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sábado, 14 de septiembre de 2013

Francisco: la fe no es intransigente


Año 9, número 436
Luis-Fernando Valdés

El Papa Francisco vuelve a sorprendernos. Ahora porque sostuvo un diálogo abierto con un reconocido intelectual agnóstico, Eugenio Scalfari, quién publicó una carta abierta al Pontífice con cuestionamientos sobre su encíclica “Lumen fidei”. Y la respuesta del Santo Padre ha sido acogida favorablemente por el mundo intelectual italiano.

Eugenio Scalfari, fundador del diario
"La Repubblica", dio pie a un gran diálogo
sobre la fe con el Papa Francisco.
Scalfari, periodista y fundador del periódico italiano “La Repubblica” (de línea laica, que no acepta la fe en la vida pública), le dirigió al Papa una carta abierta, publicada en ese diario el 7 de julio, que luego enriqueció el 7 de agosto.

Eugenio Scalfari, que se autodefine como “un no creyente desde hace años interesado y fascinado por la enseñanza de Jesús de Nazaret”, le pregunta al Papa sobre Dios, la fe y la salvación.

El Papa Bergoglio le responde con una carta abierta, publicada también el “La Repubblica”, el pasado 11 de septiembre. El texto tiene como fondo la paradoja de la modernidad: la fe cristiana, siempre luz, fue presentada por la Ilustración como oscuridad –como superstición– que se opone a la razón; y la Inquisición sería la prueba de esa oposición a la luz.

En ese contexto, el Santo Padre cita una afirmación de la encíclica que considera muy importante: si la verdad testimoniada por la fe es la del amor, “está claro que la fe no es intransigente, sino que crece en la convivencia que respeta al otro. El creyente no es arrogante; por el contrario, la verdad lo hace humilde, consciente de que, más que poseerla nosotros, es ella la que nos abraza y nos posee. Lejos de ponernos rígidos, la seguridad de la fe nos pone en camino, y hace posible el testimonio y el diálogo con todos” (n. 34).

De inmediato, Eugenio Scalfari publicó una nueva carta, en la que alaba la apertura del Papa argentino a la modernidad. Este periodista a leer frases como “es necesario acoger las verdaderas conquistas de la Ilustración” y que la Iglesia en esta acogida ha requerido “una larga y cansada búsqueda”, pensó –de buena fe, pero con ignorancia– que Francisco había hecho afirmaciones que nunca había sostenido un Pontífice…

Pero ésas palabras de un importante y conocido discurso de Benedicto XVI (22 diciembre 2006). Como explica el importante intelectual italiano, Massimo Introvigne (12 septiembre 2013), la carta del Papa Francisco lejos de ser un rompimiento con sus antecesores, manifiesta que el Papa argentino “está en una continuidad sustancial” con el Pontífice emérito.

La carta de Francisco fue muy bien acogida. Importantes intelectuales publicaron cartas de apoyo, entre las que destacamos tres. El Rabino de Roma, Ricardo Di Segni, señala: “Este pontificado no nos deja de sorprender”, no porque las ideas que Francisco expresa sean heterodoxas sino que “es la fuerza con que las expresa y la capacidad de encontrar escucha y resonancia lo que sorprende”.

El teólogo suizo Hans Küng, conocido por sus opiniones a menudo heterodoxas y por su oposición abierta a Benedicto XVI, comenta en su carta que el papa Francisco exhorta no solamente al diálogo con los no creyentes sino que además lo practica. El ex ministro italiano de sanidad Umberto Veronesi, escribe que “como no creyente y apasionado de historia de las religiones, la carta del papa me ha tocado”.

Como hemos señalado en otros momentos, volvió a ocurrir un fenómeno de opinión pública: la postura de siempre de la Iglesia, cuando era manifestada por Benedicto XVI era poco acogida; pero cuando es presentada por Francisco resulta novedosa… y bien acogida.

domingo, 1 de abril de 2012

Estado laico a prueba


Año 8, número 361
Luis-Fernando Valdés

Benedicto XVI recibido como Jefe de Estado
por el Presidente Calderón.

Somos testigos de dos momentos históricos de la configuración del Estado mexicano. Por una parte, el Papa Benedicto XVI fue recibido como Jefe de Estado en su visita oficial a nuestro País; y, por otra, el Senado aprobó la reforma al art. 40 constitucional, que establece que nuestra Patria es una “República laica” (29.III.2012). ¿No son dos hechos contradictorios?

Fue muy importante la presencia del Santo Padre en nuestro País, pues muchos mexicanos profesan la fe católica y, para ellos, el mensaje del Papa les representa un motivo de esperanza. Y sucedió que entre esos millones estaba incluido el Presidente de la República y la Primera Dama; y, además, en la Misa en El Cubilete, estuvieron presentes los candidatos a la Presidencia.

