sábado, 9 de diciembre de 2017

¿Por qué el Papa pide dejar prejuicios sobre Lutero?

Año 13, número 657
Luis-Fernando Valdés

A 500 años del inicio de la Reforma protestante, el Obispo de Roma pide superar prejuicios sobre Martín Lutero. ¿Cómo interpretar estas palabras? ¿El Papa le da la razón al reformador alemán?

De la Reforma a la unidad: ésta es la tarea común
de luteranos y católicos. (Estatua de Martín Lutero)
1. Las palabras y su contexto. Generalmente, las frases sueltas son las que suscitan dificultades, pues se pueden tomar con un sentido diferente al que fueron dichas. En este caso, se trató de un discurso del Papa Francisco en el Vaticano a una delegación de la Federación Luterana Mundial, que representa a 72 millones de cristianos.
En su mensaje al presidente de esa federación, el arzobispo nigeriano Musa Panti Filibus, el Pontífice habló largamente de la oración, como “combustible de nuestro viaje a la plena unidad”, y explicó que el Espíritu Santo ha suscitado el camino ecuménico.
Y en ese contexto de oración y unidad, afirmó el Papa que ese mismo Espíritu “nos ha llevado a abandonar los antiguos prejuicios, como aquel sobre Martín Lutero y sobre la situación de la Iglesia en aquel periodo”. (Discurso, 7 dic. 2017)

2. ¿Qué quiso decir el Papa? Es importante valorar el alcance de la afirmación del Papa, porque algunos pretenden sacar de esas palabras una descalificación hacia el Pontífice, como si Francisco apoyara la Reforma en detrimento de la Iglesia católica.
En realidad, el Obispo de Roma reconoció que un principio superior a las dos confesiones es el que promueve la reconciliación: el Espíritu Santo. Se trata de un fenómeno sobrenatural, pues sólo una fuerza divina puede sanar las heridas producidas en cinco siglos de separación.
Francisco dio a entender así que acción divina se manifiesta en la superación de los prejuicios de ambas confesiones: tanto de parte católica, que ve a Lutero como un destructor malvado, como de la parte luterana, que enfatiza que la Iglesia católica del siglo XVI estaba totalmente corrompida.
Ciertamente, había problemas morales en la Iglesia de aquella época, pero a la vez, había bastante actividad de católicos comprometidos con la fe. De igual manera, Lutero no pretendía fundar una nueva Iglesia, sino purificar la existente, aunque su movimiento tomó un giro inesperado.

3. Una nueva visión del ecumenismo. En el mencionado discurso, el Papa dejó ver su paradigma sobre el modo de llegar a la unidad entre las diversas confesiones cristianas reformadas y la Iglesia católica.
Francisco retoma el tema de Juan Pablo II sobre “purificar la memoria”, o sea, reconocer los errores que se cometieron por parte de las dos confesiones. Desde ahí el Papa pide mirar al futuro sin “el peso de los contrastes y preconceptos del pasado”, para poder acoger los dones que provienen de las diversas tradiciones confesionales y “acogerlos como patrimonio común”.
Además, el Papa quiere superar “las heridas del pasado”, porque hay una realidad común de origen sobrenatural que es más fuerte: el Bautismo. Como el bautismo nos ha hecho hijos de Dios, nos ha convertido en hermanos y, por eso, “nunca más podemos permitirnos ser adversarios o rivales”, concluyó.

Epílogo. Francisco es un gran continuador del movimiento ecuménico que inició con Pablo VI en 1967. El Papa argentino sabe que la unidad no se va a lograr únicamente por la vía doctrinal, pues cinco siglos de disputas teológicas no lo consiguieron. Sin cambiar nada el contenido de la fe, el Pontífice busca que católicos y luteranos retomen la vía sobrenatural –la oración y la fraternidad bautismal– para “caminar juntos” hacia el milagro de la unidad completa.


viernes, 1 de diciembre de 2017

El más difícil viaje del Papa

Año 14, numero 656
Luis-Fernando Valdés

Francisco acudió a Myanmar a defender a una minoría musulmana, atacada y desplazada. Pero, ¿cómo podía el Papa defender a los rohinyás y, a la vez, mantener la buena relación con el gobierno birmano y la mayoría budista que niegan esta crisis?

Francisco, durante su complicada visita a Myanmar,
donde actualmente se vive una crisis humanitaria
contra la minoría etnica rohinyá (Foto: AP)
1. La crisis de los rohinyás. La etnia musulmana rohinyá habita en Arakan, al occidente de Myanmar (antes Birmania), país de mayoría budista. Según Amnistía Internacional, esta minoría ha sufrido violaciones a sus derechos humanos bajo la Junta birmana, desde 1978, por su oposición a la formación de un estado budista en Birmania, y como resultado muchos han huido a la vecina Bangladés.
Los budistas radicales afirman que los rohinyás no son birmanos, porque llegaron ilegalmente cuando el país era colonia inglesa, los acusan de no coexistir en paz y de querer imponer la ‘sharia’ (la ley islámica). El gobierno ha recluido a más de 140 mil personas en el gueto de Aungmingalar.
Como respuesta, desde octubre de 2016, grupos terroristas musulmanes en esa zona han atacado a civiles y militares. El ataque más sangriento ocurrió el pasado 25 de agosto. Por las represalias del ejercito a ese hecho, alrededor de 640 mil rohinyás huyeron al sur de Bangladesh. Según la ONU, se trata de una “limpieza étnica” (El País, 13 sep. 2017). Suman ya un millón los rohinyás desplazados en Bangladés.

