domingo, 28 de agosto de 2011

Casino Royale: ¿servirá rezar?


Año 7, número 330
Luis-Fernando Valdés

Inimaginable que sucediera un acto terrorista en nuestro País, y menos en Monterrey. Nos unimos a las condenas del atentado al Casino Royale, y nos solidarizamos con las víctimas y sus familias. ¿Queda algo por hacer que sí esté en manos de los ciudadanos?

52 personas perdieron la vida
en el ataque terrorista al Casino Royale.
Ante la indignación generalizada, han surgido propuestas sobre lo que deberían hacer los tres niveles de gobierno: desde pactar tregua con los violentos (Ex-Presidente Fox) [ver], pedir a los grupos rivales que hagan una tregua (Senador Aguirre Fuentes, del PRD) [ver], hasta pedir ayuda internacional (Carlos Fuentes, escritor) [ver].

Sin duda son necesarias acciones a nivel gubernamental. Pero no son la únicas. Cuando los ciudadanos se limitan a esperar esas decisiones desde arriba, pierden su potencial personal y dejan de aportar las soluciones que sí están en sus manos.

En cada ciudadano hay una gran capacidad de participación y de influencia, con las que puede contribuir eficazmente a la solución del conflicto. Por ejemplo, acudir a votar y evitar la tentación de la abstención, participar en foros y blogs, apoyar las iniciativas de otros ciudadanos, evitar todo acto de corrupción pues ésta fue la semilla de la que surgió toda esta violencia, no volver a comprar artículos “piratas”, entre otras tantas iniciativas.

Y queda una acción más que siempre es eficaz, aunque no siempre se entiende bien: rezar. Sí, rezar es una de las mejores maneras de buscar la solución al conflicto. Pero, ¿a qué tipo de oración nos referimos?

Se trata de la oración que nos lleva a ser mejores personas para conseguir la bendición de Dios y la conversión de los malos. Benedicto XVI la explicaba recientemente [ver], al comentar un pasaje del  capítulo 18 libro del Génesis, que cuenta que la maldad de los habitantes de Sodoma y Gomorra era tan grande, que se requería que Dios las destruyera para frenar el mal.

Aquí interviene Abraham con su oración de intercesión, con la que pide el perdón para toda la ciudad, pues en ella hay también personas inocentes y lo hace apelando a la justicia de Dios. En efecto, dice al Señor: “Si hay cincuenta inocentes en la ciudad, ¿los destruirás y no perdonarás el lugar por los cincuenta inocentes que hay en él?” (v. 24b).

Y comenta el Papa: “Obviamente no se puede tratar a los inocentes del mismo modo que a los culpables, esto sería injusto”; se trata más bien de ofrecerles a los culpables “una posibilidad de salvación, porque si los malhechores aceptan el perdón de Dios y confiesan su culpa, dejándose salvar, no continuarán haciendo el mal, también ellos se convertirán en justos, con lo cual ya no sería necesario el castigo”.

En el relato bíblico, la destrucción de Sodoma debía frenar el mal presente en la ciudad, pero Abraham sabe que Dios tiene otros medios para detener el mal. Y anota el Santo Padre: “Es el perdón el que interrumpe la espiral de pecado, y Abraham, en su diálogo con Dios, apela exactamente a esto”.

Y concluye Benedicto XVI: “De hecho, el mal no puede aceptarse, hay que señalarlo y destruirlo a través del castigo: la destrucción de Sodoma tenía precisamente esta función. Pero el Señor no quiere la muerte del malvado, sino que se convierta y que viva; su deseo siempre es perdonar, salvar, dar vida, transformar el mal en bien”. Y eso es lo que pedimos cuando rezamos.

En manos de cada ciudadano está implementar este medio espiritual: procurar ser parte de esos justos por los que no será castigada la ciudad, y rezar –y perdonar– para que el mal por fin sea vencido por el bien. Nos hace falta más fe.

lfvaldes@gmail.com
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domingo, 21 de agosto de 2011

Claves de lectura


Año 7, número 329
Luis-Fernando Valdés

Un millón de jóvenes reunidos en Madrid. Pero las noticias de la semana se han centrado en las protestas por el supuesto pago de Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) con dinero del erario público, y en el estudiante católico mexicano planeaba atentar contra los opositores a la visita pontificia. Pero, ¿estas notas de portada son suficientes para explicar la presencia de tantos jóvenes en torno al Pontífice octogenario?

Benedicto XVI saluda a jóvenes
reunidos en Madrid.
Sin duda alguna, la presencia de Benedicto XVI en la JMJ puede ser interpretada desde varias perspectivas: económica, política, sociológica, etc. Sin embargo, ¿por qué hay tanta reticencia por parte de no pocos medios internacionales para hacer una “lectura religiosa” sobre este “acontecimiento religioso”?

Ya comentamos la semana pasada que, desde el punto de vista monetario, esta Jornada Mundial representa una derrama económica, que es oxígeno puro para una España al borde de una crisis financiera. Pero esto no explica la presencia de tantos cientos de miles de peregrinos.

