viernes, 19 de mayo de 2017

¿Condenados a vivir sin curación?

Año 13, número 628
Luis-Fernando Valdés

Algunas enfermedades neurodegenerativas, como la de Huntington, pueden ser detectadas antes de que se manifiesten sus síntomas, pero esos diagnósticos se convierten en la “sentencia” a un sufrimiento incurable. ¿Qué pueden hacer la bioética y la fe por una persona que ha sido “condenada” a vivir con una enfermedad incurable?
 

El Papa saluda a un enfermo de Huntington
en silla de ruedas y a su familia.
(Foto: Revista Ecclesia)
1. La enfermedad de Huntington (EH). Se trata una grave y rara enfermedad neurológica, hereditaria y degenerativa, descrita por primera vez en 1872, por el médico norteamericano George Huntington.
La EH produce alteración psiquiátrica y motora, de progresión muy lenta, durante un periodo de 15 a 20 años. El rasgo externo más asociado a la enfermedad es el movimiento exagerado de las extremidades y la aparición de muecas repentinas. Este padecimiento conlleva trastornos psíquicos graves que terminan en demencia y, en ocasiones, ésta lleva al suicidio.
La EH se produce mediante un único factor hereditario, que es un defecto genético del cromosoma 4, y que afecta a una proteína llamada Huntingtina. Por ser un padecimiento cromosómico, la enfermedad no es curable y sólo se pueden atender sus síntomas.

2. El dilema ético del diagnóstico de la EH. Este padecimiento está en la genética del portador y se irá manifestando con el paso del tiempo, sea en la niñez, adolescencia o edad adulta. Hoy día es posible hacer un diagnóstico genético antes de que la enfermedad se presente, pero ¿es este diagnóstico presintomático lo más conveniente para los pacientes?
Como explican los editores de la voz EH de Wikipedia, “un diagnóstico presintomático se puede traducir en una sentencia de muerte ya que no hay cura a la Enfermedad de Huntington”. Además, si el diagnóstico se confirma, significa que la mitad de los familiares pueden tener este mismo mal congénito: ¿están dispuestos a saberlo?
Otro dilema ético, incluso más fuerte, es el que presenta el diagnóstico prenatal. ¿Están los padres dispuestos a dejar nacer a su bebé, si éste viene con la EH diagnosticada? Existe un riego alto de que este tipo de diagnóstico empuje al aborto de niños con EH.

3. La dignidad del enfermo, superior al diagnóstico. Ante esos dilemas morales, la Bioética tiene un papel importante, ya que nos enseña que la EH no tiene la última palabra, pues el que la padece antes que enfermo es una persona, y su dignidad no cambia por tener un gen afectado, ni porque sus síntomas afecten su calidad de vida.
De igual manera, la moral católica tiene palabras sabias para orientar a los enfermos de enfermedades neurodegenerativas, como el Papa les recordó a los mil quinientos participantes del encuentro mundial sobre EH, reunidos en el Aula Pablo VI del Vaticano.
Francisco les explicó que Jesucristo “nos ha enseñado que la persona humana es siempre valiosa, que tiene siempre una dignidad que nada ni nadie le puede quitar, ni siquiera la enfermedad”. (News.va, 18 mayo 2017)
Y respecto al diagnóstico prenatal, el Papa pidió a los genetistas y científicos, que utilicen siempre medios que no contribuyan a alimentar la “cultura del descarte”, y enfatizó que ningún fin, por noble que sea, “puede justificar la destrucción de embriones humanos”.

Ante una enfermedad incurable, el recordarle a un paciente que sigue siendo una persona con dignidad y tratarla con el respeto que esa dignidad merece, es uno de los “remedios invisibles” que alivian la convalecencia espiritual y psicológica, especialmente cuando su padecimiento es clínicamente incurable.

viernes, 12 de mayo de 2017

Fátima: un mensaje más fuerte que las balas

Año 13, número 627
Luis-Fernando Valdés

Se cumplen 100 años de las apariciones de la Virgen María en Fátima. El llamado “tercer secreto” ha acaparado la atención, pero ¿cuál es el verdadero mensaje de Fátima: una amenaza del fin del mundo o un mensaje de esperanza?
 
