domingo, 8 de mayo de 2011

Sabinas: mineros dos veces sepultados


Año 7, número 314
Luis-Fernando Valdés

El Pozo 3 de una mina del ejido Sabinas explotó y 14 mineros quedaron atrapados. De inmediato las autoridades federales y estatales acudieron a lugar, sólo para “descubrir” lo que muchos ya sabíamos: las malas condiciones laborales de los mineros del carbón. ¿Hasta cuándo esto cambiará?

Soy coahuilense por nacimiento y crianza. En Sabinas, mi ciudad natal, sucedió este lamentable suceso. Este tipo de noticias fueron parte de mi infancia: crecimos con la continua alusión a explosiones que habían ocurrido años antes, en diversas minas de la Región carbonífera de mi Estado; y la reciente tragedia de Pasta de Conchos con sus 65 mineros fallecidos sigue viva en los recuerdos de todos (19.II.2006).

La noticia del estallido por acumulación de gas metano en el Pozo 3 de la Minera Binsa, el pasado martes 3 de mayo, desató una importante movilización de salvamento, seguramente por el buen ejemplo del rescate de los mineros chilenos.

Y junto a las labores de salvamento, se han hecho presentes las declaraciones de empresarios y funcionarios federales. Se trata de una continua retahíla de acusaciones y de excusas, sobre las precarias condiciones laborales de los mineros.

Los reclamos de las autoridades federales hacia los dueños de las minas de carbón de esta zona del país hacen referencia a que operan sin permiso, que los mineros carecen de las condiciones seguridad y que, en muchos casos, no tienen contrato colectivo de trabajo ni afiliación al Seguro Social.

Por su parte, el dueño de la mina, Melchor González Vélez  declaró en una entrevista a Grupo Milenio que el ir en contra de las leyes es lo que le permite generar empleo para quien busca dinero para el sostenimiento de sus familias.

Estas declaraciones ponen de manifiesto una situación de carácter ético, que domina la relación obrero-patronal presente en la vida económica de nuestro País. No son pocos los empresarios buscan ganar más pagando poco a los empleados y ofreciéndoles malas condiciones de trabajo. Por su parte, los trabajadores no tienen más remedio que aceptar esos empleos, si desean que sus familias no sufran de hambre. Y a esto habría que sumarle la corrupción de no pocos inspectores gubernamentales.

Benedicto XVI ha señalado que estos factores éticos han sido la causa importante de la reciente crisis financiera mundial y que, si no son tomados en cuenta, no se podrá superar ninguna dificultad económica.

El Papa explica que “pueden y deben tener espacio en la actividad económica ordinaria” tanto “los principios tradicionales de la ética social, como la trasparencia, la honestidad y la responsabilidad”, como “el principio de gratuidad y la lógica del don, como expresiones de fraternidad” (Encíclica “Cáritas in veritate”, n. 36).

Hace falta en nuestro País una nueva cultura, en la que los trabajadores no sean considerados sólo una pieza en la cadena de producción, y en la que las ganancias dejen de ser el objetivo central de la actividad económica. Se trata de repensar un sistema de relación laboral en el cual  “el primer capital que se ha de salvaguardar y valorar es el hombre, la persona en su integridad” (“Cáritas in veritate”, n. 25).

Los 14 mineros fueron sepultados por una explosión de gas; pero junto con ellos, innumerables trabajadores siguen atrapados en las “minas” de una economía basada en los beneficios económicos, en la que las condiciones laborales sólo son un costo que se debe reducir. ¿Habrá que esperar otra tragedia para cambiar esta situación?

lfvaldes@gmail.com
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