domingo, 4 de diciembre de 2011

Sentencia capital a la pena de muerte

Año 7, número 343
Luis-Fernando Valdés

El Gobernador de Oregon (EUA), John Kitzhaber, anunció la suspensión de la pena de muerte en su Estado (24.XI.2011). Cinco días después, decenas de ciudades a lo largo del mundo, se iluminaron para pedir la abolición de la sentencia de muerte, y el Papa mismo se unió a esta petición. ¿Por qué cada vez son más las voces internacionales que pide la desaparición de la pena capital?



El Gobernador de Oregon suspendió la pena de muerte

por considerarla injusta y contraria a su moral. 

Flickr: OregonDOT

La pena de muerte,  que gozó de amplio consenso en occidente desde el siglo XIII, ahora empieza a ser rechazada por la comunidad internacional, porque esta sentencia se presta para ser utilizada por regímenes totalitarios y, en ocasiones, se aplica injustamente. Además, hoy día, el avance de las sociedades democráticas hace que esta pena ya no sea necesaria para mantener la justicia y la paz social.


Chantal Valery de la Agencia France Press (AFP) publicó hace poco que, en Estados Unidos, desde 1973, 138 condenados a muerte han sido luego declarados inocentes o liberados, entre los cuales 17 de ellos después de haber sido sometidos a exámenes de ADN, según el Centro de Información sobre la Pena de Muerte.


Además, Valery dice que un reciente estudio muestra que por, cada ejecución, se invierten en promedio 3 millones de dólares, incluidos todos los procedimientos judiciales que conlleva, de manera que la pena capital cuesta tres veces más cara que una condena a cadena perpetua sin posibilidad de liberación [artículo completo].

Así se entienden todas estas manifestaciones en contra del castigo letal. Durante rueda de prensa, en la que anunciaba su decisión de suspender estas ejecuciones, John Kitzhaber afirmó que “la pena de muerte practicada en Oregón no es imparcial ni justa, ni rápida ni certera. Y no es aplicada de manera igual a toda la gente (…). Rehúso ser parte de este sistema desigual (…), no permitiré más ejecuciones mientras sea gobernador” [Noticia].

El Coliseo se iluminó, al igual que decenas de
ciudades de todo el mundo, para pedir
la abolición de la pena de muerte.
Mientras tanto, con motivo de la X Jornada Mundial “Ciudades por la Vida”, como cada 30 de noviembre, activistas de Amnistía Internacional y de la Comunidad de San Egidio salieron a la calle en varias partes del mundo para mostrar su rechazo total a la pena de muerte iluminando ayuntamientos o edificios emblemáticos [noticia], incluido el Coliseo romano [noticia]. Estas organizaciones sostienen que una condena así, en la práctica consiste en el homicidio premeditado y a sangre fría de un ser humano a manos del Estado y en nombre de la justicia.

Y ese mismo día, Benedicto XVI pidió, durante su habitual audiencia de los miércoles, que se promuevan “iniciativas políticas y legislativas” para “eliminar la pena de muerte” en el mundo, con ocasión del congreso “No hay justicia sin vida”, promovido por la Comunidad de San Egidio y que reúne a representantes de los Gobiernos de todo el mundo en Roma.

El Papa recordó a los participantes del congreso que espera que “sus deliberaciones alienten las iniciativas políticas y legislativas que se promueven en cada vez más países para eliminar la pena de muerte” y sigan buscando equilibrar el respeto por “la dignidad humana de los presos con el mantenimiento efectivo del orden público” [Noticia] [Video]. 

Ojalá este movimiento internacional para abolir la pena de muerte encuentre eco en nuestro País, pues para algunos la situación de violencia en diversos Estados de la República sería un motivo suficiente para implementar esta medida capital. Sin embargo, ahí donde se olvide que la vida –incluida la de los peores criminales– es intocable por ser un don de Dios, el hombre terminaría por sentirse dueño de la vida de cualquiera, y quedaría así imposibilitada la llegada de la paz.



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