domingo, 28 de julio de 2013

Pobreza y liberación, según Bergoglio


Año 9, número 428
Luis-Fernando Valdés

El Papa visitó una favela en Brasil, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud. Mientras los habitantes de ese lugar celebraban con algarabía la visita de Francisco, el Pontífice enviaba un mensaje en clave sobre la pobreza y la liberación. ¿El Papa Bergoglio apoya la Teología de la liberación?
El Papa Francisco durante su visita a
una favela en Río de Janeiro.

Esta visita apostólica de Francisco a Río de Janeiro tuvo como objetivo central el encuentro con los jóvenes llegados del mundo entero. Pero, además, el Papa aprovechó para tocar temas eclesiales sensibles como la solidaridad y la pobreza.

La opción de la Iglesia por los pobres se remonta a su mismo origen. Cristo, siendo Dios se hizo pobre (Filipenses 2,1). Los Apóstoles se dedicaron a repartir bienes entre los necesitados. Y, a lo largo de los siglos, los cristianos han instituido hospitales, orfanatorios, asilos, etc. para atender a quien carece de lo mínimo.

Sin embargo, en la época posterior al Concilio Vaticano II (1962-1965), el tema de la pobreza se tornó conflictivo con la llamada “Teología de la liberación”, que fue un intento de releer toda la realidad religiosa, cultural y social desde la óptica de un conflicto entre pobres y ricos.

En efecto, este movimiento adaptó la “lucha de clases”, propuesta por Karl Marx (1818-1883), a la teología católica. Entonces se leyó el Evangelio no como solidaridad con los pobres, sino como un conflicto contra los ricos.

Después de varios años de problemas ideológicos e incluso de violencia, la Santa Sede puso un alto a esta teología, mediante un par de documentos elaborados por el entonces Card. Ratzinger, fechados en 1986.

Desde ahí quedo claro que cabía una sana Teología de la liberación, la que no tenía inspiración marxista, y que se ocupaba realmente de la ayuda espiritual y no sólo económica de los pobres. Pero quedó un ala de la vieja guardia liberacionista, como Leonardo Boff, Gustavo Gutiérrez, etc.

Con motivo de la elección del Card. Bergoglio, un obispo comprometido con los pobres de Buenos Aires, esas viejas facciones liberacionistas esperaban una segunda oportunidad. Y la visita del Papa la comunidad de Varginha, asentada en la favela “Ciudad de Dios” de Río de Janeiro, el pasado jueves 25 de julio era su prueba de fuego.

El Papa Francisco acudió a la favela, convivió con sus habitantes y expresó un mensaje que revela su postura respecto a los pobres. Su Santidad no propone un conflicto entre pobres ricos, sino pide que los pobres sean integrados a la sociedad, dado que son “una parte” de ella, no algo ajeno a ella.

Su Santidad afirmó que “ningún esfuerzo de ‘pacificación’ será duradero, ni habrá armonía y felicidad para una sociedad que ignora, que margina y abandona en la periferia una parte de sí misma.” (Discurso, 25 julio 2013)

El Santo Padre insistió en la ayuda de la sociedad sus miembros necesitados: “Nadie puede permanecer indiferente ante las desigualdades que aún existen en el mundo. Que cada uno, según sus posibilidades y responsabilidades, ofrezca su contribución para poner fin a tantas injusticias sociales”.

Y explicó que esa integración de los pobres es lo que configura a una sociedad: “La medida de la grandeza de una sociedad está determinada por la forma en que trata a quien está más necesitado.”

La visita del Papa Francisco a la favela ha sido parte de su programa de ir hacia las “periferias”, pero con un sentido plenamente religioso: de solidaridad, de ayuda, de comprensión, como indica Cristo en el Evangelio. Esta es la liberación propuesta por Bergoglio.

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