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sábado, 22 de septiembre de 2018

El desafío de Francisco a la mafia

Año 14, número 697
Luis-Fernando Valdés

En su reciente viaje a Palermo, “capital” de la mafia siciliana, el Papa condenó al crimen organizado. Dijo que un mafioso “con su vida insulta el nombre de Dios”. ¿Por qué el Pontífice desafía a estos criminales? 


El Beato Giuseppe "Pino" Puglisi,
asesinado por oponerse a la mafia siciliana.
1. El motivo del viaje. Francisco hizo este viaje, el pasado 16 de septiembre, para honrar la memoria del padre Giuseppe Puglisi, llamado afectuosamente “don Pino” por sus feligreses, pues se cumplieron 25 años de que fuera asesinado por la mafia, pues el hoy beato se opuso al control de la organización criminal sobre los barrios más conflictivos de Palermo.
Don Pino rechazó los donativos que hacían los grupos mafiosos y se opuso con firmeza a los honores que se les concedía a los “capos” durante las fiestas patronales que, tradicionalmente, empleaban para sus propios intereses. 
Además, el P. Puglisi organizó un hogar para salvar de la mafia a cientos de niños del barrio Brancaccio, pues eran utilizados para transportar droga. El 15 de septiembre de 1993, cuando cumplía 56 años, don Pino fue asesinado por la mafia siciliana frente a su parroquia en Palermo. Fue beatificado por Francisco el 25 de mayo de 2013. (Nota)

El Papa Francisco rezó en lugar donde fue
asesinado el padre Pino por la mafia.
2. Ante una sociedad dañada. Para entender correctamente el gesto de Francisco de ir a la tierra de la mafia es importante entender el contexto. No se trataba de un acto de bravuconería del Papa, sino de una visita para llevar esperanza a los sicilianos en medio de una crisis social.
El Papa dijo a los miles de feligreses ahí reunidos que “no son pocas las heridas que los afligen”. Y las enunció: “subdesarrollo social y cultural, explotación de los trabajadores y falta de una ocupación digna para los jóvenes, migración de núcleos familiares completos, usura, alcoholismo y otras dependencias, juego de azar, ruptura de los lazos familiares”.
El Pontífice reconoció que frente a tanto sufrimiento, “la comunidad eclesial puede presentarse, en ocasiones, confusa y cansada”, y por eso invitó a reflexionar sobre “las heridas de la sociedad y de la Iglesia”, para encontrar en ellas a Cristo y vivir la caridad en esas circunstancias concretas. (Nota)

3. Más que una condena, una invitación a cambiar. En la homilía pronunciada en el Foro Itálico, donde Juan Pablo II hizo una histórica condena a la mafia, el Papa Francisco dijo con toda claridad que no se puede creer en Dios y ser mafioso.
La razón es clara: “Quien es mafioso no vive como cristiano, porque blasfema con la vida el nombre de Dios-amor”.  Explicó también la diferencia entre la actitud de un mafioso y la de un cristiano: “Hoy tenemos necesidad de hombres de amor, no de hombres de honor; de servicio, no de opresión; de caminar juntos, no de perseguir el poder”.
El Papa insistió en el contraste entre un criminal y un cristiano: “Si la letanía mafiosa es: ‘tú no sabes quién soy yo’, la oración cristiana es: ‘Señor, ayúdame a amar’”. Entonces, Francisco hizo la siguiente invitación a los malhechores.
“Por ello, a los mafiosos les digo: ¡Cambien! Dejen de pensar en ustedes mismos y en su dinero. ¡Conviértanse al verdadero Dios de Jesucristo! De otro modo, su vida quedará perdida y será el peor de los fracasos”.

