicar las acciones más excelentes.
Correo: lfvaldes@gmail.com
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domingo, 10 de agosto de 2008

Prevención del SIDA: ¿solución o atropello?

Luis-Fernando Valdés

México se convirtió en el primer país latinoamericano que ha sido sede de una Conferencia Internacional sobre el Sida, la cual se llevó a cabo del 3 al 8 de agosto pasados. El evento, organizado por las Naciones Unidas, busca la disminución mundial de esta pandemia. El objetivo es excelente, pero algunos políticas y medios para conseguirlo resultan dudosas.
En primer lugar, la Conferencia se sitúa a sí misma –de un modo muy sutil– como un organismo legislativo superior a las naciones participantes. Es llamativo el tono de los discursos, en los que se pide a los países que adopten una legislación determinada por las políticas que sugiere la ONU. Así la UNICEF, en su página web publicó que “la meta final de esta reunión (del 2008) será la de establecer un método de educación sexual amplio, que incluya educación sobre el VIH/SIDA, dentro del currículo nacional de escuelas primarias”.
En principio, una propuesta así parece buena. Sería muy importante, sin duda, que todos los ciudadanos, ya desde la infancia, aprendan a respetar y valorar a todas las personas portadoras del VIH, y que sepa “prevenir” este problema. Pero, detrás de toda propuesta educativa hay un presupuesto fundamental: que la educación es un derecho primigenio de los padres de familia, no del Estado. El conflicto surgirá sólo: ¿qué sucederá cuando el plan de información sobre el SIDA propuesto por la ONU no coincida con el modo de pensar de los papás? ¿se le impondrá a la fuerza?
Varios discursos de esta XVII Conferencia insistían la conexión entre la salud pública y los derechos humanos. El Comunicado de Prensa del 6 día de la Conferencia destacaba que los objetivos de la salud pública eran “frustrados por las violaciones a los derechos humanos, la desigualdad de género y el estigma” (www.aids2008.org). Sin embargo, al proponer una política única de educación sobre el VIH, ¿no están violando también un derecho humano fundamental, como es el derecho de los padres a la educación de sus hijos?
Fue patente que la propuesta de la Conferencia sobre la prevención del VIH gira en torno al uso del preservativo. El francés Bruno Spire explicó que un “paso clave” para prevenir la transmisión sexual del VIH consiste en “combatir la fatiga en la prevención”, e hizo un llamado a las “soluciones pragmáticas” en relación a aquellos que “no usan preservativos consistentemente”. Esta propuesta tiene una ideología de fondo, que consiste en una visión reducida del ser humano y de su sexualidad, la cual es resumida al placer y desligada del amor y de la procreación.
Para prevenir el SIDA lo importante no es capacitar en el uso del preservativo, sino educar en una visión global de la actividad sexual, que abarca todas las esferas del ser humano: corporal, afectiva, lúdica, psicológica, moral y religiosa. La sexualidad se debe llevar a cabo en el marco del amor a la otra persona. Y esa expresión del amor en el sexo capacita para transmitir la vida humana. Pero, ¿qué pasará con las personas que deseen que sus hijos sean educados en esta otra visión? ¿serán atropellados por no aceptar la postura de la ONU?
Es una pena que un esfuerzo internacional, digno de elogio, para ayudar los pacientes de VIH/SIDA del mundo entero, termine reducido a un foro ideológico, que apoya una visión reducida del hombre y su sexualidad, y que pretenda imponer unos medios con los que no todos están de acuerdo.
Correo: lfvaldes@gmail.com
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domingo, 27 de julio de 2008

40 años de la “Humanae Vitae"

