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| Eugenio Scalfari, fundador del diario "La Repubblica", dio pie a un gran diálogo sobre la fe con el Papa Francisco. |
Luis-Fernando Valdés López, sacerdote y teólogo, comenta noticias destacadas de la semana, con un enfoque humanista, desde la razón creyente.
sábado, 14 de septiembre de 2013
Francisco: la fe no es intransigente
domingo, 1 de abril de 2012
Estado laico a prueba
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| Benedicto XVI recibido como Jefe de Estado por el Presidente Calderón. |
domingo, 14 de agosto de 2011
Manifestaciones “anti-Papa”
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| Luis Vega, presidente de AMLA |
domingo, 14 de noviembre de 2010
¿Intolerancia pontificia o manipulación mediática?
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| Fragmento de la página web "El País", con el titular tendencioso : "carga contra". |
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| Benedicto XVI en la conferencia de prensa a bordo del avión, rumbo a España. |
domingo, 7 de noviembre de 2010
Dios, ¿enemigo del hombre?
domingo, 19 de septiembre de 2010
Nuevos tiempos para el laicismo
domingo, 14 de febrero de 2010
Repensar el Estado laico
Luis-Fernando Valdés
El pasado 11 de febrero, la Cámara de Diputados aprobó la modificación del Artículo 40 constitucional, para afirmar que México es oficialmente un Estado laico. Esta noticia es difícil de valorar, porque cada quien interpreta el término “laico” de muy diversas maneras. Entonces, ¿qué se debe entender por “Estado laico”?
El artículo modificado decía: “Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una república representativa, democrática, federal, …”; y la reforma simplemente la ha añadido la palabra “laica”, de modo que diga que “Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una república…laica…”. Pero, ¿es realmente ése el querer de “todos” los mexicanos? ¿todos los mexicanos piensan lo mismo al decir “laico”?
Los autores de la iniciativa dicen que esta modificación servirá, principalmente, para asegurar la independencia del Estado respecto de las iglesias y para evitar que el poder político se use para privilegiar alguna confesión religiosa. Sin embargo, estos dos puntos ya están asegurados por el texto constitucional actual (arts. 24, 39, 41 y 130, principalmente), y es difícil pensar que alguien quiera modificarlos.
Entonces, ¿qué pensar sobre el Estado laico? Como no se ha definido lo que significa para nuestra Constitución, cada quien interpretará esta laicidad según su ideología política. Así, para algunos significará evitar tanto un estado confesional como uno ateo; para otros, será la separación del Estado y de la Iglesia, con respeto a las culturas del país; y quizá para otros sea un modo de evitar que las religiones opinen sobre temas debatidos en las Cámaras.
Sin embargo, ésta es una inmejorable oportunidad para repensar la laicidad del Estado. La clave para este intento es sacar la discusión del terreno de las dialécticas entre izquierdas y derechas. Mientras se considere la religión como un asunto de derechas, será difícil resolver el conflicto, pues cualquier concesión al ámbito religioso se consideraría como una derrota para la izquierda; y viceversa: sería un logro para la izquierda reducir los ámbitos de libertad religiosa.
En realidad, la cuestión religiosa no es de izquierdas o derechas, sino que se trata de un derecho humano. Todo ser humano tiene derecho a profesar una religión, con independencia de que los demás la consideren verdadera o no. Se trata de un verdadero derecho de la persona, no de una concesión de un gobierno, ni de la imposición de un grupo parlamentario.
Ante todo, cualquier Estado debe garantizar la libertad religiosa de sus ciudadanos, como lo hace el nuestro en el artículo 1 de la Carta magna: “Queda prohibida toda discriminación motivada por … la religión”. Y esta garantía está en plena sintonía con la Declaración universal de los Derechos humanos, que incluye la libertad de manifestar la propia religión, “individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia” (art. 18).
De modo que la laicidad del Estado no consistirá ni en menoscabar ni en promover la religiosidad del Pueblo (pues no es materia de su incumbencia), sino para garantizar que cualquier ciudadano pueda ejercitar su fe, sin ser disturbado.
En otras palabras, el nuevo paradigma radica en que el Estado debe permanecer ajeno a cualquier confesión, para así poder dar garantías de ejercicio y respeto a todas las confesiones; el Estado deber ser laico para poder asegurar el derecho de libertad religiosa, que es un derecho humano, no una conquista de la derecha ni un atentado contra la izquierda.
Correo: lfvaldes@gmail.com
http://columnafeyrazon.blogspot.com
domingo, 19 de abril de 2009
Intolerancia laica
Se cumplen hoy cuatro años de la “fumata bianca”, que anunciaba la elección de Joseph Ratzinger como Sucesor de San Pedro. Hace tres días (16 de abril) fue el 82 cumpleaños del Pontífice. Pero en la víspera (15 de abril) se encontró con una tremenda sorpresa: el Parlamento belga pedía que fuera condenada la declaración del Papa sobre el preservativo como medio para combatir el Sida. ¡Ahora Benedicto XVI es el “hereje civil”!