Con motivo de esto, la reacción por parte de algunos ha sido de interpretar la presencia de los personajes de la política como una ofensa al Estado laico. Así, el investigador de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, Elio Masferrer, explicó que el Mandatario puede tener la ideología religiosa que prefiera, pero que no puede hacer pública su preferencia pues debe mantener equilibrio (eleconomista.com.mx, 25.III.2012). Pero, ¿acaso la condición para “mantener el equilibro” de ser Presidente de creyentes y no creyentes debe ser la de ejercitar su fe sólo en privado?

Para José Contreras, columnista de “La crónica de hoy” (23.III.2012), el estado laico estuvo “anulado por tres días”. Sostiene que “el corolario de esta claudicación temporal del Estado laico es la asistencia de los tres principales candidatos presidenciales a la misa”. Entonces, para preservar el Estado laico, ¿los líderes políticos deben abstenerse de ejercitar su derecho a la libertad religiosa?

Además, Cárdenas sostiene que con motivo de “la visita del Papa a México, el gobierno panista de Guanajuato se ha comportado de tal manera, que pareciera que la autoridad civil y la autoridad religiosa son una misma”.

Pero, ¿la cooperación entre las instituciones civiles y las religiosas significa intromisión? ¿Acaso la Iglesia dicto normas de tránsito o académicas estos días? ¿Acaso el Gobierno obligó a la gente a ir a Misa?

Pero la laicidad del Estado se puede entender de otra manera. Así, Sergio Sarmiento, sin ser nada partidario de la Iglesia, da al clavo en su consideración de lo que debe ser esta separación de gobierno civil y eclesiástico. “Un Estado laico –escribió en su columna “Jaque mate” (26.III.2012)– no tiene por qué ser anticatólico o antirreligioso: le basta con ser neutral ante las religiones y ante quienes no profesan ninguna fe”.

Y, luego Sarmiento se refirió al grupo “Anonymous” que atacó el portal del gobierno de Guanajuato porque “México antes de ser siempre fiel debería ser siempre laico”; y añadió que “la tolerancia debe aplicarse precisamente a aquello con lo que no congeniamos. Y en verdad parece absurdo escatimar al pueblo mexicano una fe que éste alberga en lo más profundo de su ser. El anticatolicismo no es laico: es simplemente una estupidez”.

Parecería que el precio de la laicidad del Estado es soslayar un derecho humano. Pero esto no puede ser así, pues un derecho no puede atropellar otro derecho. En realidad, la reforma al art. 40 constitucional pretende garantizar que en la “República laica” mexicana todos puedan ejercitar su derecho a escoger su propia creencia (o a no creer en nada). Por eso, sería contradictorio concebir hoy el Estado laico como opuesto a la libre expresión de fe religiosa –personal y pública– de los ciudadanos que se ocupan de la política.

domingo, 14 de agosto de 2011

Manifestaciones “anti-Papa”

Año 7, número 328
Luis-Fernando Valdés

Mientras que hace unos días en Inglaterra, los disturbios callejeros sorprendían a los ciudadanos, en España asociaciones laicas, cristianas progresistas, ateas, de izquierdas, de homosexuales y los “indignados” consiguieron el permiso para realizar una manifestación “anti-Papa”, programada para el próximo miércoles 17. Queda flotando en el ambiente la pregunta: ¿por qué hay grupos que no está de acuerdo con la visita de Benedicto XVI a Madrid?

Como es sabido, el próximo martes 16 iniciará la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), convocada por el Papa. Se espera que un millón de jóvenes de todos los continentes se den cita junto al Santo Padre, que llegará a Madrid el jueves 18.

Luis Vega, presidente de AMLA
Pero no todos están a favor del evento, como los organizadores de la marcha que sostienen que el Estado laico no debería financiar la visita papal. “Estamos totalmente de acuerdo con que venga (el Papa), pero no con que un evento privado sea financiado con el dinero de todos”, dijo en rueda de prensa Luis Vega, presidente de la Asociación Madrileña de Librepensadores y Ateos [noticia].

Sin embargo, esta declaración tergiversa directamente la realidad, porque el evento es sufragado por la propia organización sin fondos públicos, y entre los patrocinadores se cuentan empresas como Banco Santander, Telefónica, El Corte Inglés, Endesa, FCC, OHL, Abengoa, Bankinter, ACS, Coca Cola, Mahou, Club Internacional del Libro, Magnificat y muchas otras. Y que decir de la derrama económica que al menos medio millón de visitantes va a llevar a Madrid [ver fuente].

El problema no es el dinero sino el fondo ideológico: se trata del laicismo, una corriente cultural que plantea una civilización que no necesitaría de Dios para formar una sociedad humana y solidaria.

La cuestión de fondo no es el costo de la JMJ, sino la creencia del laicismo que el cristianismo viene a destruir lo humano; y, más concretamente, que la moral cristiana viene a poner límites a la libertad o a la sexualidad. Argumentan que esas acciones “reprobadas” por el cristianismo no serían malas en realidad, sino que más bien es el temor, o el prejuicio, o los tabúes los que hacen que la gente piensen que son malas.

Pero esta visión laicista del cristianismo no llega al fondo de la posición cristiana. El mensaje de Jesucristo, custodiado y transmitido por la Iglesia, busca que el ser humano llegue a su plenitud, y lo hará cuando ponga en práctica el modelo según el cual fue creado.