Luis-Fernando Valdés

Fue el 25 de julio de 1968, cuando el Papa Pablo VI publicó la Encíclica “Humanae Vitae” (HV), que es uno de los documentos más importantes de todos los tiempos sobre la moral conyugal. Pero, desde el primer momento, no han faltado algunas voces que la han tildado de poco adecuada para los tiempos modernos. Han pasado ya 40 años, y en algunos sectores se sigue considerando que ese texto pontificio cerró la apertura la de la Iglesia al progreso por negarse a aceptar la anticoncepción. ¿Sigue vigente la enseñanza católica sobre la sexualidad?
La historia de este documento no fue pacífica, ni en su origen. Como es sabido, antes de la HV una comisión pontificia tuvo el encargo, culminado en 1966, de hacer un estudio de población, familia y natalidad que lamentablemente concluía a favor de la anticoncepción en el marco de una “paternidad responsable”. Sin embargo, Pablo VI valientemente decidió publicar la Encíclica, a pesar de la falta de unanimidad de esa comisión (cfr. HV, 6), para exponer la verdad del hombre sobre la apertura a la vida.
Pero más grave aún, fue la reacción de algunos teólogos, como Bernhard Häring, que públicamente criticaron el contenido de la HV. Desde 1907, con el llamado “modernismo”, nadie se había atrevido a polemizar abiertamente contra la Sede Apostólica. La consecuencia fue una grave crisis de obediencia al Papa, y una gran confusión doctrinal. En 1995, el entonces Card. Ratzinger afirmó que "raramente un texto de la historia reciente del Magisterio se convirtió tanto en signo de contradicción como esta encíclica, que Pablo VI escribió a partir de una decisión profundamente sufrida".
En este contexto surgió el cliché de que, debido a este documento, la Iglesia se cerró al progreso y al mundo moderno. En 1968, estaba reciente la conclusión de los trabajos del Concilio Vaticano II, que representó –en palabras de Juan XXIII– un “aggiornamento” (una puesta al día) para la Iglesia. Con motivo de la HV, algunos afirmaron que el Papa Montini frenó esa apertura de la Iglesia a la ciencia, a la tecnología y a las necesidades del mundo de hoy. Y estas afirmaciones se siguen repitiendo hasta hoy.
Sin embargo, todos estos episodios difíciles han oscurecido la doctrina que aquel valiente Papa quería recordar precisamente al mundo de hoy. El punto central de la HV es el n. 14 que afirma con toda la autoridad del Magisterio Pontificio, y no como una mera opinión personal, que “es intrínsecamente inmoral toda acción que, bien en previsión del acto conyugal o en su realización, o bien, en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga como fin o como medio, impedir la procreación”.
Se trata de una valiente defensa del amor matrimonial y de la vida humana, frente a los dictados de las políticas antinatalistas y a los abusos de la técnica. En palabras de Benedicto XVI, esta Encíclica “subraya con fuerza, yendo con valentía contra corriente con respecto a la cultura dominante, la calidad del amor de los esposos, no manipulado por el egoísmo y abierto a la vida” (Discurso, 25.V.2008).
A la distancia de esta cuatro décadas, hace falta que los propios católicos volvamos a leer y a meditar el contenido de la HV. Debemos abrirnos paso, entre la selva de opiniones contestatarias, para descubrir con valentía la verdad sobre el amor humano y sobre la transmisión de la vida. Un creyente sabe por la fe, que debe decir que no a la manipulación del acto conyugal, para decir un sí firme y fuerte al auténtico y fecundo amor de los esposos.

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domingo, 19 de agosto de 2007

Educación sexual ¿derecho de los padres?