Epílogo. Además de afrontar día a día la dura crisis actual de la Iglesia católica, Francisco continúa con su agenda de llevar el Evangelio a una sociedad también en crisis. El Papa cuida del Pueblo de Dios y de la sociedad, y propone el mensaje de Jesucristo como la gran respuesta a nuestra época.
Dado que el tejido social de América Latina también está dañado por grupos criminales que trafican personas, distribuyen drogas y secuestran y matan a millares de inocentes, extorsionan a migrantes, etc., el mensaje de Francisco también se aplica a aquí: no se puede ser cristiano y narcotraficante, ni sicario, ni tratante de personas. También hay que decir a los criminales de acá que es tiempo de mirar a Dios y cambiar de vida, para que juntos reconstruyamos la sociedad.


lunes, 8 de febrero de 2016

El Papa en las “periferias” de México

Año 12, número 661
Luis-Fernando Valdés

Francisco visitará México y tienen una agenda que lo llevará a los lugares más representativos de algunos serios problemas humanos. Al visitar esas periferias urbanas y existenciales, ¿qué tipo de un mensaje proclamará el Papa: religioso o político?

Papa Francisco visitará las
"periferias existenciales de México".
(Foto: notimerica.com)
1. Un nuevo concepto pastoral. Una de las novedades del pontificado del Papa Francisco fue su frase de invitar a los católicos a atender las “periferias existenciales”. Sin duda, este concepto surge de un fenómeno social, que son las llamadas “villas miseria” ubicadas en las periferias de Buenos Aires.
En esas periferias sociales hay continuos problemas urbanos: falta de agua, explotación laboral, tráfico de personas, etc. Pero de ahí, ya desde su época de cardenal, Francisco nos hizo ver que hay también otras “periferias”, con una problemática grande: las de la existencia humana.
De esta manera, de la realidad vital de las periferias, el Santo Padre acuñó un nuevo concepto pastoral: el de “periferias existenciales”, pero no con un afán académico o meramente indicativo, sino para denunciar un problema profundo y de inmediato buscar su solución.

2. El programa de su pontificado. En vísperas del Cónclave que lo eligió, en una intervención ante el resto del colegio cardenalicio (durante las llamadas “congregaciones generales”), el entonces cardenal bonaerense, expuso cuál era su visión de la misión del nuevo Papa (sin saber que él sería el elegido).
En su breve discurso el card. Bergoglio afirmó: “La Iglesia está llamada a salir de sí misma e ir hacia las periferias, no solo las geográficas, sino también las periferias existenciales: las del misterio del pecado, las del dolor, las de la injusticia, las de la ignorancia y prescindencia religiosa, las del pensamiento, las de toda miseria.”
Y añadió: “Pensando en el próximo Papa: un hombre que, desde la contemplación de Jesucristo y desde la adoración a Jesucristo ayude a la Iglesia a salir de sí hacia las periferias existenciales, que la ayude a ser la madre fecunda que vive de ‘la dulce y confortadora alegría de la evangelizar’.”

3. Las repercusiones sociales de una visita pastoral. Con estos antecedentes, es más claro entender que el Pontífice no viaja a México para hablar de política, sino para llevar el Evangelio tanto a los que viven en las periferias sociales, como a los que sufren interiormente el drama de las “periferias existenciales”.
Además, así lo hizo ver Francisco en una entrevista especial del corresponsal de Notimex en Roma, Andrés Beltramo, a quien le confió: “Yo voy a México no como un rey mago cargado de cosas para llevar mensajes, ideas, soluciones a problemas, no sé, pensemos todas las cosas, yo voy a México como un peregrino. (…) Voy a buscar la riqueza de fe que tienen ustedes.”
Y añadió qué él no quería “tapar nada”, o sea, no negar nada del “México de la violencia, el México de la corrupción, el México del tráfico de drogas, el México de los cárteles”, sino que vendrá a “exhortarlos a la lucha de todos los días contra la corrupción, contra el tráfico, contra la guerra, contra la desunión, contra el crimen organizado, contra la trata de personas”.

