domingo, 18 de octubre de 2009

Lección irlandesa

Luis-Fernando Valdés

La Unión Europea (UE) se consolida. La implantación del euro como moneda única fue un paso importante, que le permitió la unidad económica. Ahora busca la unidad jurídica, mediante el “Tratado de Lisboa”, que incluye la “Carta de Derechos Fundamentales” de carácter vinculante para los países miembros. Pero Irlanda puso objeciones y retrasó la aprobación de este Tratado. ¿Por qué una pequeña nación ha puesto en riesgo la consolidación jurídica de Europa?
El “Tratado de Lisboa” fue firmado por todos los estados miembros de la UE (13.XII.2007), y sustituye a la “Constitución para Europa” tras el fracasado tratado constitucional de 2004. Si se ratifica este texto, la UE tendrá personalidad jurídica propia para firmar acuerdos internacionales a nivel comunitario.
Para entrar en vigor, este Tratado debe ser aprobado por todos los países socios. Aunque se preveía que para diciembre de 2008, ya habría sido aprobado por todos los miembros, Polonia, la República Checa e Irlanda no lo hicieron.
En un plebiscito anterior (12.VI.2008), los irlandeses votaron “no”, para garantizar la neutralidad de la isla, su ventajoso régimen fiscal, la prohibición del aborto, la protección de los derechos laborales o el mantenimiento de su comisario europeo (Agencia EFE, 25.IX.2009).
Como consecuencia de este rechazo al Tratado, la UE dio al Gobierno de Dublín unas garantías que tienen la forma de un “protocolo”, con la misma fuerza jurídica que el Tratado, que establecen que “lo referente a la libertad, la seguridad y la justicia” en el Tratado de Lisboa no “afecta en medida alguna el campo de aplicación del amparo del derecho a la vida” de la Carta Magna de Irlanda.
Quedan a salvo el derecho a la vida, la protección de la familia y el derecho de los padres a educar a sus hijos. De modo que, en estos temas, prevalecerá lo previsto por la Constitución irlandesa, que prohíbe el aborto y establece el matrimonio como la unión de un hombre con una mujer.
Con estas garantías, el pasado 2 de octubre, en un nuevo referéndum, el 67 por ciento de los electores irlandeses votaron a favor del tratado. Polonia también lo ha aprobado y queda pendiente la República Checa, que tiene en sus manos el destino del “Tratado de Lisboa”.
Es importante resaltar el ejemplo de Irlanda, que no puso en juego ni su autonomía ni el capital valor de la vida humana, ni cedió ante la presión internacional. Los países de América Latina, cuya población está mayoritariamente a favor de la vida y de la familia, sufren continuamente la imposición de políticas de población por parte de organismos internacionales, como la ONU y el Banco Mundial.
Es muy significativo que 16 Estados de nuestro País hayan modificado sus legislaciones, para defender la vida desde la concepción. En la entraña de nuestra identidad está este gran valor. Los primeros misioneros del s. XVI describían a los indígenas mexicanos como “el país que más ama a sus hijos”. Por eso, de la fusión entre esos valores y el cristianismo, ha surgido en los mexicanos, como una profunda raíz, el amor por la vida.
Es posible afirmar el gran valor de la vida humana y, a la vez, respetar a las minorías que piensen lo contrario y comprender con caridad a quienes han recurrido al aborto. Tutelar la vida frente a las presiones de grupos radicales o de organismos internacionales no significa que México sea una nación jurídicamente atrasada, sino que nos configura como un País maduro, fiel a sus raíces y comprometido con su presente.

Correo: lfvaldes@gmail.com
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