La Biblia enseña que el hombre, aunque es bueno por naturaleza, a veces buscando el bien elige lo que es malo, y por eso requiere de una ley moral que le advierta lo que no lo hace mejor persona, y le muestre una amplia vía para llegar a ser plenamente humano.

Por eso, Benedicto XVI, en la Misa de inicio de su Pontificado, expresó: “Quien deja entrar a Cristo en la propia vida no pierde nada, nada –absolutamente nada– de lo que hace la vida libre, bella y grande. ¡No! Sólo con esta amistad se abren de par en par las puertas de la vida. Sólo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana. Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos libera”.

Es válido que quien lo desee se manifieste contra el Papa, pero es poco ético aducir un motivo económico, cuando en realidad se trata de una diferencia ideológica. Sin embargo, la presencia mucho más numerosa de los participantes en la JMJ se puede interpretar como una juventud que se ha desencantado de una sociedad sin Dios, individualista y poco solidaria.

lfvaldes@gmail.com
http://www.columnafeyrazon.blogspot.com

domingo, 14 de noviembre de 2010

¿Intolerancia pontificia o manipulación mediática?


Luis-Fernando Valdés

Hace justo una semana, Benedicto XVI realizó un breve pero significativo viaje a España. El Pontífice “habló” sobre el laicismo.  Según la prensa española “arremetió” contra él; pero en los videos y los textos de sus homilías no aparece ese verbo. ¿Error de imprenta o punta de iceberg?
Los ecos de la gira papal por Santiago de Compostela y Barcelona han continuado durante los días siguientes del retorno del Papa a Roma. Y, curiosamente, un tema recurrente ha sido si el Santo Padre condenó o no, si atacó o no, al laicismo del Estado español.
Fragmento de la página web "El País",
con el titular tendencioso : "carga contra".

La polémica inició el primer día del viaje, cuando en la portada de la página web de “El País” (España), se publicó : “El Papa carga contra la pérdida de la fe y el aborto en su primera homilía”. Al día siguiente, otro rotativo español, “El Mundo”, tituló así la noticia: “El Papa carga en Santiago su 'peregrinaje'  contra el laicismo en España”. Ese mismo día, de nuevo “El País” encabezó así la ceremonia pontificia en la Sagrada Familia (el templo diseñado por Gaudí): “El Papa pide proteger el matrimonio tradicional y carga contra el aborto”.
Cualquier lector que sólo dé una mirada a los titulares, se quedará con la idea de que el Papa Ratzinger “cargó contra” el laicismo y el aborto (trofeo de conquista de los laicistas), cuando en realidad no sucedió así.

Benedicto XVI en la conferencia de prensa
a bordo del avión, rumbo a España.
Otro ejemplo: en la conferencia de prensa durante el vuelo hacia Santiago de Compostela, le preguntaron al Papa si, cuando hace pocas semanas instituyó un nuevo Dicasterio, dedicado a la nueva Evangelización, estaba pensando en España.  Su respuesta fue interpretada por algunos como una declaración contra el Premier español, Zapatero. Veamos el texto original, y en él no aparecen ni “arremetimientos” ni “cargas contra” nadie.
Ésta fue la respuesta de Benedicto XVI: “Es verdad que en España ha nacido una laicidad, un anticlericalismo, un secularismo fuerte y agresivo como lo vimos precisamente en los años treinta, y esta disputa, más aún, este enfrentamiento entre fe y modernidad, ambos muy vivaces, se realiza hoy nuevamente en España: por eso, para el futuro de la fe y del encuentro –¡no el desencuentro!, sino encuentro– entre fe y laicidad, tiene un foco central también en la cultura española”.
Hoy día los lectores y espectadores de noticieros tenemos muchas posibilidades de enterarnos en tiempo real de los discursos del Papa (o de cualquier personaje público). Los discursos y homilías que Benedicto XVI pronunció en la península ibérica aparecieron casi en tiempo real en la página del Vaticano y en youtube.com .
Por esta facilidad de acceder por uno mismo a la información, el papel de los consumidores de noticias debería ser más activo y más crítico. Sin embargo, bastantes lectores “se quedan” sólo con lo que les dan los encabezados de las noticias. ¿La velocidad de la vida cotidiana ha hecho que perdamos capacidad para amar la verdad?
Además, esta actitud de “interpretar” de manera negativa las homilías del Papa, por parte de los periódicos arriba mencionados, es la punta de un gran iceberg. Nos muestra que en no pocas ocasiones las “noticias” son publicadas a través de un filtro ideológico, aunque los medios busquen la imparcialidad.
Y esto exige una nueva actitud del público. Ya no se puede buscar información religiosa de manera pasiva (“lo que me cuenten”). Ahora cada uno debe aprovechar la gran herramienta que es Internet, para corroborar, o bien para matizar las noticias sobre religión que uno va recibiendo cada día.