El Santo Padre visitará las periferias existenciales de México, como la de los indígenas en Chiapas; la de la violencia y el narcotráfico, en Morelia; la de los migrantes en Ciudad Juárez (en la línea fronteriza con El Paso, Texas). Sin duda, este viaje representará un gesto de solidaridad con los que sufren estos duros problemas, pero también será para los demás una sacudida a la indiferencia y una llamada a la acción.

domingo, 29 de marzo de 2015

Periferias de corrupción

Año 11, número 516
Luis-Fernando Valdés



El Papa visitó el corazón de la mafia napolitana, para llevar una palabra de esperanza a las peores periferias existenciales: la delincuencia organizada, la corrupción, el alto desempleo y las cárceles hacinadas. Y este mensaje de aliento hoy resulta importante también para nuestra nación.

Francisco, en un papamóvil sin blindaje, denunció a la
mafia napolitana en su propio barrio.
Francisco hizo un viaje de 12 horas a Nápoles el pasado 21 de marzo, y visitó el barrio llamado Scampio, al que sus propios habitantes consideran como zona de riesgo, porque es un territorio de tráfico de droga, en el que predominan la violencia doméstica y la degradación.

Ese lugar es lamentablemente conocido por la guerra por el tráfico de droga, porque en el se asentó la Camorra (la versión en Nápoles de la mafia siciliana) que mueve cerca de 100 millones de euros por año solamente en cocaína.

Francisco se dirigió a los napolitanos y, a través de ellos, a todos los que vivimos en países profundamente dañados por el narcotráfico, la corrupción y la degradación moral. Les muestro a continuación un resumen de sus mensajes que son también válidos para México y América Latina.

1) A la sociedad afectada por el narcotráfico y la corrupción, el Santo Padre le pidió que “no se dejen robar la esperanza”. Y exhortó: “No cedan a la tentación del dinero fácil y de los ingresos deshonestos. Esto es pan para hoy y hambre para mañana”.
Con valentía pidió a los afectados por la mafia que “reaccionen con firmeza contra las organizaciones que explotan y corrompen a los jóvenes, a los pobres y a los débiles, con el cínico tráfico de drogas y otros crímenes”.
El obispo de Roma también les animó a que luchen para no dejarse “robar la juventud por esta gente” y para que “la corrupción y el crimen no desfiguren el rostro” de su ciudad.

2)  A la mafia. “A los criminales y a todos sus cómplices, hoy les repito, humildemente y como un hermano: conviértanse unos a otros al amor y la justicia. Es posible volver a la honestidad. Las lágrimas de las madres de Nápoles se los piden"

3) Sobre el desempleo. Francisco expuso que la falta de empleo para los jóvenes es una señal de que existe un fallo grave en el sistema. Y explicó: “Cuando no se gana para poder llevar el pan a casa, se pierde la dignidad. La falta de empleo roba la dignidad. En estos casos, la persona corre el riesgo de ceder a la esclavitud, a la explotación. Esto no es humano, no es cristiano”.

4) Sobre la corrupción. “¡Cuánta corrupción existe en el mundo! Yo espero que ustedes tengan el coraje (...) de limpiar a la ciudad y a la sociedad para que ya no exista ese hedor de corrupción”.

5) A los encarcelados. El Papa argentino visitó también la sobrepoblada cárcel de Poggioreale, que aloja a 2,500 detenidos en un espacio creado para 1,400. Ahí comió con 90 presos, entre ellos diez transexuales y varios enfermos de SIDA.
Ahí denunció que “los encarcelados son tenidos en condiciones indignas de la persona humana y después no logran reinsertarse en la sociedad”. Y pidió que los penales puedan “llegar a ser un lugar de inclusión y de estímulo para toda la sociedad, para que sea más justa, más atenta a la persona”.