Primero recordemos que cuando el Santo Padre se dirigía a Camerún, el pasado 17 de marzo, declaró, en la conferencia de prensa abordo el avión, que la solución a la pandemia del Sida había que buscarla en dos direcciones: por una parte la humanización de la sexualidad y por otra, en la amistad y la disponibilidad auténticas hacia las personas afectadas, pero no en la distribución del preservativo. Rápidamente varias cancillerías europeas manifestaron su desacuerdo.
Y hace unos días el embajador del Reino de Bélgica ante el Vaticano le comunicó a la Santa Sede la resolución en la que el Parlamento de su país pide al gobierno belga que “condene las declaraciones inaceptables del Papa con motivo de su viaje a África y que eleve una protesta oficial ante la Santa Sede”.
La Secretaría de Estado del Vaticano con fecha del 18 de abril comunicó su protesta, en la que “deplora que una asamblea parlamentaria haya considerado oportuno criticar al Santo Padre basándose en un fragmento de entrevista desgajado y aislado del contexto”. Ahí se afirma también que se trata de un “claro intento de intimidación”, que tiene por finalidad “disuadir al Papa de expresarse sobre algunos temas, cuya relevancia moral es obvia”.
Es curioso: el Congreso de un país le pide el Ejecutivo de esa nación que proteste oficialmente la actuación de otro Estado (el Vaticano), por unas declaraciones de tipo moral. Ahora los políticos les censuran a los líderes religiosos sus indicaciones morales. ¿Es correcto que la política se reserva la última opinión en el ámbito ético?
El uso preservativo ha sido adoptado como una política de salud pública. Pero esta decisión de algunos gobiernos no elimina el aspecto moral del condón. Y tampoco puede convertirlo en un tema “incuestionable”, sobre el que nadie puede opinar de otra manera. Sin embargo, el profiláctico se ha convertido en un “dogma civil”; el Parlamento belga se ha erigido como el nuevo “Defensor de la fe civil”, y el reo de esta Inquisición laica es el Papa, por opinar en contrario.
Se trata de la “nueva intolerancia”: el acuerdo tácito de negarles el derecho de expresión a algunas personas e instituciones (especialmente a la Iglesia), a las que se les condena por pensar diferente a lo indicado por las políticas públicas. Esta versión de intolerancia justifica las reacciones violentas hacia todo aquel que no esté de acuerdo con los “dogmas civiles”, como aborto, eutanasia, promiscuidad sexualidad, feminismo radical…
Los “dogmas laicos” son un problema muy serio. Esconden siempre una gran intolerancia, que puede usar incluso la violencia hacia los que no los aceptan. Recordemos que en la Alemania nazi el dogma de “superioridad de la raza aria” justificó el Holocausto, que ha sido el uno de los más deplorables crímenes jamás cometidos.
Conclusión: hace falta serenidad tanto afectiva como mental para analizar los grandes problemas éticos de la humanidad, para encontrar soluciones adecuadas y para no entrar en el juego de la “intolerancia laica”.
Correo: lfvaldes@gmail.com
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domingo, 14 de septiembre de 2008
“Laicidad positiva”
En este mes de la Patria, recordamos nuestras raíces y nos alegramos de ser mexicanos. Pero esta identidad nuestra es paradójica, pues contiene elementos disímiles. Somos la fusión de europeos con mesoamericanos y, en nuestro interior, conviven ideales tanto liberales como conservadores: somos laicos y creyentes… al menos la gran mayoría. Pero muchas veces no encontramos el punto exacto de esa síntesis y, por eso, la laicidad mexicana da bandazos a la izquierda (laicismo anticlerical) o a la derecha (clericalismo). ¿Existe un laicismo moderado que pueda unir a todos los mexicanos?
Desde antier, el Papa Benedicto XVI realiza un viaje a apostólico a Francia, con motivo del 150 aniversario de las Apariciones de la Virgen de Lourdes. El mismo día de su llegada fue recibido por el Presidente francés. En su discurso de bienvenida, Nicolás Sarkozy manifestó ideas liberales muy avanzadas (porque dejan atrás el laicismo del siglo XIX), que “curiosamente” coinciden con las ideas del Papa sobre el papel de la Iglesia en el mundo de hoy (pues la Iglesia, desde el Concilio Vaticano II, dejó atrás la idea de una hegemonía socio-política como lo fue en la época medieval).
