domingo, 26 de febrero de 2012

“No más armas”


Año 8, número 355.
Luis-Fernando Valdés

La crisis de la seguridad pública se agudizó con el motín del Penal de Apodaca, N.L., en el cual murieron 44 reos y se fugaron 30 presos. Este indignante hecho nos hace reflexionar, una vez más, sobre el tráfico de armas, que es una de las causas de la violencia generalizada.

Recientemente, el Gobierno Federal ha hecho un llamado a los Estados Unidos para reducir el tráfico de armas. Y, por otro lado, la Santa Sede hizo un llamado en la ONU para combatir el comercio de armamento. Son voces independientes entre sí, que reflejan lo que los ciudadanos pedimos: que el lucro de los armeros no se puede poner por encima de la paz de nuestra Nación, ni por arriba de las vidas humanas.

El espectacular fue hecho con tres toneladas
de armas destruidas.
El pasado 16 de febrero, en Ciudad Juárez, el Presidente Felipe Calderón presenció la destrucción de 7 mil armas de todos los tipos y calibres decomisadas a los narcotraficantes [Noticia]. Y, pocas horas después, en el puente internacional con El Paso, Texas, develó un espectacular con el lema “No more weapons!” (“No más armas”), que fue elaborado por elementos del ejército con material de fusiles de asalto y revólveres decomisados al crimen organizado. Las letras del espectacular equivalen a tres toneladas de material de armas de fuego. [Noticia]

El Primer Mandatario señaló que este monumento es como un recordatorio del reclamo que México le hace a Estados Unidos, para que detenga el paso ilegal de armas con las que se apertrechan los criminales.

Calderón Hinojosa argumentó que uno de los principales factores que fortalece a los cárteles es el lucro desmedido de la industria armamentista, la cual defiende la venta indiscriminada de productos bélicos para preservar sus intereses.

Y el pasado 13 de este mes, el arzobispo Francis A. Chullikatt, Observador Permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas, intervino en la IV sesión del Comité Preparatorio de la Conferencia ONU sobre el “Tratado del comercio de armas”. [Noticia]

Mons. Chullikatt explicó que, para la Santa Sede, el principal objetivo del Tratado debería ser “no solamente reglamentar el comercio de armas convencionales, sino también, y sobre todo, el de ‘desarmar’ el mercado ilícito internacional de las mismas”.

El Prelado sostuvo que la ausencia de reglas y de transparencia en el comercio de armas tiene una serie de consecuencias humanitarias: “se retrasa el desarrollo humano integral; aumenta el riesgo de conflictos y de inestabilidad; peligra el proceso de paz y se facilita la difusión de una cultura de violencia y criminalidad”.

Después de repasar ambos discursos, parece claro que lo que el Observador vaticano afirmó en la ONU se cumple claramente en nuestro País. De manera que, mientras la industria armamentista no esté sujeta a regulación y el tráfico de armas no se reduzca, los conflictos armados en México no parecen tener solución a corto plazo.

Esta situación es una muestra clara de que, en Occidente, la visión comercial prevalece sobre el enfoque humanista. El dinero está por encima de las personas, y el lucro justifica toda la violencia generadas por las armas puestas en manos de los criminales.

Pero esto nos permite llegar al fondo del problema: la visión del hombre. Mientras el ser humano sea considerado como medio y no como fin, como consumidor y no como hijo de Dios, el dinero seguirá siendo el criterio supremo de nuestra civilización. Por eso, hace falta que los ciudadanos retomemos el verdadero humanismo, que ponga al ser humano como centro de la vida económica, para que el grito “no more weapons” sea realmente escuchado.

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