Correo: lfvaldes@gmail.com
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domingo, 7 de noviembre de 2010

Dios, ¿enemigo del hombre?

Luis-Fernando Valdés

Benedicto XVI hace su decimoctavo viaje apostólico. De nuevo a la boca del lobo. Ahora visita España, que bajo el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, ha dado un giro laicista. Ahora Dios ha quedado fuera de la vida pública del país, que antes fuera un bastión católico. ¿Tendrá algo que decir el Papa ante esta realidad?

El gran tema de este viaje es la raíz cristiana de Europa. Como es sabido el Parlamento propuso una Constitución Europea (12.I.2005), en la que se omitía el origen cristiano de ese continente. Aunque el proyecto fracasó, porque no todas las naciones de la Comunidad europea la aceptaron, sí quedó presente el laicismo imperante, que rechaza las raíces cristianas del Viejo Mundo.
Ayer sábado (6 de noviembre), Benedicto XVI realizó una visita relámpago a Santiago de Compostela, con motivo del Año Santo compostelano. La fecha y el lugar son muy significativas del mensaje papal: ahí mismo, hace justo 18 años, Juan Pablo II pronunció su famosa frase “Europa, sé tu misma”, para reafirmar el origen cristiano de Europa. Ahora, el Papa Ratzinger, en la homilía en la explanada de la Plaza del Obradoiro, manifestó con fuerza que “Europa ha de abrirse a Dios, salir a su encuentro sin miedo”.


La clave del laicismo no está en la “aconfesionalidad” del Estado, como argumentan los políticos de la izquierda de española. A nombre de esta “neutralidad”, se ha expulsado a Dios de la vida civil y académica. Más bien, el meollo del laicismo consiste en concebir a Dios como adversario del ser humano, al que tendría sometido.
Refiriéndose a esta situación, el Santo Padre explicó que “es una tragedia que en Europa, sobre todo en el siglo XIX, se afirmase y divulgase la convicción de que Dios es el antagonista del hombre y el enemigo de su libertad”, porque, en realidad, “Dios es el origen de nuestro ser y cimiento y cúspide de nuestra libertad; no su oponente”. Entonces, “¿cómo es posible que se haya hecho silencio público sobre la realidad primera y esencial de la vida humana?”, preguntó.
Con gran audacia, el Papa pidió revertir esta tendencia laicista: el Viejo Continente “ha de trabajar con su gracia (de Dios) por aquella dignidad del hombre que habían descubierto las mejores tradiciones: además de la bíblica, fundamental en este orden, también las de época clásica, medieval y moderna, de las que nacieron las grandes creaciones filosóficas y literarias, culturales y sociales de Europa”.
El laicismo no es una mera cuestión de preferencias políticas. Arrojar a Dios de la vida pública tiene consecuencias negativas, porque entonces el fuerte somete al débil. Por eso, el Romano Pontífice quiso advertir a Europa sobre el peligro de vivir a espaldas de Dios.
“Dejadme que proclame desde aquí la gloria del hombre, que advierta de las amenazas a su dignidad por el expolio de sus valores y riquezas originarios, por la marginación o la muerte infligidas a los más débiles y pobres”. Y advirtió que “no se puede dar culto a Dios sin velar por el hombre su hijo y no se sirve al hombre sin preguntarse por quién es su Padre y responderle a la pregunta por él”.
Al defender las raíces cristianas de Europa, el Papa no sólo hace justicia a los hechos históricos, sino que ante todo, está defendiendo la dignidad de cada hombre. La experiencia de los régimenes ateos (el nacismo, del comunismo ruso y del comunismo chino) son una muestra clara de que sin referencia a Dios, el hombre aplasta al hombre. Por eso, Benedicto XVI es –hoy por hoy– el mejor defensor del hombre.

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domingo, 19 de septiembre de 2010

Nuevos tiempos para el laicismo

 Luis-Fernando Valdés

Benedicto XVI acaba de realizar una importante visita de Estado a Gran Bretaña, invitado por la Reina Isabel II. En 1533, el Rey Enrique VIII se proclamó cabeza de la Iglesia de Inglaterra y rompió con Roma. Ahora el Papa fue recibido con honores de Jefe de Estado, pero ¿qué significado tiene para el resto del mundo la visita pontificia a Inglaterra y Escocia?
El Papa Ratzinger viaja pocas veces al año, pero cada visita papal está cargada de significado, como una especie de “parábola”, porque los encuentros y reuniones que ahí se realizan encierran un mensaje profundo.
En este viaje a gran Bretaña, el Papa busca consolidar el ecumenismo, y también hacerse escuchar por quienes proponen el laicismo como condición de vida social. Pretende mostrar que la sed de Dios sigue presente en toda persona, incluso en las que viven en países de elevado nivel cultural y económico.
El laicismo sostiene que Dios ya no está más en la vida de la sociedad occidental. No pocos medios de comunicación respaldan esta tesis, dejando sin transmitir noticias de este viaje. Pero la presencia de Benedicto XVI se impuso a las especulaciones. El Pontífice fue recibido por decenas de miles de personas. “El Papa abraza a Londres”, fue el titular de The Times; “Multitudes reciben al Papa”, publicó la BBC. De manera que los hechos muestran que hoy sigue habiendo interés por escuchar sobre la fe.
 Portada del rotativo londinense "The Times": "El Papa abraza a Londres".

