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viernes, 12 de octubre de 2018

El significado de la canonización de Pablo VI y Mons. Romero juntos

Año 14, número ¡700!
Luis-Fernando Valdés

Dos amigos entrañables, hoy santos de la Iglesia
Católica: San Pablo VI y San Óscar Arnulfo Romero.
(Foto: elsalvador.com)
Canonizados en la misma ceremonia, Pablo VI y Mons. Romero se convierten en una señal que el Papa Francisco envía a la Iglesia y al mundo. ¿Cuál es este mensaje? 

1.Pablo VI. Giovanni Battista Montini (1897-1978) fue el Papa Pablo VI (1963-1978), el Pontífice que llevó a termino el Concilio Vaticano II, a la muerte de Juan XXIII, lo cual fue una misión complicada en la que logró mantener la unidad y dar certeza a los 2,500 obispos participantes.
Fue el primer “Papa Peregrino”, antes que Juan Pablo II. Hizo 9 viajes, en los que visitó 19 países de los cinco continentes. El periodista Roberto Paglialonga sugiere que “de alguna manera así presentaba una Iglesia 'en salida', como después la ha definido muchas veces el Papa Francisco”. (Rome Reports, 11 oct. 2018)
Uno de los documentos más importantes de su pontificado fue la exhortación “Evangelii Nuntiandi” (1975), en el que Pablo VI habla del anuncio del mensaje de Cristo al mundo moderno, que además va unido con el servicio a los pobres, la justicia social, el progreso y la promoción humana.

2. Mons. Óscar Romero. Nacido en Barros, El Salvador, en 1917, murió asesinado por odio a la fe, a los 62 años, en 1980. Fue nombrado arzobispo de San Salvador en 1977. Le tocó guiar a la Iglesia católica salvadoreña en un momento social difícil, pues el gobierno emprendió una dura represión contra la guerrilla de izquierda, en la que murieron asesinados sindicalistas, políticos e incluso sacerdotes y monjas.
Mons. Romero denunciaba la violencia tanto de la guerrilla como del gobierno, y les pedía que dejaran las armas. Fue asesinado por orden del gobierno mientras celebra la Santa Misa en la capilla de un hospital. Juan Pablo II visitó dos veces su tumba y Benedicto XVI lo consideraba un santo.
‘Romero’, como le decían con afecto sus fieles, es conocido como el “Obispo de los Pobres”. El postulador su causa, Mons. Vincenzo Paglia cuenta que el arzobispo de San Salvador “estaba con los más pobres. Y estar con los más pobres en aquel tiempo era la manera más eficaz de estar de parte del propio país”. (Rome Reports, 10 oct. 2018)

La habitación de Mons. Romero,
decorada con fotos de su encuentro con Pablo VI.
(Foto:Vatican Insider)
3. Unidos en vida. Mons. Romero no quiso vivir en el palacio arzobispal, sino en una pequeña habitación de una casa (como haría después el Papa Francisco, que no quiso vivir en el Palacio Apostólico). 

En ese espacio de dos metros cuadrados, tenía como decoración un retrato de Pablo VI sobre la mesa de trabajo, y una colección de 9 fotos puestas en un mismo cuadros, de Mons. Romero con “su” Papa. (Vatican Insider, 12 oct. 2018)
Este Papa fue una fuente de inspiración para el arzobispo. El p. Rafael Urrutia atestigua que desde joven “Romero se había aficionado mucho a las enseñanzas de Pablo VI”. Ambos se reunieron el 21 de junio de 1978.
En su diario, Mons. Romero cuenta que el Papa fue con él “cordial, generoso, la emoción de aquel momento no me permite recordar palabra por palabra”. Pablo VI le dijo que sabía lo difícil que era su trabajo, “que puede no ser comprendido, necesita tener mucha paciencia y mucha fortaleza”. (Ibidem)

Epílogo. El gran heredero de ambos santos es el mismo que los acaba de canonizar: el Papa Francisco. Inspirado en parte por Pablo VI, Francisco ha promovido una Iglesia “en salida”, una Iglesia cercana a la gente, especialmente de los más necesitados. Y Mons. Romero ha sido un modelo de obispo de las “periferias”, cercanísimo a los pobres y a los marginados, tal como el Pontífice pide que sean los pastores de la Iglesia de hoy.


viernes, 11 de mayo de 2018

Pontífices contra la mafia

Año 14, número 679
Luis-Fernando Valdés

Se cumplen 25 años de aquel grito de Juan Pablo II contra la mafia siciliana: “no matarás”. Benedicto XVI y Francisco también han condenado a estas organizaciones criminales. Hoy, con más fuerza que nunca, estas sentencias necesitan volver a sonar.

