domingo, 21 de agosto de 2011

Claves de lectura


Año 7, número 329
Luis-Fernando Valdés

Un millón de jóvenes reunidos en Madrid. Pero las noticias de la semana se han centrado en las protestas por el supuesto pago de Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) con dinero del erario público, y en el estudiante católico mexicano planeaba atentar contra los opositores a la visita pontificia. Pero, ¿estas notas de portada son suficientes para explicar la presencia de tantos jóvenes en torno al Pontífice octogenario?

Benedicto XVI saluda a jóvenes
reunidos en Madrid.
Sin duda alguna, la presencia de Benedicto XVI en la JMJ puede ser interpretada desde varias perspectivas: económica, política, sociológica, etc. Sin embargo, ¿por qué hay tanta reticencia por parte de no pocos medios internacionales para hacer una “lectura religiosa” sobre este “acontecimiento religioso”?

Ya comentamos la semana pasada que, desde el punto de vista monetario, esta Jornada Mundial representa una derrama económica, que es oxígeno puro para una España al borde de una crisis financiera. Pero esto no explica la presencia de tantos cientos de miles de peregrinos.

También comentamos que la visita del Papa causa inquietud entre los que piensan que la religión fomenta el fanatismo. Sin embargo, la reacción laicista ante un millón de jóvenes creyentes parece desmentir este prejuicio. Entonces, ¿por qué, si se fomenta desde la cúpula intelectual la exclusión de lo religioso en la vida pública, se conglomeran tantas personas para escuchar un mensaje espiritual?

Nos guste o no, la verdadera clave de lectura de este hecho no radica en interpretaciones políticas, ideológicas o económicas, sino en la naturaleza religiosa intrínseca a cada ser humano.

Benedicto XVI se hacía esta misma pregunta, a su llegada al aeropuerto de Barajas: “¿Por qué y para qué ha venido esta multitud de jóvenes a Madrid?”. Y en su contestación encontramos la pista para interpretar este acontecimiento. Dijo: “Aunque la respuesta deberían darla ellos mismos, bien se puede pensar que desean escuchar la Palabra de Dios”.

Es curioso, pero así es: todos esos peregrinos (creyentes, menos creyentes, incluso no creyentes pero con inquietudes espirituales) van buscando una solución a los problemas de la vida, cuya respuesta no se encuentra en este mundo.

Reunión en la Cibeles.
Así lo explica el Papa: “Este descubrimiento del Dios vivo alienta a los jóvenes y abre sus ojos a los desafíos del mundo en que viven, con sus posibilidades y limitaciones. Ven la superficialidad, el consumismo y el hedonismo imperantes, tanta banalidad a la hora de vivir la sexualidad, tanta insolidaridad, tanta corrupción. Y saben que sin Dios sería arduo afrontar esos retos y ser verdaderamente felices, volcando para ello su entusiasmo en la consecución de una vida auténtica”.

Esta afirmación, si se lee despacio, ofrece una clave para ya no interpretar más la religión en términos políticos. Es decir, ese millón de jóvenes no está buscando el poder temporal de la Iglesia, sino que desea una respuesta para encontrar el sentido de su vida.

No es una pretensión de poder ni de dominio ideológico, lo que se debe buscar hoy en el análisis de las noticias religiosas. Más bien, estos sucesos religiosos son una ocasión para que todos, creyentes y no creyentes, podamos aceptar que existe en cada persona una necesidad natural de lo sobrenatural.


Admitir que existe una tendencia religiosa innata en cada ser humano, ya no puede ser sinónimo de “derechas”, de “fanáticos”, de “clericales”… incluso ni de “creyentes”. Es sólo cuestión de aceptar un hecho, y de interpretarlo “religiosamente”, pero no “política” o “sociológicamente”.

lfvaldes@gmail.com
www.columnafeyrazon.blogspot.com
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