El viernes 17, segunda jornada del viaje, el Santo Padre reflexionó sobre “el lugar apropiado de las creencias religiosas en el proceso político”. Expresó que “el papel de la religión en el debate político (…) ayuda a purificar e iluminar la aplicación de la razón al descubrimiento de principios morales objetivos”.
Añadió que “sin la ayuda correctora de la religión, la razón puede ser también presa de distorsiones, como cuando es manipulada por las ideologías”, y citó los casos de la trata de esclavos y de las tiranías del s. XX.
Animó a que el mundo de la racionalidad secular y el mundo de las creencias religiosas dejen de lado el “miedo de entablar un diálogo profundo y continuo, por el bien de nuestra civilización”. Y afirmó que “la religión no es un problema que los legisladores deban solucionar, sino una contribución vital al debate nacional”.
Benedicto XVI externó su preocupación por “la creciente marginación de la religión, especialmente del cristianismo, en algunas partes, incluso en naciones que otorgan un gran énfasis a la tolerancia”, y denunció que “hay algunos que desean que la voz de la religión se silencie, o al menos que se relegue a la esfera meramente privada”.
De esta manera, el Papa envía un mensaje al mundo: cuando la religión está en armonía con la razón, y cuando la razón está iluminada por la fe, ambas son un factor decisivo para hacer más humano la mundo, y para tutelar la dignidad de cada persona.
Y casi como una respuesta “ante litteram” a esta propuesta de Bendicto XVI, el Primer Ministro británico, David Cameron, en un artículo publicado un día antes, afirmó: “Quizás no siempre estemos de acuerdo con la Santa Sede, pero eso no debe impedir que reconozcamos que el mensaje general de ésta puede ayudar a plantearnos preguntas sobre nuestra sociedad y la forma en que nos tratamos nosotros mismos y a los demás”. [Ver artículo del Premier Cameron]
Se auguran así nuevos tiempos, en los que la propuesta ética y social de las religiones –en este caso de la Iglesia católica– sea considerada como parte de la riqueza de una nación y tenga acogida en los foros políticos, que realmente buscan la realización de cada hombre.
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domingo, 14 de febrero de 2010

Repensar el Estado laico

Luis-Fernando Valdés

El pasado 11 de febrero, la Cámara de Diputados aprobó la modificación del Artículo 40 constitucional, para afirmar que México es oficialmente un Estado laico. Esta noticia es difícil de valorar, porque cada quien interpreta el término “laico” de muy diversas maneras. Entonces, ¿qué se debe entender por “Estado laico”?

El artículo modificado decía: “Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una república representativa, democrática, federal, …”; y la reforma simplemente la ha añadido la palabra “laica”, de modo que diga que “Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una república…laica…”. Pero, ¿es realmente ése el querer de “todos” los mexicanos? ¿todos los mexicanos piensan lo mismo al decir “laico”?

Los autores de la iniciativa dicen que esta modificación servirá, principalmente, para asegurar la independencia del Estado respecto de las iglesias y para evitar que el poder político se use para privilegiar alguna confesión religiosa. Sin embargo, estos dos puntos ya están asegurados por el texto constitucional actual (arts. 24, 39, 41 y 130, principalmente), y es difícil pensar que alguien quiera modificarlos.

Entonces, ¿qué pensar sobre el Estado laico? Como no se ha definido lo que significa para nuestra Constitución, cada quien interpretará esta laicidad según su ideología política. Así, para algunos significará evitar tanto un estado confesional como uno ateo; para otros, será la separación del Estado y de la Iglesia, con respeto a las culturas del país; y quizá para otros sea un modo de evitar que las religiones opinen sobre temas debatidos en las Cámaras.

Sin embargo, ésta es una inmejorable oportunidad para repensar la laicidad del Estado. La clave para este intento es sacar la discusión del terreno de las dialécticas entre izquierdas y derechas. Mientras se considere la religión como un asunto de derechas, será difícil resolver el conflicto, pues cualquier concesión al ámbito religioso se consideraría como una derrota para la izquierda; y viceversa: sería un logro para la izquierda reducir los ámbitos de libertad religiosa.

En realidad, la cuestión religiosa no es de izquierdas o derechas, sino que se trata de un derecho humano. Todo ser humano tiene derecho a profesar una religión, con independencia de que los demás la consideren verdadera o no. Se trata de un verdadero derecho de la persona, no de una concesión de un gobierno, ni de la imposición de un grupo parlamentario.

Ante todo, cualquier Estado debe garantizar la libertad religiosa de sus ciudadanos, como lo hace el nuestro en el artículo 1 de la Carta magna: “Queda prohibida toda discriminación motivada por … la religión”. Y esta garantía está en plena sintonía con la Declaración universal de los Derechos humanos, que incluye la libertad de manifestar la propia religión, “individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia” (art. 18).