Luis-Fernando Valdés

De vuelta a la escuela, envueltos en polémicas. En esta semana que inicia, los estudiantes de Secundaria recibirán sus libros nuevos y, entre ellos, el de Biología I, que incluye temas de educación sexual. Por una parte, el miércoles pasado (15.VIII.07) la Unión Nacional de Padres de Familia manifestó su desacuerdo con estos nuevos textos. Y por otra, la Secretaría de Educación del Distrito Federal anunció antier (17.VIII.07) que en tres semanas distribuirá un libro sobre sexualidad con autorización o no de la SEP. De esta manera ha vuelto a surgir una dialéctica entre los padres de familia y el Estado sobre la educación de los hijos. ¿Quién tiene verdadero derecho a educar a los mexicanos: sus progenitores o el Estado?
Ante los declaraciones de padres de familia incorfomes, ha surgido algunas voces que han intentado descalificarlos, tildándolos de cerrados. Y estas opiniones han eclipsado el problema de fondo. El tema central de la educación sexual radica en quién posee el derecho a la educación de los hijos, no en la apertura o cerrazón de los padres respecto al sexo.
Los padres de familia son los titulares del derecho a educar a sus hijos según sus convicciones. Así lo establece la Declaración Universal de los Derechos Humanos, firmada por nuestro País, en su artículo 26, que indica que “toda persona tiene derecho a la educación”, y que “los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos”. En primer lugar, esta Declaración afirma la primacía de los padres en el ejercicio del derecho del que son titulares: son ellos y o el Estado, otras entidades, o terceras personas quienes pueden decidir preferentemente el tipo de educación que quieren para sus hijos. Cuando se habla de “tipo de educación”, el artículo 26 no se refiere sólo a las diversas opciones pedagógicas, sino también a sistemas educativos completos fundamentados en una determinada concepción filosófica, ideológica o religiosa de la realidad. En este sentido, se puede hablar de una educación diferenciada o mixta, y también a una educación cristiana, laica o neutra, atea, islámica, etc.
La educación no es un derecho del Estado. Cuando éste asume la carga de facilitar la enseñanza a la generalidad de los ciudadanos, no puede asegurar la oferta de todos los posibles tipos de educación demandados por los padres. Por eso, resulta necesario reconocer la enseñanza privada que ofrezca los distintos modelos que educación que solicitan los progenitores. Pero como la educación privada no es económicamente accesible a la mayoría de los ciudadanos, el Estado debe garantizar en su sistema educativo una educación “neutra” desde el punto de vista religioso e ideológico, para salvaguardar el pluralismo de la sociedad, y respetar las convicciones de los padres sobre el tipo de enseñanza que desean para sus hijos.
Cuando la educación sexual se propone dentro de una dialéctica entre ideologías, de modo casi imperceptible se atropella un derecho fundamental: el de la educación. Cuando el Estado elige, sin consultar a los padres de familia, qué tipo de educación sexual impartir, empobrece nivel cultural del País, porque conclucar un derecho básico es propio de una sociedad inculta. Por eso, imponer la educación sexual, incluso a nombre de la ciencia, es opuesto al Estado de derecho. Qué paradója: para hacer de México una nación más democrática se promueve una educación sexual liberal, pero se niega a sus ciudadanos un derecho fundamental.

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domingo, 10 de septiembre de 2006

