domingo, 19 de agosto de 2012

Pussy Riot: derechos en pugna


Año 8, número 381
Luis-Fernando Valdés

El grupo ruso de rock “Pussy riot” ha saltado a la fama por enfrentarse al Presidente Putin. Recientemente fueron condenadas sus integrantes a dos años de prisión por protestar dentro de la Catedral ortodoxa. Y la opinión pública mundial se alzó contra el gobierno ruso. Sin embargo, ¿sabrán los manifestantes lo que está de fondo?

Quizá ni al más experto guionista se le hubiera ocurrido una historia de intriga tan complicada, en la que se mezclan el Presidente de Rusia, la Iglesia ortodoxa, un grupo de rock, movimientos feministas y la opinión pública mundial.

Las integrantes del grupo rock,
al momento de escuchar la sentencia.
Los medios no paran de publicar las protestas de importantes artistas. Paul McCartney, Madonna, Björk, Sting, Red Hot Chili Peppers, entre otros, manifestaron su rechazo a la sentencia, y exigieron libertad de expresión. Pero un apoyo de esta magnitud puede hacer que la opinión pública internacional considere a estas cantantes unas “mártires de la libertad”, sin cuestionar cuáles fueron los hechos.

De la noche a la mañana este grupo ruso se hizo mundialmente famoso. Pero, ¿quiénes son realmente las “Pussy riot”? Se trata de Nadezhda Tolokonnikova, de 22 años; Maria Alyokhina, de 24; y Yekaterina Samutsevich, de 30.

El periodista de AP, Mansur Mirovalev, explica que este conjunto es “musicalmente precario”, pues toda su obra se reduce a seis canciones y cinco videos. “Con una grabación precaria y un canto compuesto de repeticiones y alaridos, las cantantes feministas fueron desestimadas por muchos críticos y oyentes por considerarlas no profesionales, provocadoras y obscenas”. Sin embargo, esos videos fueron el detonador del movimiento de protesta contra la reelección de Vladimir Putin.  [Terra.com, 18.VIII.2012]

Las cantantes fueron arrestadas en marzo después de irrumpir encapuchadas en la Catedral ortodoxa de Moscú, durante una Misa. “Virgen María, echa a Putin”, cantaron estas mujeres mientras se desprendían de sus ropas hasta bailar en ropa interior y tocar la guitarra. [Notimex, 17.VIII.2012]

La juez Marina Syrova dijo en su veredicto que las acusadas “cometieron vandalismo motivadas por su intolerancia religiosa”, ofendiendo a muchos creyentes. Rechazó los argumentos de la defensa de que las artistas estaban protestando por el apoyo de la Iglesia ortodoxa a Putin y que su intención no era herir los sentimientos de los creyentes. [Milenio.com, 18.VIII.2012]

¿Qué está en juego? Hay dos derechos humanos que corren el riesgo de ser contrapuestos. Por una parte, el derecho de libertad de expresión y, por otra, el respeto a las creencias religiosas.

Todo mundo tiene derecho a dar a conocer su opinión sobre sus gobernantes, pero al manifestar sus convicciones políticas las chicas de “Pussy riot”, atropellaron la religión, pues profanaron un templo, interrumpieron el culto e hirieron la sensibilidad de los creyentes con la letra de su canción.

No defiendo al Premier ruso ni la política de la Iglesia ortodoxa, pero las cantantes le dieron argumentos a Putin para encerrarlas, pues sí cometieron un delito contra la religión. Desde el punto de vista jurídico no hay nada que objetar, aunque esta sentencia parecería una venganza política, que utiliza a la religión como pretexto.

Las protestas internacionales claramente apuntan al Presidente reelecto, pero pagan un precio muy caro, el de atropellar el derecho al culto, y el de apoyar la falta de respeto hacia los gobernantes y jerarcas religiosos.

¿Pueden ser icono de la libertad de expresión unas personas que para defender un derecho humano atropellan otro? ¿Más que mártires, no serán más bien la carne de cañón utilizada por los opositores de Putin?

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