domingo, 30 de octubre de 2011

Benedicto XVI pide perdón


Año 7, número 338
Luis-Fernando Valdés

Benedicto XVI en Asis, 27.X.2011.
Se cumplieron 25 años de aquella Primera Jornada Mundial por la Paz, convocada por Juan Pablo II. Para conmemorarlo, Benedicto XVI convocó recientemente a los líderes religiosos del mundo entero (27.X.2011), y pronunció un importante discurso, en el que –para sorpresa de muchos– pidió perdón por la violencia de la Iglesia. ¿Qué busca el Papa con este gesto?

El objetivo del discurso del Santo Padre es claro: desvincular las religiones y la violencia. Lleno de valentía afirmó que hoy la violencia tiene un rostro, el terrorismo, y que éste encuentra muchas veces su justificación en la religión. Pero en este caso, afirmó, “la religión no está al servicio de la paz, sino de la justificación de la violencia”.

Reconoció el Papa la crítica de la Ilustración, que la religión era causa de violencia, dando así mala fama a las religiones. Y recordó que ésa fue la preocupación de los representantes de las religiones reunidos en Asís en 1986, los cuales afirmaron –y ahora Benedicto XVI junto con ellos, “con vigor y gran firmeza”– que “ésta no es la verdadera naturaleza de la religión. Es más bien su deformación” [discurso completo].

El Papa animó al diálogo interreligioso, para aclarar el papel pacificador de la religión. Y por eso declaró que “quisiera decir como cristiano: Sí, también en nombre de la fe cristiana se ha recurrido a la violencia en la historia. Lo reconocemos llenos de vergüenza”.  Y, la vez, con ponderación explicó que “es absolutamente claro que éste ha sido un uso abusivo de la fe cristiana, en claro contraste con su verdadera naturaleza”.
Juan Pablo II y varios líderes religiosos, hace 25 años,
 en la primera Jornada Mundial de la Paz, en Asís, 1986.


¿Qué significado tiene esta declaración del Papa? Podemos interpretarla como un acto de profunda coherencia de Benedicto XVI con el Evangelio. El mensaje de Jesús ha sido de perdón y de paz, no de violencia; y cuando el Papa pide perdón por la falta de respeto en algún momento de la evangelización, nos da una señal de que sí cree en lo que predica, que no tiene un doble discurso: uno para anunciar la paz y otro, para implantar violentamente la fe.

Este mensaje de disculpa nos presenta a un Papa verdaderamente profundo, pues sólo cuando se pide perdón y se perdona a los demás se puede obtener la paz. Por eso, al pedir perdón por los errores de la Iglesia –como ya lo había hecho Juan Pablo II en el Jubileo del 2000–, Benedicto XVI muestra que realmente sí busca la paz.

Además, de esta manera el Papa alemán le devuelve a la Iglesia la posibilidad de darle esperanza a los hombre y mujeres de hoy. Sólo una Iglesia que acepta sus culpas pasadas y  presentes tendrá credibilidad; sólo así podrá hablar de los beneficios de la fe, pues éstos se han realizado –ayer y hoy– mediante la peculiar combinación de la gracia divina y los errores humanos.

Posiblemente, si el Papa no hubiera tenido este gesto de pedir perdón, para muchos su invitación a nueva evangelización hubiera sonado a cierta hipocresía. En cambio, ahora este impulso misionero contiene un gran mensaje: el Evangelio tiene la fuerza de limpiar a la Iglesia y por eso también tiene la potencia de transformar a los creyentes de hoy. Esto sí puede iluminar a quien busca creer.

Benedicto XVI desvincula la religión de la violencia y la vuelve a enlazar con el perdón y con paz. Esto hace creíble tanto su invitación a “purificar constantemente la religión de los cristianos” para que la Iglesia “sea realmente instrumento de la paz de Dios en el mundo”, como su afirmación de que “la Iglesia católica no cejará en la lucha contra la violencia, en su compromiso por la paz en el mundo”.










Se produjo un error en este gadget.