De modo que la laicidad del Estado no consistirá ni en menoscabar ni en promover la religiosidad del Pueblo (pues no es materia de su incumbencia), sino para garantizar que cualquier ciudadano pueda ejercitar su fe, sin ser disturbado.

En otras palabras, el nuevo paradigma radica en que el Estado debe permanecer ajeno a cualquier confesión, para así poder dar garantías de ejercicio y respeto a todas las confesiones; el Estado deber ser laico para poder asegurar el derecho de libertad religiosa, que es un derecho humano, no una conquista de la derecha ni un atentado contra la izquierda.

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domingo, 19 de abril de 2009

Intolerancia laica

Luis-Fernando Valdés

Se cumplen hoy cuatro años de la “fumata bianca”, que anunciaba la elección de Joseph Ratzinger como Sucesor de San Pedro. Hace tres días (16 de abril) fue el 82 cumpleaños del Pontífice. Pero en la víspera (15 de abril) se encontró con una tremenda sorpresa: el Parlamento belga pedía que fuera condenada la declaración del Papa sobre el preservativo como medio para combatir el Sida. ¡Ahora Benedicto XVI es el “hereje civil”!
Primero recordemos que cuando el Santo Padre se dirigía a Camerún, el pasado 17 de marzo, declaró, en la conferencia de prensa abordo el avión, que la solución a la pandemia del Sida había que buscarla en dos direcciones: por una parte la humanización de la sexualidad y por otra, en la amistad y la disponibilidad auténticas hacia las personas afectadas, pero no en la distribución del preservativo. Rápidamente varias cancillerías europeas manifestaron su desacuerdo.
Y hace unos días el embajador del Reino de Bélgica ante el Vaticano le comunicó a la Santa Sede la resolución en la que el Parlamento de su país pide al gobierno belga que “condene las declaraciones inaceptables del Papa con motivo de su viaje a África y que eleve una protesta oficial ante la Santa Sede”.
La Secretaría de Estado del Vaticano con fecha del 18 de abril comunicó su protesta, en la que “deplora que una asamblea parlamentaria haya considerado oportuno criticar al Santo Padre basándose en un fragmento de entrevista desgajado y aislado del contexto”. Ahí se afirma también que se trata de un “claro intento de intimidación”, que tiene por finalidad “disuadir al Papa de expresarse sobre algunos temas, cuya relevancia moral es obvia”.
Es curioso: el Congreso de un país le pide el Ejecutivo de esa nación que proteste oficialmente la actuación de otro Estado (el Vaticano), por unas declaraciones de tipo moral. Ahora los políticos les censuran a los líderes religiosos sus indicaciones morales. ¿Es correcto que la política se reserva la última opinión en el ámbito ético?
El uso preservativo ha sido adoptado como una política de salud pública. Pero esta decisión de algunos gobiernos no elimina el aspecto moral del condón. Y tampoco puede convertirlo en un tema “incuestionable”, sobre el que nadie puede opinar de otra manera. Sin embargo, el profiláctico se ha convertido en un “dogma civil”; el Parlamento belga se ha erigido como el nuevo “Defensor de la fe civil”, y el reo de esta Inquisición laica es el Papa, por opinar en contrario.
Se trata de la “nueva intolerancia”: el acuerdo tácito de negarles el derecho de expresión a algunas personas e instituciones (especialmente a la Iglesia), a las que se les condena por pensar diferente a lo indicado por las políticas públicas. Esta versión de intolerancia justifica las reacciones violentas hacia todo aquel que no esté de acuerdo con los “dogmas civiles”, como aborto, eutanasia, promiscuidad sexualidad, feminismo radical…
Los “dogmas laicos” son un problema muy serio. Esconden siempre una gran intolerancia, que puede usar incluso la violencia hacia los que no los aceptan. Recordemos que en la Alemania nazi el dogma de “superioridad de la raza aria” justificó el Holocausto, que ha sido el uno de los más deplorables crímenes jamás cometidos.
Conclusión: hace falta serenidad tanto afectiva como mental para analizar los grandes problemas éticos de la humanidad, para encontrar soluciones adecuadas y para no entrar en el juego de la “intolerancia laica”.
Correo: lfvaldes@gmail.com
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domingo, 14 de septiembre de 2008

“Laicidad positiva”