El inolvidable momento en que Juan Pablo II
gritó con fuerza a la mafia siciliana: "no está
permitido matar inocentes".
(Foto) (Ver 
video )
1. El histórico grito de Juan Pablo II. Al final de una Misa en el emblemático lugar del Valle de los Templos en Agrigento (Sicilia, Italia), el Pontífice polaco pronunció un valiente mensaje contra la mafia, aquel 9 de mayo de 1993.
El Papa Juan Pablo se dirigió a “estos que son culpables de disturbar la paz, estos que llevan en su conciencia tantas víctimas humanas” y les dijo con voz muy fuerte: “deben entender que no está permitido matar inocentes”.
Afirmó este Pontífice con mucha fuerza que el mandamiento divino que prohíbe matar no puede ser cambiado por nadie, ya que “ningún hombre, ni cualquier asociación humana, mafia, puede cambiar o pisotear este derecho santísimo de Dios”.
Y para terminar Juan Pablo II dirigió a nombre de Dios a los mafiosos una dura amenaza: “En el nombre de este Cristo, crucificado y resucitado, de este Cristo que es vida (…) les digo a los responsables: ¡conviértanse!”, porque “un día vendrá el juicio de Dios”.

2. Benedicto en tierra de la mafia. El Papa de apacible figura y suave voz, Benedicto XVI, también dirigió palabras duras a los mafiosos, en su visita a Palermo, bastión del crimen organizado siciliano, el 3 de octubre de 2010.
El Papa alemán dio un discurso a los jóvenes reunidos en la plaza Politeama a los que pidió: “No cedan a las instigaciones de la mafia, que es un camino de muerte, incompatible con el Evangelio, como tantas veces han dicho y dicen nuestros obispos”. 

3. Cuando Francisco excomulgó al crimen organizado. En 2014, el Papa argentino visitó Calabria y en la homilía pronunciada en la Explanada de Sibari, dirigió la condena más dura que ningún Papa ha hecho contra la mafia, pues claramente afirmo que los mafiosos “no están en comunión con Dios: están excomulgados”.
Francisco denunció que “cuando no se adora a Dios, el Señor, se llega a ser adoradores del mal, como lo son quienes viven de criminalidad y de violencia”. Y se refirió directamente a la mafia local: “La ‘Ndrangheta es esto: adoración del mal y desprecio del bien común”.
Meses más tardes, el 21 de febrero de 2015, en una audiencia en Roma, en la que recibió a un grupo de fieles de esa misma ciudad, el Papa retomó el tema de la excomunión y les advirtió a los mafiosos que si los actos externos “de religiosidad no se acompañan de la conversión real y pública no son suficientes para ser considerados en la comunión con Cristo y su Iglesia”.
Y con valentía Francisco se dirigió explícitamente a los que “están afiliados a organizaciones criminales” para renovarles una “apremiante invitación a la conversión”, y con voz fuerte les hizo esta exhortación: “¡Abran su corazón al Señor! ¡Abran su corazón al Señor!”.

Epílogo. Ante el panorama de muerte sembrado por sicarios y narcos, por pandilleros y maras, por secuestradores y traficantes de personas, por mafiosos y por cárteles, hoy también necesitamos escuchar de nuevo el gran Mandamiento sobre la vida: “no matarás”. 
Es importante enseñar a la nueva generación y recordarles a los contemporáneos, que ningún humano puede disponer de la vida de nadie; que la violencia es un camino de muerte, que no trae ninguna felicidad porque es adoración del mal; y que sólo Dios puede cambiar los corazones –y el destino– de los asesinos.

viernes, 20 de octubre de 2017

Revolución rusa, 100 años después

Año 13, número 650
Luis-Fernando Valdés

¿Por qué ha sido tan poco festejado el centenario de la revolución que marcó la historia del siglo XX? ¿Qué lección se encierra en este silencio? 