La cuestión del género

Luis-Fernando Valdés

Las ideas mueven el mundo. Los contemporáneos de Sócrates le decían que, por filosofar todo el día, estaba en las nubes, fuera de la realidad cotidiana. Sin embargo, la verdad es que las ideas de los pensadores poco a poco influyen en el modo de vivir de toda una sociedad. Hoy quiero contarles cómo detrás de nuestro modo actual de considerar a la mujer, hay una filosofía que quizá no es el todo adecuada para responder a nuestras inquietudes más profundas.
Nuestra cultura ha alcanzado una gran sensibilidad para remarcar la igualdad entre varones y mujeres. Así, en un discurso público, muchos oradores se ven obligados a hablar a «los y las» estudiantes, a diferencia de hace una década, cuando el másculino plural –«los»– incluía a por igual a damas y caballeros. Se trata de un reflejo de los esfuerzos para disminuir la injusta discriminación que han sufrido las mujeres, durante siglos. Aunque hay una igualdad fundamental entre varón y mujer, porque ambos comparten ¬la misma naturaleza humana y tienen igual dignidad, no siempre se ha tomado en cuenta esta semejanza. Ya los antiguos griegos hablan una «physis», o sea, un sustrato común a todos humanos, pero no alcanzaron a vislumbrar esta igualdad de dignidad.
Por otra parte, la tradición judeo-cristiana enseña claramente esta radical semejanza, previa a la diferencia sexual: «Dios creó al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, hombre y mujer los creó” (Génesis 1, 26-27). Sin embargo, a pesar de los logros del cristianismo para que se valorara equitativamente a las mujeres, no se consiguió erradicar del todo la mentalidad discriminatoria.
Las tentativas para superar el problema continuaron, y los intentos de las últimas décadas para abolir la discriminación de la mujer han surgido de un contexto intelectual no cristiano. La primera de esta nuevas respuestas consiste en subrayar fuertemente la subordinación que ha sufrido mujer, a fin de suscitar una actitud de contestación que conquiste la igualdad. La mujer, para ser ella misma, se constituye en antagonista del hombre.
Este proceso lleva a una rivalidad entre los sexos y, entonces, los roles propios de la mujer, como la maternidad, dejan de valorarse como una fuente de afecto y realización, y se enfocan como una desventaja respecto al varón. Se propone que la mujer ejercite todo tipo de roles laborales, lo cual no es malo; sin embargo, esta respuesta no siempre consigue que la mujer se abra a otras ocupaciones, sin renunciar a sus específicos roles familiares y sociales.
Otra de las nuevas respuestas, para evitar la supremacía de uno u otro sexo, propone anular las diferencias, y las considera como simple efecto de un condicionamiento histórico-cultural. Hace una distinción entre «sexo» y «género». El primero hace referencia a la mera diferencia corpórea, y el segundo señala una dimensión estrictamente cultural. Se busca liberar a la mujer del determinismo biológico del «sexo» (“naciste mujer”), mediante la elección personal de la propia preferencia sexual, o sea, del «género».
Pero las ideas mueven al mundo, y esta filosofía, que pretendía favorecer la igualdad de la mujer, a dado lugar a ideologías que cuestionan la existencia de la familia dado que naturalmente está compuesta de padre y madre, o que buscan la equiparación de la homosexualidad a la heterosexualidad. Hacen falta pues nuevas ideas, porque el precio de defender la igualdad de la mujer no puede ser renunciar a lo femenino, ni a lo masculino, ni a la familia biparental.

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domingo, 20 de agosto de 2006

Libros de educación sexual

Luis-Fernando Valdés

Durante la semana estuve pendiente de los comentarios de la prensa sobre los libros de educación sexual que se utilizarán en Primero de Secundaria. Me encontré con algunos editoriales que critican a las asociaciones de Padres de Familia que han protestado por el contenido de esos textos, como si esos papás propusieran que no se enseñara a los jóvenes la realidad de la sexualidad. Pero me parece que esos autores no han captado del todo el núcleo de aquellas protestas.
El fondo de los reclamos hacia esos libros es que separa la sexualidad del conjunto de la persona. Como bien apunta la editorialista Paz Fernández Cueto, el planteamiento de esos textos «disocia la sexualidad de la procreación, el amor del placer, el deseo de la responsabilidad, condicionando la bondad de la experiencia sexual al placer» (Reforma, 18.VIII.06).
En efecto, hay sofisma de fondo con el que se pretende introducir esos libros al mundo académico. La argucía consiste en que se presentan como libros «de biología», o sea textos «de ciencia», que nada tienen que ver con la moral, como si la sexualidad se pudiera desligar de la «ética». En realidad, no se puede separar la ética de la sexualidad, porque toda acción libre siempre es moral.
Las quejas sobre la educación sexual consiste en que se dé a conocer a los jóvenes el funcionamiento sexual, desligado del conjunto de la persona, de la familia y de la moral. Además, esos datos no siempre están de acuerdo con la madurez psciológica de los jóvenes y, por eso, pueden fácilmente llevar a la confusión o producir incluso el mismo efecto que la pornografía.
Algunos de esos libros inducen a disociar el placer sexual del amor. Dice uno de ellos: «otros autores vinculan al erotismo con el amor sin embargo, puede tenerse una experiencia erótica sin amor y con placer» (Ciencias 1 Biología, Ed. Macmillan). Esta invitación al mero erotismo distorciona la sexualidad humana, y transtorna el equilibrio psicoafectivo del adolescente: se le invita a que utilice el lenguaje corporal del amor, aunque en su mente y su corazón no exista ese afecto.
En otro libro se induce a buscar pornografía, aunque se le quiera encubrir de «trabajo de investigación». El texto de Científicas 1, de Grupo Editorial Norma, dice: «Investiga en la biblioteca o en Internet, la información necesaria para que en tu cuaderno ejemplifiques los mitos que existen sobre el autoerotismo y expliques por qué no causan daños físicos y psicológicos». O sea, le piden al joven de 12 o 13 años que busque en la red material sobre la masturbación. ¿Y, además de texto, qué va a encontrar sino imágenes eróticas? ¿Deja eso de ser pornografía sólo porque se está cumpliendo con un deber escolar?
Además, la calidad científica de algunos de esos libros deja mucho que desear. En los tratados de psicología siempre hay un capítulo sobre algunas disfunciones sexuales, llamadas parafilias, como lo son el fetichismo, el voyerismo, el exhibicionismo, etc. Contra toda ciencia, en el mencionado libro de Grupo Editorial Norma se sugieren prácticas parafílicas: «el placer erótico también se puede experimentar a través de imágenes, textos, sonidos, olores, texturas, y sabores en sujetos y objetos materiales o imaginarios».
Es necesario que los Padres de Familia, que son los primeros interesados en la educación de sus hijos, levanten su voz, y pidan que se revisen los programas y los textos de educación sexual, para que se enseñe una sexualidad encaminada al amor limpio y a la formación de una familia estable.