Este gran ejemplo del valentía del Papa de visitar un barrio que ni siquiera la policía italiana puede controlar, para denunciar ahí el grava problema social de la corrupción, junto con el deseo de convivir a todos los marginados sociales, nos muestra la vitalidad del mensaje cristiano. Así Francisco deja claro que un creyente en Cristo no puede desentenderse de la realidad social sino que debe atender las crisis de las periferias existenciales.


domingo, 23 de marzo de 2014

“Dinero ensangrentado”


Año 10, número 463
Luis-Fernando Valdés

El Papa ha tenido una intervención de primera magnitud contra la violencia. Se dirigió a la mafia italiana. Francisco los exhortó a arrepentirse… pero por si acaso, los amenazó con el infierno. ¿Cuál es el alcance de este gesto?
El Papa con don Ciotti, rezando por las víctimas de la mafia.

Un poco de historia. La mafia en Italia ha sido un flagelo, pues en las últimas décadas ha cobrado numerosas víctimas, quizá la más famosa de ellas fue el zar antimafia Giovanne Falcone, que fue asesinado junto con su mujer y todos sus escoltas, en 1992.
Cada año, desde 1962, el 21 de marzo (primer día de la primavera) “Libera”, que es una red de asociaciones italianas de familiares de las víctimas de la mafia, recuerda en todo el país a las personas inocentes asesinadas por el crimen.
Previamente a la reunión de este año, el fundador de esta red, el padre Luigi Ciotti, tuvo una audiencia con el Pontífice. Él mismo lo cuenta así: “cuando pude ver a Papa Francisco le expresé el deseo de muchos, de muchas familias de víctimas de la mafia (…), y le pregunté si podría participar en este momento de oración que llevamos a cabo cada año. El Papa no dudó en decir: ‘Voy’, con mucha sencillez y afecto.” [Nota]
Durante el encuentro, celebrado en una parroquia cercana al Vaticano, el Pontífice pronunció un mensaje marcado por el tono de una petición amable, por una parte; pero también con una clara condena hacia los mafiosos.
Francisco les dijo: “Su poder está ensangrentado, por favor, conviértanse, dejen de hacer el mal”. El Papa se dirigió a los “grandes ausentes [en esta reunión] de hoy, pero protagonistas: los hombres y las mujeres mafiosos”, y los exhortó así: “¡Cambien de vida! ¡Conviértanse! ¡Dejen de hacer el mal! Nosotros rezamos por ustedes: conviértanse, se lo pido de rodillas, es por su bien”
Luego de esa amable moción, el Santo Padre les hizo una severa advertencia: “Esta vida que viven no les dará felicidad, alegría. El poder y el dinero que tiene ahora de muchos negocios sucios, de los crímenes mafiosos, son dinero ensangrentado, poder ensangrentado, no podrán llevarlo a la otra vida”. [Discurso]
Y por si no fueran suficiente argumento la llamada a la conversión y la advertencia de que el dinero mal habido nos los hará felices, el Papa les recordó la realidad del castigo eterno: “conviértanse, todavía pueden no acabar en el infierno, que es lo que les espera si no cambian de camino”.
Finalmente, el Santo Padre les puso un punto de referencia que los puede ayudar a cambiar de vida: recordar que ellos alguna vez han sido amados desinteresadamente. Les dijo: “ustedes tuvieron un papá, una mamá; piensen en ellos y conviértanse”.
El Papa argentino, que es un hombre de signos elocuentes, como su cercanía a los enfermos y a los marginados sociales, mediante su participación en esta reunión, ha enviado una serie de mensajes a todo el mundo:
1) El Papa reafirma el valor de las víctimas de la violencia, que con frecuencia son olvidadas y quedan sólo como una mera cifra, sin un nombre, sin un rostro; 2) Una autoridad moral mundial da la cara para pedir el fin a la violencia; y 3) nos recuerda que la violencia no es normal, que no es opción para ganarse la vida.
Ante el triste clima de violencia que se vive en nuestro País, este mensaje del Santo Padre se hace urgente, pues necesitamos que la “conciencia colectiva” no olvidé que los familiares de las víctimas siguen sufriendo y requieren ayuda; y también porque requerimos que los jóvenes y los desempleados tengan claro que nunca se justifica ganar “dinero ensangrentado”.

domingo, 28 de agosto de 2011

Casino Royale: ¿servirá rezar?


