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viernes, 7 de diciembre de 2018

La Guadalupana en tiempos difíciles

Año 14, número 707
Luis-Fernando Valdés

Cada 12 de diciembre unos seis millones de
peregrinos visitan la Basílica de Guadalupe,
buscando esperanza para sacar adelante
a sus familia y a su patria. (Foto)
Por la fiesta de la Virgen de Guadalupe, millones de peregrinos abarrotan cada año su Basílica, mientras que en muchos países también la celebran con fervor. Esta enorme devoción guadalupana, ¿es una fuga colectiva para evadir la dura realidad social y económica? ¿o hay en ella una esperanza verdadera?

1. Crisis social global. Si nos limitamos sólo a contemplar la situación de los países latinoamericanos, donde la devoción a la Guadalupana es muy grande, observamos severos problemas políticos en Venezuela y Nicaragua, una gran crisis humanitaria por la llegada de migrantes a las fronteras sur y norte de México, una inseguridad generalizada causada por la violencia (especialmente en Brasil, Venezuela, El Salvador y México). Además, de la recesión económica de casi toda esta enorme región.

2. Necesidad de una esperanza. La historia reciente, con el caso del marxismo, nos muestra que, ante las crisis sociales y económicas, los seres humanos tenemos necesidad de una promesa de que será posible salir superar esos malos momentos.
Sin importar si un sujeto es creyente o no, es un hecho que éste necesita un motivo grande para esforzarse en el presente, con el fin de mejorar su situación en un futuro no tan cercano. El comunismo marxista prometía aquí en la tierra un paraíso que nunca llegó; en cambio, el cristianismo lleva dos milenios ofreciendo una esperanza sobrenatural, que ha ayudado a sobrellevar el dolor físico y moral, y ha transformado poco a poco las condiciones sociales.

El Papa Franciso rezo ante la Virgen
de Guadalupe en su viaje a México,
el 13 de  febrero de 2016. (Foto)
3. Una esperanza muy especial. Ante una crisis social y económica, parece que todos los esfuerzos deberían enfocarse sólo al trabajo y a la justicia social. Sin negar esto, la devoción religiosa a la Virgen de Guadalupe lleva a buscar primero la transformación personal como base para la reforma social. 

Así nos lo recordaba el Papa Francisco en su viaje a México, en febrero de 2016. Nos explicaba que “la ‘Virgen Morenita’ nos enseña que la única fuerza capaz de conquistar el corazón de los hombres es la ternura de Dios”. 
Aunque eso suena poco práctico, en realidad, “aquello que encanta y atrae, aquello que doblega y vence, aquello que abre y desencadena no es la fuerza de los instrumentos o la dureza de la ley, sino la debilidad omnipotente del amor divino, que es la fuerza irresistible de su dulzura y la promesa irreversible de la misericordia de Dios”.  (Discurso en la Catedral, 13 feb. 2016)

4. Necesitamos consuelo. Desafortunadamente, las injusticias sociales y la pobreza conllevan mucho dolor: migración forzada, gente desplazada, trata de personas, homicidios, secuestros, pérdida de bienes, etc.
Y ese dolor necesita ser consolado, pues las meras promesas de justicia o de venganza no confortan un corazón herido. Y precisamente la devoción a la Virgen de Guadalupe es un gran consuelo, justo el que buscan esos millones de personas que no lo han encontrado en este mundo.
Eso mismo lo señaló también el Papa Francisco en aquella visita apostólica: “En aquel amanecer de diciembre de 1531 … Dios despertó la esperanza de su hijo Juan, la esperanza de un pueblo … de los pequeños, de los sufrientes, de los desplazados y descartados, de todos aquellos que sienten que no tienen un lugar digno en estas tierras”. 
Y explicó el porqué: “En ese amanecer, Dios se acercó y se acerca al corazón sufriente pero resistente de tantas madres, padres, abuelos que han visto partir, perder o incluso arrebatarles criminalmente a sus hijos”. (Homilía en la Basílica, 13 feb. 2016)