También comentamos que la visita del Papa causa inquietud entre los que piensan que la religión fomenta el fanatismo. Sin embargo, la reacción laicista ante un millón de jóvenes creyentes parece desmentir este prejuicio. Entonces, ¿por qué, si se fomenta desde la cúpula intelectual la exclusión de lo religioso en la vida pública, se conglomeran tantas personas para escuchar un mensaje espiritual?

Nos guste o no, la verdadera clave de lectura de este hecho no radica en interpretaciones políticas, ideológicas o económicas, sino en la naturaleza religiosa intrínseca a cada ser humano.

Benedicto XVI se hacía esta misma pregunta, a su llegada al aeropuerto de Barajas: “¿Por qué y para qué ha venido esta multitud de jóvenes a Madrid?”. Y en su contestación encontramos la pista para interpretar este acontecimiento. Dijo: “Aunque la respuesta deberían darla ellos mismos, bien se puede pensar que desean escuchar la Palabra de Dios”.

Es curioso, pero así es: todos esos peregrinos (creyentes, menos creyentes, incluso no creyentes pero con inquietudes espirituales) van buscando una solución a los problemas de la vida, cuya respuesta no se encuentra en este mundo.

Reunión en la Cibeles.
Así lo explica el Papa: “Este descubrimiento del Dios vivo alienta a los jóvenes y abre sus ojos a los desafíos del mundo en que viven, con sus posibilidades y limitaciones. Ven la superficialidad, el consumismo y el hedonismo imperantes, tanta banalidad a la hora de vivir la sexualidad, tanta insolidaridad, tanta corrupción. Y saben que sin Dios sería arduo afrontar esos retos y ser verdaderamente felices, volcando para ello su entusiasmo en la consecución de una vida auténtica”.

Esta afirmación, si se lee despacio, ofrece una clave para ya no interpretar más la religión en términos políticos. Es decir, ese millón de jóvenes no está buscando el poder temporal de la Iglesia, sino que desea una respuesta para encontrar el sentido de su vida.

No es una pretensión de poder ni de dominio ideológico, lo que se debe buscar hoy en el análisis de las noticias religiosas. Más bien, estos sucesos religiosos son una ocasión para que todos, creyentes y no creyentes, podamos aceptar que existe en cada persona una necesidad natural de lo sobrenatural.


Admitir que existe una tendencia religiosa innata en cada ser humano, ya no puede ser sinónimo de “derechas”, de “fanáticos”, de “clericales”… incluso ni de “creyentes”. Es sólo cuestión de aceptar un hecho, y de interpretarlo “religiosamente”, pero no “política” o “sociológicamente”.

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domingo, 14 de agosto de 2011

Manifestaciones “anti-Papa”

Año 7, número 328
Luis-Fernando Valdés

Mientras que hace unos días en Inglaterra, los disturbios callejeros sorprendían a los ciudadanos, en España asociaciones laicas, cristianas progresistas, ateas, de izquierdas, de homosexuales y los “indignados” consiguieron el permiso para realizar una manifestación “anti-Papa”, programada para el próximo miércoles 17. Queda flotando en el ambiente la pregunta: ¿por qué hay grupos que no está de acuerdo con la visita de Benedicto XVI a Madrid?

Como es sabido, el próximo martes 16 iniciará la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), convocada por el Papa. Se espera que un millón de jóvenes de todos los continentes se den cita junto al Santo Padre, que llegará a Madrid el jueves 18.

Luis Vega, presidente de AMLA
Pero no todos están a favor del evento, como los organizadores de la marcha que sostienen que el Estado laico no debería financiar la visita papal. “Estamos totalmente de acuerdo con que venga (el Papa), pero no con que un evento privado sea financiado con el dinero de todos”, dijo en rueda de prensa Luis Vega, presidente de la Asociación Madrileña de Librepensadores y Ateos [noticia].

Sin embargo, esta declaración tergiversa directamente la realidad, porque el evento es sufragado por la propia organización sin fondos públicos, y entre los patrocinadores se cuentan empresas como Banco Santander, Telefónica, El Corte Inglés, Endesa, FCC, OHL, Abengoa, Bankinter, ACS, Coca Cola, Mahou, Club Internacional del Libro, Magnificat y muchas otras. Y que decir de la derrama económica que al menos medio millón de visitantes va a llevar a Madrid [ver fuente].

El problema no es el dinero sino el fondo ideológico: se trata del laicismo, una corriente cultural que plantea una civilización que no necesitaría de Dios para formar una sociedad humana y solidaria.

La cuestión de fondo no es el costo de la JMJ, sino la creencia del laicismo que el cristianismo viene a destruir lo humano; y, más concretamente, que la moral cristiana viene a poner límites a la libertad o a la sexualidad. Argumentan que esas acciones “reprobadas” por el cristianismo no serían malas en realidad, sino que más bien es el temor, o el prejuicio, o los tabúes los que hacen que la gente piensen que son malas.

