domingo, 7 de agosto de 2011

Una polémica artificial

Año 7, número 327
Luis-Fernando Valdés

En las últimas semanas ha circulado la noticia del “Informe Clyone” sobre los abusos de clérigos irlandeses contra menores de edad. El Primer Ministro de ese país, Enda Kenny, delante del Parlamento, acusó a la Iglesia de que “la violación y la tortura de niños fueron subestimadas o ‘gestionadas’ para acomodar a la institución, su poder y su reputación”. ¿Qué indica ese informe, que puso en tensión las relaciones entre Irlanda y el Vaticano?

La reacción de la prensa irlandesa,
ante las declaración del Premier Kenny.
El “Cloyne Report” es un documento de 400 páginas, elaborado por la juez Yvonne Murphy, y publicado el pasado 13 de julio de 2011; trata sobre 19 casos de sacerdotes de la diócesis de Cloyne, en el sureño condado de Cork, que habrían cometido abusos contra unos 40 menores. [Ver el informe]

Una semana después, el Premier Kenny, en el Parlamento, acusó al Vaticano de haber alentado a los obispos a encubrir estos casos, y sus declaraciones fueron muy duras, pues afirmó que el Informe Cloyne “revela un intento de la Santa Sede de obstaculizar una investigación en una república soberana y democrática, sobre un hecho ocurrido sólo hace tres años y no hace tres décadas”. Ese mismo día, el Parlamento de Dublín aprobó una moción contra el Vaticano. Y no pocos editorialistas y blogueros rápidamente se hicieron eco de estos reclamos.

El resumen de tales acusaciones es éste: Benedicto XVI fomentó el encubrimiento; el Obispo Magee encubrió a los pederastas; se obstaculizó la investigación de casos ocurrido entre 1996 y 2009. Sin embargo, la clave de este asunto es si estas imputaciones por parte de esos políticos y esos periodistas se basan lo que el documento dice “de hecho”.

El objetivo de este informe es ver si en la diócesis de Cloyne se siguieron las normas fijadas por la propia Iglesia local referentes al manejo de las denuncias por abuso. Y sobre esto, el documento mismo alaba las normas eclesiásticas como muy superiores a las estatales.

En este contexto, la única acusación implícita al Vaticano es que una carta del nuncio, fechada en 1997, podría haber aflojado el empeño de los obispos en la protección de los jóvenes, pero el documento mismo rechaza esta hipótesis.

En cuanto a los presuntos implicados, el obispo Magee no está acusado de cuestiones sexuales, sino que el “Report” sólo lo denuncia de no haber seguido personalmente las acusaciones contra los implicados y de haber delegado esa responsabilidad en su vicario general, Mons. Denis O'Callaghan. Y, respecto al Papa, el documento no hace referencias a Benedicto XVI.

Respecto a la grave acusación de Kenny de obstaculizar acusaciones recientes, hay que decir que las denuncias estudiadas por el “Cloyne Report” se presentaron entre 1996 y 2009, pero el informe especifica que se refieren a episodios que sucedieron por lo general décadas antes, a partir de finales de los años 30. De manera que no hay ninguna obstrucción a casos recientes.

Esta “tormenta de arena” de datos contradictorios nos lleva a dos comentarios. Primero, la pederastia siempre es un grave crimen, y el sufrimiento de sus víctimas no se cancela con un informe, ni con la mera petición de disculpas. Los culpables y sus encubridores merecen un pena judicial.

Y segundo, no hay que perder de vista que lo importante es atender a las víctimas y evitar que haya nuevos casos. Por eso, la confusión mediática y las acusaciones sin suficiente fundamento no ayudan a las víctimas, sino  que sólo se les genera más confusión. Lo que podrá solucionar esta tragedia siempre serán la verdad, no las calumnias, y la justicia, no la venganza.


[Ver más artículos de este blog sobre la pederastia en la Iglesia]

lfvaldes@gmail.com
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