Lenin, líder de la revolución rusa, que dejó un saldo
 de libertades atropelladas y de vidas arrebatadas.
1. Las dos revoluciones de 1917. La primera ocurrió, después de la derrota del ejército del Zar en la primera Guerra Mundial, cuando Nicolás II abdicó el 12 de marzo, tras largas movilizaciones sociales de protesta.
La segunda y más conocida aconteció el 25 de octubre, cuando los bolcheviques encabezados por Trotsky, Lenin y Stalin conquistaron el poder, al derrocar al jefe del gobierno provisional, Alexander Kerensky. Entonces el sóviet de Petrogrado se quedó con el poder del Estado, y Lenin empezó la persecución a la Iglesia ortodoxa rusa. (Cfr. El País, 11 abr. 2017)
La historia posterior es larga y compleja: una guerra civil entre los bolcheviques y los contrarrevolucionarios (1918-1921), la Segunda Guerra Mundial (1939) y la dictadura de Stalin, la Guerra Fría (desde 1945 hasta 1989, con la caída del muro de Berlín). Una amarga historia de atropellos a la libertad y de millones de muertos.

2. Un centenario poco celebrado.  Un artículo del New York Times explicaba que este aniversario se redujo a una conmemoración académica, sin mayores celebraciones populares, porque, según algunos funcionarios del Kremlin, historiadores y analistas, el presidente Vladimir Putin detesta la idea de revolución.
“Conocemos bien las consecuencias que pueden tener estas convulsiones históricas”, afirmó Putin en diciembre pasado, durante su discurso del Estado de la federación. “Desafortunadamente, en el siglo XX nuestro país sufrió muchas de estas convulsiones y sus consecuencias”, sostuvo. (N. Macfarquhar, NTY, 13 mar. 2017)

3. El lado obscuro del Comunismo.  La Revolución rusa buscaba implantar las ideas de Karl Marx: la imponer la Dictadura del Proletariado, donde los hombres pudieran vivir iguales, sin propiedad privada, en un mundo sin pobres ni ricos.
Sin embargo, la Revolución se transformó en una auténtica dictadura, en la que no había un dictador, sino una ideología totalitaria, con una visión histórica materialista y atea. Fue la dictadura de todo un sistema político y económico, que persiguió cruelmente a las religiones, especialmente a la cristiana. (Cfr. S. Aragonés, Aleteia, 16 oct. 2017)
La obra titulada “El libro negro del comunismo: crímenes, terror y represión” (1997), escrita por un grupo de profesores universitarios e investigadores europeos, estima que el número de muertos bajo los diversos regímenes comunistas (China, Rusia, Corea del Norte, etc.) “se acerca a la cifra de cien millones”. (Cfr. Aleteia.org, 21 abr. 2017)

4. La historia atrás de la historia.  El biógrafo de Juan Pablo II, George Wiegel, formula una pregunta muy importante sobre el modo pacífico de la caída del muro de Berlín, que marcó el final del comunismo mundial.
Pregunta Weigel: “¿Qué fue lo que hizo que "1989" no implicara derramamiento de sangre y violencia masivos, los dos métodos habituales del siglo XX para efectuar un gran cambio social?” (Aleteia, 30 ene. 2014)
Y responde que esa revolución pacífica fue posible gracias a Juan Pablo II, el Papa polaco que durante sus años como obispo de Cracovia tuvo que lidiar con el régimen comunista, pues este Pontífice fue el que encarnó la “revolución de la conciencia moral” que llama al mal por su nombre, y que por eso fue capaz de aglutinar a pensadores y políticos que dieron lugar al cambio: Vaclav Havel, Ronald Reagan, etc.