Sor Lucia, la vidente de las apariciones
de la Virgen de Fátima, con Juan Pablo II.
(Foto: blog.pl )
1. Un poco de historia. Entre el 13 de mayo y el 13 de octubre de 1917, en la localidad portuguesa de Fátima, tres pastorcitos llamados Lucía dos Santos, Jacinta y Francisco Marto, fueron testigos de las apariciones de la Virgen María.
El 13 de octubre de ese año, se produjo el llamado “milagro del sol”, presenciado por 70 mil personas, entre ellos algunos periodistas y personalidades públicas de la época, que dieron testimonio del suceso. Pero lo importante no fueron los eventos sobrenaturales, sino el mensaje de misericordia y esperanza de parte de la Madre de Dios.

2. Un mensaje religioso no apocalíptico. Las apariciones de la Virgen en Fátima ocurren durante el contexto de la Primera Guerra Mundial, pero su mensaje no es apocalíptico o fatalista, sino totalmente religioso y devocional.
El mensaje central de Fátima es “la dimensión personal de la conversión”. Los sacrificios por la conversión de los pecadores serán expresión de la ofrenda sacrificial que los pastorcitos hacen de sí mismos a favor de los demás. (fatima.pt)

3. El misterioso “tercer secreto”. Aunque se ha manejado como un “secreto” de una realidad que no ha llegado, la realidad es totalmente otra. Se trata, por una parte, de un único mensaje publicado en tres partes y, por otra, de que este mensaje ya se cumplió totalmente.
La historia de este mensaje, completamente documentada, fue publicada por la Congregación para la Doctrina de la Fe, por indicación de Juan Pablo II, el 13 de mayo de 2000. Se encuentra en la web oficial del Vaticano (aquí). Ahí se reproducen en facsímil las páginas escritas por Sor Lucia, junto con los comentarios del Card. Ratzinger y otros textos y una entrevista oficial de la vidente con Mons. Bertone.

Atentado a Juan Pablo II, 13 de mayo de 1981.
(Foto: El Universal)
4. El atentado al Papa. La tercera parte permaneció bajo embargo durante décadas. Puesta por escrito, el 3 de enero de 1944, por Sor Lucia, narra que “un Obispo vestido de blanco”, caminaba hacia una Cruz rezando por los muchos cadáveres que veía en el camino, y entonces “fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas” (ibídem).
Después del atentado que sufrió el 13 de mayo de 1981, Juan Pablo II afirmó que había sido “una mano materna quien guió la trayectoria de la bala”, permitiendo al “Papa agonizante” que se detuviera “en el umbral de la muerte”.



5. Un mensaje también para nuestro tiempo. En este mundo nuestro, atribulado por las guerras civiles en África y Medio Oriente, atormentado por el terrorismo y las guerras del narcotráfico, el mensaje de Fátima sostiene nuestra esperanza en que vendrá la paz:
“Que una ‘mano materna’ haya desviado la bala mortal muestra sólo una vez más que no existe un destino inmutable, que la fe y la oración son poderosas, que pueden influir en la historia y, que al final, la oración es más fuerte que las balas, la fe más potente que las divisiones” (Card. Ratzinger, ibídem).

El centenario de las apariciones de la Virgen de Fátima tiene un especial significado, ahora que nos parecería que nada puede liberar del mal a nuestro mundo. Fátima nos invita a confiar en el poder de la plegaria: la oración es capaz de cambiar el curso de la historia y traernos la paz.


viernes, 5 de mayo de 2017

Egipto, nueva tierra del ecumenismo

Año 13, número 626
Luis-Fernando Valdés

El reciente viaje de Francisco a Egipto puso de relieve que hoy el Cristianismo y el Islam quieren contribuir a la paz mundial. Pero también es importante destacar que esa misma Visita apostólica representó un gran acercamiento ecuménico entre católicos y ortodoxos.
 
