domingo, 17 de julio de 2011

Derecho a las armas, ¿por encima de todo?

Año 7, número 324

Luis-Fernando Valdés

El Presidente Obama estableció unas normas para regular las ventas múltiples de rifles de alto poder a compradores frecuentes en los estados fronterizos (11.VII.2011); pero tuvo una rápida respuesta de la Asociación Nacional del Rifle (NRA) que amenazó con un boicot, y luego los republicanos sacaron del presupuesto todo gasto destinado a implementar esta normas. ¿Por qué tal reacción ante el control de armas?

La legisladora demócrata de Nueva York,
Carolyn Maloney, al presentar la iniciativa de ley
para limitar el tráfico de armas.
Ante el fracaso de la iniciativa “Rápido y furioso”, el gobierno norteamericano tuvo que reaccionar para frenar el tráfico de armas hacia México, pues mientras los narcos sean provistos de ellas, la guerra en nuestro País tendrá pocos visos de solución. Sin embargo, esta nueva ley ha tocado un punto capital de la cultura liberal.

El derecho a portar armas tiene dos ópticas: depende desde cuál lado del Río Bravo se mire. Para los norteamericanos en general, se trata de un derecho sancionado por la Segunda Enmienda de su Constitución política. Para México y América Latina, se trata de la fuente del tráfico de armas del que se abastecen los narcotraficantes y demás grupo violentos.

Mientras que para unos es una cuestión jurídica, un derecho ciudadano, para otros es un problema profundamente grave: ya son más de 35 mil muertos en la Guerra del narcotráfico durante este sexenio. ¿Qué clase de derecho es éste, que conlleva tantas pérdidas humanas?

Se trata de un derecho que ha perdido el punto de referencia. Todo ser humano tiene derecho a defenderse; y, para hacerlo, puede poseer armas: esto es innegable (y así lo sanciona el Art. 10 de nuestra Carta Magna). Pero este derecho tiene límites, entre ellos la existencia de reglamentos, la obligación de registrar las armas y la restricción del calibre permitido a los civiles.

Sin embargo, la NRA no tiene en cuenta estos aspectos, pues considera las restricciones como un atentado contra este derecho. La NRA cuenta con el “Institute for Legislative Action”, que tiene como finalidad trabajar “vigorosamente para derrotar (defeat) la legislación de control restrictivo de las armas, y pasar a una legislación a favor de las armas” (home.nra.org).

No todos los derechos tienen igual valor. Hay una jerarquía entre ellos. Primero está el derecho a la vida, que sustenta todos los demás. Luego vienen los derechos que facilitan esa vida y después están los derechos a vivir en una sociedad, y ser respetado por ella. Sólo entonces adviene el derecho a defenderse, que incluye la posesión de armas.

Pero el NRA parece poner al mismo nivel el derecho a la vida y la posesión de las armas. Y no es retórica: es un hecho que el libre comercio de armas en Estados Unidos ha sido el factor que ha permitido a los cárteles mexicanos el adquirir armas con las que han asesinado a miles y miles de personas. Y la reacción del NRA ante las nuevas normas ha sido protestar con fuerza, como si este derecho secundario fuera primario.

La NRA cuenta con unos 4 millones de socios. Es un numero importante, sin duda; pero es minúsculo en el conjunto: son cerca de 310 millones de estadounidenses y cerca 110 millones de mexicanos. La presión política y económica, que la NRA puede ejercer en las Cámaras legislativas del Vecino del norte, parece superar el sufrimiento de México y todo América Latina.

Esperemos que el sentido común y el clamor silencioso de centenares  de millones de personas se impongan, y se implemente con eficacia la restricción de venta de armas en Estados Unidos; de esto depende en gran parte la paz de nuestro País.


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