lunes, 24 de octubre de 2011

“La cara humana de la crisis”


Año 7, número 337
Luis-Fernando Valdés

En varias decenas de países simultáneamente, miles de jóvenes han salido a las calles o han hecho “plantones” en la últimas semanas, para manifestar su inconformidad con las políticas económicas de sus respectivas naciones: están indignados. Ante este panorama, el Secretario General de la OCDE declaró recientemente que el descontento que reflejan estas manifestaciones sociales es “la cara humana de una crisis”. Estas palabras son un verdadero iceberg.

El mexicano Ángel Gurría preside la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), institución de cooperación internacional, compuesta por 34 estados, cuyo objetivo es coordinar sus políticas económicas y sociales, y alertó que ante este panorama internacional “se tienen que proveer soluciones creíbles a los temas de deuda, bancos y consolidación fiscal en Europa y Estados Unidos”.
Ángel Gurría, Secretario general de la
Organización para la Cooperación
y el Desarrollo Económico. (Foto: AFP).

Esta declaración contiene un cambio de perspectiva. Habla de credibilidad, es decir, de un aspecto ético, y dirige este mensaje a gobiernos y bancos de los países más desarrollados. Hay reconocimiento implícito que la crisis económica mundial tienen un componente moral y, por eso, sus repercusiones también son éticas.

El Secretario Gurría exhortó a “los actores prominentes de la economía mundial” a ponerse de acuerdo en sus políticas, “porque a quien están afectando” con su desacuerdos es al mundo entero, lo cual “hoy se manifiesta en estas tristes y desesperantes manifestaciones”, haciendo así una referencia a los jóvenes indignados.

Como se puede observar, Ángel Gurría hace referencia de nuevo a que las políticas económicas que han dado lugar a la severa crisis económica de naciones como Grecia y España, tiene una repercusión en el ánimo de las persona. Es una manera de reconocer que la economía y las finanzas deben estar en función de las personas y no al revés.

Precisamente, éste fue el mensaje de Benedicto XVI en medio de la crisis financiera  iniciada en diciembre de 2008: “El sector económico no es ni éticamente neutro (…). Es una actividad del hombre y, precisamente porque es humana, debe ser articulada e institucionalizada éticamente” (“Cáritas in veritate”, 36c).

Por eso, el Papa escribió que “toda decisión económica tiene consecuencias de carácter moral. Lo confirman las ciencias sociales y las tendencias de la economía contemporánea” (Ibid., 37). Y los jóvenes indignados se convierten en la verificación de estas palabras.

Consciente de “las dificultades del desarrollo en este tiempo de globalización y agravado por la crisis económico-financiera actual”, Benedicto XVI explicó que hoy el “gran desafío” es mostrar que “no sólo no se pueden olvidar o debilitar los principios tradicionales de la ética social” (como la trasparencia, la honestidad y la responsabilidad), sino que en las relaciones mercantiles “el principio de gratuidad” y la fraternidad “pueden y deben tener espacio en la actividad económica ordinaria” (Ibid., 36d). Es decir, la economía no debe estar regida por el beneficio o la ambición, sino por la solidaridad con todos.

El rostro humano de la crisis económica es lo primero que se debe atender. Los protagonistas de la economía han sido hasta ahora los mercados y el capital, y los humanos hemos sido subordinado a ellos. Es el momento de que los roles se inviertan: es tiempo que las políticas económicas tengan como finalidad la satisfacción y el bienestar de cada persona. Necesitamos con urgencia pensador que pueda elaborar una teoría económica que gire en torno al hombre.

lfvaldes@gmail.com
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