El Obispo de Roma y el Patriarca Ortodoxo Copto
firman un histórico documento hacia la unidad.
28 abril 2017. (Foto: Radio vaticana)
1. El simbolismo de Egipto. La milenaria tierra del Nilo y de las pirámides tiene un gran significado, pues ha sido tierra de cultura y civilización; además ese país hoy juega un importante papel político en el Medio Oriente.
Al evocar este reciente viaje, el Papa Francisco calificó a esa nación como “un símbolo de esperanza, de refugio, de ayuda”, pues la Biblia nos cuenta que “en tiempos del hambre, Jacob y sus hijos se refugiaron allí; luego, cuando Herodes persiguió a Jesús, se refugió allí con sus padres”.
En ese breve viaje se reunieron cristianos con musulmanes para hablar de la paz, ya también pudieron dialogar cristianos y ortodoxos. Por eso, el Papa comento que esa fraternidad que ha encontrado ahí, hace Egipto sea “también para hoy” una señal de esperanza. (Audiencia, 3 mayo 2017).

2. El Papa y los Patriarcas. Durante esta visita, el Pontífice católico se reunió con tres Patriarcas (dos ortodoxos y un católico). Se trata del el Patriarca Copto-Ortodoxo, Tawadros II; el Patriarca de Constantinopla, Bartolomé, y el Patriarca Copto-Católico, Ibrahim Isaac Sidrak.
Desde principios del siglo XX, surgió el llamado “movimiento ecuménico”, que consiste en buscar la unidad de los cristianos de las diversas confesiones. En este viaje, los cuatro líderes religiosos cristianos dieron dos señales muy claras para continuar avanzando hacia la unidad de los cristianos.

3. Reconocimiento del bautismo. Durante este Viaje papal, se llevó a cabo un “fuerte signo de comunión”, el Patriarca ortodoxo de los coptos Tawadros II y Obispo de Roma. Se trata de la firma de una Declaración Conjunta, por la cual ambas Iglesias se comprometen a “no repetir el Bautismo administrado en las respectivas Iglesias”.
Esto quiere decir que ambas confesiones reconocen que el Bautismo de ambas es válido. Esto significa ambas religiones reconocen que sus respectivos fieles reciben exactamente el mismo sacramento de iniciación cristiana, de manera  que quedan incorporados a la única Iglesia de Cristo; y que, por eso mismo, todos esos fieles son realmente hermanos.

4. “Ecumenismo de la sangre”. En un segundo momento, en el que participó también el Patriarca ortodoxo de Constantinopla, que es líder moral (el “primero entre iguales”) de todas las Iglesias ortodoxas, Francisco y los Patriarcas rezaron por las víctimas de los recientes ataques terrorista del Estado Islámico contra fieles coptos ortodoxos.
Francisco explicó ahí que “la sangre inocente de fieles indefensos ha sido derramada cruelmente: su sangre inocente nos une”, señaló que “nuestro camino ecuménico crece de manera misteriosa y sin duda actual, gracias a un verdadero y propio ecumenismo de la sangre”. Se refería a que los fieles cristianos asesinados están unidos –sin importar su confesión–, porque derraman su sangre por confesar como Dios y Señor al mismo y único Jesucristo.

Egipto, tierra de mayoría musulmana, se ha convertido en escenario de diálogo entre religiones y también en testigo de un paso muy grande hacia la unidad entre católicos y ortodoxos. Las milenarias pirámides fueron silencioso testigo de la cicatrización de una herida en el seno del cristianismo, ocurrida en el año 471, cuando algunos cristianos de lengua copta se separaron de Roma.


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