lunes, 18 de febrero de 2013

Manzanas podridas


Especial: Sede Vacante, núm. 7.
Luis-Fernando Valdés

Una dura sospecha flota en torno a la renuncia papal: si Benedicto XVI dimitió por no haber podido resolver el escándalo de la pederastia en la Iglesia. ¿Sabías que el Papa ha dado una ejemplar y eficaz batalla para sacar las “manzanas podridas” del clero católico?

Benedicto XVI no fue un Papa de transición, como inicialmente algunos esperaban, sino un Pontífice con una agenda clara, que buscó enfrentar y resolver las crisis de la Iglesia católica. Quizá la peor de todas ellas fue la pederastia.

Desde su época de Prefecto,
el Papa Ratzinger tomó medidas
para castigar a los pederastas.
La Iglesia, actualmente, cuenta con unos procedimientos bien definidos para atender los abusos sexuales a menores por parte de clérigos. Esta normativa es muy estricta y está diseñada para ayudar a las víctimas. Quizá la mayoría de la gente no sabe que el entonces card. Ratzinger tuvo un papel muy relevante en la elaboración de este protocolo.

Joseph Ratzinger fue el pionero en buscar la erradicación de la pederastia en la Iglesia. Cuando era el Prefecto para la Doctrina de la Fe, dio el primer paso que consistió en el envío una carta, fechada el 19 de febrero de 1988, en la que alertaba a la Curia que el sistema penal (vigente desde 1983) no facilitaba expulsar a los sacerdotes que fueran “culpables de graves y escandalosos comportamientos”.

El siguiente paso para combatir la pederastia fue una reforma en la Curia romana, el 28 de junio de 1988. El card. Ratzinger preparó la normativa que establecía claramente la jurisdicción penal respecto de los “delitos más graves cometidos contra la moral”, que pasaba a ser exclusiva de la Congregación para la Doctrina de la Fe, la cual podía ya “imponer sanciones canónicas a tenor del derecho”.

El entonces Prefecto tuvo una iniciativa más, que consisitó en cambiar el modo de la aplicación del derecho penal en la Iglesia. El Cardenal alemán solicitó a Juan Pablo II facultades especiales que le permitieran intervenir por vía administrativa en este situaciones penales, ahorrándose así los largos procesos. [Saber más de esto]

Ya como papa, Benedicto XVI siguió esta misma línea de enfrentar directamente los abusos cometidos. Son muy significativas la suspensión del Padre Maciel, y la petición de la renuncia a varios obispos irlandeses, que se habían limitado a cambiar de parroquia a los clérigos pederastas, sin suspenderlos de sus funciones. [Dossier mío sobre el Papa y los pederastas]

Dar una valoración definitiva sobre esta crisis en la Iglesia no es nada sencillo. Por una parte, la realidad del encubrimiento de los culpables sí ha causado desilusión y desconfianza por parte de no pocos fieles católicos. Pero por otra, se requiere de un enfoque ponderado, ya que los sacerdotes que han cometido este grave delito son una pequeña parte del clero mundial.

Además, el Vaticano durante el pontificado del Papa Ratzinger ha tomado importante decisiones tanto para buscar la erradicación de este problema, como para atender a las víctimas. Estas normas han dado luegar a un dossier conocido como “La respuesta de la Iglesia”.

El Papa defensor de la verdad ha tenido el valor de aceptar que esta crisis “no procede de los enemigos externos, sino que nace del pecado en la Iglesia y que la Iglesia, por tanto, tiene una profunda necesidad de volver a aprender la penitencia, de aceptar la purificación, de aprender, de una parte, el perdón, pero también la necesidad de la justicia” (11.V.2010).

Se le reconozca o no, Benedicto XVI ha puesto unas mejores bases para el siguiente pontificado, ya que ha realizado una desgastante labor de limpieza en el clero, que ayudará a que los creyentes –católicos o no– recuperen la confianza en la Iglesia.
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