domingo, 2 de octubre de 2005

Mujeres migrantes

Luis-Fernando Valdés

Tuve la oportunidad de atender a una comunidad de la sierra de Puebla, hace casi cinco años. Y, además de la gratitud de esas personas, me llamó la atención que en esa población no había jóvenes mayores de quince años.
Me explicaron que los muchachos y muchachas, nada más terminar la secundaria, dejaban el pueblo, para ir a buscar mejores oportunidades de trabajo. Algunos se había ido a la Ciudad de México, pero la mayoría estaba en los Estados Unidos.
Los mexicanos ya nos acostumbramos a convivir con la «migración». Se trata de un fenómeno que a lo largo del siglo pasado se convirtió en una estructura que ha configurado la sociedad, y ha llegado a ser una característica importante del mercado del trabajo a nivel mundial, como consecuencia, entre otras cosas, del fuerte impulso ejercido por la globalización
El fenómeno de la migración es complejo, pues en su explicación confluyen diversos componentes. Entre otros factores se encuentran las migraciones internas y las internacionales, las forzadas y las voluntarias, las legales y las irregulares, también sujetas a la plaga del tráfico de seres humanos. Y además los estudiantes extranjeros, cuyo número aumenta cada año en el mundo, forman ya una categoría en la clasificación de los migrantes.
Una causa muy importante de la migración es la pobreza. Entre las personas que, por motivos económicos, cambian de país o región dentro de su propia patria, cabe destacar el reciente hecho de la "feminización" del fenómeno migratorio, es decir, la creciente presencia en él de la mujer.
Antes, quienes emigraban eran sobre todo los hombres, aunque no faltaban nunca las mujeres. Sin embargo, entonces ellas emigraban sobre todo para acompañar a sus respectivos maridos o padres, o para reunirse con ellos. Pero ahora, la mujer sale de su patria en busca de un empleo en otro país. Más aún, en ocasiones, la mujer emigrante se ha convertido en la principal fuente de ingresos para su familia.
Aunque no faltan buenas oportunidades de trabajo para muchas migrantes, es un hecho que la migración femenina es víctima frecuente del tráfico de mujeres, que prospera donde son escasas las oportunidades de mejorar la propia condición de vida, o simplemente de sobrevivir. En algunos casos, hay mujeres y muchachas que son destinadas a ser explotadas, en el trabajo, casi como esclavas, y a veces incluso en la industria del sexo.
Sin embargo, estas situaciones de explotación son pocas veces denunciadas. Y es una gran incoherencia de nuestra sociedad democrática. Todos estamos de acuerdo que la esclavitud es mala y que atenta contra la libertad, pero toleramos y callamos ante este otro tipo de esclavitud, como son los horarios excesivos de trabajo y la explotación sexual.
¿Quién hace algo por estas mujeres, que lejos de su hogar y de los suyos, son forzadas a realizar prácticas contrarias a su dignidad? Recientemente, Benedicto XVI reiteró la condena de Juan Pablo II contra la difundida cultura hedonista y comercial que promueve la explotación sistemática de la sexualidad (Mensaje, 18.X.05).
El Santo Padre manifestó que el tema de la esclavitud sexual de las migrantes presenta «todo un programa de redención y liberación, del que los cristianos no pueden desentenderse». Todos debemos participar en ese rescate de la mujer explotada.
Le propongo uno modo de hacerlo: fomentar que nuestros familiares y nuestras amistades no asistan a los lugares donde se realiza esta explotación. Nadie tiene derecho a divertirse a costa de la esclavitud de nadie.

Correo: lfvaldes@gmail.com
http://columnafeyrazon.blogspot.com
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