domingo, 3 de octubre de 2010

Hawking: ¿nuevo “caso Galileo”?

Luis-Fernando Valdés

En los primeros días de septiembre, poco antes de la visita papal a Gran Bretaña, el famoso físico inglés, Stephen Hawking, publicó “The Grand Desing”, en el que afirmó que Dios no creó el universo. ¿Es un descubrimiento científico o un golpe mediático?

Portada del "The Times": "Hawking: Dios no creó el universo"
El diario londinense “The Times” publicó algunos pasajes del libro (3.IX.2010), una semana antes de que éste fuera presentado en las librerías. En esos textos, el Catedrático de Cambridge sostiene que no es necesario afirmar la existencia de Dios para explicar el universo.
Según este Autor, el “Bing Bang”, la gran explosión inicial que habría dado origen al universo, es “una consecuencia inevitable” de las leyes de la física, por lo cual el cosmos “se creó de la nada”, sin la intervención de un Creador.
Más aún, Hawking rechaza la hipótesis de Isaac Newton según la cual las leyes de la naturaleza no son suficientes para explicar que el universo no surgió del caos, sino que Dios tuvo que haber intervenido en su creación. El Autor del recién publicado libro se basa en la observación, realizada en 1992, de un planeta que giraba en órbita en torno a una estrella distinta de nuestro Sol.
“Eso hace que las coincidencias de las condiciones planetarias de nuestro sistema –la feliz combinación de distancia Tierra-Sol y masa solar– sean mucho menos singulares y no tan determinantes como prueba de que la Tierra fue cuidadosamente diseñada (por Dios) para solaz de los humanos”, escribe Hawking.

 Stephen Hawking con Benedicto XVI, durante un Congreso organizado por el Vaticano sobre la evolución y el Big Bang (noviembre 2008).

Aunque hubo respuestas serias de varios líderes religiosos, una de las primeras figuras en objetar estas hipótesis ha sido el astrofísico David Wilkinson, director del St. John’s College de Dirham, que sostiene que “la ciencia y la lógica pueden apuntar a un Creador. ¿De dónde vienen las leyes de la física? ¿Qué propósito tiene el universo? ¿Por qué es inteligible, comprensible?”.
En efecto, las teorías del Hawking dejan de lado la ciencia, y entran en otro terreno: el de la filosofía. Y, desde ahí, podemos ver que, aun si se acepta la hipótesis de que el universo se autocreara, no queda excluida la referencia a un Creador, como plantea WIlkinson. ¿Por qué?
Porque es gracias a unas leyes físicas que el universo tiene un origen –no importa cómo haya sido– y una estructura. Si el universo se creara a sí mismo, sería porque existirían unas leyes físicas que lo habrían programado para autocrearse.
Ahora bien, ¿cuál sería el origen de esas leyes físicas? No podrían originarse con el universo, puesto que deberían ser anteriores al cosmos para poder crearlo. Y sin son anteriores al universo tampoco podrían originarse a sí mismas, porque ¿cómo pueden existir leyes naturales antes de que exista la Naturaleza?
Por eso, incluso si se acepta la hipótesis de que el universo se hubiera creado a sí mismo, admitir la existencia de un Creador no es irracional, sino una auténtica necesidad de la razón.
Han quedado en la historia los tiempos de la confrontación entre la fe y la ciencia, cuando Galileo postuló que la Tierra no es el centro del universo. En ese caso, la Teología invadió el terreno de la astronomía. Ahora, en cambio, Hawking ha intentado suplir la fe en Dios creador, por medio de una teoría cosmológica.
Este nuevo libro no pasa de ser un golpe mediático. La razón científica y la razón creyente no tienen porque excluirse. De hecho, hay nuevos y bien fundamentados intentos de hacer ciencia en diálogo con la religión: pero esos no se llevan las primeras planas.
Correo: lfvaldes@gmail.com
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