domingo, 20 de junio de 2010

Emboscada al Bicentenario

Luis-Fernando Valdés

Semana sangrienta. Mientras nuestra atención estaba centrada en el Mundial de Fútbol, la narcoviolencia, en diversos puntos del País, rompió un triste récord: 300 muertos en 7 días. Entre esos sucesos, hubo uno que fue muy significativo: la emboscada tendida en Michoacán a un convoy de la Policía Federal Preventiva (PFP).
Lugar del atentado a agentes de la PFP, en Zitácuaro,Mich. Foto: MVT

El pasado lunes 14 de junio, una caravana de Policías Federales fue emboscada por un grupo armado, en una carretera del municipio de Zitácuaro, Mich. Perdieron la vida 10 miembros de la PFP y fueron heridos 15 de ellos.
Este episodio tiene una gran repercusión en la configuración de nuestra Nación, que lleva doscientos años tratando de consolidarse como Estado de Derecho. Esto significa que en nuestro territorio hay unas leyes que son válidas y obligatorias para todos, y las cuales establecen el modo de convivencia entre los ciudadanos.
Estas leyes no pueden ser emitidas por cualquiera, sino sólo por aquellos ciudadanos que han sido elegidos por mayoría para elaborar estas normas. Se trata de los Senadores y Diputados, estos últimos pueden ser locales (en cada Estado) y federales (para todo el País). Las leyes promulgadas por el Poder Legislativo son las únicas que rigen a nuestra Nación.
Pero, constatamos con preocupación cada vez mayor, que los grupos armados están imponiendo su propia ley en las diversas plazas que van ocupando. Cobran impuestos, regulan el comercio, tiene sus propios vigilantes del orden público, “imparten justicia” (o sea castigan a los que no cumplen sus “leyes”).
Este tipo de grupos han hecho que México sea –en la práctica– dos Estados: uno, el oficial, el del Bicentenario, el de los Tres Poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial; y, otro, el invisible, al que nadie le llama “mi patria”, en el que las leyes y las órdenes provienen de una cúpula de capos, y que son puestas en práctica por operadores y, cuando no se acatan, son castigadas por sicarios.
Esta situación “de facto” es un retroceso histórico. Leemos en los libros de historia patria que, a finales del s. XIX, había grupos de bandoleros que imponían su ley en las carreteras y despoblados. Quién no recuerda la famosa novela “Los Bandidos de Río Frío”, de Manuel Payno.
Pero, como es lógico, dos Estados no pueden convivir en un mismo territorio. No caben juntos dos poderes legislativos: el de las leyes promulgadas en el Diario Oficial y el de las normas impuestas por amenazas.
Por eso, esta guerra llevada a cabo en albor de la tercera centuria mexicana, está llena de significado. De su resultado depende si México se consolida como Nación soberana e independiente, o si retrocede a los cacicazgos del s. XIX.
Esta importante situación de fondo parece ser opacada por la montaña de cifras del parte de guerra diario. Daría la impresión de que sólo es enfocada la escalada de violencia. O bien por otra cortina de humo: el “maniqueísmo”, que divide la realidad en buenos y malos.
Así estos hechos sangrientos son narrados como una especie de serie policíaca, en la que hay héroes y los villanos. Pero el que cuente el episodio –la PGR o un “narco corrido”– establecerá quiénes son los buenos. Esto es preocupante, porque no es cuestión de apoyar bandos, sino de consolidar el Estado mexicano.
Junto con ese convoy de la PFP, fueron emboscados doscientos años de Historia. Esas mismas balas, que mataron a nuestros policías, hirieron profundamente también a nuestro Estado de Derecho.
Correo: lfvaldes@gmail.com
http://columnafeyrazon.blogspot.com
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