Epílogo. Las palabras de Santa María a Juan Dieguito, “no estoy yo aquí que soy tu Madre”, no son una evasión para nuestro compromiso social. Son más bien, palabras de consuelo y misericordia, que nos permiten sanar nuestro interior lastimado por el dolor y la injusticia, para recuperar la ilusión en trabajar por una sociedad justa y solidaria.

sábado, 10 de junio de 2017

Una crisis que no se puede ocultar más

Año 13, número 631
Luis-Fernando Valdés

Hay una crisis humanitaria muy grave en Venezuela, que no terminará mientras no sea ampliamente reconocida por la opinión pública global, y ésta pueda presionar a los organismos internacionales a establecer un canal de ayuda humanitaria. 

La solución de la crisis humanitaria de Venezuela
necesita el apoyo de la opinión pública global.
(Foto: AFP / ecuavisa.com)
1. Radiografía de la crisis venezolana. Un reciente análisis realizado por Associated Press (AP) explica que la fuerte tensión entre el gobierno de Nicolás Maduro y la oposición tiene como puntos clave las siguientes peticiones: elecciones generales inmediatas, liberación de presos políticos, apertura de un canal humanitario, respeto al Congreso y desarme de grupos paramilitares.
El informe de AP añade que, cuando hace dos meses el Tribunal Supremo de Justicia asumió las competencias legislativas del Congreso, controlado por la oposición, se desencadenaron protestas callejeras que han dejado más de 60 personas muertas y más de 1,100 heridos. (Cfr. AP, 31 mayo 2017)
Por su parte el Presidente Maduro se ha esforzado por mantener oculta esta crisis humanitaria. Por ejemplo, Maduro despidió a la ministra de Salud, Antonieta Caporale, por publicar un reporte que registraba un incremento en las cifras de mortalidad infantil, mortalidad materna y epidemias entre 2015 y 2016. (El País, 12 mayo 2017)

2. Una situación humanitaria insostenible. Un reciente comunicado de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), que tiene como objetivo anunciar una colecta económica a favor de ese país, describe que “la crisis humanitaria en Venezuela calificada ya de ‘sin precedentes’, está empeorando a medida en que aumenta la escasez de alimentos y medicamentos”.
El texto también desglosa los efectos de esa crisis: “Suben los niveles de inflación, y se ha provocado el colapso del sistema de salud y violencia que dejan a la población sin acceso a la nutrición, la atención médica y a los servicios públicos básicos. Esta crisis afecta sobre todo a los más vulnerables, entre ellos la niñez venezolana”. (CEM, 7 junio 2017)

3. Preocupación en la ONU. La situación alimentaria, médica y de libertad de los venezolanos es muy precaria, hasta el punto de que ha sido necesaria la presión internacional hacia el Gobierno de Nicolás Maduro.
Así, la embajadora de Estados Unidos ante la ONU, Nikki Haley sostuvo recientemente una reunión privada con el Consejo de Seguridad para tratar sobre la problemática del país bolivariano.
Según Haley, “la comunidad internacional debe decir: ‘respeten los derechos humanos de su gente’. Si no, esta situación va en la dirección que hemos visto en otras ocasiones”, afirmó haciendo alusión a Siria y Corea del Norte. (El País, 18 mayo 2017)

4. Una petición de ayuda a la Santa Sede. El Consejo de la Presidencia de la Conferencia Episcopal venezolana, encabezado por Mons. Diego Patrón y acompañado por los cardenales Jorge Urosa Savino y Baltazar Porras, visitaron al Papa Francisco, el reciente día 8 de junio.
Mons. Patrón contó a la prensa que expuso al Pontífice la necesidad de un “canal humanitario” para sacar adelante al pueblo venezolano, que “sufre hambre, falta de medicinas, la inseguridad y la zozobra”. (Diario Gestión, 8 jun. 2017)

Además de la posible ayuda económica que puede dar, está en manos de todos utilizar las redes sociales para que esta crisis humanitaria sea más conocida. Sólo así podrá subir la presión diplomática internacional para abrir un canal humanitario en Venezuela y establecer de nuevo una mesa de diálogo entre el gobierno y la oposición.