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domingo, 13 de agosto de 2006

Adicción al sexo

Luis-Fernando Valdés

Hoy amanecimos con la expectativa de la resolución del Trife. Pensaba ofrecerles, estimados lectores, una mini discertación sobre el Estado de derecho, pero hubiera parecido que tomaba partido en la disyuntiva de si se debe obedecer a la ley o al pueblo. Por eso, preferí seguir el ejemplo de un famoso columnista: en domingo, no hablar de «política» –pues nunca lo hago– sino sólo tratar de «cosas peores»: hablemos de ética.
Y para hacerles entretenido el momento de lectura, se me ocurrió escribir sobre un tema que va tomando tintes alarmantes. Se trata de una nueva adicción, la del sexo, que tiene consecuencias semejantes a las de otras adicciones más conocidas, como el alcohol, las drogas o las apuestas.
En reciente estudio sobre este tema, Patricia Matey afirma: «La adicción al sexo es una de las dependencias menos confesadas y visibles de todas las que existen. No obstante, ha aumentado el número de pacientes que pide ayuda debido a las consecuencias de su transtorno: ruina económica, matrimonios rotos, problemas laborales, ansiedad y depresión».
Esta dependencia sexual se manifiesta de diversas formas: desde la masturbación compulsiva a los abusos sexuales, pasando por relaciones con múltiples parejas heterosexuales u homosexuales, encuentros con personas desconocidas, el recurso a la pornografía, la prostitución, el exhibicionismo, la pedofilia, el turismo sexual, y tantas otras más.
El origen de esta adicción, en la mayoría de los casos, se encuentra en la mente, donde las fantasías sexuales y los pensamientos eróticos se convierten en engañosas válvulas de escape de los problemas laborales, las relaciones rotas, la baja autoestima o la insatisfacción personal. Luego, esas imaginaciones se pasan al ámbito de la realidad práctica. Se empieza por cosas pequeñas, ligeras concesiones al placer, y se termina en prácticas que nunca se hubieran pensado realizar, y que causan un sufrimiento insoportable.
Así como el alcoholismo, la drogadicción y las apuestas terminan por destruir tanto al que padece estos vicios como a su familia, de igual manera en la adicción al sexo también alguién siempre termina pagando el alto costo emocional. Quien paga ese precio puede ser la persona que sintió que jugaron con sus sentimientos, o una creaturita abortada, o un matrimonio y unos hijos destrozados por un adulterio.
Aunque todas las personas del entorno de quien padece este vicio sufren mucho, el principal afectado es el que padece esta adicción. Es la víctima principal, porque sufre un transtorno fuerte en su vida, tanto como un alcohólico, aunque exteriormente quizá se note menos. Se destroza su capacidad de amar.
Al ver estas trágicas consecuencias, no reaccionamos con la misma fuerza que contra las drogas, aunque el resultado de la adicción sexual es el mismo. Todos apoyamos el slogan «di no a las drogas», todos apoyamos el combate al narco-menudeo. Pero nos quedamos callados y pasivos ante la «droga» de la pornografía en los medios de comunicación, o al sexo-menudeo del puesto de periódicos o de un lugar de exhibicionismo (table dance).
¿No será el momento de revalorar la virtud de la templanza en el placer sexual presente ya en la Grecia clásica, y en la tradición judeo-cristiana? ¿Ante esta adicción que afecta desde niños de primaria a hasta personas mayores, podemos seguir diciendo que es mogigatería hablar de educación de la afectividad, de castidad? Es tiempo de enseñar a amar.
Por cierto, ¿qué voy a hacer con mi borrador sobre el Estado de derecho? Escríbame.

