domingo, 30 de marzo de 2008

Los “emos”, alerta social

Luis-Fernando Valdés

La cultura “emo” ha sido noticia en lo que va del mes. Por una parte, hay que mencionar las agresiones sufridas por algunos jóvenes “emotivos”, y por otra, cabe destacar un reciente boletín de la Dirección General de Ciencias Sociales de la UNAM, en el que se describe el perfil psicológico de estos muchachos. Ante estos episodios violentos ¿basta con dar una mera descripción sociológica? ¿es suficiente exhortar a la tolerancia? ¿No deberíamos ir a la causa más profunda y esencial?
Aunque en el citado boletín, el Prof. Héctor Castillo Berthier explica que los “emos” no son una “tribu social”, las agresiones recibidas por estos jóvenes han sido obra de “tribus”, como los “punks”. Y la presencia de estos grupos sociales es una muestra de que algo no va bien en nuestra sociedad y en nuestro sistema educativo, hasta el punto de que un grupo muy numeroso de adolescentes deja a sus familias para asumir este estilo de vida, como protesta hacia los valores sociales establecidos. ¿Cómo pedirles a estos grupos urbanos que vivan la tolerancia, cuando su modo de vida se caracteriza precisamente por no seguir los valores de la mayoría?
En el estudio mencionado, el investigador Andrés Alcántara Camacho describe muy bien las características de los “emos”. Algunas de ellas nos invitan a la reflexión. Por ejemplo, el 40 por ciento de los adolescentes que se dicen ser “emos” presentan tendencias suicidas debido a su perfil psicológico depresivo; la vestimenta no permite a veces distinguir su género, pues igual se visten hombres y mujeres, y además son extremadamente delgados y se cortan cara y brazos con navajas para cubrirlas con el cabello y adornos, como una manera de rebelión ante sus padres o el mundo.
Un moviento cultural –aunque no esté establecido formalmente– que invita a no controlar las emociones o la tristeza, nos indica que posiblemente nuestra sociedad ha perdido de vista que la educación no es la mera transmisión de datos, sino una auténtica formación de la personalidad, que forja el carácter de modo que el educando sea capaz de dominar sus impulsos. Cuando un movimiento de estas características fomenta –o, al menos, solapa– el daño al propio cuerpo, o cuando no valora la diferencia entre lo masculino y lo femenino, observamos que la visión que tiene del ser humano es muy pobre. Por eso, la pregunta es urgente ¿nos debemos limitar a describir a los “emos”? ¿no será el momento de aceptar que hay un problema de fondo?
El núcleo de la cuestión radica en dos factores: la familia como formadora de valores y la educación pública como guía hacia la verdad. Al ver a tantos jóvenes que viven en “tribu”, no es difícil darse cuenta de que hay familias desintegradas o, al menos, disfuncionales. La familia es una realidad natural que, cuando se intenta “reinventarla” por medio de la legislación, deja de dar frutos de estabilidad y de sana convivencia. ¿Cómo pedir tolerancia a las personas que no han tenido un hogar donde aprender los valores fundamentales?
También la educación pública tiene un papel clave. Muchas problemas con estos grupos urbanos tienen su origen en el relativismo. Si desde niños se nos inculca que no existe la verdad, que nadie tiene la razón, lejos de hacernos tolerantes, lo que se fomenta es la pérdida de los valores. Algo falla en la educación cuando no se enseña la verdad sobre el hombre y sobre la familia. No basta describir a los “emos”, no es suficiente pregonar la tolerancia: hace falta redescubrir y proteger a la familia.

Correo: lfvaldes@gmail.com
http://columnafeyrazon.blogspot.com
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