Luis-Fernando Valdés

En este mes de la Patria, recordamos nuestras raíces y nos alegramos de ser mexicanos. Pero esta identidad nuestra es paradójica, pues contiene elementos disímiles. Somos la fusión de europeos con mesoamericanos y, en nuestro interior, conviven ideales tanto liberales como conservadores: somos laicos y creyentes… al menos la gran mayoría. Pero muchas veces no encontramos el punto exacto de esa síntesis y, por eso, la laicidad mexicana da bandazos a la izquierda (laicismo anticlerical) o a la derecha (clericalismo). ¿Existe un laicismo moderado que pueda unir a todos los mexicanos?
Desde antier, el Papa Benedicto XVI realiza un viaje a apostólico a Francia, con motivo del 150 aniversario de las Apariciones de la Virgen de Lourdes. El mismo día de su llegada fue recibido por el Presidente francés. En su discurso de bienvenida, Nicolás Sarkozy manifestó ideas liberales muy avanzadas (porque dejan atrás el laicismo del siglo XIX), que “curiosamente” coinciden con las ideas del Papa sobre el papel de la Iglesia en el mundo de hoy (pues la Iglesia, desde el Concilio Vaticano II, dejó atrás la idea de una hegemonía socio-política como lo fue en la época medieval).
El Presidente Sarkozy propuso un “laicismo positivo”. Calificó como “una locura” que el mundo se prive de las religiones, pues esta posibilidad “sería un error hacia la cultura y el pensamiento”. Agregó que en la democracia es legítimo y respetuoso de la laicidad dialogar con las religiones, ya que éstas son patrimonios vivientes de pensamiento no sólo de Dios, sino también sobre el hombre y la sociedad. Y afirmó que los diversos credos de sus ciudadanos son una riqueza para Francia por lo cual “la laicidad positiva es el respeto a las convicciones”; y sin menos precio a los otras confesiones, Sarkozy dijo que “reivindicamos nuestras raíces cristianas”.
Por su parte, el Obispo de Roma, tras mencionar las raíces cristianas de Francia y el papel civilizador de la Iglesia en Galia desde el siglo II, habló también del “laicismo positivo”. Expresó que estaba “profundamente convencido de que una nueva reflexión sobre el significado auténtico y sobre la importancia de la laicidad es cada vez más necesaria”. Benedicto no pidió privilegios para la Iglesia (como los tenía en el siglo XVIII), sino que puso el núcleo de esta nueva laicidad en la libertad religiosa. Por eso, consideró que es fundamental “insistir en la distinción entre el ámbito político y el religioso para tutelar tanto la libertad religiosa de los ciudadanos, como la responsabilidad del Estado hacia ellos”.
Un “laicismo positivo” por parte del Estado, y un “sano anticlericalismo” por parte de la Iglesia, conectan muy bien. Por el punto de enlace ya no es la disputa por el poder temporal, sino la misión de servicio a los ciudadanos, que es compartida por ambos. Para los mexicanos, que somos ciudadanos de a pie, esta nueva visión nos otorga la oportunidad de armonizar nuestras raíces: ya podemos sentirnos liberales (que piden que el Gobierno sea laico, precisamente para que favorezca que cada ciudadano libremente ejercite sus creencias) y creyentes (viviendo en privado pero también en público, la misión de servicio que le impone su propia fe, sabiendo que no será atropellada ni obstaculizada por el Gobierno). Francia tardó 229 años en afinar su laicismo (desde la toma de la Bastilla en 1789). ¿Cuánto tiempo tardará México? (Ya llevamos 151 años, desde la Constitución de 1857).
Correo: lfvaldes@gmail.com
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domingo, 28 de octubre de 2007

Clérigos y cargos públicos, ¿poder o libertad?

Luis-Fernando Valdés

En esta semana, ha sonado en los medios que la Iglesia reclama el derecho de los sacerdotes a aspirar a cargos públicos. Esta afirmación, sin ningún matiz, causa sorpresa y cierto recelo, pues nuestro País es un Estado laico. Pero si examinamos con un poco de profundidad, vemos que no se trata de una petición de poder para la Iglesia, sino de una exigencia legítima de verdadera libertad religiosa.
¿Por qué la Iglesia pide que la Constitución reconozca que los clérigos tienen derecho a los cargos públicos? Esto los explicó hace tres días el Card. Norberto Rivera. Afirmó que hace falta una legislación en la materia que se adecue a la Carta Magna, la cual brinda a todos los ciudadanos garantías inherentes a sus derechos humanos, entre ellos, los de expresión y reunión. El Arzobispo Primado expuso que a ningún ciudadano se le puede negar el derecho de ser votado; y como los ministros de cultos son ciudadanos, no hay razón para que se les prive de este derecho.
¿La Iglesia está buscando poder político o cargos de elección popular? El mismo Arzobispo Rivera declaró que “la Iglesia católica no tiene interés alguno en llevar a la práctica este derecho por no convenir ni a la Iglesia ni a la sociedad, y por otra parte, la ley canónica prohíbe estrictamente a todos los sacerdotes postularse para puestos de elección”. En efecto, el Código de Derecho Canónico establece que “les está prohibido a los clérigos aceptar aquellos cargos públicos, que llevan consigo un participación en el ejercicio de la potestad civil” (canon, n. 285 § 3).
¿Por qué se ve afectada la libertad religiosa, si no se reconoce a los ministros de culto el derecho a ocupar cargos públicos? La libertad de elegir la propia religión y vivirla es un derecho de todo ciudadano, pero si por el hecho de ocupar un puesto como ministro de culto, la Ley te quita un derecho, resulta que esa misma Ley está limitando tu libertad religiosa. ¿Acaso no es una restricción a la libertad de elegir el modo de vivir la religión, el hecho de que, por ser ministro, se te reduzcan tus derechos?
Si la Iglesia no busca poder, ¿por qué pide que se reconozca este derecho de los ministros de culto? Hay que entender que la libertad religiosa no se limita a que un ciudadano pueda escoger una confesión y a que pueda ejercer los actos de culto. Implica algo más. Esta libertad requiere que los creyentes –ministros o no– no pierdan los derechos que le corresponden por el hecho de ser ciudadanos mexicanos, como el derecho a ser votados, el derecho a la educación religiosa, etc. Mientras este ejercicio pleno de los derechos no quede garantizado a los ministros de culto, hay una discriminación por motivos religiosos.
En el fondo hay una incongruencia en la Constitución, ya que por una parte reconoce la igualdad de los ciudadanos, mientras que por otra, niega a los ministros de culto un derecho que les corresponde como ciudadanos. Por avatares de nuestra Historia nacional, la Carta Magna implícitamente establece que hay ciudadanos de segunda categoría, con menos derechos que el resto. Ha llegado el momento histórico de replantear el tema, quitando el enfoque decimonónico de la dialéctica de poder entre la Iglesia y el Estado. Esta es la oportunidad de buscar una solución pacífica, armónica con el derecho inherente de cada ciudadano, abordada no desde el poder, sino desde el ángulo de la libertad religiosa y de la igualdad. Es por México, es para consolidar nuestro Estado de derecho.

