domingo, 8 de abril de 2012

¿Hay motivos de esperanza?

Año 8, número 362.
Luis-Fernando Valdés

Hoy es domingo de Pascua, día en que la Semana Santa llega a su culmen. Mientras muchos apuran sus últimas horas de vacaciones, otros tenemos la oportunidad de tener un rato largo para meditar. Quisiera sugerir que reflexionemos sobre el mensaje espiritual que Benedicto XVI nos dirigió en su reciente visita apostólica. El Papa habló de esperanza, pero ¿realmente podemos tenerla? ¿no será mera retórica?

El Papa vino a México expresar un mensaje religioso, de esperanza, en medio de la crisis de paz y de pobreza por la que pasa nuestro País. Sin embargo, todo esto se entiende sólo en un contexto espiritual, que al que se contraponen a dos visiones diferentes.
Benedicto XVI saluda a los fieles, durante la
Misa en el Parque Bicentario (25.III.2012)

Por una parte, están las visión politizada de la visita papal, como han sugerido algunos medios, ya que el viaje apostólico se realizó en el tiempo previo a las campañas presidenciales. Y por otra, está la interpretación reduccionista que sugiere que un mensaje religioso se debe quedar sólo en el aspecto devocional (rezar, meditar, cantar), y que no toma en cuenta que un discurso religioso puede contener una respuesta muy profunda a las inquietudes humanas y a los problemas actuales.

Para comprender el mensaje del Papa, hay que aceptar que no es un discurso político ni tampoco devocional sino “sapiencial”. Ciertamente se apoya en un mensaje revelado, del cual se puede aceptar o no su origen divino, pero es innegable que esta sabiduría milenaria da luz a los problemas de cada época, incluida la nuestra.

El Santo Padre se presentó “como peregrino de la fe, de la esperanza y de la caridad”, que deseaba “confirmar en la fe a los creyentes en Cristo, afianzarlos en ella” (Discurso, 23.III.2012). Con sus discursos y homilías no buscaba dar soluciones inmediatas. Más bien, quería ayudarnos a descubrir que las duras circunstancias por las que atravesamos son susceptibles de tener sentido, el cual sólo se percibe desde una óptica religiosa, sapiencial.

Benedicto XVI quiso mostrar que también hoy el Evangelio es capaz de transformar a las personas que viven inmersas en circunstancias críticas, y por eso les puede dar una esperanza verdadera.  “Como peregrino de la esperanza –afirmó el Papa–, les digo con san Pablo: ‘No se entristezcan como los que no tienen esperanza’ (1 Tesalonicenses 4,13). La confianza en Dios ofrece la certeza de encontrarlo, de recibir su gracia, y en ello se basa la esperanza de quien cree”.

Y, con audacia, el Obispo de Roma añadió que quienes experimentan esta esperanza se deben esforzar “en transformar también las estructuras y acontecimientos presentes poco gratos, que parecen inconmovibles e insuperables, ayudando a quien no encuentra en la vida sentido ni porvenir. Sí, la esperanza cambia la existencia concreta de cada hombre y cada mujer de manera real”.

A la vez, el Pontífice advirtió que el encuentro personal con Dios es la condición previa para poder conseguir los cambios que nuestra sociedad necesita. “Cuando se trata de la vida personal y comunitaria –afirmó–, en su dimensión más profunda, no bastarán las estrategias humanas para salvarnos. Se ha de recurrir también al único que puede dar vida en plenitud” (Discurso, 25.III.2012).

Entonces, Benedicto XVI nos dice que podemos dar un enfoque distinto a los problemas del País, y que incluso los podremos cambiar, si buscamos a Dios, si nos apoyamos en la fe, la cual le da un nuevo sentido a las adversidades de la vida. Ahí está la clave de la esperanza… Hoy es un buen día para reflexionar, para tomar en cuenta esta invitación.

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