domingo, 23 de marzo de 2008

Los “Coliseos” de hoy

Luis-Fernando Valdés

Celebramos hoy la fiesta más solemne de la Iglesia Católica: la Resurrección del Señor. Así se concluye la Semana Santa. Me gustaría destacar un evento importante de estos días: el Vía Crucis celebrado el Viernes Santo, en el Coliseo de Roma. Como cada año, esta ceremonia fue presidida por el Santo Padre, quien pidió al Cardenal de Hong Kong que prepara el texto que ahí se leería. ¿Por qué un obispo chino? ¿Hay algún mensaje de la Santa Sede para China, por los conflictos en el Tibet, además justo en el año de las Olimpiadas de Beijing?
El Autor de la versión 2008 del Vía Crucis es el Cardenal Joseph Zen Ze-Kiun, Obispo de Hong Kong, que nació en 1932 en China continental. Tuvo que huir de Shangai a Hong Kong, cuando los comunistas bombardearon el convento donde vivía. Fue ordenado sacerdote en 1961. En 1996 fue nombrado obispo coadjutor de Hong Kong, por Juan Pablo II, y en septiembre de 2003 quedó al frente de esa diócesis. Es conocido por hacer frente al gobierno comunista chino, para defender la libertad de la Santa Sede para canonizar a los mártires de aquel país, para expresar sus reservas a la ley “anti-subversión”, que facilita la violación de los derechos civiles y políticos de los ciudadanos chinos, y para presionar que sea respetado el derecho a la educación católica. Fue creado cardenal por Benedicto XVI, en marzo de 2006.
La costumbre de meditar y rezar el Via Crucis hace presente las 14 “estaciones” o momentos del camino de Jesús hacia el Calvario y hasta su sepultura. Este año, en cada estación se leyeron los textos bíblicos que relatan la Pasión, comentados por el Cardenal Ze-Kiun. El prelado centró sus meditaciones en los "mártires vivientes” del siglo XXI, y señaló que “probablemente ellos, más que nosotros hoy, han vivido en su cuerpo la Pasión de Jesús”, porque en ellos “Jesús ha sido de nuevo arrestado, calumniado, torturado, escarnecido, arrastrado, aplastado bajo el peso de la cruz y clavado en aquel madero como un criminal”.
Estas reflexiones fueron leídas en el Coliseo de Roma, “que nos recuerda tantos siervos y siervas (de Cristo), que hace siglos, entre el rugido de los leones hambrientos y los gritos de la muchedumbre que se divertía, se dejaron desmembrar y golpear hasta la muerte” por su fidelidad a Jesucristo. En este Vía Crucis, que fue rezado ante el Papa Benedicto XVI y transmitido por televisión a millones de espectadores en el mundo, el Cardenal chino se refirió a los modos actuales de opresión: la multitud de inocentes han sido condenados a sufrimientos atroces; los que detentan la autoridad como instrumento de poder y no se preocupan de la justicia; las torturas de tipo psíquico “que no son un tormento menor que las corporales”; la Iglesia perseguida y el sufrimiento de las madres de tantos jóvenes perseguidos y hechos prisioneros por causa de Cristo.
En el núcleo de estas reflexiones, Mons. Ze-Kiun destacó el laicismo de tantas revoluciones, que prometen una redención humana como si fueran una religión sin Dios. Y puso en guardia sobre la ilusión de sacrificar la propia vida, cuando no se cuenta con Dios. “Existen ateos llenos de valor dispuestos a sacrificarse por la revolución: están dispuestos a abrazar la cruz, pero sin Jesús”, pero “sin Jesús la cruz resulta insoportable”. Una vez más, la Iglesia se convirtió en la voz de los que no tienen voz, de los que sufren en los Coliseos de la falta de libertad religiosa, no sólo en China, sino en todo lugar donde hablar de Dios resulta peligroso.
Correo: lfvaldes@gmail.com
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