Año 7, número 330
Luis-Fernando Valdés

Inimaginable que sucediera un acto terrorista en nuestro País, y menos en Monterrey. Nos unimos a las condenas del atentado al Casino Royale, y nos solidarizamos con las víctimas y sus familias. ¿Queda algo por hacer que sí esté en manos de los ciudadanos?

52 personas perdieron la vida
en el ataque terrorista al Casino Royale.
Ante la indignación generalizada, han surgido propuestas sobre lo que deberían hacer los tres niveles de gobierno: desde pactar tregua con los violentos (Ex-Presidente Fox) [ver], pedir a los grupos rivales que hagan una tregua (Senador Aguirre Fuentes, del PRD) [ver], hasta pedir ayuda internacional (Carlos Fuentes, escritor) [ver].

Sin duda son necesarias acciones a nivel gubernamental. Pero no son la únicas. Cuando los ciudadanos se limitan a esperar esas decisiones desde arriba, pierden su potencial personal y dejan de aportar las soluciones que sí están en sus manos.

En cada ciudadano hay una gran capacidad de participación y de influencia, con las que puede contribuir eficazmente a la solución del conflicto. Por ejemplo, acudir a votar y evitar la tentación de la abstención, participar en foros y blogs, apoyar las iniciativas de otros ciudadanos, evitar todo acto de corrupción pues ésta fue la semilla de la que surgió toda esta violencia, no volver a comprar artículos “piratas”, entre otras tantas iniciativas.

Y queda una acción más que siempre es eficaz, aunque no siempre se entiende bien: rezar. Sí, rezar es una de las mejores maneras de buscar la solución al conflicto. Pero, ¿a qué tipo de oración nos referimos?

Se trata de la oración que nos lleva a ser mejores personas para conseguir la bendición de Dios y la conversión de los malos. Benedicto XVI la explicaba recientemente [ver], al comentar un pasaje del  capítulo 18 libro del Génesis, que cuenta que la maldad de los habitantes de Sodoma y Gomorra era tan grande, que se requería que Dios las destruyera para frenar el mal.

Aquí interviene Abraham con su oración de intercesión, con la que pide el perdón para toda la ciudad, pues en ella hay también personas inocentes y lo hace apelando a la justicia de Dios. En efecto, dice al Señor: “Si hay cincuenta inocentes en la ciudad, ¿los destruirás y no perdonarás el lugar por los cincuenta inocentes que hay en él?” (v. 24b).

Y comenta el Papa: “Obviamente no se puede tratar a los inocentes del mismo modo que a los culpables, esto sería injusto”; se trata más bien de ofrecerles a los culpables “una posibilidad de salvación, porque si los malhechores aceptan el perdón de Dios y confiesan su culpa, dejándose salvar, no continuarán haciendo el mal, también ellos se convertirán en justos, con lo cual ya no sería necesario el castigo”.

En el relato bíblico, la destrucción de Sodoma debía frenar el mal presente en la ciudad, pero Abraham sabe que Dios tiene otros medios para detener el mal. Y anota el Santo Padre: “Es el perdón el que interrumpe la espiral de pecado, y Abraham, en su diálogo con Dios, apela exactamente a esto”.

Y concluye Benedicto XVI: “De hecho, el mal no puede aceptarse, hay que señalarlo y destruirlo a través del castigo: la destrucción de Sodoma tenía precisamente esta función. Pero el Señor no quiere la muerte del malvado, sino que se convierta y que viva; su deseo siempre es perdonar, salvar, dar vida, transformar el mal en bien”. Y eso es lo que pedimos cuando rezamos.

