martes, 19 de febrero de 2013

Un intelectual al servicio de la esperanza


Especial: Sede Vacante, núm. 8.
Luis-Fernando Valdés

Benedicto XVI es reconocido como un pensador muy importante de nuestra época, incluso por los que no comparten sus creencias. El Papa Ratzinger ha sabido entender los problemas de nuestra época y ofrecer soluciones basadas en la fe. ¿Conoces las claves de su Magisterio?

Desde su época docente,
el futuro Papa buscó dar sentido
y esperanza al mundo de hoy.
Cuando la Primera Ministra de Alemania, Angela Merkel, supo de la noticia de la dimisión del Papa, comentó que Benedicto XVI Canciller era “uno de los más importantes pensadores religiosos de nuestro tiempos.”

El prestigiado intelectual mexicano, Jesús Silva-Herzog Márquez, nada partidario del Papa, reconoce “en Ratzinger a uno de los pensadores contemporáneos más lúcidos, más eruditos y más profundos de nuestro tiempo. (…) Que represente el polo opuesto de mis convicciones no me lleva a negar su corpulencia intelectual, su finura filosófica y el desafío que esa inteligencia representa para el pensamiento contemporáneo” (“El expapa”, 18.feb.2013).

Esta finura intelectual ha sido utilizada por el Santo Padre para comprender a fondo nuestra época contemporánea y proponer – mediante su Magisterio pontificio– de manera nueva y fresca la doctrina católica de siempre. Para eso escribió sus tres encíclicas y algunas exhortaciones apostólicas.

La reciente Carta que la Conferencia del Episcopado Mexicano dirigió al Santo Padre, para agradecerle sus años como Pontífice, nos ofrece un excelente resumen de los documentos elaborados por el Papa, que transcribo a continuación.

“Gracias, Santidad, por testimoniar que Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él (1 Jn 4, 16); que es en la cruz donde se debe definir qué es el amor, y que la unión con Cristo es al mismo tiempo unión con todos los demás a los que él se entrega (cfr. Deus Caritas est, nn. 1, 12,14).

Gracias por recordarnos que la esperanza es distintivo de los cristianos; que llegar a conocer a Dios es lo que significa recibir esperanza (cfr. Spe salvi, nn. 1,3).

Gracias por ayudarnos a tomar conciencia que, siendo destinatarios del amor divino debemos convertirnos en instrumentos de su caridad, asumiendo solidariamente nuestras responsabilidades para favorecer un desarrollo integral, del que nadie quede excluido (cfr. Caritas in veritate, nn. 5 y 10).

Gracias Santo Padre por enseñarnos que quien conoce la Palabra divina conoce plenamente el sentido de cada criatura y es capaz de edificar la propia vida, entablando relaciones animadas por la rectitud y la justicia, empeñándose en la nueva evangelización (cfr. Verbum Domini, n. 6, 100 y 122).

Gracias por hacernos ver que en la Santísima Eucaristía, Jesucristo viene a nuestro encuentro; nos acompaña y nos enseña la verdad del amor, que es la esencia misma de Dios, que nos impulsa a transformar las estructuras injustas para restablecer el respeto de la dignidad humana (cfr. Sacramentum Caritatis, nn. 1,2, 72 y 89).”

Si analizamos despacio la actitud de Benedicto XVI llama la atención como ha puesto toda su inteligencia al servicio no sólo de la Iglesia, sino de toda la humanidad. Sus enseñanzas se pueden resumir como un intento de darle sentido –desde la fe y el amor, apoyado en las Escrituras– a las realidades humanas más profundas: la dignidad humana, la afectividad, la economía global, la solidaridad y el desarrollo.

Sin duda, el Papa Joseph Ratzinger ha intentado a lo largo de su carrera académica y eclesiástica devolver la esperanza a nuestro mundo contemporáneo, que se hunde en el oleaje de la “dictadura del relativismo” y del “capitalismo salvaje”.
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