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domingo, 29 de enero de 2006

Benedicto XVI y el amor

Luis-Fernando Valdés

Por fin, el pasado día 25 de este mes, se publicó la esperada primera Encíclica del Papa Benedicto. Desde que se anunció a los medios, el tema de este documento nos llenó de gusto, pues no dejó de ser una grata sorpresa que se tratara del amor. «Hemos creído, nos dice el Papa, en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida» (n. 1)
Titulada Deus caritas est (Dios es amor), la Encíclica aborda un aspecto de la máxima importancia tanto para cada persona como para toda comunidad, ya que el amor «siempre será necesario, incluso en la sociedad más justa. No hay orden estatal, por justo que sea, que haga superfluo el servicio del amor» (n. 28, b).
Este escrito ofrece una visión optimista del cristianismo, porque nos recuerda que el centro de la enseñanza y la praxis de la fe católica es el amor. Con realismo, el Santo Padre se enfrenta a una de las objeciones más comunes presentadas a la Iglesia. El Papa se pregunta si la Iglesia, con sus preceptos y prohibiciones, no convierte acaso en amargo lo más hermoso de la vida.
Y el Pontífice responde que la Iglesia no condena el amor, sino que lo custodia para que no se desvirtúe y siga siendo auténtico. Con este documento magisterial, Benedicto XVI sale al rescate del amor, y explica cuál es el verdadero amor y enseña también los aspectos sociales del amor auténtico.
El amor personal tiene dos aspectos. Uno es la atracción, llamada por los griegos «eros», y el otro es la entrega desinteresada, conocida como «ágape». Actualmente, algunas personas suelen reducir el «eros» al mero impulso sexual. Pero esa visión, enseña el Papa, implica «una degradación del cuerpo humano, que ya no está integrado en el conjunto de la libertad de nuestra existencia, ni es expresión viva de la totalidad de nuestro ser, sino que es relegado a lo puramente biológico» (n. 5).
En cambio, el desarrollo del amor «hacia sus más altas cotas y su más íntima pureza», explica el Santo Padre, conlleva el que «aspire a lo definitivo, y esto en un doble sentido: en cuanto implica exclusividad —sólo esta persona—, y en el sentido del “para siempre” » (ibid).
Por otra parte, la sociedad tiene necesidad del amor y, por eso, Benedicto XIV exhorta al «ejercicio del amor, por parte de la Iglesia», pues ésta es una «comunidad de amor» (cfr. n. 19).
El Papa describe en tres rasgos la manera como los católicos deben vivir esa dimensión social del amor. En primer lugar, no se trata sólo de «profesionalizar» los servicios asistenciales, sino de retomar la dimensión religiosa del servicio a los demás. Se trata de un encuentro personal con Cristo, cuyo amor ha tocado el corazón del creyente suscitando en él el amor por el prójimo (cfr. n. 31,a).
En segundo lugar, el Obispo de Roma nos recuerda que el amor no es un medio, sino un fin. Por eso, «la actividad caritativa cristiana ha de ser independiente de partidos e ideologías. No es un medio para transformar el mundo de manera ideológica y no está al servicio de estrategias mundanas» (n. 31,b).
Y, finalmente, el Santo Padre señala que el amor es gratuito. «La caridad no ha de ser un medio en función de lo que hoy se considera proselitismo. El amor es gratuito; no se practica para obtener otros objetivos» (n. 31,c).
Benedicto XVI no deja de sorprendernos. Sigue derribando los prejuicios. Dejará de ser considerado el «panzerkardinal», para ser conocido como el «Papa del amor». Y es lógico: quien custodia con firmeza la doctrina debe ser fiel al mensaje central del cristianismo: que «Dios es amor» (1 Juan 4, 16).