En manos de cada ciudadano está implementar este medio espiritual: procurar ser parte de esos justos por los que no será castigada la ciudad, y rezar –y perdonar– para que el mal por fin sea vencido por el bien. Nos hace falta más fe.

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domingo, 24 de julio de 2011

“Santa Muerte”, ¿protectora?

Año 7, número 325
Luis-Fernando Valdés

Ojalá que hubiera sido una noticia aislada, la que nos informó que una banda de secuestradores, en Ciudad Juárez, daba culto a la “Santa Muerte”. Tristemente es algo frecuente: muchos delincuentes recurren a ella. Sin embargo, casi nadie sabe de qué se trata esta creencia. ¿Por qué la invocan los criminales?

Como muestra, el pasado 15 de julio, fue arrestado un grupo de secuestradores, en aquella ciudad fronteriza de Chihuahua. En la casa de cautiverio, la Policía localizó una calavera vestida de novia, al menos dos cráneos y un altar donde se colocaban cajetillas de cigarros; además se encontraron esqueletos y cráneos, al parecer para su uso en algún tipo de culto a la muerte o para la práctica de un ritual satánico, informó la Fiscalía del Estado (www.excelsior.com).

La llamada “Santa Muerte” se representa con la figura de un esqueleto ataviado con un vestido largo, capucha, una hoz y un reloj de arena. Este culto es promovido por una agrupación no-católica que se autonombra “Iglesia Católica Tradicional MÉX-USA, Misioneros del Sagrado Corazón y San Felipe de Jesús”.

David Romo Guillen, líder del culto a la "Santa Muerte",
arrestado por la PGJDF, recibió el auto de formal prisión
por secuestro, el 28 de enero pasado [ver noticia] 
Aunque su nombre parece tan católico, en realidad este grupo religioso no está en comunión con la Iglesia Católica ni con la Santa Sede. Sus ministros de culto no son sacerdotes católicos, y su líder, el arzobispo David Romo Guillén, no es un sacerdote católico, ni es reconocido por el Vaticano.

El núcleo doctrinal de esta devoción es sincretista. Toma elementos prehispánicos de culto a la muerte; también adopta algunas formas católicas, que confunden a los propios católicos; y no faltan tampoco elementos de santería brasileña.

Muchas personas dirigen a la imagen de la “Santa Muerte” peticiones de amor, afectos, suerte, dinero y protección, pero también le hacen súplicas malintencionadas y de daño a terceros. Esta devoción esta vinculada a distintos tipos de delincuencia como el narcotráfico y asaltantes, que la invocan para no morir en los combates. Sin embargo, sería un error pensar que este culto a la sea sólo practicado por personas o grupos delincuenciales.

¿Qué hay de verdadero en esta religión? En realidad, pocas cosas. Primero, porque la muerte no es una persona, ni un ángel, ni siquiera una cosa. La muerte es una “situación”, que consiste en la separación del alma (el principio vital del hombre) y del cuerpo.

En muchas culturas tanto antiguas como modernas, la muerte suele ser “representada” artísticamente, o presentada como un personaje literario. Pero en todo caso, no se pretende decir que la muerte sea alguien real, sino que a través de ese personaje de ficción se ilustran enseñanzas para el ser humano, como la rapidez de la vida, o la necesidad de aprovechar el tiempo.

En segundo lugar, la Sagrada Escritura enseña que la muerte es consecuencia del pecado (Romanos 5, 12), es decir, del alejamiento de Dios por parte del hombre. De manera que la muerte es un castigo, no un premio; no es tampoco una situación a desear, sino un mal ante el que sólo cabe tener la esperanza que Cristo ha vencido a la muerte (Juan 5, 24-30), y que por eso adelante volveremos a la vida al final de los tiempos (1 Corintios 6, 14).

