Año 7, número 337
Luis-Fernando Valdés
En varias decenas
de países simultáneamente, miles de jóvenes han salido a las calles o han hecho
“plantones” en la últimas semanas, para manifestar su inconformidad con las
políticas económicas de sus respectivas naciones: están indignados. Ante este
panorama, el Secretario General de la OCDE declaró recientemente que el
descontento que reflejan estas manifestaciones sociales es “la cara humana de
una crisis”. Estas palabras son un verdadero iceberg.
El mexicano Ángel
Gurría preside la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos
(OCDE), institución de cooperación internacional, compuesta por 34 estados,
cuyo objetivo es coordinar sus políticas económicas y sociales, y alertó que
ante este panorama internacional “se tienen que proveer soluciones creíbles a
los temas de deuda, bancos y consolidación fiscal en Europa y Estados Unidos”.
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Ángel Gurría, Secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. (Foto: AFP). |
Esta declaración
contiene un cambio de perspectiva. Habla de credibilidad, es decir, de un
aspecto ético, y dirige este mensaje a gobiernos y bancos de los países más
desarrollados. Hay reconocimiento implícito que la crisis económica mundial
tienen un componente moral y, por eso, sus repercusiones también son éticas.
El Secretario
Gurría exhortó a “los actores prominentes de la economía mundial” a ponerse de
acuerdo en sus políticas, “porque a quien están afectando” con su desacuerdos
es al mundo entero, lo cual “hoy se manifiesta en estas tristes y desesperantes
manifestaciones”, haciendo así una referencia a los jóvenes indignados.
Como se puede
observar, Ángel Gurría hace referencia de nuevo a que las políticas económicas
que han dado lugar a la severa crisis económica de naciones como Grecia y
España, tiene una repercusión en el ánimo de las persona. Es una manera de
reconocer que la economía y las finanzas deben estar en función de las personas
y no al revés.
Precisamente, éste
fue el mensaje de Benedicto XVI en medio de la crisis financiera iniciada en diciembre de 2008: “El sector
económico no es ni éticamente neutro (…). Es una actividad del hombre y,
precisamente porque es humana, debe ser articulada e institucionalizada
éticamente” (“Cáritas in veritate”, 36c).
Por eso, el Papa
escribió que “toda decisión económica tiene consecuencias de carácter moral.
Lo confirman las ciencias sociales y las tendencias de la economía
contemporánea” (Ibid., 37). Y los jóvenes indignados se convierten en la
verificación de estas palabras.
Consciente de “las
dificultades del desarrollo en este tiempo de globalización y agravado por la
crisis económico-financiera actual”, Benedicto XVI explicó que hoy el “gran
desafío” es mostrar que “no sólo no se pueden olvidar o debilitar los
principios tradicionales de la ética social” (como la trasparencia, la
honestidad y la responsabilidad), sino que en las relaciones mercantiles “el principio de gratuidad” y la fraternidad “pueden y deben tener espacio en la actividad económica
ordinaria” (Ibid., 36d). Es decir, la economía no debe estar regida por
el beneficio o la ambición, sino por la solidaridad con todos.
El rostro humano
de la crisis económica es lo primero que se debe atender. Los protagonistas de
la economía han sido hasta ahora los mercados y el capital, y los humanos hemos
sido subordinado a ellos. Es el momento de que los roles se inviertan: es
tiempo que las políticas económicas tengan como finalidad la satisfacción y el
bienestar de cada persona. Necesitamos con urgencia pensador que pueda elaborar
una teoría económica que gire en torno al hombre.
lfvaldes@gmail.com
http://www.columnafeyrazon.blogspot.com
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