Epílogo. No se puede celebrar una ideología que destruye al hombre. Aunque la inquietud por defender a los trabajadores y a los pobres sigue siendo válida, el Comunismo no fue capaz de darle una respuesta, porque el afán de poder que lo sustentaba conllevaba cancelar todas las libertades y matar a sus millones de opositores.
La gran lección de este centenario es que cuando el ser humano abandona los principios morales, destruyendo la libertad individual y la libertad religiosa, el hombre se convierte en el depredador del hombre. Entonces, la gran revolución de hoy consiste en conservar la conciencia moral como guía para solucionar los grandes problemas sociales de nuestro tiempo.



viernes, 12 de mayo de 2017

Fátima: un mensaje más fuerte que las balas

Año 13, número 627
Luis-Fernando Valdés

Se cumplen 100 años de las apariciones de la Virgen María en Fátima. El llamado “tercer secreto” ha acaparado la atención, pero ¿cuál es el verdadero mensaje de Fátima: una amenaza del fin del mundo o un mensaje de esperanza?
 
Sor Lucia, la vidente de las apariciones
de la Virgen de Fátima, con Juan Pablo II.
(Foto: blog.pl )
1. Un poco de historia. Entre el 13 de mayo y el 13 de octubre de 1917, en la localidad portuguesa de Fátima, tres pastorcitos llamados Lucía dos Santos, Jacinta y Francisco Marto, fueron testigos de las apariciones de la Virgen María.
El 13 de octubre de ese año, se produjo el llamado “milagro del sol”, presenciado por 70 mil personas, entre ellos algunos periodistas y personalidades públicas de la época, que dieron testimonio del suceso. Pero lo importante no fueron los eventos sobrenaturales, sino el mensaje de misericordia y esperanza de parte de la Madre de Dios.

2. Un mensaje religioso no apocalíptico. Las apariciones de la Virgen en Fátima ocurren durante el contexto de la Primera Guerra Mundial, pero su mensaje no es apocalíptico o fatalista, sino totalmente religioso y devocional.
El mensaje central de Fátima es “la dimensión personal de la conversión”. Los sacrificios por la conversión de los pecadores serán expresión de la ofrenda sacrificial que los pastorcitos hacen de sí mismos a favor de los demás. (fatima.pt)

3. El misterioso “tercer secreto”. Aunque se ha manejado como un “secreto” de una realidad que no ha llegado, la realidad es totalmente otra. Se trata, por una parte, de un único mensaje publicado en tres partes y, por otra, de que este mensaje ya se cumplió totalmente.
La historia de este mensaje, completamente documentada, fue publicada por la Congregación para la Doctrina de la Fe, por indicación de Juan Pablo II, el 13 de mayo de 2000. Se encuentra en la web oficial del Vaticano (aquí). Ahí se reproducen en facsímil las páginas escritas por Sor Lucia, junto con los comentarios del Card. Ratzinger y otros textos y una entrevista oficial de la vidente con Mons. Bertone.

Atentado a Juan Pablo II, 13 de mayo de 1981.
(Foto: El Universal)
4. El atentado al Papa. La tercera parte permaneció bajo embargo durante décadas. Puesta por escrito, el 3 de enero de 1944, por Sor Lucia, narra que “un Obispo vestido de blanco”, caminaba hacia una Cruz rezando por los muchos cadáveres que veía en el camino, y entonces “fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas” (ibídem).
Después del atentado que sufrió el 13 de mayo de 1981, Juan Pablo II afirmó que había sido “una mano materna quien guió la trayectoria de la bala”, permitiendo al “Papa agonizante” que se detuviera “en el umbral de la muerte”.



5. Un mensaje también para nuestro tiempo. En este mundo nuestro, atribulado por las guerras civiles en África y Medio Oriente, atormentado por el terrorismo y las guerras del narcotráfico, el mensaje de Fátima sostiene nuestra esperanza en que vendrá la paz:
“Que una ‘mano materna’ haya desviado la bala mortal muestra sólo una vez más que no existe un destino inmutable, que la fe y la oración son poderosas, que pueden influir en la historia y, que al final, la oración es más fuerte que las balas, la fe más potente que las divisiones” (Card. Ratzinger, ibídem).