La “Santa Muerte” es una superstición que aleja del verdadero Dios y además tiene un alto precio social, porque sirve de pretexto a los violentos para hacer lo que está mal: robar, secuestrar, torturar, matar. Y estos abusos no tienen nada que ver ni con la libertad religiosa ni con la verdadera religiosidad humana.
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domingo, 17 de abril de 2011

Estrategia incompleta


Año 7, número 311
Luis-Fernando Valdés

La crisis social de nuestro País parece que no ha tocado fondo. Siguen los recuentos de cadáveres en fosas clandestinas. Continúan las inculpaciones mutuas entre el Gobierno Federal y los Gobiernos estatales. Se acusan de que las tácticas para combatir la violencia no han sido eficaces. Quizá sea la hora de cuestionarse si esas estrategias son “completas”.

La batalla contra el narcotráfico tiene muchos frentes: policial, militar, legislativo, económico y mediático, entre otros. Cada uno de estos aspectos es claramente importante, y en este momento sería arriesgado prescindir de alguno de ellos. Sin embargo, es necesario insistir en los aspectos relacionados con la educación de los ciudadanos, porque ahí está la raíz del problema.

Hay un factor clave que se pasea desapercibido en nuestra sociedad y que es un importante responsable de la actual crisis social. Se trata del individualismo. La cultura contemporánea nos ha inculcado que nuestro nuestra vida y nuestras acciones personales no tienen nada que ver con los demás; se nos ha enseñado que podemos vivir de cualquier manera, “siempre y cuando no dañemos a un tercero”.

Sin embargo, la realidad misma nos lleva a darnos cuenta que nuestras vidas están interrelacionadas y que, aunque no lo queramos aceptar, nuestras acciones –incluso las más privadas– sí afectan a los demás. Pongamos de ejemplo el tema que hoy nos atañe: cuando una persona decide consumir drogas, aunque lo haga en su casa y sin dar problemas a nadie, ese acto implica “oferta y demanda” de drogas, y esto a su vez requiere de un mercado, de unos productores y de unos distribuidores: ese “consumo privado” requiere de… unos narcotraficantes.

Pero ese “placer privado” provocado por las drogas tiene más consecuencias. Como hay narcotraficantes, hay personas que sufren extorción, tortura y muerte. Como todo eso es delito, hay que perseguir a los criminales, y esto ha generado miles de policías y militares muertos… y esto ha traído miles de viudas y huérfanos.

De manera que esa “acción privada” tiene bastante de responsabilidad en esta crisis social. Y podemos añadirle más agravantes: el dinero con que se pagó un simple cigarrito de marihuana se convirtió en el financiamiento de la bala que ayer mató a un ser humano.

Hay una virtud humana –de la que el cristianismo ha sabido destacar su importancia– que nos ayuda a salir del encerramiento en nosotros mismos, y que nos enseña que somos responsables de mucho de lo que afecta a los demás. Es la solidaridad.

La solidaridad, aunque las incluye, no se reduce a dar limosnas o a acciones de voluntariado. Se trata de la convicción personal de que –por naturaleza– pertenezco una amplia comunidad (familiar, local, nacional e internacional), y que por eso mi vida personal repercute a favor o en contra de los demás, de los que no me puedo desentender.

Hace falta inculcar en cada ciudadano el hábito de pensar en las repercusiones de sus actos. Desde mantener limpias nuestras ciudades, hasta perdonar para mantener unidas las familias. Si realizamos nuestras acciones –incluso las más privadas– con sentido de la solidaridad, notaremos que sí podemos contribuir al mejoramiento de nuestra sociedad.

La estrategia para combatir el narcotráfico (y cualquier otro problema social) nunca estará completa, mientras no se eduque a cada ciudadano para ser solidario, para saberse responsable de la vida y del bienestar de los demás. Si hemos conseguido establecer una “cultura ecológica”, ¿por qué no podemos edificar una “cultura solidaria”?

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