jueves, 7 de marzo de 2013

¿Cómo se fabrica un papable?


Especial: Sede Vacante, n.7.
Luis-Fernando Valdés

En estos días de Sede Vacante, la pregunta que más escucho es: “¿quién será el nuevo Papa?” Y ésa es la mejor descripción de un “papable”. Pero, ¿quién establece cuál cardenal es papable? ¿cómo se elabora el perfil de un papable?

De entre los cardenales electores saldrá el nuevo Papa.
Los candidatos a ocupar la Sede de Pedro pueden ser vistos desde una perspectiva del interior de la Iglesia, o bien, desde un ángulo geopolítico, como si el futuro Papa fuera un líder político. En este segundo caso, los vaticanistas emplean categorías válidas para la geopolítica, pero no tanto para las cuestiones religiosas.

La mayoría de los papables que hoy aparecen en los medios han sido “escogidos” artificialmente por un criterio geográfico. Así, respecto a Europa, se supone que un cardenal italiano tiene más posibilidades porque la mayoría de los Papas han sido de esta nacionalidad.

Y como ese país es el que cuenta con más cardenales, aquellos purpurados de las sedes más importantes serán considerados como los papables; tal es el caso el cardenal arzobispo de Milán, Mons. Angelo Scola.

Como Latinoamérica es la región del mundo con más católicos, se le tiene que asignar un papable. Así, a Mons. Óscar Rodríguez Madariaga, arzobispo de Tegucigalpa, es los cardenales más antiguos, se le pone como un papable con posibilidades. O bien, el cardenal de Río de Janeiro, en representación de Brasil, Mons. Odilo Pedro Schere.

Por la importancia política y comercial de los países del norte de América, también se les deben asignar papables. Así que Mons. Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York, se vuelve un papable por Estados Unidos y, Mons. Marc Ouellet, arzobispo de Quebec, es el candidato al papado por Canadá.

Por otra parte, sería políticamente incorrecto omitir a África, y así, otro papable deberá ser  de raza negra. De entre los candidatos africanos, el favorito es Mons. Peter Turkson, arzobispo de Cape Coast (Ghana), porque además es Presidente del Pontificio Consejo para la justicia y la paz.

Pero también los otros continentes debe tener su papable. Mons. George Pell, arzobispo de Sidney (Australia) es el único Cardenal de Oceanía y, por tanto, se convierte así en papable. Y respecto a la zona asiática, Mons. Luis Antonio Tagle, arzobispo de Manila (Filipinas), que es muy popular en las redes sociales, es el favorito.

Pero también hay otra cuestión de fondo, cuando los medios proponen papables. Aunque en algunos casos hay un deseo bien intencionado de “atinarle” al que será el futuro Pontífice, en otros lo que se busca en generar presión hacia los electores para que elijan a un Papa a la medida de algunas ideologías actuales.

Por ejemplo, no pocos medios han descalificado como papables a los cardenales que públicamente han rechazado la licitud de los “actos homosexuales”, aunque se hayan manifestado benignamente respecto a las “personas homosexuales”. Es una manera de presionar para que –supuestamente– sea elegido un cardenal a favor de la homosexualidad.

Ya se entiende por qué desde la época medieval se resguardaba “con llave” (‘cónclave’) a los cardenales, para protegerlos de las presiones de los poderes políticos y de cualquier otro interés no espiritual. Esto explica por qué es necesario el aislamiento de los electores durante el Cónclave.

Así se fabrica un papable. Pero la realidad es otra: los 115 cardenales están buscando principalmente a un candidato que tenga cualidades religiosas y espirituales; pasan a segundo lugar su capacidad de gestión –aunque sea un factor importante– y su procedencia geográfica.

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