El centenario de las apariciones de la Virgen de Fátima tiene un especial significado, ahora que nos parecería que nada puede liberar del mal a nuestro mundo. Fátima nos invita a confiar en el poder de la plegaria: la oración es capaz de cambiar el curso de la historia y traernos la paz.


viernes, 21 de octubre de 2016

Juan Pablo II, ¿un legado ya olvidado?

Año 12, número 598
Luis-Fernando Valdés

A 38 años de la elección del Papa polaco, quien recorrió el mundo entero y se ganó el corazón de creyentes y no creyentes, ¿la gente lo sigue recordando? ¿qué queda del legado de Juan Pablo II?

Hace 38 años fue elegido Karol Wojtyla, que tomó
el nombre de Juan Pablo II y dejó un gran legado
a la Iglesia y al mundo. (Foto: aciprensa.com)
1. Entre el recuerdo y el olvido. Juan Pablo II fue elegido Papa, el 16 de octubre de 1978, y el día 22 de ese mismo mes celebró la Misa de inicio de Pontificado, en la que pronunció aquellas inolvidables palabras: “¡No tengáis miedo de acoger a Cristo y de aceptar su potestad! … ¡No tengáis miedo! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!”. (En: Vatican.va) [video]
El Pontificado de Juan Pablo II duró 27 años, de manera que somos varias las generaciones que crecimos con él. Esta Papa era un personaje habitual de los noticieros y de nuestras conversaciones: emprendía viajes apostólicos cada pocos meses, publicaba encíclicas o exhortaciones prácticamente cada año, escuchábamos frecuentes anécdotas de su cercanía y buen humor… y, al final, seguíamos mucho las noticias sobre sus enfermedades y su agonía.
Pero como es lógico, las nuevas generaciones que no conocieron a Juan Pablo, sólo tienen como punto de referencia el testimonio de sus mayores y lo que han visto en videos. Además, en la Iglesia la figura del Papa ha continuado con personajes extraordinarios como Benedicto XVI y Francisco. Por eso, quizá a algunos les podría parecer que el gran Papa polaco ha caído en el olvido.

2. Un legado doctrinal y pastoral vigente en la Iglesia de hoy. En ocasiones, un personaje de la talla de Juan Pablo II corre el peligro de ser recordado sólo por sus gestos de gran humanidad (su simpatía, el dar voz a los que no la tenían, etc.), pero no tanto por sus grandes aportaciones doctrinales y pastorales.
El legado de san Juan Pablo es muy importante y vigente, pues a él le debemos la edición de la Neovulgata (la versión oficial de la Biblia en latín), el Catecismo de la Iglesia Católica (que es la pauta doctrinal oficial y común para los mil cien millones de católicos del mundo) y el Código de Derecho Canónico y el Código de los cánones de las Iglesias católicas orientales (los cuales recogen las Leyes que regulan la vida de toda la Iglesia).
Además, los numerosos sínodos de obispos que presidió este gran Pontífice dieron lugar a importantes documentos sobre la vida religiosa de los fieles católicos en los cinco continentes (como las exhortaciones “Ecclesia in América”, “Ecclesia in Europa”, etc.).
A estos habría que añadir los textos referentes a los laicos, a la formación de los sacerdotes o a la familia en la sociedad contemporánea, junto con los grandes documentos sobre el ecumenismo y sobre la Doctrina Social de la Iglesia.
Esta pequeña muestra de su magisterio es suficiente, para ver que Juan Pablo II estableció las bases doctrinales y pastorales, que han permitido que la Iglesia de hoy se haya adecuado al modelo establecido por el Concilio Vaticano II.

La vida del Papa polaco es muy inspiradora también hoy, porque fue un hombre de enamorado del Dios hecho hombre, Jesucristo, y de la Virgen María, y porque gastó su vida y su salud por el bien la Iglesia y por todas las causas nobles del ser humano.
Sin embargo, el gran legado por el que debe ser recordado en los siguientes siglos consiste en que, junto con el beato Pablo VI –otra gran figura aún por descubrir–, Juan Pablo II es el gran constructor de la Iglesia Católica contemporánea, abierta a “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo” (“Gaudium et spes”, n.1).