domingo, 25 de diciembre de 2011

Navidad, entre el comercio y la fe


Año 7, número 346
Luis-Fernando Valdés

Es inminente la llegada de la Navidad, y las ciudades aparecen ya decoradas con luces e imágenes de muñecos de nieve. En muchos lugares, el saludo festivo es “¡felices fiestas!”. Y las ofertas en los centros comerciales son casi irresistibles. Por eso, no está de más preguntarnos, ¿qué celebramos? ¿de qué nos felicitamos?

Benedicto XVI da la bendición "Urbi et Orbi",
desde el balcón de la basílica de San Pedro.
(25.XII.2011. AFP, Tiziana Fabi)
La Navidad es una importante fiesta religiosa. Sin embargo, con la creciente secularización de la sociedad mexicana y con el incremento de la mercadotecnia, esta celebración tiene cada vez menos un matiz religioso, quedándose sólo como una fecha para que las familias se reúnan –o viajen– y se intercambien regalos.

Aunque es muy bueno que las familias tengan una fecha para celebrar juntas, y también lo es que se manifieste el afecto con una buena cena y con regalos, hoy es una buena oportunidad para volver a las raíces que le dan sentido a todo esto.

La Navidad, que en latín se dice “Natívitas”, quiere decir “nacimiento”. Se trata de la solemne fiesta cristiana del nacimiento de Jesús de Nazaret, a quien los cristianos confesamos como nuestro Dios y Señor. El significado genuino de esta fiesta es que Dios se ha hecho un ser humano y ha puesto su morada entre nosotros (cfr. Juan 1, 14).

Los creyentes celebramos que ha nacido Aquel que es Dios y hombre, y que ha llevado una existencia como la de cualquier otro humano: una vida familiar con alegrías y dolores, un vida laboral realizada con sudor y cansancio, sin ahorrarse la muerte de su seres queridos y sin evitar la agonía ni la muerte.

Y porque llevó una vida como la nuestra, la existencia entera de Jesús de Nazaret se convierte en fuente de sentido para la nuestra. Gracias a su nacimiento –y a su vida toda–, cada una de las circunstancias de la vida se ha convertido para los cristianos en ocasión de un encuentro con Dios, lo cual la llena de significado –incluidos los acontecimientos más duros–.

De esta manera, se entiende la gran alegría de los cristianos, porque “el Eterno ha entrado en los límites del espacio y el tiempo para hacer posible que hoy nos encontremos con Él. Dios está cerca de cada uno de nosotros y desea que lo descubramos, para que con su luz se disipen las tinieblas que encubren nuestra vida y la humanidad”, como lo explicaba recientemente Benedicto XVI (Audiencia, 21.XII.2011) (Ver video abajo).

Pero no sólo es un Modelo que da sentido a nuestra existencia, sino que Jesucristo es nuestro Redentor porque vino a dar su Vida a cambio de la nuestra, muriendo en la Cruz y resucitando. Con su Muerte consiguió que nuestros pecados nos fueran perdonados, y además nos quiso elevar a la condición de hijos de Dios.

Esta realidad profunda de ser perdonados por Dios, gracias a Jesús de Nazaret, también es motivo de la celebración navideña; y, por eso, se entiende bien porqué el Papa nos invita a vivir esta Navidad “contemplando con fervor el camino del inmenso amor de Dios, que nos atrae hacia Sí a través de la encarnación, pasión, muerte y resurrección de su Hijo”.

Estas fiestas ya próximas son una buena oportunidad para redescubrir el sentido religioso –el más pleno– de la Navidad cristiana, de manera que “las felicitaciones de ese día sean una manifestación de la alegría de saber que Dios está cerca de nosotros y quiere recorrer con nosotros el camino de la vida”.

Y, a la vez, estas celebraciones nos invitan a “esforzarnos para que también en la sociedad actual estas palabras –¡feliz Navidad!– no pierdan su profundo significado religioso, y la fiesta no se quede sólo en sus aspectos externos”.



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