domingo, 10 de julio de 2011

“Periodismo amarillo” para “lectores amarillos”

Año 7, número 323

Luis-Fernando Valdés

Este domingo 10 de junio, apareció el último número del diario británico “News of the World”. La causa del cierre de este tabloide, famoso por publicar escándalos, es conocida: espionaje. Pero la pregunta no es: ¿por qué espiaban?, sino ¿por qué millones de lectores necesitaban notas sensacionalistas?

Último número del tabloide inglés,
cerrado por espionaje.
El pasado 7 de julio se dio a conocer que este diario inglés había espiado a familiares de soldados muertos en Irak y Afganistán. Se supo también que el rotativo había espiado a casi cuatro mil personas.

Para paliar la indignación popular, el australiano Rupert Murdoch, dueño también de “The Wall Street Journal” y la cadena “Fox News”, decidió clausurar su diario más vendido, que tenía una difusión dominical de más de 2.6 millones de ejemplares.

El “News of the World” nos hace recordar que la expresión “prensa amarilla” se originó durante la “batalla periodística” entre el diario “New York World”, de Joseph Pulitzer, y el “New York Journal”, de William Randolph Hearst, de 1895 a 1898. Ambos periódicos fueron acusados de magnificar cierta clase de noticias para aumentar las ventas y de pagar a los implicados para conseguir exclusivas.

Un tercer diario, el “New York Press” acuñó el término “periodismo amarillo”, a principios de 1897, para describir el trabajo de aquellos rotativos, pues en inglés “yellow” significa tanto amarillo como cruel y cobarde (es.wikipedia.org:Prensa_amarilla).

Ante la caída del “News of the World”, un gigante de la prensa amarilla, es fácil pensar que este tipo de diarios son los únicos culpables de su clausura, por recurrir a medios ilegales para conseguir noticias llamativas.

Pero eso, en realidad, es la superficie de un círculo vicioso en la relación periódico y lector. El diario amarillo ofrece un producto que atrae la parte débil y curiosa del lector; y éste, una vez iniciado en el consumo de morbosidad, pide escándalos cada vez más fuertes; y la prensa entonces tiene que buscar notas más escandalosas, para satisfacer tal demanda.

Se trata de una relación entre la avaricia del empresario de los medios y la curiosidad malsana de los lectores. Ambos son responsables, aunque los dos suelen excusarse: el periódico afirma que la gente es libre de comprar o no su producto, y que son los lectores mismos los que piden ese tipo de noticias; los lectores se limitan a quejarse que “esto es lo que hay” y continúan comprando ese tipo de diarios.

La clausura de este periódico londinense nos confirma que este círculo vicioso es una realidad. Este periódico cayó porque cometió un grave delito, pero ¿acaso no debió haber sido cerrado desde hace años, porque los mismo lectores como protesta hubieran dejado de comprarlo?

Queda al descubierto que los millones de lectores de prensa amarilla son un público pasivo, pues compran lo que les ofrecen, sin importar el contenido; o peor aún, que estos consumidores de noticias tienen el vicio de la morbosidad.

La solución es difícil. Se requiere de una actitud ética comprometida en cada lector. En cambio, resulta sencillo ser un “lector amarillo” (cobarde), y consumir este tipo de prensa, pues no hay que darle cuentas a nadie del mal efecto que esto conlleva para la sociedad.

Y este anonimato de comprar un tabloide lleno de morbo, dejando de lado el compromiso personal de ser un lector exigente, es lo que alimentó al “monstruo” y lo hizo crecer. Ya sucumbió el “gigante amarillista”, pero ¿cuándo caerá la curiosidad de los millones de lectores amarillos? ¿hasta cuándo dejaremos de ser lectores pasivos?

lfvaldes@gmail.com
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