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domingo, 11 de septiembre de 2005

Nuevos tiempos para el estado laico

Luis-Fernando Valdés

Los antiguos griegos describieron con gran precisión el movimiento de las estrellas y los planetas. Ptolomeo desarrollo un modelo astronómico, basado en la observación del firmamento sin ayuda de instrumentos. En el s. XVI, el polaco Nicolás Copérnico descubrió un nuevo método para estudiar los astros, mediante el uso de un telescopio.
Copérnico se encontró que los razonamientos ptolomaicos no se ajustaban a la realidad que él observaba con el telescopio. Y se vio en la necesidad de superar el modelo astronómico anterior, que sostenía que el sol y los planetas giraban en torno a la Tierra. En su libro De revolutionibus orbium coelestium (1542), formuló un nuevo concepto de Astronomía, basado en que los planetas giran alrededor del sol.
Para superar las dificultades que le presentaba la ciencia antigua y para adaptarse a los nuevos datos, el astrónomo polaco llevó a cabo un «cambio de paradigma», es decir, buscó un nuevo modo de ver la realidad.
De igual manera, en el tema de la relación entre el Estado mexicano y la Iglesia católica se ha dado, casi silenciosamente, un «cambio copernicano». El reconocimiento de la Iglesia por parte del Estado, efectuado en 1992 constituyó un cambio de paradigma .
El modelo anterior, que marcaba el rumbo de la relación entre ambas partes, era la «tolerancia» por parte del Estado. El gobierno mexicano «toleraba» la existencia de la Iglesia, con tal de que no se repitieran los conflictos violentos de los años veintes y treintas.
En el fondo, el paradigma anterior se basaba en una visión de rivalidad entre la Iglesia y el Estado. Si ganaba aquélla, éste perdía. Pero se dio un «giro copernicano», cuando se reconoció implícitamente que la libertad religiosa no es un derecho de la Iglesia, sino un derecho humano de cada mexicano.
En consecuencia, a nivel institucional, se pasó del esquema de conflicto al modelo de cooperación. En la reciente presentación de las Cartas credenciales del Embajador de México ante el Vaticano, se notó bien este nuevo paradigma.
Bravo Mena afirmó en su discurso que desde el establecimiento de las relaciones diplomáticas entre México y la Santa Sede, se ha logrado «una interlocución fluida y respetuosa». Y señaló que temas como la seguridad internacional, la paz, el progreso, los derechos de los indígenas y los migrantes, «estimulan el intercambio de ideas y nos llevan a procurar nuevas formas de colaboración».
Por su parte, el Papa Benedicto XVI reconoció que «desde que en 1992 se establecieron relaciones diplomáticas entre México y la Santa Sede, se han producido notables avances, en un clima de mutuo respeto y colaboración, que han beneficiado a ambas partes» (Discurso, 23.IX.05).
Sin embargo, a nivel del ciudadano de a pie, no se ha operado este cambio de paradigma. Todavía se considera que la relación entre el Estado y la Iglesia es una dialéctica por el poder político y económico. Tanto en algunos círculos de creyentes como en algunos ambientes no católicos, se sigue añorando el pasado. Unos desearían volver a la época del virreinato, y otros a confinar de nuevo la Iglesia a las catacumbas.
¿Cuándo nos llegará el «cambio copernicano» a todos los mexicanos? ¿Cuándo dejaremos de pensar en términos de «izquierdas» y «derechas», para razonar en términos de «cooperación»? ¿Cuándo entenderemos que, en el nuevo paradigma de Estado laico, cabemos todos? Necesitamos que lleguen nuevos tiempos.

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