domingo, 25 de octubre de 2009

Anglicanos vuelven al catolicismo

Luis-Fernando Valdés

Este semana, la Santa Sede anunció la promulgación de una figura jurídica, que permitirá que cerca de medio millón de miembros de la Iglesia Anglicana, incluidos obispos y sacerdotes, puedan ser recibidos en la Iglesia Católica. Se trata de un hecho sumamente importante, porque muestra la vitalidad de la fe católica, que es capaz de volver a unir en una misma confesión de fe a millones de personas de culturas muy diversas.
Desde el s. XVI los cristianos ingleses se habían separado de Roma. El Rey Enrique VIII decidió romper con el Papa, y se impuso a sí mismo como cabeza de la Iglesia Católica en Inglaterra. Esto dio lugar a un cisma, dividiendo a los fieles en dos: los que seguían unidos al Pontífice (los católicos romanos) y los que tomaron al Rey por jefe religioso (anglicanos).
En años recientes, miles de anglicanos han reconsiderado su posición, y han visto que la unidad con el Romano Pontífice es fundamental para ser fieles al mensaje cristiano. Por eso, han pedido a la Santa Sede ser admitidos de nuevo en la Comunión de la Iglesia Católica.
Esta solicitud implicaba una serie de dificultades que la nueva estructura canónica, llamada “ordinariato personal”, han quedado resueltas. La primera de estas complicaciones es de tipo cultural y ritual. Como es lógico, en el transcurso de más cuatro siglos, la Comunión Anglicana fue forjando sus propias tradiciones litúrgicas, devocionales y espirituales. ¿Tendrían que renunciar a ellas para volver a la Iglesia? O sea, ¿deberían “uniformarse” con las tradiciones y ritos romanos?
La reciente declaración de la Curia romana reconoce el valor de esas tradiciones anglicanas, que “son preciosas para ellos y conformes con la fe católica”. También son llamadas “un don”, porque permiten profesar de un modo distinto una misma fe . “La unión con la Iglesia no exige la uniformidad que ignora las diversidades culturales”, afirma el documento del Vaticano.
Los “ordinariatos personales” resuelven también la complicada cuestión de los clérigos anglicanos. El ritual anglicano cambió la parte esencial de la fórmula de Ordenación de obispos y presbíteros, de modo que con el paso de los siglos, los nuevos clérigos en realidad no habían recibido válidamente el sacramento del Orden sacerdotal.
Por eso, los clérigos anglicanos actuales ya no tienen el verdadero sacerdocio. Entonces, sus Misas no tienen verdadero valor sacramental. La nueva figura canónica permite que los clérigos anglicanos reciban el sacerdocio católico, para que puedan celebrar verdaderamente los sacramentos. Además, también prevé que los obispos que estarán al frente de estos anglicanos recibidos en la Iglesia, procedan de los mismos clérigos anglicanos conversos.
Y una solución más. Actualmente, entre los clérigos anglicanos conversos hay muchos que están casados. Los “ordinariatos personales” permitirán que estos ministros puedan seguir casados y recibir el sacerdocio católico.
Pero esto se debe entender bien. No se trata de que los sacerdotes célibes ahora sí se pueden casar. Más bien, se aplica la praxis de las Iglesias católicas orientales: que los varones ya casados pueden luego ser ordenados sacerdotes.
Esta iniciativa promovida por Benedicto XVI genera motivos de optimismo. Si durante siglos las diferencias entre estas confesiones dieron lugar a sangrientos conflictos, hoy día el diálogo ecuménico ha triunfado. Comienza a desvanecerse el fantasma de la intolerancia.
Correo: lfvaldes@gmail.com
http://columnafeyrazon.blogspot
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