El Presidente Sarkozy propuso un “laicismo positivo”. Calificó como “una locura” que el mundo se prive de las religiones, pues esta posibilidad “sería un error hacia la cultura y el pensamiento”. Agregó que en la democracia es legítimo y respetuoso de la laicidad dialogar con las religiones, ya que éstas son patrimonios vivientes de pensamiento no sólo de Dios, sino también sobre el hombre y la sociedad. Y afirmó que los diversos credos de sus ciudadanos son una riqueza para Francia por lo cual “la laicidad positiva es el respeto a las convicciones”; y sin menos precio a los otras confesiones, Sarkozy dijo que “reivindicamos nuestras raíces cristianas”.
Por su parte, el Obispo de Roma, tras mencionar las raíces cristianas de Francia y el papel civilizador de la Iglesia en Galia desde el siglo II, habló también del “laicismo positivo”. Expresó que estaba “profundamente convencido de que una nueva reflexión sobre el significado auténtico y sobre la importancia de la laicidad es cada vez más necesaria”. Benedicto no pidió privilegios para la Iglesia (como los tenía en el siglo XVIII), sino que puso el núcleo de esta nueva laicidad en la libertad religiosa. Por eso, consideró que es fundamental “insistir en la distinción entre el ámbito político y el religioso para tutelar tanto la libertad religiosa de los ciudadanos, como la responsabilidad del Estado hacia ellos”.
Un “laicismo positivo” por parte del Estado, y un “sano anticlericalismo” por parte de la Iglesia, conectan muy bien. Por el punto de enlace ya no es la disputa por el poder temporal, sino la misión de servicio a los ciudadanos, que es compartida por ambos. Para los mexicanos, que somos ciudadanos de a pie, esta nueva visión nos otorga la oportunidad de armonizar nuestras raíces: ya podemos sentirnos liberales (que piden que el Gobierno sea laico, precisamente para que favorezca que cada ciudadano libremente ejercite sus creencias) y creyentes (viviendo en privado pero también en público, la misión de servicio que le impone su propia fe, sabiendo que no será atropellada ni obstaculizada por el Gobierno). Francia tardó 229 años en afinar su laicismo (desde la toma de la Bastilla en 1789). ¿Cuánto tiempo tardará México? (Ya llevamos 151 años, desde la Constitución de 1857).
Correo: lfvaldes@gmail.com
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domingo, 28 de octubre de 2007
Clérigos y cargos públicos, ¿poder o libertad?
En esta semana, ha sonado en los medios que la Iglesia reclama el derecho de los sacerdotes a aspirar a cargos públicos. Esta afirmación, sin ningún matiz, causa sorpresa y cierto recelo, pues nuestro País es un Estado laico. Pero si examinamos con un poco de profundidad, vemos que no se trata de una petición de poder para la Iglesia, sino de una exigencia legítima de verdadera libertad religiosa.
¿Por qué la Iglesia pide que la Constitución reconozca que los clérigos tienen derecho a los cargos públicos? Esto los explicó hace tres días el Card. Norberto Rivera. Afirmó que hace falta una legislación en la materia que se adecue a la Carta Magna, la cual brinda a todos los ciudadanos garantías inherentes a sus derechos humanos, entre ellos, los de expresión y reunión. El Arzobispo Primado expuso que a ningún ciudadano se le puede negar el derecho de ser votado; y como los ministros de cultos son ciudadanos, no hay razón para que se les prive de este derecho.
¿La Iglesia está buscando poder político o cargos de elección popular? El mismo Arzobispo Rivera declaró que “la Iglesia católica no tiene interés alguno en llevar a la práctica este derecho por no convenir ni a la Iglesia ni a la sociedad, y por otra parte, la ley canónica prohíbe estrictamente a todos los sacerdotes postularse para puestos de elección”. En efecto, el Código de Derecho Canónico establece que “les está prohibido a los clérigos aceptar aquellos cargos públicos, que llevan consigo un participación en el ejercicio de la potestad civil” (canon, n. 285 § 3).
¿Por qué se ve afectada la libertad religiosa, si no se reconoce a los ministros de culto el derecho a ocupar cargos públicos? La libertad de elegir la propia religión y vivirla es un derecho de todo ciudadano, pero si por el hecho de ocupar un puesto como ministro de culto, la Ley te quita un derecho, resulta que esa misma Ley está limitando tu libertad religiosa. ¿Acaso no es una restricción a la libertad de elegir el modo de vivir la religión, el hecho de que, por ser ministro, se te reduzcan tus derechos?