2. Dificultades políticas del viaje papal. Con tiempo, el cardenal de Myanmar le advirtió al Papa que utilizara la palabra “rohinyás”, porque esto podría acarrear consecuencias para la minoría católica del país.
Esto es algo más que no utilizar una palabra incómoda. Más bien, como el gobierno local no quiere aceptar que existe una represión militar contra esa minoría ética, mencionar ese término equivaldría a denunciar la represión en su propia cara.

3. Una solución ingeniosa. Francisco, que desde el conflicto de agosto había expresado públicamente su preocupación por los desplazados, no podía ahora mencionar abiertamente el tema en tierras birmanas. Pero lo que sí pudo hacer fue dirigir mensajes en los que invitó a las autoridades a vivir la justicia y a los líderes religiosos a convivir en paz.
A los dirigentes de la sociedad civil de ese país, el Pontífice les pidió a los que pidió dejar a un lado las diferencias porque crean división, y los exhortó a respetar a las diferentes etnias del país.
Después, cuando habló de las diferentes confesiones religiosas, Francisco afirmó que éstas “no deben ser una fuente de división y desconfianza, sino más bien un impulso para la unidad, el perdón, la tolerancia y una sabia construcción de la nación”. (ACI, 28 nov. 2017)
Y, como colofón, el Papa viajó al vecino país de Bangladés, que ha acogido a los desplazados, y desde ahí lanzó una llamada a la comunidad internacional para que ayudé a los refugiados, aunque evitó utilizar el término “rohinyás”.

Epílogo. Francisco asumió el riesgo de una visita complicada, que podía generar un conflicto diplomático con el gobierno de Myanmar y romper la armonía con los líderes budistas. Pero la misión del Papa lo ameritaba, pues el Papa quería defender los derechos humanos de una minoría maltratada y, a la vez, necesitaba recordarles a los líderes espirituales el verdadero papel de las religiones, que están para fomentar la paz y la unidad.


sábado, 25 de noviembre de 2017

Hipocresías de guerra

Año 13, número 655
Luis-Fernando Valdés

Aunque en los medios se deje de hablar de guerras que ya no son noticia o que no se dé información sobre las masacres a mujeres y niños en África, ese silencio no trae la paz. Entonces, ¿qué puede ayudarnos a encontrar esa paz? 

Las guerras en Sudán del Sur y la Rep. Dem. Congo
dejan de ser noticia, pero sus habitantes siguen

clamando por la paz. (Foto: Paul Jeffrey/CMI)
1. La guerra en Sudán del Sur. Esta nación del África sahariana, ubicada al sur de Egipto, además de sufrir sequía y enorme pobreza, vive en guerra desde diciembre de 2013, cuando el frágil pacto de gobierno entre las etnias dinka y nuer se rompió.
Aunque, desde entonces todo ese país sufre la violencia de grupos armados, rara vez aparecen noticias en los medios. Por eso, el Papa Francisco tenía planeado un viaje a Sudán del Sur en este año 2017, pero tuvo que cancelarlo –al menos por ahora– por motivos de seguridad.

2. La guerra en la República Democrática del Congo. Este país de la zona central del continente africano vivió en guerra durante muchos años, y la reciente paz que habían ganado se perdió en 2016, cuando el Presidente Joseph Kabilia se negó a dejar el poder al terminar su mandato.
El Papa ha pedido, muchas veces, que terminen las acciones violentas en esa República y que se busque una solución dialogada al conflicto. Además, el Pontífice ha denunciado el secuestro de niños para ser utilizados como soldados en situaciones de esclavitud. (ACI, 23 nov. 2017)

3. Una peculiar “batalla” por la paz. Ante la imposibilidad de acudir a esas naciones, el Vaticano organizó una celebración para pedir por la paz de estos dos países, en la que el Papa Francisco pronunció una homilía en la esbozó cinco aspectos para buscar y encontrar la paz de las naciones (23 nov. 2017).
El Papa quiso así esparcir con la oración “semillas de paz” por esos dos países y por todas las partes del mundo que sufren por la guerra. Se trató de un evento religioso, cuyo motivo fue rezar a Jesucristo, quien es “nuestra esperanza de paz”; pero el Pontífice realizó varias peticiones que también se pueden aprovechar muy bien en el ámbito civil para buscar la anhelada concordia.

4. Superar la indiferencia. Fue muy llamativo que en la primera súplica el Pontífice pidiera que termine la enemistad entre los miembros de un mismo pueblo, pues ahí está la raíz de estos conflictos bélicos en África.
También resultó muy impresionante la llamada de atención del Papa hacia la indiferencia. Con fuerza señaló: “¡Cuánta hipocresía cuando se niegan las masacres de mujeres y niños! Aquí la guerra muestra su rostro más horrible”.

Epílogo. Francisco, después de denunciar la indiferencia, hizo una oración para que todos podamos ser “artesanos de paz”, allí donde estemos. Y cada uno podremos ser buenos artífices de paz si, junto con la compresión hacia los que nos rodean, nos esforzamos en no olvidar a las personas que vive en los países en conflicto, aunque esas guerras ya no sean noticia.



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