domingo, 23 de octubre de 2005

SIDA, ética y esperanza

Luis-Fernando Valdés

La ONU instituyó en 1988 la Jornada Mundial del SIDA, que se celebra el 1 de diciembre de cada año. Este día constituye una oportunidad para una reflexión sobre diversos aspectos de esta epidemia: médicos, éticos y religiosos.
Desde el punto de vista médico, las estadísticas son alarmantes. En 2004, la ONU declaró que, desde la aparición del SIDA, más de 22 millones de personas han muerto por causa de esta enfermedad.
Pero no basta con dar cifras, lo importante es que se pongan al alcance de todos los medicamentos que, en la actualidad, sirven para controlar y paliar este padecimiento. Los esfuerzos de una nación para combatir el SIDA no se pueden limitar a dar información preventiva, sino que también deben subsidiar los fármacos que los afectados necesitan.
La ética es otro aspecto importante en el combate del SIDA. Esta enfermedad sólo se transmite por tres vías: la sangre, la transmisión materno-infantil y por contacto sexual. En ellas hay implicaciones éticas. Por ejemplo, los donadores de sangre tienen el grave deber moral de que su sangre esté exenta de ese virus; las madres portadoras del VIH no pueden abortar, aunque sepan que su bebé nacerá infectado.
La vía del contacto sexual tiene más implicaciones éticas aún. Juan Pablo II afirmó que el drama del Sida se presenta como una «patología del espíritu». Para combatir este tipo de contagio se requiere aumentar la prevención con educación en el valor sagrado de la vida y con formación en la práctica correcta de la sexualidad.
En 1994, Juan Pablo II recomendaba a los obispos de África, continente flagelado por el SIDA: «debemos presentar continuamente a los fieles, sobre todo a los jóvenes, el afecto, el gozo, la felicidad y la paz que procura el matrimonio cristiano y la fidelidad, así como la seguridad proporcionada por la castidad».
El SIDA también tiene implicaciones religiosas. Los que padecen esta enfermedad no son un mero dato para las estadísticas. Estos enfermos son, ante todo, seres humanos. Y como todo humano tienen una historia, que se ve trastocada, incluso interrumpida. Tienen temor y desean una esperanza. Y ése es el aspecto religioso de esta epidemia.
Junto con el derecho a acceder a los medicamentos y tratamientos necesarios, los enfermos de SIDA necesitan de apoyo espiritual. Esta enfermedad los pone frente al drama del sufrimiento y de la muerte. Y es ahí cuando necesitan de un mensaje de esperanza.
Juan Pablo II explicaba que «es precisamente en el momento de la enfermedad cuando se plantea con mayor urgencia la necesidad de encontrar respuestas adecuadas a las cuestiones últimas referentes a la vida del hombre: las cuestiones sobre el sentido del dolor, del sufrimiento y de la misma muerte, considerada no sólo como un enigma con el cual confrontarse fatigosamente, sino como misterio en el que Cristo se incorpora en nuestra existencia, abriéndola a un nuevo y definitivo nacimiento para la vida que nunca acabará» (Mensaje para la Jornada Mundial del Enfermo 2005, n. 6).
Atender a los que padecen esta enfermedad es tarea de todos. Por eso, Benedicto XVI expresó su apoyo a «las numerosas iniciativas promovidas, de modo especial las de las comunidades eclesiales, para eliminar esta enfermedad, y aseguro mi apoyo a los enfermos de SIDA y a sus familias, invocando para ellos la ayuda y el consuelo del Señor" (Discurso, 30.XI.05)

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