Si la Iglesia no busca poder, ¿por qué pide que se reconozca este derecho de los ministros de culto? Hay que entender que la libertad religiosa no se limita a que un ciudadano pueda escoger una confesión y a que pueda ejercer los actos de culto. Implica algo más. Esta libertad requiere que los creyentes –ministros o no– no pierdan los derechos que le corresponden por el hecho de ser ciudadanos mexicanos, como el derecho a ser votados, el derecho a la educación religiosa, etc. Mientras este ejercicio pleno de los derechos no quede garantizado a los ministros de culto, hay una discriminación por motivos religiosos.
En el fondo hay una incongruencia en la Constitución, ya que por una parte reconoce la igualdad de los ciudadanos, mientras que por otra, niega a los ministros de culto un derecho que les corresponde como ciudadanos. Por avatares de nuestra Historia nacional, la Carta Magna implícitamente establece que hay ciudadanos de segunda categoría, con menos derechos que el resto. Ha llegado el momento histórico de replantear el tema, quitando el enfoque decimonónico de la dialéctica de poder entre la Iglesia y el Estado. Esta es la oportunidad de buscar una solución pacífica, armónica con el derecho inherente de cada ciudadano, abordada no desde el poder, sino desde el ángulo de la libertad religiosa y de la igualdad. Es por México, es para consolidar nuestro Estado de derecho.
Correo: lfvaldes@prodigy.net.mx
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domingo, 11 de septiembre de 2005
Nuevos tiempos para el estado laico
Los antiguos griegos describieron con gran precisión el movimiento de las estrellas y los planetas. Ptolomeo desarrollo un modelo astronómico, basado en la observación del firmamento sin ayuda de instrumentos. En el s. XVI, el polaco Nicolás Copérnico descubrió un nuevo método para estudiar los astros, mediante el uso de un telescopio.
Copérnico se encontró que los razonamientos ptolomaicos no se ajustaban a la realidad que él observaba con el telescopio. Y se vio en la necesidad de superar el modelo astronómico anterior, que sostenía que el sol y los planetas giraban en torno a la Tierra. En su libro De revolutionibus orbium coelestium (1542), formuló un nuevo concepto de Astronomía, basado en que los planetas giran alrededor del sol.
Para superar las dificultades que le presentaba la ciencia antigua y para adaptarse a los nuevos datos, el astrónomo polaco llevó a cabo un «cambio de paradigma», es decir, buscó un nuevo modo de ver la realidad.
De igual manera, en el tema de la relación entre el Estado mexicano y la Iglesia católica se ha dado, casi silenciosamente, un «cambio copernicano». El reconocimiento de la Iglesia por parte del Estado, efectuado en 1992 constituyó un cambio de paradigma .
El modelo anterior, que marcaba el rumbo de la relación entre ambas partes, era la «tolerancia» por parte del Estado. El gobierno mexicano «toleraba» la existencia de la Iglesia, con tal de que no se repitieran los conflictos violentos de los años veintes y treintas.
En el fondo, el paradigma anterior se basaba en una visión de rivalidad entre la Iglesia y el Estado. Si ganaba aquélla, éste perdía. Pero se dio un «giro copernicano», cuando se reconoció implícitamente que la libertad religiosa no es un derecho de la Iglesia, sino un derecho humano de cada mexicano.
En consecuencia, a nivel institucional, se pasó del esquema de conflicto al modelo de cooperación. En la reciente presentación de las Cartas credenciales del Embajador de México ante el Vaticano, se notó bien este nuevo paradigma.
Bravo Mena afirmó en su discurso que desde el establecimiento de las relaciones diplomáticas entre México y la Santa Sede, se ha logrado «una interlocución fluida y respetuosa». Y señaló que temas como la seguridad internacional, la paz, el progreso, los derechos de los indígenas y los migrantes, «estimulan el intercambio de ideas y nos llevan a procurar nuevas formas de colaboración».
Por su parte, el Papa Benedicto XVI reconoció que «desde que en 1992 se establecieron relaciones diplomáticas entre México y la Santa Sede, se han producido notables avances, en un clima de mutuo respeto y colaboración, que han beneficiado a ambas partes» (Discurso, 23.IX.05).
Sin embargo, a nivel del ciudadano de a pie, no se ha operado este cambio de paradigma. Todavía se considera que la relación entre el Estado y la Iglesia es una dialéctica por el poder político y económico. Tanto en algunos círculos de creyentes como en algunos ambientes no católicos, se sigue añorando el pasado. Unos desearían volver a la época del virreinato, y otros a confinar de nuevo la Iglesia a las catacumbas.
¿Cuándo nos llegará el «cambio copernicano» a todos los mexicanos? ¿Cuándo dejaremos de pensar en términos de «izquierdas» y «derechas», para razonar en términos de «cooperación»? ¿Cuándo entenderemos que, en el nuevo paradigma de Estado laico, cabemos todos? Necesitamos que lleguen nuevos tiempos.
Correo: lfvaldes@gmail.com
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