Pero esta visión laicista del cristianismo no llega al fondo de la posición cristiana. El mensaje de Jesucristo, custodiado y transmitido por la Iglesia, busca que el ser humano llegue a su plenitud, y lo hará cuando ponga en práctica el modelo según el cual fue creado.

La Biblia enseña que el hombre, aunque es bueno por naturaleza, a veces buscando el bien elige lo que es malo, y por eso requiere de una ley moral que le advierta lo que no lo hace mejor persona, y le muestre una amplia vía para llegar a ser plenamente humano.

Por eso, Benedicto XVI, en la Misa de inicio de su Pontificado, expresó: “Quien deja entrar a Cristo en la propia vida no pierde nada, nada –absolutamente nada– de lo que hace la vida libre, bella y grande. ¡No! Sólo con esta amistad se abren de par en par las puertas de la vida. Sólo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana. Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos libera”.

Es válido que quien lo desee se manifieste contra el Papa, pero es poco ético aducir un motivo económico, cuando en realidad se trata de una diferencia ideológica. Sin embargo, la presencia mucho más numerosa de los participantes en la JMJ se puede interpretar como una juventud que se ha desencantado de una sociedad sin Dios, individualista y poco solidaria.

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domingo, 7 de agosto de 2011

Una polémica artificial

Año 7, número 327
Luis-Fernando Valdés

En las últimas semanas ha circulado la noticia del “Informe Clyone” sobre los abusos de clérigos irlandeses contra menores de edad. El Primer Ministro de ese país, Enda Kenny, delante del Parlamento, acusó a la Iglesia de que “la violación y la tortura de niños fueron subestimadas o ‘gestionadas’ para acomodar a la institución, su poder y su reputación”. ¿Qué indica ese informe, que puso en tensión las relaciones entre Irlanda y el Vaticano?

La reacción de la prensa irlandesa,
ante las declaración del Premier Kenny.
El “Cloyne Report” es un documento de 400 páginas, elaborado por la juez Yvonne Murphy, y publicado el pasado 13 de julio de 2011; trata sobre 19 casos de sacerdotes de la diócesis de Cloyne, en el sureño condado de Cork, que habrían cometido abusos contra unos 40 menores. [Ver el informe]

Una semana después, el Premier Kenny, en el Parlamento, acusó al Vaticano de haber alentado a los obispos a encubrir estos casos, y sus declaraciones fueron muy duras, pues afirmó que el Informe Cloyne “revela un intento de la Santa Sede de obstaculizar una investigación en una república soberana y democrática, sobre un hecho ocurrido sólo hace tres años y no hace tres décadas”. Ese mismo día, el Parlamento de Dublín aprobó una moción contra el Vaticano. Y no pocos editorialistas y blogueros rápidamente se hicieron eco de estos reclamos.

El resumen de tales acusaciones es éste: Benedicto XVI fomentó el encubrimiento; el Obispo Magee encubrió a los pederastas; se obstaculizó la investigación de casos ocurrido entre 1996 y 2009. Sin embargo, la clave de este asunto es si estas imputaciones por parte de esos políticos y esos periodistas se basan lo que el documento dice “de hecho”.

El objetivo de este informe es ver si en la diócesis de Cloyne se siguieron las normas fijadas por la propia Iglesia local referentes al manejo de las denuncias por abuso. Y sobre esto, el documento mismo alaba las normas eclesiásticas como muy superiores a las estatales.

En este contexto, la única acusación implícita al Vaticano es que una carta del nuncio, fechada en 1997, podría haber aflojado el empeño de los obispos en la protección de los jóvenes, pero el documento mismo rechaza esta hipótesis.

En cuanto a los presuntos implicados, el obispo Magee no está acusado de cuestiones sexuales, sino que el “Report” sólo lo denuncia de no haber seguido personalmente las acusaciones contra los implicados y de haber delegado esa responsabilidad en su vicario general, Mons. Denis O'Callaghan. Y, respecto al Papa, el documento no hace referencias a Benedicto XVI.

Respecto a la grave acusación de Kenny de obstaculizar acusaciones recientes, hay que decir que las denuncias estudiadas por el “Cloyne Report” se presentaron entre 1996 y 2009, pero el informe especifica que se refieren a episodios que sucedieron por lo general décadas antes, a partir de finales de los años 30. De manera que no hay ninguna obstrucción a casos recientes.

Esta “tormenta de arena” de datos contradictorios nos lleva a dos comentarios. Primero, la pederastia siempre es un grave crimen, y el sufrimiento de sus víctimas no se cancela con un informe, ni con la mera petición de disculpas. Los culpables y sus encubridores merecen un pena judicial.

Y segundo, no hay que perder de vista que lo importante es atender a las víctimas y evitar que haya nuevos casos. Por eso, la confusión mediática y las acusaciones sin suficiente fundamento no ayudan a las víctimas, sino  que sólo se les genera más confusión. Lo que podrá solucionar esta tragedia siempre serán la verdad, no las calumnias, y la justicia, no la venganza.


[Ver más artículos de este blog sobre la pederastia en la Iglesia]

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