domingo, 30 de octubre de 2005

La Navidad, ¿mito o realidad?

Luis-Fernando Valdés

Cada vez que llega la Navidad, nos sorprende constatar la buena acogida que tiene esta celebración. Y se festeja en innumerables países de los cinco continentes, ya sea con sentido religioso, ya sea con un afán meramente conmemorativo. Pero ¿cuál es la razón de esta aceptación cordial de la Navidad, por parte de tantos millones de personas?
Seguramente, la Navidad fascina porque todos sospechamos, de alguna manera, que el nacimiento de ese Niño tiene algo que ver con los más profundos anhelos y esperanzas humanas, como el amor, la esperanza, la paz, la concordia y la salvación del mal que aflige a la humanidad.
Todas las personas tenemos esos deseos y sentimientos en lo profundo del corazón. Y los cristianos afirmamos que Jesús, cuyo nacimiento celebramos, es quien colma esas aspiraciones, porque es Dios hecho ser humano, como nosotros. ¿No es muy pretencioso afirmar que la respuesta para todos la posee sólo un grupo de creyentes?
Sí, lo es. Más aún, es casi una falta de respeto a nuestra sociedad, que ha adquirido el pluralismo al costo de renunciar a hablar de la verdad, de una verdad válida para todos.
Es fácil admitir que son comunes a todos los sentimientos y las esperanzas, de los que nos habla la Navidad. Y, desde el siglo XIX, han querido descubrir en la Navidad cristiana el resumen de los mitos de culturas más antiguas, que también buscan colmar sus anhelos en la encarnación de un dios. Esto equivale a decir que la Navidad es muy popular, porque es un mito común a todas las culturas.
En el siglo XX, se superó parcialmente esta visión del cristianismo como recopilación de mitos de otras religiones. Y se llegó a la conclusión de que el único origen del cristianismo se encuentra en el judaísmo. Pero la objeción prevaleció: el cristianismo seguiría siendo un mito, y por lo tanto, no sería válido para todos.
También se descubrió que el mito es un género literario, que sirve para transmitir un mensaje especial o importante. El mito emplea imágenes y narraciones para destacar la importancia de ciertos personajes y sus proezas. Sin embargo, esas metáforas no tendrían nada que ver con la realidad.
La Navidad cristiana utiliza, pues, el género mítico para celebrar que Dios «bajó del cielo», «se encarnó de María Virgen, por obra del Espíritu Santo», y «se hizo hombre». Y todos están de acuerdo que este «mito» resume las aspiraciones de muchas personas. Pero ¿es posible que este mito sea verdadero, de modo que sea válido para todos?
Algunos consideran que todo mito sólo expresan posturas subjetivas y sentimentales. Pero no es así, porque la expresión mediante símbolos también hace referencia a la realidad, pero de una manera distinta a las descripciones científicas o matemáticas.
Los mitos no son falsos por el hecho de mitos. Son falsos, cuando lo que narran no se verificó en la historia. A diferencia de los mitos paganos, el cristianismo se presenta como mito que es, a la vez, un hecho histórico. El Evangelio de San Lucas afirma que el nacimiento de Jesús ocurrió en el tiempo y en el espacio: en Belén, cuando César Augusto era el emperador romano, y Quirino el gobernador de Siria (Lc 2,1-2).
Como afirma C. S. Lewis, la historia de Cristo es más bien «el más alto mito», porque en ella el mito se hace realidad. Por eso, la Navidad antes que ser una celebración mundial es un pregunta para cada uno: ¿Y si fuera verdad...? ¿Y si se ha hecho realidad lo que, como eco de un ansia inmensa y de una expectativa todavía confusa, se dice en tantos mitos?

Correo: lfvaldes@gmail.com
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