domingo, 31 de mayo de 2009

California rechaza matrimonios gays

Luis-Fernando Valdés

La Corte Suprema de California dictaminó, el pasado 26 de mayo, por seis votos a favor y uno en contra, que es válido un referéndum, realizado en noviembre pasado, que prohibió el matrimonio entre homosexuales.¿Por qué un estado de la Unión Americana considerado el paraíso de los homosexuales no acepta la legalización de este tipo de unión?
Lo primero que llama la atención es que se trata de una decisión democrática: fueron los electores los que rechazaron esta propuesta. En mayo de 2008, Tribunal Supremo de California reconoció, por una escasa mayoría, el derecho a casarse de los homosexuales. Luego en un referéndum, en noviembre pasado, el 52 por ciento de los ciudadanos dijo que “no” a los matrimonios entre personas del mismo sexo.
Y hace unos días, esta misma Corte superior determinó que el mencionado referéndum daba marcha atrás a la ley que había aprobado este tipo de uniones. Entre los diversos tecnicismos de la sentencia, plasmada en más de 180 cuartillas, los seis ministros señalaron que se respetaba la voluntad soberana del pueblo de California, que mayoritariamente negó el derecho a celebrar matrimonios gays.
Esto nos hace ver cuál es el plano donde se desarrolla el debate. Es una cuestión de respeto a la democracia. La mayoría de los californianos creen que el matrimonio es la unión de un hombre y una mujer, y el Tribunal Supremo dictamina que el principio de la democracia: la decisión de la mayoría.
Sin embargo, algunas voces han intentado llevar la discusión a otro plano: la ingerencia de grupos conservadores y de la Iglesia Católica. Se trata de una cortina de humo, para cubrir el hecho de que la mayoría no está de acuerdo en la homosexualidad como modelo de familia.
Además, cae el viejo mito de que identifica el “progreso” con el “liberalismo”. Curiosamente, mientras que hace poco se aprobó el matrimonio entre personas del mismo sexo en el conservador estado de Iowa, los jueces de la liberal California, cuna para muchos del movimiento gay internacional, dijeron que no.
Más allá de la propaganda que proclama la homosexualidad como signo de la evolución de una sociedad, el hecho de que una mayoría rechace la legalización de las bodas gays, muestra que en la población contemporánea hay una intuición sobre la verdadera naturaleza de la familia y de su importancia para el futuro de una nación.
El respeto a la auténtica relación matrimonial basada en la singular complementariedad del hombre y la mujer conlleva a reconocer el servicio irreemplazable, que el matrimonio presta al bien común de una nación. Además cuando se tiene el valor de defender la verdad y la belleza del matrimonio, se reconoce la dignidad intrínseca de cada persona humana.
Los intentos de cambiar la definición legal de matrimonio o de crear simulaciones del matrimonio, escudados con frecuencia bajo el pretexto de “igualdad”, “derechos civiles” y “lucha contra la discriminación”, no se adecuan a la verdad. Por el contrario, tales tentativas socavan la propia naturaleza del matrimonio y no consideran la importancia que éste tiene en la consolidación y supervivencia de la sociedad.
El Estado, por una parte, tiene la responsabilidad de proteger y promover el matrimonio como la unión de un hombre y una mujer; y, por otra, debe también proteger y promover la dignidad intrínseca de cada persona humana, incluyendo las personas homosexuales. Encontrar el punto de equilibrio no es fácil, pero sacrificar el matrimonio no es la solución.

Correo: lfvaldes@gmail.com
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