domingo, 4 de octubre de 2009

En las raíces de México

Luis-Fernando Valdés

Benedicto XVI terminó su viaje a la República Checa. El Pontífice escogió una nación en el corazón geográfico del viejo Mundo, para insistir en las raíces cristianas de Europa. ¿Qué está buscando el Papa? ¿Desea acaso de una manera desesperada evitar la desaparición del cristianismo en el antiguo Continente? O ¿realmente se trata de un mensaje sincero a favor de los europeos, y de toda la humanidad?
En su Mensaje a la autoridades políticas y civiles, en Praga, el Santo Padre explicó que, ahora que la civilización europea tiene dificultad para encontrar un consenso sobre los valores comunes que permitan vivir en un lugar más humano, debe volver a inspirarse en la “herencia viva”, que resulto del “encuentro creativo” de la tradición clásica con el Evangelio. De esta manera, Europa, “fiel a sus raíces cristianas”, podrá mantener una visión abierta a lo trascendente en sus iniciativas al servicio del bien común de personas, comunidades y naciones (Discurso, 26.IX.2009).
¿Por qué la continua llamada del Papa a recordar “las raíces”? Porque el hombre es “un ser enraizado” (J. L. Lorda, 1993). De la misma manera que las plantas echan raíces que las fijan al suelo y de las que se alimentan y crecen, los humanos nos encontramos injertados en la historia de un grupo humano y en una tradición cultural. La lengua que hablamos refleja la mentalidad y las aspiraciones de nuestro antepasados, nuestras tradiciones llevan la huella de sus intereses y de sus esfuerzos, nuestra religiosidad manifiesta su fe y sus convicciones…
Estas “raíces” permiten que una sociedad tenga una historia y un patrimonio espiritual vivo. Una sociedad sin raíces estaría condenada a reinventarse una y otra vez, y así nunca podría resolver los problemas éticos y sociales a los que se enfrenta en cada época.
Benedicto XVI apela continuamente al origen cristiano de Europa, como medio esencial para resolver la crisis de valores que enfrenta ese continente, que aunque ha conseguido un gran desarrollo económico, lleva a cuestas un gran conflicto moral.
Esta propuesta también es válida para nuestro País. México lleva en sus raíces una profunda impronta religiosa. Desde antes de la llegada de los españoles, los Pueblos que habitaban meso América tenía una visión religiosa de la vida. De modo que en las raíces mexicanas tanto autóctonas como coloniales hay una visión trascendente del ser humano, que busca a Dios como fin de su actuación moral.
Esta configuración tuvo como resultado una exquisito respeto a la vida, solidaridad con los necesitados, estabilidad familiar y valoración de los ancianos. Por contraste, los resultados “de facto” del abandono de las raíces religiosas son patentes: desintegración familiar, desencanto ante la vida, infravaloración del no-nato y del anciano, y un tremendo individualismo.
A diferencia de la sociedad mexicana de los siglos pasados, el hombre actual está herido por una visión utilitarista de la vida. Por eso, no tiene armonía con su entorno natural, pues lo considera como bodega de materias primeras; en el comercio, la ganancia lo hace pasar por encima de las personas. Además, en cuestiones políticas, el fin justifica el fraude y la mentira. Y para este hombre moderno, Dios se ha convertido en un enemigo, que pone límites morales al placer.
¿Es éste el México de nuestros antepasados? No: es otro México que no está unido a sus orígenes. ¿No valdría la pena entonces considerar de nuevo esta raíz cristiana, para recuperar nuestra identidad llena de valores?

Correo: lfvaldes@gmail.com
http://columnafeyrazon.blogspot.com
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